Fuego en la nieve

Christo vuelve a impresionar. De la mano de Jeanne-Claude, su mujer, el artista de las obras gigantescas está a punto de llevar a cabo el sueño de su vida: transformar su propia ciudad, Nueva York. En pleno invierno, llenarán el Central Park de color, con senderos de telas anaranjadas que colgarán de portales de cinco metros. Será una instalación delirante y original.

Enero de 2005

A pesar del frío y la nieve, este año Central Park se inundará de color en pleno invierno. Una pareja de artistas hará florecer al parque con una obra delirante que sólo se les podía ocurrir a quienes ya envolvieron en tela el Parlamento alemán y el Pont Neuf de París y plantaron cientos de sombrillas gigantes en un valle californiano y otro japonés.

36 kilómetros de senderos anaranjados formarán un laberinto de curvas suaves, en una creación del artista búlgaro-neoyorquino Christo y su esposa francesa Jeanne-Claude. Para ello instalarán 7.500 portales de casi cinco metros de alto, de los cuales colgarán telas de color incendiario para que flameen sobre las cabezas de los visitantes. El lugar, que en invierno siempre se convierte en un paisaje de colinas blancas y árboles negros, será una fiesta de color y de curiosos locales y extranjeros.

The Gates, la instalación de Christo en Central Park en 2005.

Los artistas idearon The Gates (Los Portales) hace tres décadas, pero recién en enero de 2003 la ciudad les dio permiso para convertir en realidad semejante alucinación. La obra promete una experiencia visual única y miles de neoyorquinos esperan el 12 de febrero, día en que se echará a volar tal torrente de color.

En publicaciones locales e internacionales, algunos han catalogado la idea como un ‘arroyo de miel’, otros han observado que el parque será ‘iluminado por fuegos en miniatura’. Unos definen el color de la obra como azafrán, otros dicen que es del tono de los zapallos. Christo y Jeanne-Claude prometen en su sitio web que la obra “será un techo dorado que creará sombras cálidas”.

“Visto desde los edificios que rodean el Central Park- Los Portales parecerán un río dorado que aparecerá y desaparecerá entre las ramas desnudas de los árboles y remarcará el recorrido de los senderos”.

La ansiedad no sólo absorbe a Nueva York. Funcionarios de la ciudad esperan a medio millón de visitantes y estiman que la obra generará ingresos por más de ochenta millones de dólares. Varios hoteles ofrecen paquetes especiales para los turistas. En el Mandarin Oriental –ubicado en una esquina del parque, en los pisos 35 al 54 del nuevo Time Warner Center– una noche en una habitación con vista privilegiada al parque costará como mínimo 1.050 dólares. Eso sí, incluye un libro sobre la obra y binoculares para disfrutarla desde las alturas. Numerosos restoranes prometen platos especiales con azafrán, en homenaje a Los Portales. El MoMA exhibirá películas sobre los trabajos anteriores de Christo y Jeanne-Claude y otro museo expondrá obras del fotógrafo exclusivo de los artistas, Wolfgang Volz.

Sólo 16 días durarán Los Portales en Central Park. “La condición temporal de los proyectos es una decisión estética”, explican los artistas. “Nuestros trabajos son temporarios para provocar la sensación de que deben ser vistos en forma urgente, y con el amor y la ternura que causa el hecho de que no van a durar”.

Si el arte contemporáneo puede ser difícil de entender, Christo y Jeanne-Claude tampoco ayudan a aclarar el motivo de esta obra monumental. Según los artistas, su locura más reciente no tiene explicación más allá de la pura gratificación de crearla.

“Nosotros creamos obras de alegría y belleza. No creamos mensajes. No creamos símbolos. Creamos obras de arte”, ha respondido Jeanne-Claude a un entrevistador de la televisión. “Las obras de arte no sirven para nada, excepto para ser obras de arte”.

“Nadie necesita Los Portales“, ha dicho Christo. “Es totalmente irracional, irresponsable, inútil, sin justificación, no tiene razón de ser, excepto que nos gusta”.

Pero este capricho gigantesco es tan sólo la última creación de una pareja que es el arquetipo del artista neoyorquino. Ambos nacieron el 13 de junio de 1935, él en una familia de industriales búlgaros; ella en Casablanca, hija de un militar francés. Se conocieron en París en 1958 y cinco años después se establecieron en Nueva York, donde aún viven en una ex fábrica en el SoHo. Aunque no les gusta que los simplifiquen como “los artistas que envuelven cosas”, la fama de Christo empezó justamente por hacer eso. Claro que en 1958, sus obras eran, por ejemplo, botellas y latas envueltas. Una década después, ya como pareja artística, habían dado el gran salto al intervenir su primer edificio en Berna, Suiza.

Desde entonces, así como el fotógrafo Spencer Tunick recorre el mundo desnudando multitudes ante su lente, Christo y Jeanne-Claude van de país en país cubriendo objetos gigantes con sus telas. Envolvieron un tramo de costa en Australia, rodearon islotes en Miami con géneros fucsia, pusieron una valla de tela blanca que cruzaba dos condados en California hasta meterse al océano. Hasta lograron que el parisino Pont Neuf pareciera aún más hermoso de lo que es, al cubrirlo en 1985 con una tela dorada.

“Es totalmente idiota llamarnos los artistas que envuelven, dicen ellos: “El envolver no es el denominador común de las obras. Sí lo es el uso de tela, género, lienzo. Material frágil y sensual que traduce el carácter temporal de las obras de arte”.

Aunque llevan más de cuarenta años en Nueva York, nunca habían podido hacer un proyecto a gran escala en su propia ciudad. Muchas veces han dicho que la parte más difícil de sus increíbles obras es conseguir las autorizaciones. La idea de Los Portales nació en los ’70, pero desde entonces habían luchado en vano por su aprobación. De hecho, tuvieron que modificarla en forma considerable para finalmente lograr el permiso: en lugar de perforar el suelo del sacro Central Park, instalarán los portales sobre pesadas bases metálicas apoyadas en los senderos de asfalto. Cuando llevaron por primera vez su proyecto ante las autoridades locales en 1979, la obra fue criticada como un intento de colgar “27 millas de cortinas de baño” en el parque. Ahora, a los 69 años de edad, la pareja verá su obra hecha realidad gracias a que uno de sus fanáticos, Michael Bloomberg, se convirtió en el alcalde de Nueva York.

Pero una idea tan desafiante aún genera oposición. El conservador y populista New York Post la atacó en un editorial titulado: “El despilfarro de dinero de Christo”, donde lamentó que los veinte millones que cuesta el proyecto no fueran destinados a enviar ayuda a las zonas destruidas por el tsunami en el Océano Índico. También algunos ecologistas advirtieron que las aves que pueblan el parque podrían ser perjudicadas.

Por más que haya quejas por el enorme gasto, los artistas están resguardados de cualquier crítica: hasta el último centavo lo pagan ellos, incluidos los salarios de 1.100 trabajadores, los materiales especialmente diseñados, el transporte y almacenaje de las partes, y hasta una donación de tres millones al ente que conserva el parque. Más que una excentricidad, ellos dicen que es su manera de mantener su independencia artística, ya que no deben rendir cuentas a nadie sobre sus elecciones estéticas. El dinero lo generan con la venta de bocetos del proyecto, que Christo elabora en su estudio del SoHo. Según cuentan ellos, siempre vivieron del arte, desde cuando Christo vendía cuadros por cuarenta dólares hasta ahora, que los dibujos de Los Portales se cotizan entre treinta mil y 600 mil.

En los últimos días antes de la apertura, en el parque se podía saborear un anticipo. Subiendo, bajando y rodeando colinas hasta donde alcanzaba la vista, se veían las bases metálicas sobre las que se atornillarán los postes cuadrados de vinilo naranja de los portales. Según los artistas, la cantidad de acero utilizada en las bases es igual a dos tercios de la Torre Eiffel. Estaban marcadas con pedazos de plástico anaranjado en forma de “A”, para evitar accidentes pero también como anuncio de la explosión de color que alegrará el paisaje de nieve y rocas. Equipos de obreros tomaban medidas bajo el sol frío de enero, para asegurarse de que todo estuviera en el lugar planeado.

El 12 de febrero este ‘arroyo de miel’, ‘fuego en miniatura’, azafrán o zapallo, hará llegar al Central Park una primavera adelantada. Un hombre y una mujer de casi siete décadas incendiarán con su locura el corazón de Nueva York.

contacto