Seis millones de seres humanos, en su gran mayoría judíos, murieron a manos de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Un millón y medio eran niños y, entre ellos, había dos nenas argentinas: se llamaban Matilde y Clara, nacieron en Buenos Aires y murieron en campos de concentración del Este europeo.
Los de Matilde Bueno y Clara Wacht son los únicos casos de los que se tenga noticia de niños argentinos que murieron en la Shoá -así se llama en hebreo a aquel genocidio-, de acuerdo a la información que tiene la Fundación Memoria del Holocausto.
Las dos eran porteñas, nacidas en familias de inmigrantes europeos y la guerra que las terminó matando las atrapó en el Viejo Continente casi por casualidad.
La familia de Matilde se había formado en Plovdiv, Bulgaria, adonde el griego Jacobo Bueno conoció a su esposa, Estrella Behar. Antes de emigrar juntos a Buenos Aires, nació allí su primer hijo, David, quien hoy vive en la capital argentina.
En la calle Boedo al 772, nacieron después el segundo hijo, Alberto, y la tercera, Matilde, -el 27 de setiembre de 1929-.
Clara Wacht nació unos años después, el 25 de mayo de 1936, y también era hija de extranjeros: sus padres Samuel Wacht y Raquel Kaplán habían venido de Polonia cada uno por su lado y se casaron -casi sin conocerse- en el Hotel de los Inmigrantes del puerto de Buenos Aires.
Raquel era diabética y, por ello, no sólo tuvo complicaciones en el embarazo, sino que después del parto tanto ella como su beba sufrían constantes malestares.
Así fue que decidió viajar a Polonia, tanto para ver a sus médicos personales como para que su familia conociera a la porteñita recién nacida.
En 1937, cuando la nena tenía diez u once meses, llegaron a una Europa que comenzaba a sentir los primeros temblores del terremoto que la sacudiría dos años después.
Allá, la nena y la madre se restablecieron y conocieron a la familia de Samuel, quien desde Buenos Aires les mandaba cartas y dinero y hasta un tapadito para Clara, con el cual ella aparece en una foto que vino por correo a la Argentina.
Por ese entonces, también Matilde Bueno estaba en el Viejo Continente y por motivos similares: en 1931 su padre se había contagiado tuberculosis y toda la familia se fue a Plovdiv, Bulgaria -allí nació la cuarta hija, Sofía-.
Matilde era alta, de cabellos negros y ojos castaños, muy locuaz, según la recordó su hermano David en una artículo de “Nuestra Memoria”, una publicación de la Fundación Memoria del Holocausto.
En 1939, la Alemania hitleriana repentinamente invadió Polonia -donde estaban Clara y su madre- y estalló la Segunda Guerra Mundial. Bulgaria decidió expulsar a todos los ciudadanos griegos, con lo que los Bueno tuvieron que marcharse a Grecia, ya que el padre tenía ciudadanía de este país, en el que había nacido.
Allí corrieron la misma suerte que muchos judíos en los países europeos ocupados por los nazis: primero, las humillaciones públicas, como estar obligados a llevar la Estrella de David cosida a sus ropas. Luego, fueron encerrados en un “guetto”, un sector de la ciudad que era casi una cárcel para ellos.
Mientras tanto, en Polonia -también ocupada por los alemanes-, la situación no era mejor para Clara. En mayo de 1940, Raquel Kaplán murió de difteria, y la niña, que tenía cuatro años, quedó al cuidado de sus abuelos.
En Buenos Aires, Samuel estaba desesperado. Sabía poco de lo que pasaba con su hija -además, se enteraba por cartas que tardaban semanas- y temía por la vida de ella y de sus demás familiares, a quienes quería traer al país.
“Supe del caso de un niño que nació en la Argentina, recibió una visa y puede volver con un acompañante”, escribió a sus padres, ilusionado, en una carta fechada en diciembre de 1940.
Al parecer, Wacht hizo gestiones a través de la Cancillería argentina para intentar repatriar a su hija, pero no sirvieron.
En tanto, también la historia de Matilde Bueno se tornaba dramática. Entre marzo y mayo de 1943, los judíos de Salónica, la ciudad griega donde vivía con su familia, fueron deportados hacia el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia.
Sólo Alberto y Matilde, que habían nacido en Buenos Aires y eran ciudadanos argentinos, podían quedarse: el resto de la familia debía partir, sin saber hacia qué destino.
Pero Estrella, la madre, decidió que lo mejor era que la nena de 13 años fuera con el grueso de la familia, ya que pensó -paradójicamente- que así iba a estar más segura, engañada por la propaganda nazi que prometía que eran llevados “para trabajar”.
“Cuando mi mamá llevó a Matilde no pensaba que era un riesgo para la vida de ella. Creía que íbamos a ir todos juntos a trabajar… Si la dejaba, vivía, como vivió mi hermano”, contó David Bueno a la revista mencionada.
Entonces, Jacobo, Estrella, David, Matilde y Sofía fueron deportados al campo de Birkenau, conocido como Auschwitz II, donde al llegar, varones y mujeres fueron separados. Para siempre, en la mayoría de los casos.
Es, prácticamente, lo último que se sabe de la vida de Matilde, quien -como miles y miles de judíos- murió en una cámara de gas: su turno llegó el 4 de mayo de 1943.
El rastro de Clara es más difuso: se sabe que vivió con sus abuelos maternos hasta cumplir los cinco años, cuando se hicieron cargo de ella los padres de Samuel Wacht.
En la última carta que éste recibió, despachada el 11 de junio de 1941, los abuelos decían que la niña “quisiera viajar a verte sólo por un día, para que le compres juguetes”.
Al parecer, Samuel nunca más tuvo noticias de su hijita. Además de las cartas, que fueron encontradas después de su muerte, sólo quedó en su casa un almanaque hebreo con dos fechas marcadas: “29-11-43, Clara. 22-01-44, Mamá”.
Sin embargo, no se sabe con certeza cuándo ni dónde murió Clara.
Su padre nunca pudo volver a hablar del tema: se volvió a casar y apenas pudo contarle a una de sus hijas -la única vez que habló sobre Clara- que había tenido una esposa y una niña que murieron “en la guerra”.
Clara Wacht y Matilde Bueno fueron las dos únicas niñas argentinas muertas en el Holocausto. Sus historias pudieron ser reconstruídas por sus familiares, David Bueno -el hermano de Matilde que sobrevivió a Auschwitz- y Ana Wacht -hija del segundo matrimonio de Samuel-.
Ellos dos viven hoy en Buenos Aires, la ciudad natal de las dos niñas argentinas que fueron víctimas del genocidio más grande de la Historia.
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