El enfrentamiento del magnate con otros pesos pesados mexicanos por el mercado del “triple pack” -internet, telefonía y televisión pagada- ha estado marcado por acusaciones cruzadas de prácticas monopólicas. Los clientes, bien gracias.
18 de marzo de 2011El día que Forbes lo confirmó como el hombre más rico del mundo, el megamagnate mexicano Carlos Slim -que igual seguro ya lo sabía- estaba enfrascado en asuntos más urgentes: una lucha sin cuartel y extrañamente pública contra colegas que, en comparación, son “de clase media”.
Es que Emilio Azcárraga Jean, dueño del imperio Televisa, apenas figura en el lugar 512 del ranking de multimillonarios de la revista estadounidense, con míseros 2.300 millones de dólares. Ricardo Salinas Pliego, propietario de un emporio que incluye al otro gigante televisivo, TV Azteca, aparece en el puesto 112 con US $8.200 millones. Sumadas, sus fortunas gigantescas entran siete veces en la de US $74.000 millones de Slim, quien sólo en 2010 ganó más de lo que ellos tienen.
La pelea -que la respetada columnista Denise Dresser bautizó “Alien vs. Depredador”, porque “gane quien gane, todos perdemos”- es un caso extremo del muerto que, en este caso, se queja del degollado.
Ya llegó ante las autoridades reguladoras, con demandas cruzadas en que los gigantes de las telecomunicaciones y la televisión se acusan de ser lo que, de hecho, son: un monopolio o duopolio que aprovecha su posición dominante y no quiere abrir su sector a la competencia.
La raíz del conflicto es el triple play, la posibilidad de ofrecer televisión, teléfono e internet en un paquete. Según The Wall Street Journal, es un mercado de 35.000 millones de dólares al año en México.
Telmex, el ex monopolio estatal de teléfonos que convirtió a Slim de rico en tremendamente acaudalado, y su hermana celular América Móvil -que en Chile se conoce como Claro- acusan a las televisoras de obstruirle el acceso al mercado de la TV de paga.
Los dueños de Azteca -que posee una empresa de telefonía celular- y Televisa -que domina la tv por cable y satélite-, aliados a otras veinte empresas de cable y telefónicas, acusan a Slim de mezquinarles el mercado telefónico al cobrar altas tarifas de interconexión en cada llamada.
Aunque, en el mejor de los casos para los consumidores, el enfrentamiento puede redundar en precios más bajos y mejor variedad de servicios, muchos miran con sorna el choque de los poderosos con los más poderosos. Es un reflejo del fenómeno estudiado como crony capitalism o “capitalismo de compinches”, presente en la economía mexicana desde antes de la Revolución de 1910-17.
A finales del siglo XIX, el dictador Porfirio Díaz otorgó favores especiales a unos pocos emprendedores de elite para crear el Banco Nacional de México (hoy Banamex). A finales del siglo XX, el presidente Carlos Salinas de Gortari privatizó las grandes empresas estatales. Carlos Slim fue el que se llevó la joya de la corona: el monopolio telefónico nacional.
La decisión no fue menor. Telmex fue la adquisición que llevó a Slim de ser un empresario e inversor importante al hombre más rico del mundo. Suficiente como para diferenciarse de los “magnates de clase media”.
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