Un gran paso en mi carrera

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Richard Branson on Expansión
Richard Branson en Expansión

A partir de octubre de 2013, me convertí en el editor general de Expansión, la revista líder de negocios en México.

Llevaba allí un año y medio como editor adjunto y, tras la salida de Adolfo Ortega, me eligieron para sucederlo en la jefatura de la revista.

La designación llegó tras tres meses de interinato, en que me hice cargo de la revista mientras avanzaba el proceso de selección del editor general. En esos meses, lanzamos la primera edición de Expansión en inglés e hicimos un poco de ruido cuando publicamos una entrevista exclusiva con el excéntrico millonario inglés Richard Branson.

Es la primera vez que me toca ser el editor en jefe de un medio: una oportunidad inigualable y —creo— el sueño de muchos periodistas.

Un año de portadas de Expansión

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Un año en cualquier publicación es un largo tiempo. En una revista catorcenal, son 25 ediciones, con el descanso de Navidad y Año Nuevo. Hay grandes éxitos, altibajos, las mejores portadas, las que no les gustan a muchos.

Aquí están —en orden cronológico— las del año que llevo en Expansión.

Quién soy

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Este es un resumen de mi experiencia periodística. Para leer mi biografía profesional completa, clic aquí, y para leer una lista de los puntos salientes, aquí.

Soy periodista y soy latinoamericano. De eso se trata mi carrera, desde que comencé a ganarme la vida en esto en 1997. En estos años, he recorrido gran parte de las Américas haciendo periodismo.

Mexico D.F., 2008
México D.F., 2008

Fui reportero de noticias locales del mejor diario de Nueva Jersey en las empobrecidas zonas urbanas del norte del estado. Edité una de las revistas más admiradas de América latina. Dirigí un sitio de noticias de inmigración que cubría las noticias que los medios masivos de Estados Unidos no conocían. Fui supervisor de turno en el World Spanish Desk de The Associated Press, donde edité y transmití artículos y fotos para medios de Los Angeles a Caracas a Buenos Aires. Escribí artículos de portada para la más influyente revista de negocios en México y la mejor revista narrativa de Latinoamérica. Escribí despachos desde el exterior para Estados Unidos, Chile y Argentina. También tuve tiempo de producir reportajes para la radio pública de EEUU, slideshows de audio, videos y podcasts, y tomar fotos periodísticas.

Además, en 2008, viajé en coche de Nueva York hasta Ciudad de México para hablar con la población latina sobre la histórica elección presidencial que llevó a Barack Obama al poder y publicar todo en un blog multimedia.

Ah… y diseñé este sitio web por mi cuenta.

En este recorrido, encontré a mucha gente que creyó en mí. Los que me dieron la posibilidad de empezar en el principal diario de Posadas, Misiones, Argentina. Los que me dieron una pasantía en el canal de noticias más importante de Argentina en 1998; o una beca con alojamiento en Buenos Aires para estudiar y trabajar en Clarín, entonces el diario en español con la mayor circulación en el mundo; o dos premios para periodistas jóvenes (sí, hace mucho). También me dieron becas Fulbright, Moors-Cabot, Online Journalism Association y Jacobo Timerman, que me permitieron graduarme con honores de la maestría en Periodismo de la Universidad de Columbia; una pasantía de un año en el diario The Star-Ledger de Newark, Nueva Jersey; la posibilidad de colaborar en forma permanente con el diario con la sexta mayor circulación de Estados Unidos; una beca McCracken con todos los gastos pagos para hacer una maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York.

Ha sido un camino largo, pero recién empieza. Y lo que descubrí es que en el periodismo uno nunca termina de aprender, siempre que se fije en los modelos correctos. La vida me regaló muy buenos jefes –bueno, la mayoría de las veces– y de ellos aprendí millones de cosas.

En Clarín, los editores de Información General y Policiales me entrenaron para que escribiera textos vivos y atrapantes, pero también rigurosos y precisos. En Columbia, el maestro del periodismo Sandy Padwe me grabó en la mente un requisito indispensable del periodismo: la pasión o, como dicen en inglés, el “fuego en el estómago”. En A.P., los turnos de mañana, noche y madrugada editando noticias generales y deportes me ayudaron a ser cada vez más rápido para decidir, para editar y para escribir. En The Star-Ledger, un jefe de buró con mucha experiencia y mente aguda me demostró cada tarde que siempre hay una pregunta más que hacer antes de volver a la redacción (y que por eso hay que anotar el teléfono de las fuentes). El Daily News de Nueva York me dio la posibilidad de escribir cada vez más, en inglés y en español, a cambio de mi disponibilidad constante y mi disciplina como colaborador freelance. En Feet in 2 Worlds, edité todo tipo de formatos y a periodistas de diferentes nacionalidades, con un público estadounidense en mente. En NYU, aprendí nuevas maneras de observar a Latinoamérica y su historia reciente y descubrí una historia asombrosa que nadie había contado.

El propósito de este sitio es servir como presentación profesional y como un archivo personal de mi trabajo. Por favor, envíenme un correo si tienen comentarios sobre el diseño, el funcionamiento o el contenido del sitio o si quieren más información sobre cualquier cosa que encuentren aquí. Si les interesan mis opiniones en crudo sobre el periodismo, el fútbol mundial, mi adorado San Lorenzo, el surf y quién sabe cuántos otros temas, me pueden seguir en Twitter. También pueden ver mis antecedentes completos en LinkedIn.

Y no me busquen en Facebook, porque no lo uso.

Cambio de tema y de trabajo

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Mayo 2012

Expansión, Mayo 1-15 2012Tras tres años de trabajo en la mesa latinoamericana de The Associated Press, la dejé al aceptar el puesto de editor adjunto de la revista líder de negocios en México, Expansión.

La revista, creada hace 43 años, acaba de someterse a un rediseño profundo, tanto en términos visuales como conceptuales.

El equipo que ayudo a dirigir tiene el desafío de cumplir las metas informativas y estilísticas de este cambio ambicioso, al mismo tiempo que lleva a la publicación decana del periodismo de negocios mexicano a la era de las plataformas múltiples.

Todo esto, sin abandonar su bien ganada reputación de periodismo exigente.

Cobertura de los Juegos Panamericanos en Guadalajara

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La oficina de AP en el centro de prensa panamericano en Guadalajara
La oficina de AP en el centro de prensa panamericano en Guadalajara / Foto: Diego Graglia

En octubre, estuve 20 días en la ciudad occidental mexicana de Guadalajara, donde participé de la cobertura especial de la AP de los Juegos Panamericanos 2011.

Allí, edité cientos de artículos y tablas de resultados y escribí panoramas y resúmenes, trabajando unas 10 a 12 horas por día en el centro de prensa. Pero además produje -con ayuda de fotógrafos de AP- una serie de audiovisuales que le dieron un ingrediente multimedia a nuestra cobertura.

Estos productos se ofrecieron a los clientes de AP como parte del paquete panamericano y muchos de ellos los usaron en sus sitios web. Además, fueron vistos miles de veces en el canal de AP en YouTube.

Aquí están los audiovisuales:

La ex golfista número uno Lorena Ochoa presenta los Juegos en su ciudad

Rugby en México:

Pelota Vasca:

Acerca de este sitio

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Esta versión del sitio me llevó mucho más tiempo de lo planeado, porque la construí en mi tiempo libre. Lo hice gracias a la invaluable ayuda de numerosas herramientas online. Acá están las principales.

El sitio está armado en WordPress, con el tema gratuito Antisnews, al que le hice infinidad de retoques.

Usé mucho plugins o complementos, pero el que fue imprescindible fue WPML Multilingual CMS. Fue una gran solución para que esto funcionara a la perfección como un sitio bilingüe, en que las secciones de español e inglés mantienen estructuras casi idénticas. (Instalé WPML como un complemento gratuito, pero ahora existe sólo la versión comercial).

Otros complementos que usé:

- WP Audio Player, para reproducir archivos de audio en la sección de radio y podcasts.

- BNS Add Widget, para armar el conjunto de menúes con links que está en el pie de página.

- Category Page. Lo usé para crear las páginas de Archivo de cada uno de los medios en que trabajé, donde el plugin se encargó de armar las listas de notas. Un ejemplo: mis notas para la revista chilena Qué Pasa.

- Just One Category, hace que WordPress muestre sólo la categoría raíz en las páginas de archivos, lo que me permitió mantener esas páginas bien organizadas.

- Single Post Template crea templates (¿moldes?) de diferentes posts. Lo usé para crear la navegación por “migas de pan” (breadcrumbs), ya que no había sistema automático que me sirviera — por culpa de mi caótico sistema de categorías.

- Social Media Widget sirve para las secciones de Contacto, que tienen logotipos para mis cuentas en Twitter, LinkedIn, el RSS del blog y mi correo electrónico.

- Top Level Categories simplifica las urls de las categorías, lo que permite usarlas para navegar el sitio. Muestra diegograglia.net/diarios en lugar de diegograglia.net/categorías/diarios y así sucesivamente.

- Tumblrize fue una solución para poder mudar mi viejo blog (de 2006 a 2009) de WordPress.com a un Tumblr que instalé en blog.diegograglia.net. Tuve que darle “Update” a cada uno de los posts, pero fue la manera más fácil de importar WordPress a Tumblr, un proceso para el que no hay soluciones directas.

En mi camino a tientas por el mundo del php, también me apoyé en los foros comunitarios de WordPress y en blogs y sitios varios que encontré por ahí. Lo que no encontré, lo fui aprendiendo por ensayo y error, con la columna de “error” mucho más larga.

¡Chaque la cana! *

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* “Cuidado con la policía”.

El primer reportaje que publiqué en mi carrera fue una nota para el Suplemento Joven del diario El Territorio en que hablaba con los jóvenes de Posadas sobre la imagen que tenían de la policía, en una época en que todavía eran comunes las detenciones por andar por la calle sin documentos. No puedo negar el pudor que me provoca leerlo hoy en día, pero lo publico aquí por el valor histórico que tiene, al menos para mí.

Los jóvenes y la policía, Posadas 1997
1997

Héroes o villanos, los agentes de policía siempre produjeron cierto temor entre los jóvenes. Hay relatos de jóvenes que fueron levantados por la cana y obligados a pasar una noche tras las rejas. No es chiste que cuando se anda por el centro o los barrios y se acerca un patrullero, en lugar de sentirse protegidos, los chicos sufren una sensación mucho más fuerte de inseguridad.

“Era un sábado a la noche”

“A un compinche de mi compañero de colegio, que iba caminando a su casa solo, lo llevó un patrullero”, comentó Eduardo, de 18 años, mientras “tarjeteaba” en Colón y Bolívar, “lo golpearon, lo tiraron en una celda y le dijeron a los presos que era homosexual. No sé cómo se salvó, porque un policía le tuvo lástima y lo sacó de ahí”.

“Veníamos de pescar a las doce y media de la noche, nos pidieron documentos y no teníamos. Estábamos de short y remera, con las cañas y algunas mojarras”, relató Leo (20), de la EPET 1, “nos quitaron las mojarras y nos mandaron adentro, estaba lleno de vagos, una manga de borrachos”.

“Mi primo fue a bailar y se olvidó el documento, entonces lo llevaron preso y le pegaron”, afirmó Mariana (15), del colegio San Basilio Magno. En cambio, José (21), de la carrera de educación diferenciada, dijo que “nunca tuve problemas, aunque conozco historias de chicos que los llevaban y les hacían limpiar los pisos”.

Más desconfiada se mostró Pato (22), futura profesora de biología: “Escuché varias veces que llevan chicos y los golpean. Hace poco salió en la tele que le pegaron a dos, pero lo que decían unos y otros era muy diferente, hoy ya no se sabe a quién creerle”.

La poli que tenemos

¿Qué opinás sobre la policía?, preguntó Suplemento JOVEN:

Mientras esperaba el colectivo, Leo dio su punto de vista: “La policía me parece mala, porque se mete donde no se tiene que meter y cuando sí tiene que actuar, no lo hace. Yo tuve muchísimos problemas con patotas en pleno centro y los policías se rajan y te dejan en banda”.

“Es una vergüenza, un papelón, porque en vez de los ‘chorros’, tenés que cuidarte de la policía. No podés caminar tranquila por la calle porque te dicen guasadas o te quieren levantar”, se quejó Ana, que seguía la charla sin muchas ganas de volver a clase.

En cambio, Luis (23), estudiante de trabajo social, dijo que “nunca me molestaron, pero pienso que la policía está muy mal manejada. No creo que sea un servicio a la comunidad, con los casos de gatillo fácil que hay. Tendría que haber más control, porque uno no sabe en quién confiar”.

Menos severo estuvo Héctor (19), que estudia para técnico en investigación socioeconómica: “La policía presta un servicio a la comunidad, pero la gente le tiene miedo”.

“Como tienen sueldos bajos, cumplen a medias con su deber. A veces exponen la vida por un sueldo mínimo”, destacaron Esteban (17), que va al Colegio Nro. 1 “Martín de Moussy”, y su amigo Sebastián (18), del Montoya. “Yo no sé cómo serán las leyes, pero si vivimos en una democracia, no creo que por andar sin documentos tengas que ir preso”, agregó.

Hay otros que tienen una visión más positiva, como Mariana: “Me parece que la policía es buena. Algunas veces se equivocan cuando actúan con los jóvenes. Dicen que las personas grandes tienen razón y como somos muy revoltosos, no hacen caso a lo que nosotros decimos”.

“Las veces que los vi, estaban haciendo cosas buenas, más allá de lo que se comenta y lo que veo en la televisión”, consideró Lucía (20), del profesorado de matemática.

Ricardo (17), alumno del Polivalente 13, expresó una doble posición: “Tengo una mala imagen de la policía porque detienen y maltratan a los jóvenes sin saber por qué. Pero también buena porque siempre rondan por ahí”.

* * *

“Y me invitaron a subir… al Ford”

Fabián Rolón (17) y su hermano Roberto (16) denunciaron hace dos semanas que fueron golpeados por efectivos del Comando Radioeléctrico y de la seccional tercera. La denuncia fue radicada por su padre -Alcides Rolón- ante la fiscal Margarita Wener. La policía los acusó a su vez de “agredir al personal”, lo que obligó a “hacer uso de la fuerza para detenerlos”.

El 7 de junio cerca de la medianoche, los jóvenes caminaban con tres amigos cerca de Rademacher y Cabred. Según la policía, “molestaban a dos mujeres”. Según Fabián, “cantábamos y uno de los chicos aplaudía”.

“El camión celular paró y dos policías, con olor a alcohol, fueron directamente a pegarnos. Caí y me pegaron un cachiporrazo en la nuca”, contó Fabián. Agregó que Roberto había escapado, pero volvió para defenderlo y “ahí lo agarraron”.

“Después nos llevaron a la tercera y ahí me cagaron a sopapos entre diez o doce. Como tengo problemas en la cabeza, me desmayé”, continuó. Según relató Roberto, a Fabián los policías lo patearon más y lo mojaron para que “no se hiciera el loco”, pero como no reaccionaba, el médico policial decidió mandarlo al hospital.

Roberto estuvo detenido hasta las 19:00. Resultó con politraumatismo en la cabeza porque “me la golpeaban contra el piso de la camioneta y uno me ‘bajó’ con una cachiporra en la boca. Me partió el labio y me rompió un diente”.

Los dos hermanos, que estuvieron internados dos días, aseguraron además que los policías les sacaron dinero, una cadenita y un par de zapatos que Roberto compró aquella tarde.

“Los policías dijeron que peleamos en un boliche. ¿Cómo vamos a ir al boliche a esa hora?”, preguntó Fabián.

* * *

Comisario general Arenhardt: “Los excesos son hechos aislados”

Tras recorrer el Parque Paraguayo y el centro de Posadas un sábado a la noche, el comisario general José Ahrenhardt, jefe de la Policía de Misiones, no ocultó la mala impresión que se llevó. Contó que ordenó personalmente los recientes operativos “en el Parque y en la estación de servicio del centro. Yo mismo constaté que a las 2:00 o más tarde, había parlantes a alto volumen y se tomaba alcohol en plena calle”.

- ¿Por qué se detiene a los jóvenes?

- A menos que hayan cometido un delito o una contravención, a los menores no se los detiene, se los demora y quedan a disposición de sus familiares. Es que muchas veces alteran el orden público o no justifican su presencia en un lugar, están en actitud sospechosa. Entonces la policía los lleva y cita inmediatamente a sus padres, a quienes se los entrega con las debidas advertencias.
A veces se lleva a los chicos por prevención: hay menores de diez o doce años que deambulan a la noche y son atacados por otros grupitos. Entonces, la policía los lleva por resguardo de su integridad física. Buscamos darles protección, no es una medida represiva”.

- ¿Hay casos de excesos policiales?

- La policía de Misiones no tiene este tipo de procederes, más que algunos hechos aislados que siempre ocurren en una familia grande como la institución policial. Los que ocurrieron, los reprimimos con la máxima severidad. Pero no es la institución, son hombres que se exceden en forma aislada, aun con buenas intenciones.

- ¿Reciben ese tipo de denuncias?

- Tenemos muy pocas quejas formales, directas. Pero si consideran que se violaron sus derechos, les pido que se acerquen a la Jefatura, que se los va a escuchar y va a permitir que corrijamos errores.

Para que sepas lo que es legal

“Si sos abordado por una patrulla policial, ¿conocés tus derechos?”, les preguntamos a los chicos posadeños.

“No tengo ni idea”, “qué sé yo”, “no estoy segura”, “algo, muy por arriba”, fueron la mayoría de las respuestas. Por eso, Suplemento JOVEN averiguó qué dicen las leyes en este tema.

Según nos contaron fuentes policiales, la averiguación de antecedentes es lo que se llama un “resorte legal”, que se usa en ocasiones en que se sospecha que alguien pudo haber cometido un delito y no se tienen pruebas concretas. Si es así, se lo demora para conocer su identidad y saber si es que tiene un “frondoso prontuario”.

Hay que aclarar que llevar documentos cuando salís de noche no es obligatorio, ni te salva de “caer en cana”. Simplemente, es conveniente que lo tengas encima para acelerar la averiguación o ayudar a que te identifiquen si tenés un accidente.

Si te detienen para conocer tus antecedentes, no te pueden alojar con presos comunes y la detención no puede durar más de 24 horas.

En caso de que el detenido sea menor, los policías deben avisar inmediatamente a los padres y al juez de menores. No puede estar detenido junto a presos mayores y no puede ser obligado a declarar, a menos que esté su abogado defensor.

Pero, por otra parte, te pueden detender si cometés alguna de las contravenciones que detalla el Código de Faltas. Estas se penan con multas o períodos de detención.

Los colonos misioneros que están al borde de la quiebra por las travesuras del Niño

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10 de mayo de 1998

El exceso de agua arruinó gran parte de los cultivos en la zona central misionera. El mal tiempo impidió otras actividades económicas, como las changas. Un productor cuenta su drama.

Colonos misioneros arruinados por El Niño, 1998COLONIA ALBERDI (ENVIADOS ESPECIALES). Bernardo Kruge es un hombre de pocas palabras. Pronunciadas con el inconfundible acento de los colonos misioneros, de aquéllos que solemos llamar “polacos” aunque a veces sean nietos de ucranianos, alemanes o suecos. Esas pocas palabras, sin embargo, son tan precisas como cuchillos y como tales, se clavan hondo en la carne de quien lo escucha.

Aunque es un hombre tranquilo, en sus frases se cuela la bronca, mezclada con una dosis grande de resignación ante lo que le marca el destino. Destino que este año se presentó en forma de efectos de la corriente del Niño. Y a pesar de que las inundaciones nunca fueron ni serán un problema en su pequeña chacra de Colonia Alberdi, cerca de Oberá, las recientes lluvias lo perjudicaron tanto como a cualquiera de las involuntarias “estrellas” de la televisión nacional que en las últimas semanas nos mostraron sus miserias vía satélite, con el agua hasta la cintura o hasta el techo de sus ranchos.

“Nunca vi algo así… cuando hablo con los vecinos me dicen que ellos tampoco vieron una época tan mala”, relató a El Territorio, mientras con sus manos desarmaba un tallo de mandioca, podrida por tanta y tanta agua, que hace unos días amagaba con seguir cayendo para siempre sobre las plantaciones donde se intercalan las plantas de yerba con la mandioca y el maíz.

Y no sólo el mandió no sirve más: la mitad de la soja también se pudrió; el maíz casi no dio espigas (“floreció, pero con puros rastrojos”, contó Kruge, de 39 años); la yerba mate perdió y seguirá perdiendo gran cantidad de hojas; cosechar el té, que no fue afectado por el agua, es todo un riesgo para hombres y máquinas en los días de lluvia en ese terreno desparejo y resbaladizo.

“Si llegás a romper la máquina, en el repuesto se te va toda la ganancia”, comentó Bernardo, al contar lo difícil que es cosechar el té en medio de la lluvia: “Nos patinamos, nos caemos. El desgaste es mucho mayor”, continuó.

Ni el pasto

Para completar la inacabable lista de tribulaciones, el Niño tampoco deja que crezcan las pasturas para los animales.

“El pasto se pudre y no hay con qué alimentar a los chanchos”, dijo Kruge. Explicó que éstos pierden peso y por lo tanto, su valor de venta será muy inferior al ideal, cuando su dueño los tenga que vender por no disponer de otros ingresos para mantener a su padre, su esposa, su hijo y su hija, ambos adolescentes.

Y no es que Bernardo carezca de ingresos por haberse quedado de brazos cruzados a mirar cómo la lluvia le arruinaba el futuro más inmediato. Por el contrario, cuando un año atrás su madre agonizaba de un cáncer de mama por el que finalmente murió, él salió a trabajar como albañil.

“Hacía changas para afuera y mi hijo (que ahora tiene 13 años y está en 7mo grado) se hizo cargo del trabajo acá, en la chacra”, recordó.

Este año, también intentó arrimar algo de dinero con ese tipo de trabajo. Pero, como una maldición, el clima también les cortó esa salida a él y a otros tantos, que en algunos casos dependen exclusivamente del trabajo temporario. Al mismo tiempo que la faena se hacía difícil o casi imposible en los cultivos, la lluvia paralizó cualquier tipo de changas que pudieran surgir (los colonos de la zona de Colonia Alberdi las buscan principalmente en Oberá).

Colonia Alberdi alberga a poco menos de 4 mil personas. La mayoría son colonos como Bernardo: algunos tienen propiedades más grandes, otros más pequeñas. Los pocos que viven en el racimo de casas que rodea a la escuela, la Municipalidad y la comisaría, también dependen en una forma u otra del rendimiento de las chacras.

Cálculos negativos

Y rendimiento es una palabra que este año, al menos, deja un resabio amargo en el paladar.

“De cada mil kilos de yerba, saco 40 pesos. Mi chacra produce 25 mil kilos, así que en total gano mil pesos en cada cosecha”, calculó con triste precisión Bernardo, y preguntó sin resentimiento: “¿Usted cuánto cobra? Seguro que con dos sueldos ya cubre eso”.

Y con un razonamiento realista e inevitablemente cruel, aseguró que le sale más barato no cosechar la yerba que intentar sacarle alguna ganancia.

“Si compro los herbicidas y encima tengo que pagarle el jornal a algún peón que me ayude, no gano nada”, resumió.

“Más de una vez me dieron ganas de llevar la azada y cortar todo…”, admitió con un aire desesperado en su voz, pero al mismo tiempo con la entereza de aquel que no se abandona a la adversidad.

* * *

“Está todo parado”

“Yo ando bien, pero sólo porque tengo el sueldo de intendente… pero los demás… ¿qué hacen?”, dijo sin vueltas Jacobo Berent, el jefe comunal de Colonia Alberdi, un puñado de casas y chacras del departamento Oberá al que se llega después de 20 minutos de rebotar en un camino de tierra, con muchas piedras sueltas.

Lo que resumió Berent en una sola frase es el “día después” de la mayoría de los colonos de Alberdi, una vez que pasaron (¿del todo?) las más que abundantes lluvias que trajo el fenómeno del Niño.

“Con ese sueldo, los tengo que ayudar a mis hijos, que están a cargo de la chacra”, agregó y explicó que a ellos, como a muchos otros, las plantaciones no les alcanzan para subsistir en forma medianamente digna. Además, las changas, única otra fuente de trabajo, están igual de paralizadas por culpa del mal tiempo.

“Teníamos que hacer nueve cuadras de empedrado con (subsidios de) planes Trabajar. Pero el tiempo nos dejó hacer sólo dos cuadras y un poquito. Y así… está todo parado”, ejemplificó el intendente.

Periodista, profesor y cebador de mate

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2 de enero de 2000

“La primera noche que pasé en Buenos Aires fue en un hotel alojamiento, comúnmente conocido como telo”, confiesa entre risas Armando Domínguez, que dice que terminó en semejante lugar como el típico “pajuerano” que no entiende nada. El empleado del lugar, cansado de tratar de explicarle, sin ofenderlo, a qué iba la gente allí, lo dejó quedarse a dormir hasta la mañana siguiente.

Armando, periodista, es el entrevistado ideal para un colega. Hay que dejarlo hablar, que las frases salen ya redactadas de su boca, listas para las rotativas. Será porque hace más de treinta años que ésta es su profesión. Hoy trabaja en la mesa de producción de Clarín, el diario en castellano de mayor tirada en el mundo.

Para llegar allí y a enseñar en las aulas de Periodismo de la Universidad de Morón, recorrió un largo camino. Que comenzó con forma de picada, en Ñacanguazú (ahora Hipólito Yrigoyen) cerca de Jardín América, hace 57 años.

Y que siguió con dos pasiones que descubrió allá en medio del monte y que le marcaron el norte: primero, la lectura voraz de los libros y revistas que cayeran en sus manos, y después, los relatos deportivos de Fioravanti y otros de su época, que escuchaba por radio y luego repetía e imitaba al detalle junto a un amigo.

Aquella noche en que se bajó del Singer que había tardado unas 36 horas y durmió en una habitación destinada a otros menesteres, Armando tenía alrededor de veinte años y llegaba a Buenos Aires sin plata para volver: el golpe de Onganía en el ’66 lo había dejado sin su empleo público y se las tenía que rebuscar.

Entre los muchos trabajos que tuvo (el primero fue en una cochería fúnebre), de a poco se fue arrimando a su pasión única y verdadera. Fue parte de la sección Deportes de Crónica y después, vivió un tiempo en Posadas y trabajó en El Territorio. A instancias de su primera esposa, se mudó luego a Córdoba, donde fue corresponsal de este diario. En 1983, volvió a la redacción en Posadas, hasta que en 1986 se ganó una beca en Clarín. Desde entonces, se afincó en Morón, al oeste de la capital.

“Volver a Misiones es una idea que tengo permanentemente en mente. Pero el tema es que, al durar tanto tiempo en Buenos Aires, fui encontrando un montón de raíces. En la medida en que uno está bien con su profesión y afectivamente, el lugar se va descubriendo”, cuenta Armando, que vive con su segunda mujer y Pablo (8) a quien hizo de Boca como él.

Cada cuatro meses regresa a donde nació, sin hacer escalas en Posadas. “Voy directamente a la chacra, donde están mi mamá y mi hermana. Mi madre me trata como si tuviera cuatro años. A la noche cuando me acuesto viene y me tapa como si fuera el nene de antes”, admite sin ponerse colorado.

Pero todos los días, esté donde esté, suele volver a Misiones a través de un rito particular. “Vivo en un departamento y hago una vida típicamente porteña. Lo único misionero, que es irrenunciable, insoslayable, indelegable, es el mate”, asegura y pasa a dictar cátedra: “el mate fatto al estilo misionero, hecho con toda la parsimonia, toda la tranquilidad, toda la ceremonia que implica. Hacer un mate es vincularse con la yerba, con el agua, entender el canto de la pava, observar la caída del agua, solazarse con la subida de la espuma en el mate”.

Y, sobre todo en la redacción de Clarín, nadie duda de que el mate hecho así es una experiencia que vale la pena. Por eso, a las cuatro y a las seis todas las tardes hay una procesión de intencionados visitantes a la mesa de noticias, que no inventan excusas: Armando sabe que se acercan porque a esas horas él empieza a cebar.

Aunque hoy está bien instalado, asegura que si tuviera que volver a mudarse, no le dolería. “No me lo planteo como una cosa de vida o muerte. Si me tengo que ir de acá, me iría sin ningún drama”, afirma.

Pero las cosas fueron muy distintas cuando dejó su tierra natal. “Cuando me fui de Misiones, me sentí desgarrado”, confiesa entre cebadas lentas, “lloré solo y sin un pecho fraterno donde recostarme. Mucho tiempo sangré por dentro”.

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Misioneros exiliados

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2 de enero de 2000

BUENOS AIRES. “El Chango Spasiuk recibe excelentes críticas de la prensa nacional”. “La periodista Olga Wornat atacada luego de publicar un libro sobre Menem”. “José Acasuso es la joven sorpresa del tenis argentino”. “Miuki Madelaire participa de un nuevo desfile top”.

Cada tanto, algún nombre conocido nos sorprende desde los titulares de los diarios: el de un misionero o misionera que se destaca en alguna actividad -deportiva, profesional, cultural- a nivel nacional. Y “nivel nacional” siempre significa que el escenario obligado de su triunfo es la metrópolis, Buenos Aires, que junto a sus suburbios, es el lugar de residencia de uno de cada tres argentinos.

Pero, aunque suene obvio decirlo, no sólo triunfan los que salen en los diarios. Y tampoco son solamente el Chango chamamesero, la Miuki diseñadora o el Chucho tenista los misioneros que tienen como escenario de sus historias cotidianas a la gran capital argentina.

Como sucede en todas las provincias de una república que es federal nada más que en los papeles, son muchos los misioneros que, a veces con lo puesto, a veces en mejor situación, abandonan la tierra roja para probar suerte o buscar un futuro distinto en el asfalto gris.

Estos exiliados anónimos buscan escribir su propia historia, aunque ésta nunca llegue a los medios de comunicación. Algunos nunca terminan de escapar a las ansias de volver, otros están decididos a construir su camino sin mirar para atrás. Pero todos llevan adentro una pregunta que más que pregunta es una certeza: “¿Qué tienes, mi tierra roja, que a todas partes te llevo?”.

Hoy, El Domingo le ofrece cuatro de esas historias. Podrían haber sido otras cuatro cualesquiera. Pero les tocó a Armando, el periodista, Miguel Angel, el futbolista, César, el croupier, y María, la abuela pensionada. Ellos nos contaron sus porqués y sus cómos, el argumento de sus biografías, que transcurren en Buenos Aires, pero con la mitad del corazón en Misiones.

Periodista, profesor y cebador de mate

"La primera noche que pasé en Buenos Aires fue en un hotel alojamiento, comúnmente conocido como telo", confiesa entre risas Armando Domínguez, que dice que terminó en semejante lugar como el típico "pajuerano" que no entiende nada. [ + ]

Cómo vivir de los juegos de azar

Cartero, administrativo en una empresa de seguridad, vendedor de zapatos, croupier del casino flotante. La lista de empleos que tuvo César Cáceres (23) desde que llegó a Buenos Aires hace dos años no es muy extensa, pero sí bien surtida. La supervivencia no es fácil en la jungla de cemento y hay que estar dispuesto a hacer de todo. [ + ]

De Villa Bonita a Valentín Alsina

Hay algo que se nota al momento de empezar a charlar con María Federuk: el acento inconfundible de los ucranianos que, de cierta manera, también es un acento misionero. Aunque van a hacer 50 años desde que ella vive en el Gran Buenos Aires, nunca se le fueron esas consonantes marcadas con fuerza que suenan a cabezas rubias, a plantas de tabaco y yerba, al sol fuerte de la chacra. [ + ]

Un cuervo llegado de Misiones

Un sueño cumplido a medias no sirve. Por eso, Miguel Angel Ventre, después de pasar parte del verano en Posadas, volverá a dejar atrás a su familia en su casa de Tambor de Tacuarí y Santa Catalina, para regresar a su hogar desde hace tres años: la pensión de las divisiones inferiores de San Lorenzo de Almagro. [ + ]

La lluvia y la 'shuvia'

Cuando un provinciano llega a Buenos Aires, aunque sea por primera vez, ya conoce bastantes cosas de la ciudad. Toda su vida las vio por televisión, las escuchó nombrar en cientos de canciones de tango y de rock, y las encontró en revistas, diarios y libros. Sabe los nombres y las fisonomías de muchos lugares de la ciudad, sabe los cantitos de la cancha, sabe que Barrio Norte es un barrio "bien" y que el Bajo Flores no lo es tanto. [ + ]

Cómo vivir de los juegos de azar

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2 de enero de 2000

Cartero, administrativo en una empresa de seguridad, vendedor de zapatos, croupier del casino flotante. La lista de empleos que tuvo César Cáceres (23) desde que llegó a Buenos Aires hace dos años no es muy extensa, pero sí bien surtida. La supervivencia no es fácil en la jungla de cemento y hay que estar dispuesto a hacer de todo: “Acá es la ley del más fuerte”, sentencia.

Ni bien empezó el ’98, este joven nacido en Puerto Rico decidió que su situación en Posadas, donde estudiaba (y buscaba trabajo sin éxito), no daba para más. “Mis viejos no podían bancarme más los gastos de vivir en la capital y estudiar”, cuenta y admite: “y también tenía el sueño de probar suerte en Buenos Aires”.

Una vez más, entonces, se repitió la historia del provinciano que llega a la Capital Federal en busca de una chance. César tenía en Caballito a un amigo de la infancia que lo recibió en su departamento.

En la gran urbe, comenzó con el pie derecho: llegó un lunes y ese mismo miércoles, empezó a trabajar. Parece que Buenos Aires le hubiese dicho: “Así que vos querías conocerme? Bueno, empezá a caminar”, porque su primer empleo fue de cartero en un correo privado. ¿Qué mejor manera de conocer una ciudad que con un plano en la mano y mil direcciones para buscar?

Y César hasta se acuerda con exactitud de la primera casa que visitó, con un sobre en la mano: “Félix Lora 74″, recita.

A esta altura, a los que lean esto en Puerto Rico habrá que aclararles que estamos hablando de “Lamba”, apodo con que lo conocen allá, a pesar de que en las veredas de la facultad de Humanidades sus compañeros de Periodismo lo bautizaron como “Figu”.

Después de meses de gastar suelas por los cien barrios porteños, César pasó por varios otros empleos, pero también tuvo que bancarse algunos malos tragos, cuando le tocó salir a buscar trabajo.

“Es una gran responsabilidad, porque tenés que estar presente todos los días, competís con muchos, te exigen de todo para un puesto que no es elevado. Además, hay un nivel altísimo de desocupación”, resume.

Semanas enteras de levantarse para salir a hacer cola bajo el sol o con frío, esperar a veces hasta cuatro o cinco horas sólo para dejar el currículum en manos de un posible empleador y de allí tratar de llegar a tiempo a alguna otra cola, en quién sabe qué parte de la ciudad. No fueron tiempos fáciles.

“Y después”, completa “Lamba”, “está el famoso ‘te llamamos’, la esperanza de que te llamen y cuando suena el teléfono, tenés el corazón en la boca esperando que sea de algún laburo”.

Hace un par de meses, después de un año difícil, el misionero que sueña con ser periodista deportivo y cada tanto escucha sus grabaciones de relatos de Víctor Hugo Morales, consiguió un trabajo que le gusta y donde le pagan bien.

Claro que eso tampoco fue fácil. Para entrar como croupier (el empleado que maneja una mesa de ruleta) al casino flotante inaugurado este año en Puerto Madero, tuvo que pasar un curso complicado, donde lo principal era aprender a calcular “in mente” con rapidez.

Obviamente, la empresa no quiere empleados que le hagan perder plata por no saber la tabla del 9.

“La primer bolilla que canté fue ‘negro el 29″, vuelve a recitar Cáceres, el memorioso.

Satisfecho con las ganancias que le deja la ruleta aunque no “iría ni loco a jugar ni una ficha”, César asegura que “hoy por hoy” se queda a vivir en Buenos Aires porque “es difícil tener un laburo tan copado como éste”, pero confiesa que su sueño es “seguir viviendo en el lugar donde nací, en mis pagos. Formar una familia, ejercer la carrera que siempre quise estudiar”.

“El individualismo que se vive acá es terrible”, asegura César. ¿Y los porteños, qué tal? “Como en todo, hay buenos y malos”, dice, “pero son pocos los rescatables que no tienen la típica prepotencia del canchero, el vivo, que se cree más que los que vienen del interior”.

“Lo malo es lo loca que está la gente, porque andan todos a mil. Hay poca sociabilidad, yo en dos meses no conocía a mi vecino del piso de abajo”, completa.

Claro que la gran ciudad también tiene muchas cosas positivas para él: “lo bueno es que aprendés a vivir con distintos tipos de gente, es muy heterogéneo, variado. Y al ser la capital de un país, tenés todo: vas a la cancha, al cine, al teatro, a los recitales”.

Y, ya en terrenos de la más pura opinión, jura y perjura que “el mayor orgullo es ir a la cancha de Independiente”.

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El cerrajero

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Actor de cine y teatro, director y guionista de su propia obra, cantante de candombe, pero también ex operario en fundiciones de aluminio y siempre cerrajero. Conozca al misionero que protagonizará la próxima película de Pablo Trapero, que se podría filmar en Misiones, y a quien SED entrevistó en Buenos Aires

20 de marzo de 2000

Un cerrajero misionero vive en un pueblo chiquito, sin mucho qué hacer. De repente, algunos acontecimientos en su vida lo llevan a tener que dejar el pueblo y la provincia, para terminar en algún lugar del Gran Buenos Aires, donde buscará cómo seguir con su vida.

Otro cerrajero, también misionero, vive desde chiquito en algún lugar del Gran Buenos Aires. Algunos acontecimientos de su vida lo llevaron a tener que dejar Posadas muy atrás, para terminar en un departamento muy cerca del centro de Buenos Aires, donde trata de seguir con su vida como a él le gusta.

Hasta ahí, se entiende. Pero hay que aclarar que los dos cerrajeros son la misma persona. La diferencia entre ellos pasa por que el primero todavía no existe: es el personaje que el segundo -que sí existe- interpretará en la próxima película del director joven más reconocido de la Argentina, Pablo Trapero.

Daniel Valenzuela, que de él estamos hablando, reconoce sus dos oficios sin menospreciar a ninguno de los dos: es cerrajero, como desde hace varios años, y es actor, como desde hace también varios de sus 43 años.

Este posadeño de Villa Sarita, hijo de paraguayos e hincha de Guaraní, asegura que no tiene problemas en seguir haciendo trabajos de cerrajería, si lo llaman para eso. “No se me van a caer los anillos”, dice. Pero, claro que no es eso lo que a él le interesa. Lo suyo es la actuación, aunque apenas le alcance para vivir “al día y a veces, atrasado”.

A pesar de que actúa en teatro desde hace dos décadas, fue gracias a dos papeles en películas de 1998 y 1999 que Valenzuela empezó a hacer conocido en el mundo del cine argentino.

El primero fue Omar, un albañil paraguayo, que vivía una experiencia mística al encontrarse en la calle con la mismísima virgen, en una de las cuatro historias que forman el buen film Mala Época (hecho por alumnos de la Universidad del Cine). El segundo fue Torres, operario de grúas y amigo de Rulo, el gran protagonista de Mundo Grúa, la exitosa ópera prima de Trapero (Ver El Gran Debut).

“Mala Época tuvo muy buena crítica, sobre todo el laburo mío, por un par de cosas que me tocó vivir en el festival de Mar del Plata… (Abbas) Kiarostami, el director iraní, dijo que le gustó mucho y que, de haber podido, me hubiera entregado una mención o algo. Juan José Saer también. La película ganó tres premios en ese festival. Yo no pude ir porque justo había una movida de actores, un paro”.

-¿Y cómo llegaste a ‘Mundo Grúa’?
-A Pablo Trapero lo conocí en el rodaje de Mala Época. El personaje de Torres, en Mundo Grúa, no lo iba a hacer yo. Pero después Pablo me comentó que quería darme un personaje y me preguntó si me animaba a hacerlo. Yo le dije: “Sí, vamos para adelante” y empezamos a laburar en Mundo Grúa. Eso fue lo que mínimamente me ayudó a poder estar flotando, en cuanto a lo económico, y a “pegar” otros laburos.

“Mundo Grúa fue una cosa hecha muy a pulmón, de mucha onda, con mucha solidaridad, con mucho ponerse la camiseta de la película. Primero por Pablo, porque a pesar de que le llevo algunos años, a nivel de amistad, significa un montón de cosas para mí. Al margen del gran director y de los premios, para mí es un gran ser humano, un tipo re-macanudo y nos tenemos mucho aprecio, nos queremos mucho.

Otros laburos

A partir de esos dos papeles, empezaron a llegar ofertas de todo tipo. Valenzuela enumera la larga lista.

-’Pegué’ un doblaje en Garage Olimpo (premiado film del ítaloargentino Marco Bechis sobre los desaparecidos en la dictadura). Trabajé en Plata Quemada (la nueva de Marcelo Piñeyro, director de Caballos Salvajes y Tango Feroz). Es un personaje secundario, Tabaré, pero que tiene que ver con la historia. La estrenan en mayo. Hace 15 días vine de Salta, donde laburé en La Ciénaga, que es una película de Lucrecia Martel, una chica salteña, cuyo guión fue premiado en Sundance (el mayor festival de cine independiente del mundo, que organiza Robert Redford). Ahora, me voy al sur a filmar El Camino de Javier Olivera. El personaje mío va a ser un cana que lo persigue al protagonista. Y El bonaerense, la próxima película de Pablo Trapero, la protagonizo yo.

Me llamaron para hacer un piloto (de un programa) que por ahí va por Canal 13 y no voy a hacer casting, por ejemplo. Antes uno iba y tenía que entregar material, hacer casting, pruebas, todo eso. Ahora, es como que, debido a un par de cosas que se me van dando… no hace falta.

El otro día pasaron en ATC un documental sobre una de las primeras feministas de la Argentina, muy amiga de Sarmiento, y yo hice la voz de Sarmiento. El que me escucha cómo hablo, nunca lo va a creer, encima que me como algunas eses. Pero quedó lindo.

- ¿Y lográs vivir de la actuación?
-Uno vive al día y, a veces, vive atrasado. Creo que un poco el entorno, tu familia y la gente que te conoce y cree en vos a nivel actoral, inconsciente o conscientemente, te exigen que si no aparecés en ese aparato (con la cabeza señala a la TV), bueno… (hace un gesto de decepción). Si no estás codeándote con una persona de renombre, estás jugando en primera C. En cuanto a lo del dinero, estoy flotando, viviendo “ahí” (…) Yo, ante todo sigo siendo el mismo, no lo tomo como una carrera, porque no quiero llegar primero a ningún lado. Para mí esto es un oficio. Me siento bien en tanto y en cuanto pueda vivir dignamente y laburar con esto. No tengo grandes ambiciones. Las ambiciones me las pongo yo, y los límites me los pongo yo, como actor.

- ¿Qué otras cosas hiciste?
- Tuve laburos varios. En una fundición de aluminio, como cerrajero, que es mi otro oficio. Es más, laburo como cerrajero, tengo la caja de herramientas. Si me vienen a buscar para ir a hacer cerrajería, no se me van a caer los anillos. Ahora, estoy viviendo de esto (la actuación). Mal, pero viviendo… tratando de despegar.

Más laburo

Pero, a pesar de lo largo de la lista, los trabajos y los días de Valenzuela no se terminan ahí. Recientemente estrenó una obra de teatro, cuyo guión escribió él, que es dirigida por él y que tiene una banda de sonido propia hecha por una murga de estilo uruguayo, a puro candombe, en la que la voz principal es de… adivinen quién.

-Se llama Tobogán, una historia de caídas. Es la historia de quien fuera el mejor futbolista del mundo y se encuentra con 60 años, solo, sin sus hijos, sin su mujer, sin el éxito, sin el reconocimiento, sin las revistas, los reportajes. Lo único que le queda es su representante y un viejo grabador donde pone el gol ese que les hizo a los ingleses, está continuamente rompiendo las pelotas con eso. No le queda nada. Yo no lo quería asociar con Diego, pero lo asocian. En definitiva, lo bueno, lo “grosso”, es que no sabés si eso pasó, si va a pasar, si es mentira, si es cierto.

- ¿De que se trata tu primer protagónico en cine, en El Bonaerense?
- Es un cerrajero, misionero, que vive en un pueblo. Indudablemente, en un pueblo chico, el cerrajero está “al pedo”. Y se generan un par de situaciones, justamente por eso. Y ante situaciones (que aún no sé cuáles serán) muy puntuales, muy “grossas”, que vive en la provincia, se tiene que venir para acá. Y viene a recalar en el Gran Buenos Aires, de ahí el título. Creo que se va a filmar en Posadas. Todavía no está definido, pero Trapero quiere filmar tierra colorada. Sería en agosto o setiembre.

* * *

Postales de Misiones

Daniel Valenzuela nació en Posadas en 1957 y vivió aquí durante los primeros años de la infancia. Aunque en el Gran Buenos Aires transcurrió la mayor parte de su vida (su casamiento y separación, sus hijas Julieta, de 24, y Daniela, de 20) conserva recuerdos varios de la que, dice, nunca dejó de ser su provincia.

“Yo vivía en San Lorenzo (la actual Beato Roque González) y Pedernera, justo en frente de lo de los Chemes, a la vuelta de la cancha de Guaraní. Mi tío y mi viejo fueron fundadores de Guaraní. Mi vieja tenía un boliche que era una especie de pista de baile, justo ahí en la esquina, se llamaba ‘El Cabure-í’, era muy conocido. La pista era grande, se podía jugar. Me acuerdo de algunas situaciones vividas ahí, porque venían todos los tipos que trabajaban en los barcos, se armaban grandes peleas, a cuchillazos”.

“Estuve hasta los seis, siete años allá. Volví después en el ’74, por casi dos meses. Estaba militando en política. Milité siempre en la izquierda y fui a colaborar con la campaña de Tulio Dos Santos, un médico muy prestigioso en Misiones. Pero cuando fui ya estaba todo cambiado”.

“Mis viejos eran paraguayos: mi viejo, Hermes Valenzuela, -la gente vieja se debe acordar- tenía una carnicería en la avenida Mitre, falleció cuando yo tenía tres años. Era muy conocido. Mi vieja quedó viuda, probó con un par de negocios que no anduvieron bien y no había otra posibilidad, la cosa era conseguir laburo y nos largamos para acá. Yo tenía seis y mi hermana, doce. Nos vinimos para el lado de Lanús, en el sur del Gran Buenos Aires”.

“Soy hincha de River. Y fue muy gracioso: la primera vez que me llevaron a ver un partido acá, tenía ocho años. Era River-Boca, todos los que me llevaron a ver el partido eran fanáticos de Boca y me llevaron para hacerme hincha de Boca. Fue en la Bombonera. El primer equipo que salió fue River, que tiene la misma camiseta que Guaraní. Cuando salió, vi la camiseta de River. Dije ‘Chau, este es mi equipo’. Me quedé callado, no dije nada. Pero ahí me hice hincha de River. Y fue por eso, por Guaraní Antonio Franco. Yo vivía a la vuelta de la cancha. Lo iba a ver, me solían llevar. Iba al club, a la cancha”.

“Misiones no quedó en el pasado. Yo escucho un chamamé y me conmueve, me motiva. El otro día lo estuve escuchando al Chango Spasiuk (en un recital al aire libre) en la calle Corrientes y es como que, a pesar de haberme venido de chico, tengo muchas vivencias y muchas cosas que me quedan claras de Misiones. Yo soy misionero. Se pueden negar muchas cosas, pero no la raíz. Misiones es algo muy ‘grosso’, aunque yo no vaya. Cuando canto murga, me dicen: ‘Ah, sos uruguayo’, y yo les digo: ‘¡Pará, qué uruguayo, yo soy misionero!’”

De Villa Bonita a Valentín Alsina

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2 de enero de 2000

Hay algo que se nota al momento de empezar a charlar con María Federuk: el acento inconfundible de los ucranianos que, de cierta manera, también es un acento misionero. Aunque van a hacer cincuenta años desde que ella vive en el Gran Buenos Aires, nunca se le fueron esas consonantes marcadas con fuerza que suenan a cabezas rubias, a plantas de tabaco y yerba, al sol fuerte de la chacra.

Hace siete décadas que nació en Villa Bonita, no muy lejos de Campo Ramón y de Oberá, hija de Sauca Federuk y Daria Ostrejuk, ambos venidos de Ucrania apenas dos años antes. Desde entonces, dos maridos la dejaron viuda, pero también tres hijas la hicieron diez veces abuela. Hace menos de un mes, Matías, su primer bisnieto, le dio el gusto de trascender hasta una tercera generación.

“Mi infancia era demasiado pobre”, cuenta María, “mis padres vinieron de Europa en el ’27, se metieron en el monte y tuvieron que hacer un lugar para poder vivir. Los productos no valían nada: vivíamos del tabaco pero a veces mi papá llevaba para vender hasta Alem y no le daban nada”.

Ante las preguntas sobre cómo se escriben los apellidos ucranianos que ella menciona, con timidez María termina por aclarar que no sabe leer ni escribir, porque la chacra de sus padres estaba demasiado lejos de la escuela para que una chica fuera a pie.

Sus tres hermanos eran la única compañía casi todo el tiempo. “En esa época, teníamos que esperar el domingo para ir a la iglesia, para ver otros chicos, otras chicas. Si no, estabas en tu campo y los días de semana, no venía nadie, no veías a nadie”, recuerda.

Y así, en una misa dominguera, fue que conoció a Pablo, otro hijo de ucranianos de Picada Yapeyú, con quien se vino a vivir a Buenos Aires en 1950, a los 20 años.

Él llegó primero, para probar suerte, y consiguió un puesto en un frigorífico. Recién entonces volvió a Villa Bonita a convertir a María en su esposa y a traerla al terreno que había podido comprar. En Valentín Alsina, barrio tanguero del partido de Lanús, separado del sur de la Capital Federal por el Riachuelo, ella comenzó su nueva vida, armada con unas pocas palabras de castellano.

Es que en la chacra se hablaba en ucraniano. “Castellano aprendí un poco porque mis hermanos más grandes fueron a la escuela. Y después cuando vinimos, no sabía ni cómo se llamaba la carne. Iba a la carnicería y cuando una mujer pedía algo, me fijaba cómo se llamaba. Entonces, yo también nombraba lo mismo y compraba eso”, se divierte.

Pablo falleció a los 37 años, cuando las dos primeras hijas tenían nueve y cinco. La voz de María se apaga un poco al contar que perdió a su hombre porque a él “le gustaba tomar, fumaba mucho”.

Sola para mantener su hogar, decidió ponerle el pecho a la vida sin volver atrás. Trabajó como empleada doméstica, como seguiría haciendo toda su vida, hasta hace seis o siete años.

Después llegó un segundo esposo, Anatolio, también de sangre ucraniana, quien le dio la tercera niña. Pero también, después de once años de casados, la dejó sola a cargo de la familia. Él murió de un balazo, cuando se metió en una pelea a defender a un amigo. “Era un hombre sano, fuerte, bueno”, añora María.

Ahora, tranquila en el jardín de la casa de su hija menor, con una nieta recién nacida en brazos, cuenta que vuelve a su provincia por lo menos una vez al año. “Siempre me gusta, por la tranquilidad, porque uno nació en la tierra”, comenta, “yo a vivir a un departamento no voy. Necesito un pedazo de tierra para tener plantas o algo”.

Asi como extraña la paz de la chacra, María admite que acá tiene miedo: “Hay mucha intranquilidad. Una vez me asaltaron, hace bastante, cuando fui a hacer las compras. Y ahora casi no salgo”.

Sin embargo, se iría a vivir a Misiones sólo si pudiera llevarse a todos. Las raíces que echó tienen mucha fuerza y bastan cuatro palabras para explicarlas: “Acá están mis hijos”.

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Un cuervo llegado de Misiones

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2 de enero de 2000

Un sueño cumplido a medias no sirve. Por eso, Miguel Angel Ventre, después de pasar estas fiestas y parte del verano en Posadas, volverá a dejar atrás a su familia en su casa de Tambor de Tacuarí y Santa Catalina, para regresar a su hogar desde hace tres años: la pensión de las divisiones inferiores de San Lorenzo de Almagro.

Y el sueño de Miguel Angel no se cumplió ni cuando jugó con la camiseta de Atlético Posadas ni en estas tres temporadas de hacerlo con la del Ciclón, a pesar de que es hincha de los dos clubes. Recién se va a cumplir completamente el día que se ponga la misma camiseta número 5 de siempre, pero esta vez para salir a jugar con la Primera. A él no le hace falta cerrar los ojos para imaginarse el momento en que Marcelo Araujo diga, un domingo a la noche por la tele: “Piguuu… ¿te agarró un ataque de habilidad?”

“Pigu”, bautizado así por un tío en su infancia, tiene 17 años y en el 2000 va a jugar en la quinta división del club azulgrana.

Llegó a San Lorenzo en el ’97, por iniciativa de su padre, quien no pudo evitar tomar en serio las condiciones del chico después de que, con sólo trece años, éste empezó a jugar en la primera de Guaraní Antonio Franco. Miguel padre, “cuervo” fanático, siguió los dictados de su corazón e hizo las gestiones para que su pibe se fuera a probar al club de Boedo. Todo anduvo tan bien que Miguel hijo se quedó ese mismo año en la pensión, a pedido de los técnicos y a pesar de su madre. En Posadas dejó amigos, familiares, la primaria y media secundaria en el Santa Catalina.

“Costó un poco adaptarse los primeros cinco o seis meses. Uno está acostumbrado a otras cosas, el fútbol de allá no es tan profesional como el de acá”, relata “Pigu” y agrega que fue difícil porque Posadas no tiene “nada que ver con esto”.

No le molesta contar que en los tres años de partidos en las distintas categorías todavía no hizo ningún gol. Después de todo, para eso están los delanteros. Y además, tan mal no le fue: haber sobrevivido tanto tiempo significa que su rendimiento de cada semestre convenció al cuerpo técnico de que ese volante central tiene que seguir poniéndose la azulgrana los sábados. Y no está mal dicho sobrevivir, porque a esta altura ya es uno de los dos jugadores que hace más tiempo están en la pensión. El otro es Walter Ervitti, quien ya debutó en primera y metió un gol.

Justamente Ervitti y Gonzalo Bevacqua, otro que también jugó e hizo goles en el equipo del “Cabezón” Oscar Ruggeri, solían compartir la pieza con Ventre. ¿Una señal divina, una habitación predestinada? “Por ahí me dejan la suerte en la pieza”, se ríe el misionero.

“Este año mi día era: entrenar a la mañana temprano, almorzar, dormir una siesta, ir al colegio en horario nocturno y venir a las once y media de la noche”, cuenta Miguel Angel, “los sábados a la mañana jugamos y de ahí tenemos libre hasta el domingo a las once de la noche. Podemos salir, pero depende de uno hacerlo todos los sábados, porque (los encargados) se fijan quién sale todos los sábados, cómo vuelve. Hay mucho control y desde que vino Ruggeri está mucho más estricta la cosa”.

Para un adolescente que podría estar de fiesta en fiesta, esa disciplina espartana es un sacrificio duro. “Da un poquito de bronca, porque mientras estoy durmiendo temprano un viernes, otros están en Posadas tomándose un tere. Pero también siento una alegría enorme de jugar el sábado con la camiseta de un equipo grande. Y hay muchos chicos que anhelan eso”, evalúa.

Aunque dice que siempre la va a ver más linda que a Buenos Aires, “Pigu” prefiere no volver a vivir a Posadas. Pero, eso sí, reconoce que extraña mucho a su familia, amigos y novia. “Con ella empezamos a salir hace un año y tres meses, cuando yo ya vivía acá”, comenta. Sin embargo, no parece muy triste por la distancia. “El año que viene ella se viene a estudiar para acá…”, aclara, se sonríe y sólo le falta relamerse.

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La lluvia y la ‘shuvia’

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2 de enero de 2000

Cuando un provinciano llega a Buenos Aires, aunque sea por primera vez, ya conoce bastantes cosas de la ciudad. Toda su vida las vio por televisión, las escuchó nombrar en cientos de canciones de tango y de rock, y las encontró en revistas, diarios y libros. Sabe los nombres y las fisonomías de muchos lugares de la ciudad, sabe los cantitos de la cancha, sabe que Barrio Norte es un barrio “bien” y que el Bajo Flores no lo es tanto.

En cambio, es dudoso que un porteño que nunca estuvo en Posadas sepa dónde queda el Parque Paraguayo, qué clubes de fútbol hay en la capital misionera o qué diferencia hay entre Los Aguacates y el barrio San Jorge.

No hay dudas de que el país mira hacia (y gira en torno de) Buenos Aires. La Capital Federal es, prácticamente, el centro de todo lo que sea “nacional”, mal que les pese a las provincias y a sus habitantes. Esa diferencia muchas veces es acentuada por prejuicios de todo tipo.

Si algún día se edita un “Diccionario Argentino de Estereotipos y Prejuicios”, las siguientes podrían ser dos definiciones típicas: Misiones: Cataratas, bichos del monte, Ruinas, yerba, lluvia que llueve. Buenos Aires: smog, Obelisco, tango, mucha gente, lluvia que “shueve”.

Los pre-conceptos sobre la Reina del Plata y los porteños son moneda corriente en cualquier provincia. Los misioneros que se mudan a Buenos Aires día a día ven cómo esas ideas formadas desde lejos a veces se confirman y a veces se desmienten de manera rotunda. Al mismo tiempo, en forma cotidiana se encargan de afirmar o negar las imágenes prejuiciosas que tiene la gente de la Capital sobre la tierra colorada y sus pobladores.

Poco a poco, se descubre que hay muchos porteños que contradicen la imagen arquetípica del canchero y sobrador que se las sabe todas (sin embargo, nunca falta alguno que la confirme). Pero también se comprueba que es cierto lo que se dice del ritmo de vida de una ciudad frenética en que todos manejan a mil, caminan a mil, hablan a mil, sin una pausa para respirar. Se demuestra que las buenas amistades o los buenos amores nacen por igual en las sierras misioneras o en la pampa húmeda. Pero también se hace patente el anonimato de una ciudad gigante, donde se habla a los gritos porque no importa quién escuche, pues seguro no es alguien conocido.

Pero, por otra parte, el misionero “exiliado” en Buenos Aires más de una vez tiene que salir a aclarar que la familia que dejó no vive en una choza al lado de la de Tarzán. Y que “Misiones Capital” se llama Posadas. Y que ya llegaron el asfalto, los celulares, la tv por cable y las computadoras con Internet. Y que allá se escucha chamamé, pero también rocanrol, jazz, blues o tecno.

Muchas veces la carta de presentación es el mate. Pero no ese mate cebado en una tacita enlozada, con azúcar y agua casi hervida. El mate grande y amargo, con yerba seca al costado y parsimonia en el cebar, se convierte en algo así como la cédula de identidad del misionero.

También la tonada litoraleña, hambrienta de eses y orgullosa de estar llena de elles, es infalible. Enseguida provoca la consabida pregunta: “¿No sos de acá, no?”. Y si a alguno le da timidez que lo descubran forastero, es cuestión de tiempo. No tardará en llegar el momento en que conteste con una sonrisa y el pecho inflado: “No, soy de Misiones…” y, en su interior, agregue: “…la hermosa”.

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Una elección que dividió a México

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2 de julio de 2006

MÉXICO — “Hoy, cambio o continuidad”, anunciaba el domingo el diario izquierdista La Jornada a los mexicanos que salieron la soleada mañana capitalina a participar en la histórica elección presidencial.

Esa división, que en los últimos meses conmovió a la sociedad mexicana —entre el cambio de izquierda propuesto por Andrés Manuel López Obrador (PRD) y la continuidad conservadora de Felipe Calderón Hinojosa (PAN)— se infiltró hasta el hogar de Valeria Bravo y su pareja Mario Bretón. Ella votó al perredista, él a su enconado rival.

Votando en la colonia Doctores, México DF, 2006
Votando en la colonia Doctores, México DF, 2006 - Fotos: Diego Graglia

Bravo, de 34 años, trabaja en una empresa de análisis de tecnología y Bretón, de 31, en una consultora de recursos humanos. Con su diferencia de opiniones, esta pareja era un ejemplo más de que el domingo los mexicanos votaron tanto para que su candidato ganara como para alejar al rival de la presidencia.

“Si gana Calderón, será lo mismo que ha apoyado [el presidente] Fox: el enriquecimiento de un sector de este país y poco apoyo a la gente más necesitada”, dijo Bravo al salir de su casilla de votación en el arbolado vecindario La Condesa. Votó a López Obrador, añadió, porque espera un mayor énfasis en la educación y en el combate a la pobreza.

Para Bretón, López Obrador “es una persona poco tolerante, autoritaria. No es Hugo Chávez, pero sí es una persona que toma decisiones radicales, y eso va en contra de la democracia”. Según él, Calderón significaría una economía estable y un líder abierto al diálogo.

La joven pareja y otros votantes entrevistados en la capital reflejaban en sus opiniones el resultado de una campaña larga y sucia, que duró casi seis meses y en la que los agravios personales y las denuncias fueron en aumento.

El efecto de la campaña de Calderón, dedicada a atacar la figura de López Obrador, se vio en las opiniones de los votantes panistas, casi todas descalificadoras del candidato de izquierda.

“López Obrador me da miedo porque es una persona que le vende promesas falsas a la población”, dijo Lizette Benítez, de 28 años, coordinadora de ventas de una empresa extranjera.

De otro lado, los votantes perredistas insistían en la necesidad de reducir la desigualdad, en sintonía con las promesas de su candidato de poner primero a los pobres y también de sus enfrentamientos públicos con el sector empresarial.

Votando en la colonia Polanco, México DF, 2006
Votando en la colonia Polanco, México DF, 2006

Lilia Lecuona, maestra pensionada de 58 años, señaló orgullosa hacia su ventana, donde colgaba un estandarte amarillo de la Coalición para el bien de todos, integrada por el PRD y otros dos partidos.

“Todos somos pobres en México”, dijo. “Los ricos son unos cuantos […] No puede ser que los empresarios amasen esas cantidades industriales de dinero, cuando el verdadero obrero gana el sueldo mínimo”.

En La Condesa, un vecindario con muchos restaurantes de moda pero donde gran parte de la población sigue siendo de clase media, las opiniones estaban divididas entre los dos candidatos mayoritarios. Pero el contraste en las preferencias de voto era mucho más notorio al visitar zonas de la ciudad donde la riqueza o la pobreza están notablemente más concentradas.

“Calderón va a tratar de conciliar todas las fuerzas políticas”, dijo el empresario Carlos Sánchez de la Peña, de 55 años, y uno de los varios entrevistados en el barrio de Polanco que dijeron preferir al PAN.

Auxiliada por una sirvienta de uniforme, una anciana llegaba a votar a la explanada del parque Abraham Lincoln.

En los restaurantes de categoría que dominan los alrededores, las familias dejaban sus autos en el estacionamiento antes de entrar a almorzar.

En el vecindario Doctores, una zona de clase trabajadora en el centro de la capital, los vecinos votaban en la escuela primaria Revolución, en cuya fachada un cartel anunciaba clases nocturnas para adultos.

María Concepción Méndez, vendedora ambulante de comida de 45 años, salía al fuerte sol de la tarde tras votar por López Obrador. “Espero que ayude a la gente humilde, a la gente que lo necesita”, dijo. “Que haya un país más parejo, con beneficios para la gente humilde”.

Otro vecino de Doctores, el vendedor ambulante Nemorio Reyes, de 35 años, prefirió mantener en secreto su voto.

Sin embargo, se quejó de que gana entre 100 y 120 pesos al día (alrededor de $10) y dijo que los principales problemas que deberá solucionar el próximo presidente son la falta de empleo y la delincuencia. Reyes espera que el candidato por el que votó ayude a los más pobres.

“Calderón es lo mismo que ahora”, opinó. “[Con él] no va a haber mejoras”.

Valeria Bravo y Mario Bretón, los jóvenes de La Condesa, admitieron que su vida privada reflejó tan fielmente la polémica nacional que, en los últimos meses, tuvieron varios desacuerdos por las elecciones que se avecinaban.

“Ayer todavía hubo uno”, dijo Bretón con una sonrisa. “Es una muestra de lo que es el país, la democracia”.

Luego señaló hacia la tranquila casilla de votación, instalada en un garaje, y dijo: “Si fuéramos el México de hace doce años, seguramente habría conflicto”.

Escuela o pandilla

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NUEVA YORK — En esta metrópolis, Rafael Mata pasa como un joven mexicano más. Vive en el Sur del Bronx, uno de los barrios más pobres y con peor fama de la ciudad. Usa jeans muy anchos, gorra de los Yankees, Nike blancos y un abrigo con capucha con la imagen de Al Pacino en el papel del mafioso Scarface, el ídolo de los pandilleros y de los que simulan serlo.

Pero a los 21 años, Rafael se distingue de muchos compatriotas de su edad que viven aquí por un hecho fundamental: terminó la secundaria y ahora estudia sicología en el Hunter College. Cuando se gradúe entrará a la pequeña minoría de mexicanos que cuentan con título universitario.

Los inmigrantes mexicanos tienen con mucho el índice más alto de deserción escolar de la ciudad. Según un reciente informe del gobierno local, 60% de los que tenían entre 17 y 24 años cuando el Censo de 2000 no completaron la secundaria. Sólo 5% de los mayores de 25 años tenía un título universitario.

Pero esta estadística, preocupante en sí misma, además se combina con otro fenómeno que alarma a activistas, expertos y funcionarios: la presencia cada vez mayor en Nueva York y otras regiones del país, de pandillas centroamericanas y mexicanas.

“La combinación nos preocupa mucho”, aseguró Arturo Sarukhán, antiguo cónsul mexicano en Nueva York. Una de sus prioridades, agregó, es “tratar de que aquellos muchachos que no pueden seguir estudiando [...] no vayan a caer en manos de estas pandillas y, sobre todo, de las más peligrosas, que son ciertamente las maras”.

Aunque nacieron en California, las maras se han diseminado por el país en los últimos años. En marzo de 2005, agentes federales arrestaron a más de cien miembros de la más famosa, la Mara Salvatrucha, en un operativo que se extendió desde los suburbios de Nueva York hasta Maryland, Nueva Jersey, Florida, Washington y California.

También la deserción escolar de inmigrantes hispanos es una tendencia nacional, según confirmó un estudio publicado en noviembre por el Centro Hispano Pew. El informe indica que uno de cada cuatro estudiantes que dejan la escuela es inmigrante.

“En todo el país, entre los jóvenes extranjeros, los mexicanos y los de Guatemala y El Salvador suelen tener la tasa de deserción superior a la del resto de los centro y sudamericanos”, explica Richard Fry, investigador de esa organización.

Entre los mexicanos en particular, agrega, muchos recién llegados nunca se inscriben en una escuela en Estados Unidos ya que vienen en busca de trabajo. “Más que desertar, nunca entraron”, dice.

“Me da la impresión que no es un fenómeno exclusivo de Nueva York”, dice el cónsul Sarukhán sobre la confluencia de los dos fenómenos. Aunque aclara que no posee datos concretos sobre otras ciudades, afirma: “Seguramente está ocurriendo en otras zonas urbanas del país, donde hay presencia de maras y de importantes comunidades latinoamericanas”.

El cónsul mexicano en Los Ángeles, Rubén Beltrán, confirma que los dos fenómenos coexisten en esa ciudad. Sin embargo, advierte que “es muy peligroso establecer vínculos directos inmediatos” entre ellos.

“Sí hay que reconocer que hay un nivel cercano entre la baja escolaridad y los llamados crímenes callejeros que tienen que ver con pandillerismo y con otro tipo de delitos violentos”, dice.

En Chicago, dice el vocero del consulado local César Romero, los mexicanos “son el grupo con menor nivel educativo”, aunque su situación ha mejorado recientemen.

No obstante, si bien desde hace mucho tiempo hay pandillas, en esa región las maras no tienen una presencia tan fuerte. “Siguen siendo un fenómeno más centroamericano que mexicano y aquí la población centroamericana es muy pequeña”, dice Romero.

Una charla con Rafael, el estudiante de sicología, y un grupo de adolescentes mexicanos en un centro comunitario del Bronx confirma que en barrios como éste las pandillas son parte de la vida diaria de cualquier alumno de escuela pública.

“Nunca llegué a entrar a la pandilla, tenía primos que me decían que entrara”, cuenta Rafael. De los parientes que se sumaron, uno estará en la cárcel siete años, otro vende drogas, otro renguea a causa de una puñalada y otro, aunque abandonó la pandilla, no puede andar por la calle “porque lo andan buscando”.

Estos muchachos, que se desenvuelven mejor en inglés que en español, cuentan que los mexicanos son frecuente blanco de bromas y agresiones de jóvenes de otras razas o nacionalidades, sean negros, puertorriqueños o dominicanos.

“Nos llaman wetbacks [espalda mojada] y ‘malditos inmigrantes’”, dice Sebastián Soriano, de 13 años, de pelos negro en una cresta punk. “Beaner [frijolero]“, agregan los demás entre risas, es otro insulto común.

Sebastián asegura que es frecuente ver compañeros que se unen a alguna pandilla y dejan los estudios. “Odian la escuela”, afirma. “Dicen que es una pérdida de tiempo, que no es para ellos”.

“Muchos de ellos piensan que [una pandilla] es su única oportunidad” de tener éxito en la vida, explica Robert Smith, profesor de Baruch College que estudió a una comunidad de poblanos en Nueva York y México durante 15 años para su libro Mexican New York.

“Tiene mucho sentido para ellos pensar que ésta es la manera de convertirse en alguien”, agregó Smith.

ara muchos jóvenes, agrega, “Estados Unidos no es lugar de oportunidades iguales donde te puedes superar. Lo viven como un lugar donde son discriminados, donde les buscan pelea y los golpean. Unirse a las pandillas para defenderse es un concepto que les llega mucho más que cuando sus padres les dicen: ‘Tienes que hacer fuerza, tener ganas’ “.

“Ellos no ven que sus padres progresen mucho, por más que trabajen. Ven que los pandilleros son respetados porque la gente les teme”.

“Cada quien quiere sentirse alguien y esa comunidad no se siente nadie”, dice Sarah Proescher, coordinadora de Derechos Educativos de la Asociación Tepeyac, la mayor organización local de mexicanos. Según ella, sumarse a la pandilla es para muchos recién llegados “entrar a un grupo que tiene los brazos abiertos”.

Rafael les da la razón a los expertos. “Muchos inmigrantes entran por protección. Muy rápido, se dan cuenta que los mexicanos somos como un tipo de blanco”, dice. “Es como un acceso rápido a tener amigos, conocer muchachas, tener con quien socializar, aunque sea pintando las paredes o algo”.

La Disneylandia de los pobres

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31 de agosto de 2005

La Avenida Surf estaba llena de sirenas y Neptunos, pelucas estridentes, corpiños hechos de conchas, hot dogs y cerveza el primer sábado del verano. Hacía tanto calor que hasta los bomberos jugaban con pistolas de agua. Los espectadores aullaban al paso de los disfraces más delirantes, mientras la montaña rusa Cyclone atronaba sobre sus cabezas.

Era la edición 23 del Desfile de las Sirenas, el evento más loco del rincón más chiflado de Nueva York: Coney Island, un reino mágico y barato donde videntes leen manos, rifles torcidos impiden ganarse un peluche en el tiro al blanco, autos chocones sacuden las mandíbulas y aún existe un espectáculo de tragasables, tragafuegos y encantadores de serpientes.

Coney Island, en peligro de perder su identidad
Coney Island, en peligro de perder su identidad - Foto: Diego Graglia

Sobre el desfile pesaba, sin embargo, la sensación de que este espíritu podría ser desalojado de Coney Island por planes de revitalización comercial del barrio. Empresarios del sector de entretenimiento y amantes de la zona temen que el distrito más estrafalario y libertino de Nueva York sea transformado en uno más de los centros comerciales tan comunes en todo el país: un lugar prolijo, limpio, caro y aburrido.

“Sería una lástima que una compañía constructora, sin prestar atención al nombre y a la historia tan importantes que tiene Coney Island, construyera un lugar de entretenimientos genérico”, dice Charles Denson, autor del libro Coney Island: Lost and Found y director del proyecto de historia oral Coney Island Voices.

“Es un lugar donde va la gente pobre. Hay buena comida, la playa… En el verano, tienen un lugar donde ir”, dice. “Traer negocios de grandes cadenas destruirá eso… Es para la gente que no tiene algunos cientos de dólares para ir a Disneylandia”.

Desde fines del siglo XIX, Coney Island era un balneario para pobres y ricos. El poeta y prócer cubano José Martí describió así sus atractivos para el periódico colombiano La Pluma en 1881: “Museos de a 50 céntimos, en que se exhiben monstruos humanos, peces extravagantes, mujeres barbudas, enanos melancólicos, y elefantes raquíticos, de los que dice pomposamente el anuncio que son los elefantes más grandes de la tierra”.

Pero el reducto nunca se recuperó de la Gran Depresión de los años 30. Hoy abundan los terrenos baldíos y las viviendas financiadas por el estado.

Aún así, en el verano los juegos de kermés, parques de diversiones y puestos de comidas no dan abasto para atender a los miles que disfrutan del mar y la arena. Bajo el hierro abandonado del Parachute Jump, donde antes se podía saltar en paracaídas, la rambla de madera es escenario de orquestas de salsa y bailarines de breakdance.

FUTURO INCIERTO

Los proyectos de revitalización son impulsados por un comité creado por el alcalde Michael Bloomberg, que en las próximas semanas anunciará su propuesta. El otro actor principal es la compañía Thor Equities, que está comprando muchas propiedades en la zona de entretenimientos y, según dice Denson, a precios que los propietarios no pueden rechazar. La ciudad y la compañía deberán ponerse de acuerdo para definir qué será de Coney Island.

Pero los comerciantes que se mantuvieron a flote durante los años de pobreza temen ser dejados afuera del plan de revitalización.

Uno de los más elocuentes es Dick Zigun, dueño del Coney Island Museum, organizador del Desfile de las Sirenas y ‘alcalde informal’ del barrio. Zigun no contestó a un pedido de entrevista de Rumbo, pero en recientes declaraciones aseguró que se ve obligado a buscar un nuevo local para su espectáculo de rarezas porque los propietarios del actual piensan venderlo. “No quedan más alquileres en Coney Island”, dijo. “Todo está a la venta”.

Hasta ahora, no se conocen los planes concretos de Thor, que se dedica a construir centros comerciales. Los rumores que circulan en Coney Island indican que el proyecto incluiría un gran centro comercial con un parque acuático de diversiones. Según Denson, también se habla de edificios residenciales de lujo frente al mar.

Judith Orlando, directora de la organización de desarrollo comunitario Astella Development y miembro del comité oficial, asegura que el proceso de revitalización tendrá en cuenta a todos los sectores del barrio. “No creo que nadie quiera borrar la identidad única de Coney Island”, asegura.

Orlando admite que es muy probable que los alquileres de los comercios aumenten, pero dice que esto será compensado porque los nuevos negocios y atracciones traerán más clientes.

Por su parte, Denson, quien nació y se crió en el barrio, admite que “no hay dudas de que Coney Island necesita algo”.

“Ahora, si necesita lo que (Thor) ofrece… eso está por verse”, afirma.

Cocineros del mundo

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En los restaurantes de Nueva York, donde la comida es asiática, europea o latina, muchos de los cocineros son mexicanos

11 de febrero de 2005

Cuando cae la noche, el sushi preparado a la vista en el restaurant Takahachi de la Avenida A atrae a los jóvenes modernos del East Village, con sus grandes anteojos de sol y camisetas estilo años 70. La comida japonesa es una de las preferidas del público neoyorquino, acostumbrado a los platos exóticos del mundo.

Las manos que la preparan, sin embargo, no son orientales. Ni de Tokio ni de Kyoto, Carlos Aguilar es de Atlixco, en el mexicano estado de Puebla.

“Es bonito porque es algo diferente, algo nuevo para nosotros”, dice Aguilar, de 28 años, sobre el oficio de hacer sushi. Nunca se había imaginado que un día iba a trabajar preparando comida de una cultura tan lejana a la suya. Y menos que hasta iba a inventar su propio rollo: el Popeye, que lleva espinaca, aguacate, salmón, lechuga y pepino.

Mexicanos en las cocinas del mundo en Nueva YorkSin embargo, Aguilar es uno más de los numerosos mexicanos que cada día en Nueva York cocinan platos originados en los más impensados rincones del planeta. Unos atienden el asado en las parrillas argentinas en Queens, otros hornean pizzas italianas en el Greenwich Village y otros preparan hamburguesas en diners.

“No importa si la comida es china, de Malasia o fast food, la mayoría de las veces el que la prepara es un mexicano”, dice Teresa García, coordinadora de desarrollo económico de la Asociación Tepeyac, la principal organización de mexicanos en Nueva York.

La predominancia de los mexicanos en la industria gastronómica se explica en parte porque ellos componen una de las olas migratorias más recientes y masivas en llegar a Nueva York. El Departamento de Planeamiento de la ciudad asegura en un informe sobre el censo 2000 que la cantidad de gente llegada desde México “aumentó dramáticamente en los años 90″. Aunque no hay cifras confiables, Andrés Mares, coordinador de Derechos Humanos de Tepeyac, estima que hay por lo menos 350.000 y tal vez hasta 750.000 de sus compatriotas en Nueva York.

Esta presencia tan numerosa -sobre todo de gente de los estados sureños de Puebla, Oaxaca y Guerrero- provee mano de obra abundante y barata a las cocinas de la ciudad.

Es común, explica García, que los jóvenes recién llegados comiencen a trabajar como lavacopas o entregando comida en bicicleta y luego aprendan a cocinar y asciendan en la jerarquía del restaurante. Además, dice, los que ya están en la industria suelen conseguirle trabajo a sus amigos y familiares, con lo que los números aumentan. Según datos que la asociación recolecta entre los mexicanos que recurren a sus oficinas, el 49% trabaja en restaurantes y otro 15% trabaja en delis.

Un ejemplo típico es Emilio Torres, otro mexicano que prepara platos que antes ni siquiera había comido. “Yo cuando llegué, me mandaron a hacer delivery y no sabía nada de inglés”, dice sonriente Torres, de 28 años y de Tlaxcala. De las entregas, pasó a hacer pizzas y, hace dos años, lo ascendieron a su puesto actual: es el cocinero en Two Boots, un restaurant que combina cocina italiana y cajún, típica de Louisiana.

Así, a lo largo y ancho de Nueva York, todos los días hay manos mexicanas ocupadas en la preparación de platillos exóticos, como las de Gabino Aguirre, 37, de San Francisco Tepango, Puebla. En Cuisine of Pakistan, en el lado Oeste de Manhattan, Aguirre cocina dos clases de pan en el tandoor, un horno vertical de piedra.

En Puebla, Aguirre trabajaba en el campo. “Era cultivador, sé cómo manejar el arado”, dice. “Llega uno acá y el trabajo es diferente, pero con el tiempo se aprende”.

Con cuidado de no quemarse el brazo, Aguirre aplasta bollos de masa contra la pared del horno para crear los panes estilo paquistaní, chatos y redondos. Los más gruesos se llaman nan y los más finos, roti. A pesar de que son un alimento del sur de Asia, en los roti el poblano encuentra algo que le parece familiar.

“En México”, dice, “los llamamos tortillas”. Y se ríe.

Caso Pelosso: Hallan quemado el auto de la chica desaparecida

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19 de marzo de 1999

Lo habían alquilado Silvina Pelosso y sus dos amigas norteamericanas · Las tres están desaparecidas desde el 15 de febrero · El FBI cree que quemaron el auto para borrar evidencias

El auto en que viajaban la cordobesa Silvina Pelosso y sus amigas Carole y Julie Sund, desaparecidas hace más de un mes en un parque nacional de California, fue encontrado anoche, quemado y casi totalmente destruido, a unas dos horas en auto al norte de El Portal, el lugar donde las tres fueron vistas por última vez.

El Caso Pelosso en ClarínSegún afirmó el jefe de la investigación, el agente especial del FBI James Maddock, el hallazgo confirmó que las mujeres fueron víctimas de un crimen violento y la sospecha es que el auto fue incendiado para borrar evidencias.

Los investigadores del FBI (Oficina Federal de Investigación estadounidense) pudieron identificar el Pontiac Grand Prix rojo modelo 1999 sólo porque una de las patentes no se quemó por completo. Casi todo el auto estaba destruido por el fuego, según contó a Clarín el cónsul argentino en Los Angeles, Luis María Kreckler. Pero en el lugar no se encontraron rastros ni pertenencias de las desaparecidas.

Los policías de la Patrulla de Caminos de California que encontraron los restos ennegrecidos del auto llegaron al lugar guiados por una llamada. Hace casi dos semanas, el padre de Carole Sund, Francis Carrington, ofreció una recompensa de 50.000 dólares para quien diera datos sobre la ubicación exacta del auto (además, hay 250.000 para el que guíe a los investigadores hasta las tres mujeres).

El Pontiac estaba fuera de la autopista 108, en el bosque nacional Stanislaus, a mitad de camino entre dos localidades, Sierra Village y Long Barn. No muy lejos de allí hay un centro de esquí, el Dodge Ridge Ski Resort.

Esa zona, en el condado de Tuolumne, nunca fue rastrillada por los equipos de búsqueda porque está fuera del parque nacional Yosemite, hacia el norte. Está a dos horas de viaje en auto desde El Portal, donde el trío fue visto por última vez y a una y media de Modesto, donde apareció parte de la billetera de Carole Sund, cuatro días despues de que desaparecieron.

Hasta ayer a la tarde, todos los esfuerzos de búsqueda se habían concentrado dentro de los límites del parque Yosemite, en especial en la zona de El Portal, alrededor del hotel Cedar Lodge (allí se alojaron Silvina y las Sund).Ayer, 20 hombres habían recorrido la zona a pie –entre ellos, tres policías cordobeses especializados en búsquedas–.

El coche último modelo había sido alquilado en San Francisco por Carole Sund (43), madre de Julie (15), para viajar hasta el parque nacional Yosemite y recorrerlo durante un par de días. La excursión era un regalo de despedida para la cordobesa de 16 años, que estaba de visita en casa de los Sund, en Eureka, California, desde diciembre pasado.

Dentro del auto incendiado no quedó ningún tipo de rastros que pudieran orientar a los investigadores, según informó Maddock. De todas maneras, dijo que el lugar es considerado una posible escena del crimen. Por ello, fue cerrado en forma inmediata por los policías para evitar que se pudiera perder cualquier evidencia en los alrededores del coche. Al parecer, quien llevó el Pontiac hasta allí pretendía esconderlo.

Lo sorpresivo de la noticia (el auto fue encontrado cerca de las 20, hora argentina) hizo que anoche en Modesto se postergara por media hora una conferencia de prensa en la que no se esperaba ninguna novedad importante. Es que el jefe del FBI se acababa de enterar del hallazgo, por una llamada de la Patrulla de Caminos. En esos treinta minutos, se confirmó que los restos encontrados son del Pontiac alquilado por Carole.

Ahora, los investigadores abandonarán Modesto, donde habían fijado su base desde que allí se encontró la billetera de Carole, con algunas tarjetas de crédito y su licencia de conducir.

Maddock informó que las pesquisas se manejarán desde la oficina central de California del FBI, en Sacramento. Pero especialistas de la fuerza, de un grupo conocido como ERT (equipo de respuesta ante evidencias), fueron enviados desde Sacramento y Los Angeles de inmediato al lugar que ahora concentra toda la atención.

Las primeras pericias sobre los restos quemados se realizaban anoche, al cierre de esta edición.

Después de la conferencia de prensa, Raquel Cuco de Pelosso, la madre de Silvina, dijo a Clarín desde Modesto que los datos que dio Maddock “fueron muy escuetos. No nos dieron muchas precisiones. Pero esto podría ser un camino para saber qué pasó con Silvina”, agregó.

Su esposo, José, tenía planeado volver a Córdoba por unos días pero decidió suspender

el viaje y quedarse en Modesto a la espera de más avances en la investigación.

Desde que su hija desapareció, José ya viajó dos veces entre Córdoba y Modesto, ya que debe atender su negocio, que quedó en manos de su otra hija, Paula, de 20 años. Raquel no se movió de allí, esperando noticias de Silvina.

Ken Sund, cuñado de Carole, afirmó: “Estamos acercándonos a saber dónde está nuestra familia. Necesitamos saber la verdad para poder enfrentarla de una vez. Todavía tenemos la esperanza de que estén secuestradas, aunque sabemos que es difícil que esto sea así”.

Caso Pelosso: Encontraron dos cuerpos quemados en el baúl del auto

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20 de marzo de 1999

Se confirma la hipótesis del FBI de que hubo un crimen · Silvina Pelosso y dos amigas estadounidenses estaban desaparecidas desde el 15 de febrero · Hoy se conocerá la identidad de los cadáveres incinerados

Quemados casi por completo, irreconocibles y mezclados entre cenizas, el FBI encontró los restos de dos cuerpos en el baúl del auto en el que viajaban la cordobesa Silvina Pelosso y sus dos amigas estadounidenses cuando desaparecieron, hace más de un mes en California.

Hasta anoche, los dos cadáveres no habían sido identificados y tampoco se había podido establecer la causa de las muertes. El FBI (Oficina Federal de Investigación) anunció que hoy podrían conocerse las identidades de los cuerpos.

El Caso Pelosso en Clarín.A partir de ahora, dijo el agente especial del FBI James Maddock, jefe de la investigación, el caso será investigado como un“homicidio múltiple”. Como se descarta que los cuerpos pertenecen a dos de las tres mujeres desaparecidas en el Parque Nacional Yosemite, hombres del FBI, de la Policía del condado de Tuolumne y de otras fuerzas ya comenzaron a rastrillar el área en busca de la tercera.

Las familias de Silvina Pelosso, de 16 años, y de Carole (43) y Julie Sund (15) recibieron la noticia ayer a la mañana. José y Raquel, los padres de la cordobesa, se encerraron en la habitación del hotel donde se hospedan en Modesto y no quisieron hablar con nadie.

“Lloran mucho y se abrazan todo el tiempo”, contó a Clarín Carol Carrington, madre de Carole y abuela de Julie, quien estuvo con ellos ayer a la tarde. “Son una familia maravillosa y fuerte, pero como todos, están profundamente traumatizados”, agregó.

Mark O’Sullivan, el capellán del FBI que asiste a los padres de Silvina, dijo a la prensa que “los Pelosso tienen la esperanza de que ninguno de los cuerpos encontrados en el auto sea el de su hija y de que ella aún esté viva”.

José y Raquel pidieron disculpas a los periodistas que siguen el caso en Modesto por no poder atenderlos. El cónsul argentino en Los Angeles, Luis María Kreckler, hizo de vocero de la pareja, que tampoco recibió llamados en su habitación.

Anteayer, cuando se enteraron de que había aparecido el auto, los dos se habían mostrado muy conmovidos. En la conferencia de prensa en que se anunció el hallazgo, sólo se abrazaban, con los ojos llenos de lágrimas.

Su hija estaba en casa de la familia Sund, en Eureka, California, desde diciembre. Las dos familias se conocen y son amigas desde hace más de veinte años. Antes de que Silvina regresara a Córdoba, sus anfitriones decidieron llevarla en una excursión al Parque Nacional Yosemite. Ella, Carole Sund y su hija Julie volaron a San Francisco, donde alquilaron un Pontiac Grand Prix rojo modelo 99 para llegar hasta la reserva natural y recorrerla durante dos días.

El 15 de febrero a la hora de la cena fue la última vez que las vieron, en el hall del hotel Cedar Lodge, en El Portal, una localidad en el límite oeste del Yosemite. Lo que hicieron desde ese día es un misterio.

El coche apareció anteayer a unos 160 kilómetros al norte del Parque Nacional Yosemite, donde se concentraba la búsqueda hasta entonces. Estaba en medio de un bosque tupido, al que sólo se llega por caminos angostos y difíciles de transitar por culpa del barro. Los habitantes de la zona suelen usar el lugar como basural; está a cien metros de un camino asfaltado.

Caso Pelosso: Diez años después

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Diez años después de cubrir los crímenes para el diario Clarín, escribí un reportaje narrativo de largo aliento sobre el hombre condenado a muerte por ellos, Cary Stayner.

El texto se publicó en la revista argentina Brando y lo pueden leer aquí.

Matan a balazos a tres hombres en una villa del Bajo Flores

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12 de febrero de 1999

Acribillados a balazos cuando descansaban después de un partido de fútbol, dos peruanos y un argentino murieron y otro peruano quedó herido. Fue en un ataque sorpresivo y a sangre fría en una villa del Bajo Flores, ayer al mediodía. La Policía dice que fue una venganza entre bandas del lugar.

Unos veinte tiros retumbaron ayer a la una de la tarde en las paredes sin revocar de las casas de la villa 1-11-14, frente a la cancha de San Lorenzo. El sonido de los balazos venía de una canchita de fútbol a la que se llega después de caminar unos treinta metros por pasillos estrechos.

Allí, diez hombres habían estado jugando al fútbol bajo el sol fuerte del mediodía. Luego, descansaban al lado de la canchita de cemento, rodeada por muros, mientras se refrescaban con gaseosas.

De repente, otro grupo entró a la cancha y, según dijo la Policía, no hubo discusiones ni golpes. Sólo unos veinte disparos. No se sabe exactamente cuántos eran los agresores ni cuántas armas tenían, pero su ataque fue salvaje y efectivo: los tres muertos recibieron cada uno tres balazos (serían de pistolas 9 milímetros), aseguraron fuentes policiales.

Después del ataque, sólo quedó un silencio de cementerio: uno de los hombres murió en la galería de una casa, donde dejó un gran charco de sangre, a veinte metros del lugar donde los balearon. Hasta allí llegó herido de muerte. A mitad de camino, en una pequeña puerta de salida de la canchita, había más manchas de sangre en una pared que mostraban el recorrido que hizo en su agonía.

Los otros tres que fueron blanco de las balas alcanzaron a ser llevados al hospital Piñero. Pero dos no aguantaron mucho tiempo y murieron allí. El restante sobrevivirá: tenía una herida de bala en una pierna y estaba fuera de peligro, según dijeron en la guardia del hospital.

La Policía informó anoche que los muertos son: el argentino Marco Antonio Mendoza, de 50 (también se lo conocía como Julio Chamorro) y los peruanos Marcos Caprio Inostrosa, de 24 años, y Mario Marcelo Rossi, de quien no se informó la edad. Los tres tenían tatuajes en sus cuerpos. El herido es Keler Santillán Ramos, de 27, quien, según fuentes policiales, es indocumentado. Todos vivían en la villa.

El interrogante principal ayer era la identidad de los atacantes. El subcomisario Miguel Colombo, de la comisaría 36, dijo que se manejaban dos posibles respuestas: que los autores hayan sido también peruanos o que el hecho fuera parte de un enfrentamiento entre gente de distintas nacionalidades.

En la 1-11-14 viven paraguayos, bolivianos, chilenos y también argentinos llegados del interior.

“Fue una pelea entre peruanos”, decían los vecinos que se arremolinaban en uno de los callejones y esperaban para ver cómo el camión de la morgue se llevaba el cadáver.

Fuentes policiales afirmaron que el caso tiene las características de una venganza. “Fue un vuelto por algo anterior”, dijeron.

En caso de que los asesinos fueran miembros de otras colectividades, arriesgaron las fuentes, las balas pueden haber llevado no sólo la muerte, sino también un mensaje de advertencia. Es que, aunque los vecinos dicen que los peruanos son el grupo más fuerte, puede haber otros que les quieran disputar la zona.

“Son gente de mal vivir”, dijo muy segura una mujer que atiende una despensa cercana. “No escuché los tiros; vi la gente amontonada y fui a ver. En la canchita estaban dos muertos y un herido. No los conozco”, relató con acento extranjero.

Anoche los investigadores intentaban determinar cuántos habían sido los que dispararon.

Según informó la Policía, Santillán Ramos, el herido que se recupera en el hospital Piñero, dijo titubeante que fue un solo hombre el que disparó. Pero se sospecha que serían más porque es improbable que un solo tirador se anime a atacar a diez personas. Además, el testimonio de Ramos no sería del todo fiel, ya que no se sabe si en medio del caos pudo ver todo lo que pasó.

* * *

La canchita fue una trampa mortal

Una camiseta de San Lorenzo estaba tirada en una plataforma de madera, al costado de la canchita. Quedó ahí cuando uno de los jugadores, extenuado por el calor y el fragor del partido, se la sacó mientras tomaba una gaseosa. Al lado, dos impactos de bala que astillaron las tablas marcaban por qué el hincha de El Ciclón no se la volvió a poner.

La cancha de cemento desparejo donde ayer tres hombres fueron asesinados a balazos y a quemarropa fue para ellos una trampa mortal. Está rodeada por muros y tiene un portón de chapa, por donde es probable que hayan entrado los atacantes. La única otra salida es una puertita angosta que lleva a un pasillo igual de estrecho.

En esa puerta unas gotas de sangre marcaban el lugar donde se apoyó un moribundo: el hombre que agonizó hasta el final a unos metros de ahí.Los pasillos, donde dos personas que se cruzan tienen que pasar de costado, ayer hormigueaban de curiosos. Con acento extranjero o provinciano, camisetas de Colo Colo y Cerro Porteño, comentaban los tiros que se escucharon al mediodía. Pocos hablaban con los periodistas y, menos aún, con los policías.

No es la primera vez que la villa 1-11-14 aparece en historias de fútbol y violencia. En marzo del año pasado, sus habitantes protestaron en forma airada cuando el presidente de San Lorenzo, Fernando Miele dijo que los inmigrantes que viven allí “a veces hacen un gran daño a la sociedad”.

En octubre, un hincha de San Lorenzo que salía de ver un partido contra Boca recibió un balazo disparado por un hombre que salió de la villa.

Una feria de Navidad en Palermo

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20 de diciembre de 1998

Eslovenia es, como siempre lo fue, vecina de Croacia. Pero desde Ucrania se escucha el samba que bailan los brasileños; Corea limita con Bolivia; Galicia y Andalucía están bien separadas, como si no tuvieran nada que ver una con otra; y máscaras de Angola colgadas de un árbol miran hacia Israel.

Es que, por tres días, la feria Navidad de las Colectividades, organizada por el Gobierno porteño, se olvidó del rigor de la geografía para juntar en el Rosedal de Palermo puestos con comidas, artesanías, bailes y música de unos veinte países.

Feria de colectividades en Palermo, Diario Clarín, 1998.La gente que a pie, en bicicleta o en patines recorre el paseo los sábados de sol se encontró ayer por sorpresa con los stands levantados por asociaciones de residentes extranjeros en el país o sus hijos y nietos. Las banderas de los diferentes países adornaban la muestra, que sonaba como una torre de Babel musical: cada uno tenía su equipo de sonido y se escuchaban ritmos de todas las latitudes.

Cuando la tarde se terminaba, la Orquesta de Tango de Buenos Aires, conducida por Carlos García y Raúl Garello, abrió un festival en el que participaron las colectividades con sus bailes típicos.

El angoleño Boni Ngitukulu atiende en un stand donde hay artesanías de varios países del Africa Negra (la región subsahariana y la costa occidental del continente). Explicó que las máscaras de madera, con grandes labios y ojos finos, no son para bromas. “Uno se disfraza de sus antepasados para recordarlos”, dijo. Si los visitantes tienen suerte, Boni los deja sentarse en una silla de madera tallada que, según contó, es propia de los jefes de las tribus.

Un puesto que se destaca es el de la colectividad griega, por sus imponentes columnas que, aunque de telgopor, parecen tan reales como los mármoles del Partenón. Entre postales de Atenas y vajillas importadas con detalles en oro, María Galitis recomendó el “giro”, que está a mitad de camino entre sándwich y empanada, relleno con carne de cordero, salsa de pepinos con yogur y una ensalada.

En frente, un puesto imita una casa típica de Eslovenia. Allí se puede comer “strudel”, un rico pastel de manzanas, y charlar con la gente del Centro Cultural Esloveno de Carapachay, que es uno de los 8 que hay en Buenos Aires. “Hablamos y escribimos esloveno”, comentó Ireneo Markez.

Cada colectividad le da su toque propio a la Navidad. Así, en la paraguaya se puede ver un pesebre armado con ramas en el que se colocan regalos autóctonos: tejidos de ñandutí, mates de palo santo o comidas como la chipa o la sopa paraguaya. Orgullosa, Nilda Ramírez afirmó que sus hijas Patricia y Alejandra conservan las tradiciones que ella trajo de Paraguay hace 30 años, porque “la sangre les tira”.

Cerca de allí, suena la inconfudible música del carnaval brasileño. Es la gente del centro de residentes “Numa Boa”, que nuclea a 350 de los 16 mil brasileños que viven aquí, según dijo Angela Carlos, una morena de Vitoria. Mientras, preparaba caipirinhas para acompañar los “cachorros quentes” (panchos) y “espetinhos” (recomendables brochettes con carne asada).

También se puede ver a los libaneses católicos maronitas, que son “árabes por el idioma, pero no musulmanes”, como explicó Gabriel Atallah, ataviado con su “kafía”, la túnica que protege la cabeza del sol en el desierto.

Pero las opciones de la feria no son sólo esas: vino o pisco chilenos, banderillas de torero traídas de Andalucía, libros en polaco y muchas otras más.

Apagón en la ciudad: Penurias en un quinto piso

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24 de febrero de 1999

Los Nine tienen tres hijos pequeños · Hace 20 días estrenaron departamento · Pero llegaron los cortes y todo cambió · Dicen que la angustia que están viviendo no se paga con ninguna indemnización

Hace veinte días, Silvia y Oscar llegaron con sus tres hijos a cuestas a su nuevo hogar, un lindo departamento en Almagro. No sabían que en pocos días su flamante barrio sería un infierno y que iban a estar añorando volver a una cuadra de Caballito -que no sufrió cortes- como Adán y Eva al paraíso.

Su casa está en una de las zonas más afectadas por el apagón: desde el día en que se cortó la luz, sólo volvió pocas horas y gracias a grupos electrógenos.

Una familia vive el apagón, en Diario Clarín.Ayer la familia Nine llevaba nueve días sin luz y sin agua. Nueve días de encierro, calor, miedo a salir de noche, cinco pisos por escaleras, montañas de ropa sucia, gastos imprevistos, mosquitos, sed. Y no sabían si hoy será el tan ansiado (y anunciado) día en que todo vuelva a ser normal.

Nahuel (8) todavía tiene que soportar el calor que le da un yeso en el brazo izquierdo. Se lo tendrían que haber sacado la semana pasada, pero los gastos extra no permitieron que sus padres lo llevaran al médico.

“Todavía no saqué cuentas de cuánta plata gastamos”, explica Silvia (de 30 años, igual que su marido). La emergencia hizo que tuvieran que comprar remedios extra para la madre de Silvia, de 60 años, para quien el apagón fue sinónimo de encierro, porque no podía bajar ni subir los cinco pisos por escalera.

Además, la plata se fue en otros imprevistos: comida hecha, comida que tiraron, bolsas de hielo que costaban 5 pesos (bastante más que el precio en épocas normales) y agua mineral para bañar a Sofía (de seis meses). Pero aunque perdieron plata, Silvia dice que no le interesa una indemnización de Edesur.

“Lo que estamos pasando no lo pagan con nada”, sentencia, mientras se seca la transpiración.

Para olvidar

Desde que empezó el apagón, así pasaron los Nine los últimos nueve días:

LUNES 15 Se levantaron entre las ocho y las nueve y no había luz. Ya volverá, dijeron. Al mediodía, se quedaron sin agua y empezaron los largos y cansadores viajes, baldes en mano, entre la planta baja y el quinto piso.

MARTES 16 La comida de la heladera comenzó a descomponerse. Tuvieron que tirar verduras, carne, leche, jugos. Oscar, que es policía, no se salvó ni en el trabajo: en la comisaría 2 de San Telmo tampoco había luz.

MIERCOLES 17 Los Nine empezaron a dormir menos, porque a la una de la mañana volvía la luz y era el momento de juntar agua. Con lo que cargaban en la bañera, al otro día se bañaban los chicos. El otro método para bañarse era subir agua en baldes y calentarla en una olla.

JUEVES 18 Además de no poder dormir por el calor y por esperar el agua, la oscuridad trajo intranquilidad. A la noche, se escucharon gritos de policías que perseguían a alguien. Compraban la comida justa para almorzar o cenar, porque si sobraba, había que tirarla. La heladera, aunque la habían vaciado, comenzó a despedir malos olores.

VIERNES 19 El agua que subía a la madrugada tenía óxido, por estar estancada en las cañerías. Comenzaron las protestas de los vecinos: el humo de las gomas quemadas en la calle, obligaba a cerrar la ventana y el calor aumentaba.

SABADO 20 Un grupo electrógeno que estaba conectado a media cuadra de allí les dio energía por unas horas. Después volvió el suministro regular de Edesur, pero no duró mucho.

DOMINGO 21 “El fin de semana lo pasamos encerrados”, dice Silvia, “muertos de calor, picados por los mosquitos”. Durante el rato en el que otro equipo electrógeno les dio luz, ella lavó parte de la montaña de ropa sucia que se sigue juntando desde el lunes 17.

LUNES 22 Silvia pensó que la luz volvió para quedarse y encendió el lavarropas. Cuando volvió a cortarse la energía, la ropa quedó adentro.

MARTES 23 Silvia y Oscar no creen en la promesa de que hoy habrá luz. Transpirados y acalorados, se lamentan: Y pensar que en mi antiguo barrio no se cortó.

México: Otro día después

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Tras el atentado contra un casino en Monterrey, donde murieron 52 personas, se dijo que era un hito que marcaba “un antes y un después” en la guerra contra el narcotráfico. Pero tras 5 años y 40.000 muertos, ese “después” no parece llegar.

1 de septiembre de 2011

La guerra contra las drogas en México (Foto: Revista Qué Pasa)Monterrey solía ser un poco aburrida. Consumista, muy yanqui: con sus autopistas, sus malls, su conservadurismo, su espíritu emprendedor. Era una ciudad de Texas, pero con restaurantes de cabrito asado y puestos callejeros para comer tacos. Sede de varias corporaciones y de la universidad más rica del país, se veía a sí misma como el motor económico del país.

Por eso, la manera en que la ciudad fue cayendo en las manos del narcotráfico en los últimos años fue sorprendente. Que los narcos te pudieran quitar el auto y usarlo, junto a otros tantos, para bloquear una avenida a plena luz del día, chocaba con aquella imagen de tranquilidad y pujanza. Un día, atacaron con una granada al diario principal, El Norte; otra vez, bloquearon el aeropuerto toda la mañana.

Hace una semana, esa impunidad de los grupos que se disputan el noreste mexicano cobró una nueva dimensión, cuando 52 personas murieron en el incendio del Casino Royale. De inmediato, se calificó a la tragedia como un “parteaguas”, palabra de mucho uso aquí, que se refiere a un hito que marca un antes y un después. Lamentablemente, es dudoso que sea así.

En los últimos años, México ha vivido cada tantos meses algún hecho violento que parece marcar “un antes y un después”. Hace dos semanas, fue el tiroteo afuera de un estadio mientras se jugaba un partido de primera división. Hace un año, fueron los 72 inmigrantes asesinados en una hacienda cerca de la frontera con Estados Unidos. Hace tres, fue un atentado fallido con bomba en el D.F. y  el secuestro y el asesinato del hijo de un famoso empresario.

El gobierno, sea local o federal, responde a cada nuevo “parteaguas” con los mismos lugares comunes. “Este acto de terror no quedará impune”, dijo el funcionario federal que lidera la lucha contra el crimen organizado. “No descansaremos hasta dar con los culpables”, dijo el presidente Felipe Calderón. Etcétera.

Pero los muertos desde que Calderón inició su ofensiva anticarteles, a fines de 2006, ya suman entre 35.000 y 40.000. ¿Realmente hacían falta 52 más para despertar y ver la gravedad de una situación descontrolada?

Aunque la principal hipótesis es que el ataque fue una represalia contra los dueños del casino por no ceder a la extorsión, Calderón lo denominó un acto terrorista. Esto desató un debate sobre si los narcos son terroristas o meros criminales y sobre qué medidas se pueden tomar para frenarlos: amnistía, pacto, legalización.

El escritor Carlos Fuentes urgió la despenalización de las drogas y que se pida ayuda a la policía “israelí, francesa o alemana” para enfrentar a los carteles. Además, apuntó a la responsabilidad que le cabe a EE.UU., como fuente de armas y dinero.

Pero Fuentes dijo otra gran verdad cuando afirmó que la sociedad mexicana está “inerme” ante el narco. Al día siguiente del incendio, usuarios de redes sociales convocaron a una manifestación de apoyo a Monterrey en el Ángel de la Independencia, el principal monumento de la capital. Asistieron, con mucho, unas 400 personas.

El golazo de Cristina

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En la maniobra que por unos días pareció revertir los efectos prácticos del descenso de River Plate a la segunda división del fútbol argentino, la única ganadora fue Cristina Fernández, que asestó un nuevo golpe a Clarín.

4 de agosto de 2011

Hace dos años, el gobierno de Cristina Fernández le asestó un golpe severo a uno de sus peores enemigos, el grupo multimedios Clarín, al lograr que la Asociación del Fútbol Argentino le quitara los derechos de transmisión del fútbol nacional y se los vendiera a la televisión pública. Mientras el gobierno se daba un baño de populismo en sus transmisiones de “Fútbol para Todos” -regadas con propaganda oficial-, Clarín se quedó sólo con los derechos de categorías de ascenso como el Nacional B, la segunda división.

La presidenta Cristina Fernández fue la gran ganadora de una polémica sobre el fútbol argentino.Sin embargo, lo impensable -para el gobierno- sucedió. River Plate se fue al descenso y le regaló a Clarín la gallina de los huevos de oro: una dramática campaña de 38 partidos en el Nacional B en busca de un ascenso a primera. Los sufridos hinchas riverplatenses (y el resto de los seguidores del fútbol, atraídos por el morbo) no se perderán un solo encuentro del torneo de segunda 2011-2012.

Ante esto, Fernández encontró un salvador: el presidente “eterno” de la AFA, Julio Grondona. Tras la Copa América, la AFA propuso a los clubes un nuevo campeonato en 2012, que fusionaría la primera y segunda división, a cambio de la duplicación de los pagos del gobierno hasta unos 290 millones de dólares anuales. Gran parte de los clubes están en un estado financiero patético y la TV es uno de sus principales ingresos fijos.

El nuevo campeonato lograría el ascenso automático de River Plate y otros clubes tradicionales que cayeron en desgracia en las últimas dos temporadas. Lo que es más importante aún, daría la transmisión de todos los partidos al “Fútbol para todos” kirchnerista.

La propuesta generó un rechazo enorme en internet, los medios especializados y el ambiente del fútbol. La oposición política se sumó a las críticas, que acusaban al gobierno de manipular “la pasión de los argentinos”. En medio del griterío, al vocero de la AFA, Ernesto Cherquis Bialo, se le escapó que el plan respondía a presiones del gobierno y que “este quilombo se salvaba si River no hubiera descendido”. (Cherquis fue desautorizado de inmediato y no volvió a referirse al tema).

Mientras miles de personas se anotaban virtualmente para una marcha frente a la AFA, circuló un rumor de que Grondona estaba a punto de dar marcha atrás, sólo para que él mismo lo negara ofendido y afirmara sobre los rumores de intervención oficial: “A mí nadie me impone nada”.

Apenas cuatro días después, Grondona confirmó que la idea del torneo de 38 equipos no avanzaría. El gobierno se había despegado del tema tras la polémica, y los clubes le restaban su respaldo al plan. Aunque la idea no quedó descartada del todo, pareció ser la primera vez que los clubes lograron que se hiciera su voluntad.

Los hinchas suspiraron aliviados, incluidos los de River que consideraban el posible “ascenso de escritorio” una mancha a la grandeza del club. Los clubes y los medios se concentraron en el torneo de primera, que comienza este fin de semana. La imagen de Grondona quedó golpeada tras la polémica y comenzaban las especulaciones sobre una posible sucesión.

En silencio, el gobierno de Cristina Fernández emergió como el único claro ganador en este río revuelto.

A fines de julio, cuando la modificación al torneo parecía cosa juzgada, la AFA rescindió de forma unilateral su contrato con la sociedad del Grupo Clarín que transmitía el Nacional B y anunció que esa categoría también pasa al “Fútbol para Todos” desde esta temporada. Así, el drama de River se servirá con publicidad oficial en un suculento banquete televisivo. Para Clarín, ni las migajas.

Defraudados por Obama, hispanos se vuelven a movilizar

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Activistas hispanas se preparan para la marcha a Washington - Foto AP/Diego Graglia
Activistas hispanas se preparan para la marcha a Washington - Foto AP/Diego Graglia
18 de marzo de 2010

En noviembre del 2008, tras casi dos décadas como ciudadana de Estados Unidos, la nicaragüense Urania Medal se decidió a votar por primera vez en su país adoptivo cuando Barack Obama prometió que encararía una reforma migratoria en su primer año de gestión.

“Como Obama dijo que era lo primero, mi hija y yo dijimos: ‘Nosotros que nunca hemos votado, vamos a apoyarlo’”, dijo Medal, una pensionada de 62 años que vive en Bushwick, un barrio pobre con alta proporción de latinos en el distrito neoyorquino de Brooklyn.

Medal participará el domingo en lo que se espera sea una marcha multitudinaria en Washington para recordarle a Obama que, tras 14 meses en el poder, aún no cumplió su compromiso. Frente al Capitolio, inmigrantes y activistas de todo el país exigirán que el presidente impulse la reforma que prometió, con un “camino a la legalización” para más de 10 millones de indocumentados.

Los organizadores, una coalición nacional de más de 100 grupos de defensa de los inmigrantes, aseguran que esperan más de 100,000 personas en Washington. Su cálculo se basa en la cantidad de autobuses reservados para el viaje en más de 40 estados y en una campaña que recolectó compromisos firmados de 50.000 personas en el área de la capital.

Los activistas dicen que la población latina siente una decepción cada vez más grande con el presidente, que sólo ha hecho unas pocas declaraciones genéricas sobre la reforma migratoria. Cuando necesitaba atraer el creciente voto hispano, recuerdan, sus palabras eran mucho más decididas.

“¿Dónde está Obama, que no quiere ni hablar?”, dijo Medal, integrante de la organización comunitaria Se Hace Camino Nueva York. “Estoy muy defraudada”.

Tras intentos fallidos en el Congreso en el 2006 y 2007, la reforma migratoria es un hierro caliente para los políticos estadounidenses. El oficialismo demócrata teme perder votos ante las acusaciones de los republicanos de que lo que consideran una amnistía a millones de personas perjudicaría a los trabajadores nativos y premiaría a quienes vulneraron la ley.

Los senadores Charles Schumer, demócrata, y Lindsey Graham, republicano, preparan un borrador de ley de reforma, pero aún no hay fecha para su presentación formal. El representante demócrata Luis Gutiérrez presentó una iniciativa favorable a los indocumentados en la cámara baja en diciembre, pero el presidente no se manifestó al respecto.

Mientras, las agencias de inmigración han exacerbado la política de redadas y deportaciones de indocumentados que comenzó durante la presidencia de George W. Bush.

En el año fiscal 2009, que incluye los primeros diez meses de gobierno de Obama, hubo más deportaciones (387.790) que en el año anterior bajo Bush (369.221), según el vocero Matthew Chandler, del Departamento de Seguridad Nacional.

“Esa no era la expectativa que tenía la comunidad”, dijo Angélica Salas, directora de la Coalición de Derechos Humanos Inmigrantes de Los Angeles. “La comunidad eligió un Congreso y una administración que iban a resolver la situación de millones de trabajadores y sus familias”.

El gobierno asegura que las deportaciones se concentran en quienes han cometido delitos, pero los activistas dicen que muchos han sido detenidos sólo por no tener papeles.

Mientras Obama recibía a dirigentes de grupos de inmigrantes el jueves pasado, agentes de inmigración arrestaron a 29 empleados de dos restaurantes de Maryland, a 44 kilómetros (28 millas) de la Casa Blanca, “por estar presentes ilegalmente en Estados Unidos”, según un comunicado de Inmigración y Control de Aduanas.

“Eso fue algo trágico y lamentable”, dijo Gustavo Torres, director del grupo local Casa de Maryland, que se enteró de la redada al salir de la reunión con Obama. Ninguno de los detenidos tenía antecedentes criminales y sólo dos habían recibido citaciones por faltas menores, aseguró.

Tras esa reunión, dijo Torres el miércoles, los activistas esperaban un gesto conciliador del gobierno antes del fin de semana: podría ser la presentación del proyecto de Schumer y Graham, un pronunciamiento del presidente o un anuncio sobre la política de deportaciones, que algunos activistas discutirán el viernes con la secretaria de Seguridad Nacional Janet Napolitano.

“Todo esto se está moviendo gracias a la marcha”, dijo Torres.

Urania Medal votó a Obama por su promesa de una reforma migratoria - AP Foto/Diego Graglia
Urania Medal votó a Obama por su promesa de una reforma migratoria - AP Foto/Diego Graglia

La manifestación no es una declaración de guerra a un antiguo aliado pero sí una medida de presión, dijeron los dirigentes.

“Esto va a ser el inicio de grandes movilizaciones. Vamos a volver a salir el 1 de mayo y antes también”, dijo Artemio Arreola, activista de Chicago que trabajó en la campaña de Obama en las primarias. “Si quieren detener todo esto, tienen que actuar”.

Algunos equiparan la lucha de los hispanos al movimiento por los derechos civiles de los negros en los años 60.

“La frustración es igual en todos lados por la falta de reforma migratoria y por la criminalización a la que estamos expuestos”, dijo Salvador Reza, uno de 13 activistas que el 6 de marzo tomaron la carretera desde Arizona rumbo a Washington. En las ciudades que visitan, relatan cómo se vive en los suburbios de Phoenix, donde el alguacil Joe Arpaio realiza con frecuencia redadas de indocumentados.

“Es una situación muy triste, represiva, como un apartheid, como en Africa del Sur. Así se siente la gente”, aseguró Reza por teléfono desde Alabama.

El entusiasmo es tan grande por la marcha en el área de Washington que las ligas latinas de fútbol suspendieron sus partidos del domingo y las iglesias adelantaron sus celebraciones, ya que los actos comienzan al mediodía, dijeron los dirigentes.

El oficialismo sabe que se juega el apoyo de muchos votantes que en noviembre se podrían quedar en casa y contribuir a victorias republicanas en las elecciones legislativas y de gobernadores. El grupo America’s Voice, que apoya la legalización, dijo en febrero que el voto latino podría decidir 37 bancas del Congreso.

La nicaragüense Medal, con un hijo indocumentado que logró vencer una orden de deportación y una hija naturalizada estadounidense, dice que se arrepiente de haber votado a Obama.

“Si quiere ser reelegido, cuando vea esa marcha va a pensar que tiene que poner eso (la reforma) de inmediato”, dijo.

Y si no, agregó: “No habrá voto para ese presidente”.

Golpes militares son del pasado, inestabilidad presidencial no

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13 de julio del 2009

Así como los soldados hondureños sorprendieron al presidente Manuel Zelaya en pijamas antes de expulsarlo del país, el golpe de estado de la madrugada del domingo 28 de junio tomó por sorpresa a los académicos que estudian las democracias latinoamericanas.

No es que sea raro que un presidente latinoamericano termine su mandato antes de tiempo y contra su voluntad, pero en las últimas décadas las interrupciones presidenciales ya no estaban teñidas del verde olivo de los uniformes, sino cubiertas con una pátina -a veces robusta, a veces delgada- de legalidad.

“Cuando en los otros casos se logró mantener una fachada, aunque sea en los márgenes, de mantenimiento de la Constitución, en Honduras es un quebrantamiento más claro”, dice Gabriel Negretto, profesor de estudios políticos en el Centro de Investigación y Docencia Económicas, en Ciudad de México. “En el caso de Honduras, es más abierta la violación constitucional”.

En las últimas tres décadas, hubo entre 13 y 17 casos de presidencias latinoamericanas interrumpidas. “Depende cómo los cuentes”, dice Negretto, quien estudia cambios constitucionales en la región. Hubo juicios políticos, una declaración de incapacidad mental, renuncias forzadas, revueltas populares y presidentes que dieron fin a su propio mandato para llamar a una asamblea constituyente.

Sin embargo, la tendencia constante era el abandono del método que tiñó de sangre las décadas de los 60 y 70: el golpe militar.

“Me sorprendió”, dice Patricio Navia, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Nueva York y la Universidad Diego Portales en Santiago de Chile. “Sabía que el presidente Zelaya estaba testeando los límites de la constitucionalidad, pero me dio la impresión de que la oposición podía tomar otras vías para frenar estas tentaciones autoritarias”.

Los militares y la oposición hondureña, agrega, “lo hicieron muy mal, al entrar de madrugada a sacar al presidente”.

Otros expertos dijeron que los sorprendió “la torpeza” de la decisión y que ésta no pareció “racional”.

Los soldados que rodearon la residencia presidencial al amanecer trajeron a más de uno memorias de cuando el arresto de un mandatario y el inmediato estado de sitio eran el resultado esperable en los conflictos políticos internos de la región.

A pesar de este recuerdo inquietante, los analistas dicen que aquellos tiempos no regresarán.

“No creo que se transmita a otros países”, dice Peter Hakim, presidente del think tank Diálogo Interamericano en Washington. “La comunidad internacional trató a Honduras con dureza, y las circunstancias particulares en Honduras eran especiales y no se repetirán con facilidad” en otros países.

Tampoco es probable que los militares de otras naciones estén “dispuestos a actuar de la misma manera”, agrega.

Esto no significa que los presidentes latinoamericanos tengan garantizado completar sus mandatos.

La crisis hondureña se desató en parte porque las instituciones del Estado están debilitadas, dice Mark Ungar, profesor de ciencias políticas y justicia criminal de la Universidad de la Ciudad de Nueva York que desde 2003 investiga temas de seguridad pública y reforma policial en Honduras.

“Cuando ocurre una crisis como ésta”, agrega, “las instituciones (hondureñas) no son capaces de intervenir”.

Lo preocupante para la región es que esa flaqueza institucional no es exclusiva de Honduras.

“No es un caso aislado”, dice Navia. “Las instituciones democráticas en muchos países estaban debilitadas por liderazgos muy fuertes. Lo vemos en Venezuela, en Colombia, con líderes que se creen más fuertes, más poderosos que las instituciones. Esto tiene efectos amenazantes para el sistema democrático”.

Sin embargo, a diferencia del caso hondureño, la historia reciente era una de renuncias o destituciones presidenciales forzadas por manifestaciones populares, como las de Fernando De la Rúa en Argentina en 2001, Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia en 2002 y Lucio Gutiérrez en Ecuador en 2005.

Otra tendencia -también al revés de lo que pasó en Honduras- es que los opositores que expulsan a un presidente por lo general logran mantener cierto viso de legalidad.

Lo que no está claro es si este nuevo modelo de interrupción presidencial que reemplazó al golpe de Estado es bueno o malo para la salud democrática. Hay quienes dicen que es mejor que la democracia no se quiebre.

“Por lo general, (estas interrupciones) han llevado a mejoras”, dice Kathryn Hochstetler, profesora de la Universidad de Waterloo, en Canadá, que estudia el presidencialismo en Latinoamérica y el mundo. Según un análisis estadístico, añade, “los gobiernos reemplazantes… han sido mejores figuras gobernantes”.

“No soy optimista”, dice, “pero en general las interrupciones no han sido dañinas para la democracia latinoamericana”.

Otros opinan que la democracia no debería llegar a esos extremos y que las revueltas populares son un síntoma de la crisis de representación que afecta a la región.

“La movilización social es un correctivo de última instancia, pero tardío y errático en cuanto a lo que logra, y obviamente demuestra una falencia del sistema institucional”, dice Negretto, el profesor del CIDE. “Los controles deberían haber funcionado en forma temprana y sin llevar al país al borde del abismo”.

Rebelión en el patio: En los 2000, Latinoamérica se alejó de EEUU

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11 de diciembre del 2009

Qué diferencia que hacen diez años.

A fines de los 90, casi toda América latina se alineaba políticamente con la Casa Blanca y sus ministros de Economía cumplían con fidelidad las recetas del Fondo Monetario Internacional. La izquierda iba en retirada en todo el mundo tras el derrumbe soviético y la derecha ya no recurría a los golpes de estado. El hemisferio parecía encaminarse hacia un área de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego, con Estados Unidos como socio principal.

Cuando comenzaron los 2000, México vivía días optimistas al estrenar la alternancia democrática y Brasil, tras una fuerte crisis económica, no tenía tiempo ni para la diplomacia global ni para los Juegos Olímpicos ni para el Mundial. Estados Unidos prometía vínculos más cercanos que nunca con la región que siempre había considerado su “patio trasero” y los presidentes vaqueros George W. Bush y Vicente Fox eran los mejores amigos de la vecindad.

Desde entonces, ya nada es lo que era en el hemisferio occidental.

El analista argentino Rosendo Fraga, director del centro Unión para la Nueva Mayoría, recuerda que, cuando concluía la presidencia de Bill Clinton en 1999, casi toda América latina “se mantenía alineada, con distintos grados de entusiasmo, con las políticas que impulsaba Washington”.

“La democracia y el capitalismo se habían mundializado”, dice. El régimen de Fidel Castro en Cuba “parecía condenado a desaparecer en el mediano plazo” y el nuevo presidente venezolano Hugo Chávez era “un coronel populista con pocas chances de consolidarse en el poder y aislado en la región”.

Luego vinieron los atentados del 11 de septiembre del 2001 y Estados Unidos se dedicó a Medio Oriente y Asia y a su estrategia de seguridad, dice Shannon O’Neil, cientista política del Consejo de Relaciones Exteriores en Nueva York. Latinoamérica ya no hacía “bip” en su radar.

Un gesto clave que marcaría ese distanciamiento llegó poco después, cuando México y Chile -a pesar de la presión estadounidense- se negaron a apoyar la invasión a Irak en el Consejo de Seguridad de la ONU.

“Una parte importante de la historia de la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica en esta década es su deterioro”, dice Jorge Domínguez, influyente profesor cubano-estadounidense de la Universidad Harvard.

Washington no logró avances en los temas que le interesan en la región, agrega.

El Area de Libre Comercio de las Américas fracasó; la guerra al narcotráfico siguió y “su punto álgido” se mudó de Colombia a México; con el intento golpista en Venezuela en el 2002 y el golpe de Haití en el 2004, Washington “perdió la credencial” de defensor de la democracia; y tampoco pudo reformar su política de inmigración, clave en la relación con México y Centroamérica.

“En un asunto tras otro -dice Domínguez-, el deterioro fue uno de los rasgos esenciales de la década”.

Meses después del 11-S, el trágico colapso económico de la Argentina subrayó el creciente descontento con las doctrinas del FMI. Los latinoamericanos comenzaron a elegir más presidentes de izquierda y algunos de éstos empezaron a oponerse a Washington en hechos y palabras.

“La posición de Estados Unidos en el mundo declinó tanto que ya no era un escándalo criticarlo”, dice el historiador Peter Smith, de la Universidad de California San Diego. En el 2005, Bush fue recibido con un mitin hostil en Argentina y al año siguiente Chávez lo acusó en Naciones Unidas de oler a azufre, como el Diablo.

“En los años 80, decir cosas así hubiera sido una invitación a los infantes de Marina”, dice Smith.

De forma paradójica, agrega, la falta de atención estadounidense tuvo resultados positivos para la región, como la mayor presencia global de Venezuela y Brasil y las mejores relaciones comerciales con China y Europa.

Sin embargo, tras alejarse de Washington, América latina no es un bloque unido. Por un lado, están Chávez y los antiimperialistas feroces; por otro, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y otros progresistas moderados; a un costado, el colombiano Alvaro Uribe, el mexicano Felipe Calderón y algún otro aliado que le queda a Estados Unidos. Brasil se consolida como el país más prominente, sobre todo en lo económico.

“Pero aún no hay evidencia de que haya un liderazgo (político) brasileño aceptado en la región”, dice Paulo Sotero, director del Instituto Brasil del Centro Internacional Woodrow Wilson en Washington.

En esta década, dice, “superada la gran crisis financiera del ’99, Brasil tuvo su gran evento político, que fue integrarse como sociedad al elegir presidente -en un país muy desigual- a un hombre del pueblo”.

Tras asumir en el 2003, Lula despejó las sospechas de radicalismo económico y logró que por primera vez en su país la clase media fuera mayor que la baja.

“Es el gran acontecimiento (de la década) en Brasil”, dice Sotero.

“El país que era ejemplo hace 10 años era México”, recuerda el venezolano Moisés Naím, director de la revista estadounidense Foreign Policy. “Había grandes esperanzas de que llegara muy lejos”.

Sin embargo, añade, México está “empantanado” por la narcoviolencia, el bajo crecimiento, el estancamiento institucional.

Mientras Brasil se planta firme y fija posiciones independientes, como la de apoyar el programa nuclear iraní que tratan de frenar Estados Unidos y otros países, México ni siquiera tuvo un rol central en el conflicto de su vecino, Honduras, donde surgió una crisis institucional al ser derrocado el presidente Manuel Zelaya. México “es uno de los más afectados” por la crisis global, dice Naím. “Ahora, Brasil es la esperanza y México, la desazón”.

O’Neil, del Consejo de Relaciones Exteriores, cree que Estados Unidos ya no ejercerá su poder como solía en su antiguo patio trasero.

“Si alguna vez existió una hegemonía estadounidense en la región, ya se terminó”, afirma. Pero la mayoría de los observadores no comparte esa opinión.

“Estados Unidos es demasiado importante” para desaparecer de la escena, dice Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas y ex funcionario de la administración Clinton. Según dice, al hemisferio entero le conviene cooperar en temas como comercio, energía y cambio climático, para impulsar el desarrollo.

“Latinoamérica -dice- tiene que pensar en ‘global’”.

The Associated Press

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En 2009, ingresé a la agencia Associated Press como editor del World Spanish Desk en Ciudad de México. Luego, pasé a ser editor adjunto de deportes para América latina, puesto en el que ayudé a planear la cobertura continental y eventos especiales como la Copa América y los Juegos Panamericanos.

Activistas latinas de Nueva York preparan marcha contra el presidente Barack Obama. (Foto AP/Diego Graglia)
Activistas latinas de Nueva York preparan marcha contra el presidente Barack Obama. (Foto AP/Diego Graglia)

Como editor deportivo, participé en la primera iniciativa de AP hacia el uso de redes sociales y contenidos multimedia en su cobertura de Latinoamérica. Esto se sumó al trabajo tradicional de editar un servicio de noticias deportivas que no sólo cubre toda Latinoamérica, sino también lo que sucede en el mundo y en los deportes masivos de Estados Unidos (NBA, fútbol americano, béisbol).

En el World Spanish Desk, cumplí tareas variadas. Fui editor de turno tanto en el matutino como el vespertino y también me tocó trabajar en la mesa nocturna, que funciona durante la madrugada del hemisferio occidental. Seleccioné y jerarquicé noticias para su transmisión a los clientes del servicio en español, transmití alertas, urgentes y ampliaciones de último momento, edité y traduje notas del día y reportajes de fondo. Me tocó interactuar con otros departamentos y áreas geográficas de la agencia y preparar las listas del día para los clientes. Las áreas temáticas incluían noticias generales, económicas, científicas, tecnológicas, espectáculos y cultura.

También escribí mis propios reportajes y análisis, sobre todo enfocados en política interamericana y los latinos en Estados Unidos. Cuando sucedió el golpe de estado en Honduras en 2009, escribí sobre la historia reciente de las interrupciones presidenciales en América latina. A fines de ese año, escribí un resumen de la relación entre Estados Unidos y América latina en la década que acababa. En 2010, hice un reportaje sobre la decepción de los latinos con el presidente Barack Obama por su demora en avanzar con la reforma migratoria.

Activistas hispanas se preparan para la marcha a Washington - Foto AP/Diego Graglia

Defraudados por Obama, hispanos se vuelven a movilizar

Inmigrantes y activistas de todo el país marchan a Washington a exigirle a Barack Obama que impulse la reforma que prometió, con un "camino a la legalización" para más de 10 millones de indocumentados. [ + ]

Golpes militares son del pasado, inestabilidad presidencial no

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Rebelión en el patio: En los 2000, Latinoamérica se alejó de EEUU

Qué diferencia que hacen diez años. A fines de los 90, casi toda América latina se alineaba con la Casa Blanca y sus ministros de Economía cumplían con fidelidad las recetas del FMI. [ + ]

Copa América Argentina 2011

Aquí hay links a mis crónicas de partidos y otras notas que publiqué durante ese torneo:

Diarios y Noticias

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Durante casi tres años, trabajé en Diarios y Noticias, una de las principales agencias de noticias en Argentina. Allí cubrí noticias de último momento, pero también generé muchos reportajes sobre ideas propias, como éstos.

Las dos niñas argentinas que fueron víctimas del Holocausto

Clara Wacht y Matilde Bueno fueron las dos únicas niñas argentinas muertas en el Holocausto. Sus historias pudieron ser reconstruídas por sus familiares. [ + ]

La historia de una cárcel

A sólo 21 años de inaugurada, una enorme cárcel en el medio de Buenos Aires se apresta a ser demolida. [ + ]

Testimonios de los vecinos de Caseros

La única que muestra cierta decepción por la ida del penal y de los presos es la dueña del bar en la vereda de enfrente de la cárcel. [ + ]

Las dos niñas argentinas que fueron víctimas del Holocausto

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28 de octubre de 2000

Seis millones de seres humanos, en su gran mayoría judíos, murieron a manos de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Un millón y medio eran niños y, entre ellos, había dos nenas argentinas: se llamaban Matilde y Clara, nacieron en Buenos Aires y murieron en campos de concentración del Este europeo.

Los de Matilde Bueno y Clara Wacht son los únicos casos de los que se tenga noticia de niños argentinos que murieron en la Shoá -así se llama en hebreo a aquel genocidio-, de acuerdo a la información que tiene la Fundación Memoria del Holocausto.

Las dos eran porteñas, nacidas en familias de inmigrantes europeos y la guerra que las terminó matando las atrapó en el Viejo Continente casi por casualidad.
La familia de Matilde se había formado en Plovdiv, Bulgaria, adonde el griego Jacobo Bueno conoció a su esposa, Estrella Behar. Antes de emigrar juntos a Buenos Aires, nació allí su primer hijo, David, quien hoy vive en la capital argentina.

En la calle Boedo al 772, nacieron después el segundo hijo, Alberto, y la tercera, Matilde, -el 27 de setiembre de 1929-.

Clara Wacht nació unos años después, el 25 de mayo de 1936, y también era hija de extranjeros: sus padres Samuel Wacht y Raquel Kaplán habían venido de Polonia cada uno por su lado y se casaron -casi sin conocerse- en el Hotel de los Inmigrantes del puerto de Buenos Aires.

Raquel era diabética y, por ello, no sólo tuvo complicaciones en el embarazo, sino que después del parto tanto ella como su beba sufrían constantes malestares.

Así fue que decidió viajar a Polonia, tanto para ver a sus médicos personales como para que su familia conociera a la porteñita recién nacida.

En 1937, cuando la nena tenía diez u once meses, llegaron a una Europa que comenzaba a sentir los primeros temblores del terremoto que la sacudiría dos años después.

Allá, la nena y la madre se restablecieron y conocieron a la familia de Samuel, quien desde Buenos Aires les mandaba cartas y dinero y hasta un tapadito para Clara, con el cual ella aparece en una foto que vino por correo a la Argentina.

Por ese entonces, también Matilde Bueno estaba en el Viejo Continente y por motivos similares: en 1931 su padre se había contagiado tuberculosis y toda la familia se fue a Plovdiv, Bulgaria -allí nació la cuarta hija, Sofía-.

Matilde era alta, de cabellos negros y ojos castaños, muy locuaz, según la recordó su hermano David en una artículo de “Nuestra Memoria”, una publicación de la Fundación Memoria del Holocausto.

En 1939, la Alemania hitleriana repentinamente invadió Polonia -donde estaban Clara y su madre- y estalló la Segunda Guerra Mundial. Bulgaria decidió expulsar a todos los ciudadanos griegos, con lo que los Bueno tuvieron que marcharse a Grecia, ya que el padre tenía ciudadanía de este país, en el que había nacido.

Allí corrieron la misma suerte que muchos judíos en los países europeos ocupados por los nazis: primero, las humillaciones públicas, como estar obligados a llevar la Estrella de David cosida a sus ropas. Luego, fueron encerrados en un “guetto”, un sector de la ciudad que era casi una cárcel para ellos.

Mientras tanto, en Polonia -también ocupada por los alemanes-, la situación no era mejor para Clara. En mayo de 1940, Raquel Kaplán murió de difteria, y la niña, que tenía cuatro años, quedó al cuidado de sus abuelos.

En Buenos Aires, Samuel estaba desesperado. Sabía poco de lo que pasaba con su hija -además, se enteraba por cartas que tardaban semanas- y temía por la vida de ella y de sus demás familiares, a quienes quería traer al país.

“Supe del caso de un niño que nació en la Argentina, recibió una visa y puede volver con un acompañante”, escribió a sus padres, ilusionado, en una carta fechada en diciembre de 1940.
Al parecer, Wacht hizo gestiones a través de la Cancillería argentina para intentar repatriar a su hija, pero no sirvieron.

En tanto, también la historia de Matilde Bueno se tornaba dramática. Entre marzo y mayo de 1943, los judíos de Salónica, la ciudad griega donde vivía con su familia, fueron deportados hacia el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia.

Sólo Alberto y Matilde, que habían nacido en Buenos Aires y eran ciudadanos argentinos, podían quedarse: el resto de la familia debía partir, sin saber hacia qué destino.

Pero Estrella, la madre, decidió que lo mejor era que la nena de 13 años fuera con el grueso de la familia, ya que pensó -paradójicamente- que así iba a estar más segura, engañada por la propaganda nazi que prometía que eran llevados “para trabajar”.

“Cuando mi mamá llevó a Matilde no pensaba que era un riesgo para la vida de ella. Creía que íbamos a ir todos juntos a trabajar… Si la dejaba, vivía, como vivió mi hermano”, contó David Bueno a la revista mencionada.

Entonces, Jacobo, Estrella, David, Matilde y Sofía fueron deportados al campo de Birkenau, conocido como Auschwitz II, donde al llegar, varones y mujeres fueron separados. Para siempre, en la mayoría de los casos.

Es, prácticamente, lo último que se sabe de la vida de Matilde, quien -como miles y miles de judíos- murió en una cámara de gas: su turno llegó el 4 de mayo de 1943.

El rastro de Clara es más difuso: se sabe que vivió con sus abuelos maternos hasta cumplir los cinco años, cuando se hicieron cargo de ella los padres de Samuel Wacht.

En la última carta que éste recibió, despachada el 11 de junio de 1941, los abuelos decían que la niña “quisiera viajar a verte sólo por un día, para que le compres juguetes”.

Al parecer, Samuel nunca más tuvo noticias de su hijita. Además de las cartas, que fueron encontradas después de su muerte, sólo quedó en su casa un almanaque hebreo con dos fechas marcadas: “29-11-43, Clara. 22-01-44, Mamá”.

Sin embargo, no se sabe con certeza cuándo ni dónde murió Clara.

Su padre nunca pudo volver a hablar del tema: se volvió a casar y apenas pudo contarle a una de sus hijas -la única vez que habló sobre Clara- que había tenido una esposa y una niña que murieron “en la guerra”.

Clara Wacht y Matilde Bueno fueron las dos únicas niñas argentinas muertas en el Holocausto. Sus historias pudieron ser reconstruídas por sus familiares, David Bueno -el hermano de Matilde que sobrevivió a Auschwitz- y Ana Wacht -hija del segundo matrimonio de Samuel-.

Ellos dos viven hoy en Buenos Aires, la ciudad natal de las dos niñas argentinas que fueron víctimas del genocidio más grande de la Historia.

La historia de una cárcel

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21 de agosto de 2000

Hasta hace poco, si alguien no sabía el significado de la palabra “lúgubre”, no hubiese necesitado un diccionario para enterarse: el mejor consejo hubiese sido que se diera una vuelta por Parque Patricios y se acercara a contemplar la cárcel de Caseros, en alguna noche nublada. Para la Real Academia, “lúgubre” es algo “fúnebre, funesto, sombrío, profundamente triste”. Ese mastodonte de concreto asomado a la avenida Caseros era todo eso: las sombras eran su principal rasgo, la tristeza rondaba a quien lo contemplara.

¿Qué estaría pasando allí adentro, en esa colmena de pabellones, celdas, pasillos?, se preguntaba quien pasaba por allí. Y ninguna de las respuestas que se le ocurrían eran gratas para la mente.

Es que la historia de la Cárcel de Encausados de la Capital Federal, Unidad Penal Nº 1 del Servicio Penitenciario Federal (SPF) -según su nombre oficial- no fue una historia grata: el propio director nacional del SPF, Juan Develluk, la definió como una vida “corta y afiebrada, a contramano del tiempo”.

Relacionado: Testimonios de los vecinos

Este edificio monumental de 25 plantas en dos torres paralelas fue el resultado del trabajo de la Comisión Nacional de Construcciones Penitenciarias, que entre 1960 y 1965 la engendró junto a otros dos proyectos: los Tribunales del Crimen, que nunca se hicieron, y un Complejo Penitenciario en Ezeiza, similar al que ahora crece en esa localidad del Conurbano bonaerense.

El inspector general Develluk dijo a DyN que, en esos años, “este tipo de edificios, en el mundo, se había dejado de construir”. La obra tuvo demoras y estuvo paralizada cuando ya se había terminado la estructura de hormigón armado, hasta que finalmente se inauguró en abril de 1979, con el ingreso de 17 detenidos. Estaba prevista para 1.800 personas, en celdas individuales.

De los 25 pisos, 15 (del 3 al 18) estaban destinados al alojamiento de los reclusos; pero además el edificio tenía su propio gimnasio, un auditorio y microcine, una capilla, un hospital propio con dos salas de terapia intensiva y lavaderos.

Como ejemplo de lo avanzado que era el edificio al ser inaugurado, fuentes del SPF comentaron a DyN que “el cine tenía las máquinas más modernas del país. Ningún cine de Buenos Aires tenía esos proyectores”. Sin embargo, semejantes “lujos” para los detenidos tuvieron corta vida: el más grande motín de los 21 años de vida del penal, en 1984, no sólo inutilizó la mayoría de esas instalaciones, sino que prácticamente decretó la muerte del edificio, a tan sólo cinco años de haber sido abierto.

Lo que preveía el diseño original era que los pisos desde el 3 al 16 fueran de alojamiento de presos en celdas individuales, agrupadas en pabellones, con un patio de recreo cada dos pisos. El piso 17 tenía su propio patio y el 18 era para presos aislados: los que recibían sanciones disciplinarias y los que precisaban que se preservara su integridad física, por tener problemas de convivencia con los demás. Este era el caso, por ejemplo, de los condenados por violación. Un recluso podía ser destinado al piso 18 por su propia voluntad o por decisión de un juez.

Caseros tenía 14 ascensores generales y dos auxiliares, que parecían suficientes para los movimientos internos pero, como dijo el jefe nacional del SPF, “los motines y la crónica falta de presupuesto se ocuparon de destrozar las previsiones”. El promedio de elevadores que funcionaban era de tres o cuatro, aunque a veces quedaba sólo uno, que debía soportar todo el trabajo mientras eran arreglados los otros.

El deterioro era igual en todos los pabellones: las puertas de las celdas individuales no se cerraron nunca más y las paredes -de ladrillo hueco- estaban llenas de boquetes que los reclusos usaban para moverse entre los pisos. Desde afuera se podía ver que las ventanas con vidrios eran la excepción: como en una villa de emergencia, cartones o plásticos los habían reemplazado.

Ese edificio moribundo albergó también muchos secretos que se empiezan a develar ahora: el juez Alberto Baños investiga una presunta organización delictiva formada por agentes penitenciarios y presos, en una causa por la que él y su colega Vilma López recibieron amenazas de muerte. Según se sospecha, los guardias habrían acordado con los presos dejarlos salir de la cárcel para que cometieran robos y luego repartirse los botines. Las irregularidades detectadas eran tan graves que llevaron a cambiar toda la cúpula del Servicio Penitenciario.

Por la cárcel de Parque Patricios pasaron miles de presos, entre ellos, muchos “famosos”. “Los Doce Apóstoles”, luego de encabezar el sangriento motín en el penal de Sierra Chica en 1996, fueron alojados en Caseros, donde generaron otra revuelta, al intentar una fuga. También cumplieron parte de sus condenas allí varios de los militantes del Movimiento Todos por la Patria condenados por el ataque al cuartel de La Tablada en 1989.

La vecina Unidad Penal Nº 16, la “Caseros Vieja” -es de 1898-, también será demolida este año, aunque se preservará su fachada como “patrimonio arquitectónico”, según anunció la secretaria de Política Criminal, Patricia Bullrich. En ella funcionó el llamado “Pabellón VIP”, donde se alojaba a menores, ex funcionarios y ex miembros de fuerzas armadas y de seguridad.

Por allí pasaron los ex jueces Francisco Trovato y Juan Carlos Wowe; el ex secretario de Lucha contra el Narcotráfico, Carlos Green; el ex secretario de Turismo, Omar Fassi Lavalle; y algunos otros involucrados en el caso Cóppola. En 1998 estuvo 37 días en Caseros el ex dictador Jorge Videla, acusado de ser parte de un supuesto plan para robar bebés durante la dictadura militar.

El 1 de febrero de 2000 dejaron de ingresar presos a Caseros, y el 9 de agosto, los últimos 19 habitantes de la Unidad 1 fueron llevados a una cárcel nueva en Ezeiza.

La vieja Unidad 16 será cerrada a más tardar en setiembre. En poco tiempo más, la torre de 25 pisos, la imagen más lúgubre de Parque Patricios, caerá demolida en medio de un gran estruendo. Cuando pase el ruido y la nube de tierra se disipe, en Pichincha 2080 no quedarán más que fantasmas.

Testimonios de los vecinos de Caseros

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21 de agosto de 2000

Nota principal: La historia de una cárcel

“Gracias a Dios que se va”, es lo primero que dice Laura, una señora de 58 años que vivió los últimos diez en la esquina de la cárcel de Caseros, cuando le preguntan su opinión sobre el traslado de la unidad penal. Para los vecinos de Parque Patricios, quienes desde 1979 tuvieron que convivir con la gigantesca cárcel como una parte más del barrio, la mudanza de los presos y la próxima demolición del lugar significan el regreso de la tranquilidad, luego de 21 años.

“Sentíamos siempre a la madrugada los cacerolazos, los gritos… y después venían los balazos de goma”, relata Alfredo Otero (69 años y 40 en este barrio del sur porteño), quien aprovecha su paseo de la tarde para pasar frente al mastodonte, ahora silencioso y vacío.

El único sonido que se deja escuchar desde las entrañas de la cárcel es el de los taladros que trabajan dentro para desarmarlo hasta dejar sólo el esqueleto, que será derribado por cargas de explosivos en lo que promete ser un gran espectáculo para el barrio. “No me lo pienso perder. Aunque trabaje, ese día lo vengo a ver”, se relame Carlos Dening (57), sentado en el Parque Ameghino, en uno de los bancos que miran al penal desde el otro lado de la avenida Caseros.

“Antes, a esta hora, acá no podías estar”, cuenta. “Era un ‘despelote’. Gritaban cosas obscenas, incluso a los que los visitaban. Los alborotos eran mañana, tarde y noche. Ahora hay un silencio total, es buenísimo”, contó.

La única que muestra cierta decepción por la ida del penal, de los presos y, por lo tanto, de sus familiares, es Silvia Bell (38), la dueña del único bar que queda en la vereda de enfrente de la cárcel, sobre calle Pichincha. “En el sentido comercial, odio que se hayan ido. Yo me manejaba con el movimiento del penal”, lamenta, pero enseguida aclara que “por el lado de la seguridad, me parece bien que se lo lleven”.

Es que la cárcel que se fue se llevó consigo todo un mundo. Ya no vendrán los familiares a visitar a los presos, ni a dialogar con ellos a los gritos desde la calle, ni a esperar los mensajes que caían dentro de bolsitas desde alguno de los 15 pisos de pabellones, ni a angustiarse cuando sabían que adentro había alguna revuelta, pero nada más.

“La gente valoraba que estuviera acá. Abría el negocio a las 4 o a las 6 de la mañana. Ellos se refugiaban del frío, de la lluvia”, comenta Silvia. “A veces, es como que los extraño”, confesó. Tampoco van a estar los guardiacárceles, entre quienes ella también supo hacer amigos: “Yo fui a velatorios de penitenciarios”, dice.

En los 12 años que pasó detrás del mostrador en ese local, la mujer vivió varios grandes motines desde una posición incómoda porque, asegura, “estaba en el medio de los dos bandos”. Y de esas situaciones límite guarda malos recuerdos: “Vi a penitenciarios que eran tomados de rehenes, que los ponían contra la ventana con una ‘faca’ en el cuello. Y yo pensaba: ‘Lo atendí en el bar hace media hora y ahora está al borde de la muerte’ “, recuerda.

Otero, quien vive a una cuadra y media, pero desde su departamento en el quinto piso tendrá un palco preferencial cuando se haga la implosión del edificio, recuerda que “sustos no pasamos tantos, sólo una vez que unos presos se escaparon corriendo por el parque. Pero al barrio lo favorece (el cierre), tendría que haber desaparecido hace años. No se puede tener una cárcel sobre una avenida”, agrega.

Ahora, desde el 9 de agosto pasado, cuando trasladaron a los últimos presos a una unidad penal “a estrenar” en Ezeiza, todos los momentos vividos ya son recuerdos, que aunque no se olviden tampoco se repetirán.

El ejemplo más claro del cambio de humor en el barrio es el del propietario de una casa de dos pisos, en la esquina de Pichincha y Rondeau, la más cercana al portón de entrada de la prisión. Durante años, según relató su vecino Otero, la vivienda tuvo colgado un inútil cartel de “Se vende”, que al parecer no atrajo a nadie. Ahora, el letrero no está más.

El stone más buscado

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El cerebro del secuestro extorsivo más importante en la historia de Alemania es arrestado en Buenos Aires por culpa de su fanatismo por los Rolling Stones.

29 de julio de 1999

“Perdiste, Thomas Drach. Estás preso”. Al abrir los ojos, el hombre quizás pensó que seguía dormido, inmerso en la misma pesadilla de siempre: esa en que la ley finalmente lo atrapaba con su largo brazo. Pero, sin necesidad de pellizcarse, en unos segundos se dio cuenta de que la pistola que lo saludaba con su boca negra y fría era real. Tan real como el policía parado junto a la cama que le apuntaba justo entre los ojos.

Mientras era esposado por los dos oficiales argentinos, arrodillado en el suelo, mil pensamientos habrán pasado como ráfagas por la mente de Drach, el cerebro criminal que había planeado y concretado, hasta ese día con éxito, el secuestro extorsivo más importante en la historia de Alemania. Pero con seguridad había una sola cosa en la que no podía dejar de pensar: después de casi dos años de gambetear a la Justicia y a Interpol, de entrar y salir sin problemas de muchos países de Europa y América, de regar con billetes su camino mientras disfrutaba de todos los placeres de la vida, cayó preso por culpa de su amor incondicional a los Rolling Stones.

Desde hacía media hora era sábado 28 de marzo de 1998. El domingo, sus Majestades rocanroleras daban el primer show de su segunda visita a Buenos Aires. Hacía varias semanas que en toda la ciudad se respiraba un aire de fiesta stone. Ninguna radio, diario o canal de tevé podía dejar de mencionar el acontecimiento y hasta el Obelisco se dejaba crecer el flequillo y sacaba la lengua.

Pero esa noche, el más fanático se estaba quedando sin el rock and roll que había venido a buscar. En una suite del hotel Caesar Park en la calle Posadas, en Recoleta, los hombres de la división Interpol de la Policía Federal lo arrestaban 24 horas antes de que cumpliera el deseo que lo había traído a la Argentina: ver una vez más a Charlie, Ron, Keith y Mick, sus ídolos.

Cuando lo arrestaron, faltaba menos de un mes para que festejara sus dos años como prófugo de la Justicia alemana. Pero prófugo en una huida envidiable, con las valijas llenas de dinero.

¡Efectivo ya!

El más stone de los criminales alemanes y dos cómplices, Peter Ernst Adolf Richter y Wolfgang Koszics, secuestraron el 25 de marzo de 1996 al millonario Jan Philipp Reemtsma. El rapto fue en un barrio residencial de Hamburgo, donde Reemtsma tenía dos casas: aquella en la que vivía y otra donde se recluía cuando quería tranquilidad para leer y escribir (además de empresario exitoso también es escritor). Estaba en ésta última cuando se lo llevaron.

“Nada de prensa ni de policía. De lo contrario, lo mataremos”, decía la nota que dejaron como única pista. Sus exigencias eran simples: querían 20 millones de marcos (cerca de 11 millones de dólares). Para dejar en claro que no era una broma, acompañaban la carta con una granada de mano.

Reemtsma vivió 33 días encadenado por el tobillo a una cama, en un sótano cerrado en forma casi hermética. Aunque no lo sabía, estaba cerca de Bremen, a unos cien kilómetros de Hamburgo, en una casa que pertenecía a Peter Richter.

Durante ese mes de penumbras y aislamiento, el prisionero identificó a uno de sus tres raptores como “el inglés”. Es que el hábil Drach se ocupó de engañarlo: siempre que bajaba al sótano hablaba en un cuidado inglés, sin rastros de acento alemán.

Mientras Reemtsma sufría bajo tierra, en dos ocasiones falló el procedimiento para entregar el dinero del rescate. Drach y sus secuaces, lejos de atemorizarse o abandonar sus planes, subieron la cifra que pedían. Por fin, el 24 de abril, recibieron un auto con 30 millones de marcos (16,6 millones de dólares) en Krefeld, a 300 kilómetros de Hamburgo y muy cerca de la frontera con Holanda.

Su víctima apareció dos días después, sin heridas físicas, pero marcado profundamente por lo que tuvo que sobrevivir. La policía alemana tardó un mes en encontrar la casa que había sido su cárcel. Esa fue la primera pista para empezar a buscar a la banda, que ya estaba lejos de allí, fuera del país.

El primero que cayó, el 29 de mayo, fue Wolfgang Koszics. Estaba en Murcia, una ciudad española cercana al mar Mediterráneo. Al día siguiente, arrestaron en Colonia, Alemania, a Lutz Drach, acusado de intentar lavar 27 mil dólares que le entregó su hermano Thomas. No pasó mucho tiempo antes de que, también en España, fuera detenido Richter.

Los tres fueron juzgados y condenados. A Lutz Drach lo sentenciaron a 18 meses de prisión en diciembre de 1996. En febrero del 97, ante la mirada de su víctima Jan Phillip Reemtsma, a Koszics le dieron diez años y medio en la cárcel, y a Richter, cinco.

Armado y peligroso

El único que había conseguido escapar era Drach, quien se había quedado con la mayor parte del dinero del rescate y ahora se ocupaba de gastarlo. La Justicia lo procesó como jefe de la banda y autor intelectual del secuestro. Pero lo único que se sabía de él era que estuvo escondido en Colonia un tiempo y que el último rastro que dejó fue su paso por el aeropuerto de París, en mayo del 96.

“CUIDADO. Persona considerada violenta y armada”. El comunicado de Interpol que dio la vuelta al mundo con las fotos de frente y perfil y las huellas digitales del alemán alertaba que ese hombre joven (tiene 38 años), medio pelado y con cara de vecino de enfrente era uno de los criminales más buscados de Alemania.

Y mientras los policías de todos los continentes lo conocían por fotos y buscaban su nombre alemán en los registros de Migraciones, Drach volvía a convertirse en “el inglés”. Anthony Patrick Joseph Lowlar, un delincuente que tenía antecedentes en su país, Inglaterra, pero no era buscado por Interpol, le facilitó un pasaporte a su nombre que, luego de un cambio de foto, quedó listo para abrirle al fugitivo las puertas de los países que quisiera recorrer.

Así comenzaron los que quizá hayan sido los mejores tiempos en la vida del alemán: con las manos llenas de dinero, se dedicó a viajar de un país a otro y a gastar, gastar y gastar…

Después, él mismo les confesaría a los policías que lo arrestaron que sus pasiones eran “los Rolling Stones y la buena vida”. “Lo único que hago es gastar dinero”, les dijo, sin ponerse colorado. Con esa idea en mente y con su identidad falsa, estuvo en Cuba, Brasil, México, Estados Unidos, Francia, entre otros.

En marzo de 1998, Drach veraneaba en una mansión en Punta del Este, junto a Cristina Irrizarri, una joven uruguaya. En ese momento, los Rolling Stones llevaban siete meses rodando por el mundo en su impresionante “Bridges to Babylon Tour”, que ya había recorrido América del Norte, Asia y Oriente Medio. Ahora era el turno de Sudamérica y la primera parada era la Argentina.

La oportunidad era imperdible y el alemán decidió que su camino y el de sus músicos preferidos se cruzarían en Buenos Aires, el domingo 29 de marzo, en el estadio Monumental, cuando las huesudas manos de Keith Richards hicieran sonar por enésima vez los primeros acordes de “Satisfaction”.

Te sigo a todas partes

No era la primera vez que el fugitivo estaba en Argentina. Por eso, tenía a su disposición un Mercedes Benz de 150 mil dólares que había comprado en un viaje anterior. Al volante de ese auto y junto a su novia, llegó al hotel, de donde no se movió en todo el día. Era el viernes 27 de marzo.

Todos los movimientos de Drach eran cuidadosos. Pero, por primera vez, cometió un error.

Eufórico por la perspectiva de ir a uno o más shows de Jagger, Richards & Cía., se lo tenía que decir a alguien: decidió llamar a un amigo que vivía en Holanda. Desde su suite, marcó el número de su celular y le contó hasta dónde había viajado para ver a los Rolling. Eran las nueve de la mañana.

Esa llamada fue lo único que necesitaban sus perseguidores para localizarlo. Habían intervenido la línea del celular en Holanda y escucharon la conversación. Por fin sabían dónde estaba el fugitivo. De inmediato, Interpol Argentina recibió el aviso. El comisario Eduardo Musto, en ese entonces jefe de Operaciones, se puso en contacto con la empresa telefónica que se encarga de las comunicaciones internacionales para ubicar el teléfono fijo desde el cual se había hecho el llamado.

Cuando se estaba haciendo el rastreo, complicado por el mucho tiempo que llevaba chequear todas las llamadas al exterior que se habían hecho ese día, Drach volvió a facilitar las cosas: llamó de nuevo al mismo teléfono holandés, alrededor de las dos de la tarde. En seguida detectaron su ubicación y cerca de las cuatro, los policías llegaban al hotel.

“Lo primero que hicimos”, relata Musto, “fue revisar la lista de pasajeros. Cuando vi que no había ningún alemán, se me vino el alma a los pies”. Hasta ese momento, los investigadores no sabían con qué identidad viajaba Drach. El comisario recordó entonces los relatos de Reemstma que hablaban de un secuestrador con acento inglés. Volvió a buscar en la lista y vio que había un solo británico en el hotel: era Anthony Lowlar.

Mientras Drach seguía en su suite sin saber que su destino casi estaba sellado, el siguiente paso de los federales fue mirar los videos grabados por las cámaras de seguridad del hotel. Encontraron a un hombre joven y medio pelado que miraba siempre hacia abajo, como si quisiera evitar que su rostro fuera filmado. Aunque ahora usaba barba, reconocieron en él al mismo de las fotos enviadas por la policía alemana. La cacería parecía llegar a su fin.

Sólo restaba el último paso, el más difícil: atraparlo. Musto y sus hombres decidieron entrar a la suite esa noche, cuando el alemán estuviera dormido. Cada paso debía estar fríamente calculado. El comisario y un oficial inspector ensayaron sus movimientos en una habitación igual a la que ocupaba Drach.

Después, esperaron a que se hiciera tarde. Pasó la medianoche y cerca de las 12:30, usaron una tarjeta magnética que servía para abrir las cerraduras electrónicas de todas las puertas del hotel. En pocos segundos, estaban al borde de la cama donde Thomas Drach y su novia dormían tranquilos. El alemán ni siquiera tuvo tiempo de levantarse.

Cuando los dos eran esposados, la chica uruguaya se lamentaba: “me cagaron el viaje a México”. Drach sólo insistió en que él era Anthony Patrick Joseph Lowlar, pero nadie le creyó.

En un instante se quedaba sin su libertad y también sin sus dos pasiones: la buena vida y los Rolling Stones. No necesitó un traductor para entender lo que le quería decir Musto cuando lo despertó: “Perdiste, Thomas Drach. Estás preso”.

* * *

Dónde están hoy

Thomas Drach: Sigue detenido en nuestro país. En marzo pasado, un juez concedió su extradición a Alemania y dispuso el remate de su Mercedes Benz. Antes de ser extraditado, debe responder ante la Justicia argentina por haber entrado al país con un pasaporte falso (le podrían dar hasta tres años de prisión). Su abogado, Víctor Stinfale, comentó a La García que aún falta mucho para que esta causa llegue a juicio y que el fallo del juicio por extradición fue apelado ante la Corte Suprema de Justicia, que debe ratificarlo o anularlo.

Jan Phillip Reemtsma: Cuando se enteró del arresto de Drach, dijo que quería volver a verlo, pero ante un tribunal. Escribió un libro llamado “En el zulo (sótano). Memorias de un secuestrado”, en el que relata los sufrimientos de sus 33 días de cautiverio.

Eduardo Musto: Aunque él lo considera una captura más, el caso Drach fue una de sus acciones más notorias en sus cuatro años en Interpol. Actualmente está en la Delegación San Martín de la Federal. Reemtsma le mandó un libro autografiado como agradecimiento por detener al jefe de los secuestradores.

Cristina Irrizarri: La joven uruguaya estuvo en las audiencias del juicio por extradición, pero en todo momento se mantuvo tan callada como misteriosa. Fuentes cercanas a los investigadores aseguraron que ella no conocía la verdadera identidad de Drach.

Documentos, vieja

Si Interpol no lograba localizar a tiempo el lugar donde se hospedaba Thomas Drach, lo iban a esperar en las puertas del Monumental, antes de los recitales de los Stones. Para poder vigilar sin despertar sospechas, se habían seleccionado cincuenta policías jóvenes que iban a ir “camuflados”. Es decir que alguno de los pibes con pañuelo al cuello y remera con la lengua que pedían que les “aguanten un pesito” en las afueras del estadio, en realidad podían haber sido de la Federal. Drach iba a comprar las entradas en la reventa, ya que no le importaba gastar unos billetes de más.

Sueños de Primera

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Pensiones del fútbol, Magazin Semanal
Septiembre 1999

Gabriel Batistuta, Ariel Ortega, Matías Almeyda. Tres estrellas argentinas que brillan en el campeonato de fútbol italiano, el más exigente del mundo. Mucho antes de que sus pases llegaran a cotizaciones de más de siete cifras, cuando el éxito, la fama y los millones no eran más que promesas borrosas de la almohada, los tres pasaron por una misma etapa, dura y sacrificada. Pibes de ciudades chicas que se separaron de sus familias en plena adolescencia para vivir en la pensión de un club del fútbol grande, entre la nostalgia por el hogar lejano y las ansias por la meta lejana: jugar en primera.

Como seguro lo hacía el “Bati” cuando llegó de Reconquista a la de Newell’s Old Boys y también el “Burrito” jujeño y el “muchacho de Azul” en la de River Plate, son muchos los pibes que sueñan goles y gambetas en las cuchetas de alguna pensión. Algunos, los menos, llegarán a su objetivo y con suerte, podrán ser como aquellos. Los demás quedarán atrás en la carrera y deberán buscar su destino por otro lado.

En las pensiones, adonde llegan después de varias pruebas futbolísticas, los chicos reciben cuatro comidas diarias, atención médica, transporte a los entrenamientos. Deben respetar un código de convivencia, los horarios de salidas, y limpiar sus habitaciones. Los directivos de los clubes se hacen responsables ante la familia de que el joven vaya a la escuela, a menos que los padres lo autoricen a no hacerlo.

Los primeros días son los más duros, cuentan los jugadores. “Al principio se extraña un montón a la familia, se hace muy difícil. Yo llamaba a cada rato, estaba desesperado, y ellos me llamaban porque sabían que extrañaba”, cuenta Guillermo Doelvers, un delantero de 15 años que, a mil kilómetros de su Posadas, juega en la octava división de Ferro Carril Oeste.

“Para jugar al fútbol hay que hacer muchos sacrificios y es difícil. Da un poco de bronca, pero acá hago lo que me gusta y si tengo suerte, por ahí llego a primera”, se ilusiona, sentado en la cama de la pieza, un tanto desordenada, que comparte con un par de marplatenses y un entrerriano.

Una soga para el Burrito

Los entrenadores saben que quienes llegan del interior necesitan apoyo. En Independiente, por ejemplo, los asiste una psicológa. Pero a pesar de la ayuda, algunos no soportan la nostalgia y se vuelven a casa. Lázaro Ruiz Quevedo, “Delem”, ex futbolista brasileño que dirige las inferiores de River, explica: “tratamos que los chicos (87 en tres pensiones) estén ocupados: el que no estudia, trabaja en el club. Además, les damos días libres para que viajen y pedimos a los padres que vengan a visitarlos. Si el jugador es muy bueno, sugerimos que alquilen un departamento acá para que lo vean más seguido”. Esos esfuerzos del cuerpo técnico evitaron que la melancolía prive al fútbol argentino de dos estrellas por nacer.

“Ortega y Almeyda se querían ir”, recuerda Delem entre risas, “a Ortega poco más lo ato en la cama para que se quede, en el primer año. Después, vino el padre a trabajar en el club”.

Aunque las añoranzas nunca se van del todo, la vida ajetreada de los pichones de cracks hace que tengan la mente ocupada. Entrenan de lunes a viernes, juegan los sábados y la mayoría, además, va a la escuela. “Mis viejos me dicen que primero está el colegio y después el fútbol, porque si no llego a primera y no tengo estudios… ¿qué voy a hacer? Vivir en la calle, pidiendo monedas. Prefiero tener estudios y llegar, las dos cosas”, resume Nicolás Españolo (15), delantero marplatense de la octava de Independiente, club que alberga a 54 promesas.

“Es difícil estudiar acá. Después de todo lo que hacés en el día, no te dan ganas, llegás cansado. Igual, mi objetivo es terminar quinto sí o sí y empezar alguna carrera”. Con el Monumental de fondo, habla Matías Oyola (16), cordobés de Río Cuarto, volante de ataque de la sexta de River y alumno de 4º año de la secundaria que tiene el club. Acaba de interrumpir una placentera siesta, que dormía en la misma pieza que supieron compartir otros riocuartenses, ahora más famosos: el arquero Franco Constanzo y los volantes Pablo Aimar y Guillermo Pereira.

Esos nombres, que pasaron de la lista de la pensión a los titulares de los diarios, son para los chicos la prueba de que el que ellos persiguen es un sueño posible. “Cuando uno piensa en eso, le dan ganas de seguir trabajando, luchando. A uno le gustaría seguir el camino de futbolistas como Ortega, Almeyda, Aimar”, dice Matías.

Tocar el cielo

Aunque aún viven en el albergue de su club, hay algunos que ya transpiran codo a codo con los profesionales. Walter Ervitti (19) y Celso Esquivel (18), de Mar del Plata uno, de la paraguaya Encarnación el otro, ya debutaron en la categoría máxima: son dos de los pibes del San Lorenzo de Oscar Ruggeri. “Nos viene bien a todos (los de la pensión), porque los demás ven que hay posibilidades, que con sacrificio se logran las cosas”, cuenta el marcador lateral paraguayo, mientras el descanso de sus compañeros de hospedaje se reparte entre el televisor del comedor y las mesas de pool y metegol de la sala.

Los buenos jugadores asoman cada vez más jóvenes. Y enseguida, aparece una bandada de posibles representantes. Pero ya desde antes, en las categorías menores, son muchos los que tienen “manager”, figura no muy simpática para los técnicos y directivos de los clubes.

“Buscan cada vez más juveniles, porque de Europa los llevan jóvenes. Así, tienen más ganancia porque un juvenil todavía no firmó contrato”, se queja Carlos Meneses, presidente del fútbol amateur de Ferro (el club alberga a 53 chicos), “pero la mayoría no se hacen responsables de acompañar al chico en su preparación, no afrontan los gastos”.

“Por acá no aparecen. Igual no los quisiera ver, pero sí que muestren otro interés que el económico”, coincide Juan Carlos Pereira, encargado de la Casa Hogar donde viven 25 juveniles de San Lorenzo.

Tantos sacrificios tienen una sola recompensa posible para estos adolescentes: el primer contrato como futbolistas. Y para muchos de ellos, la apuesta es alta, ya que no llegar sería casi una condena. Lo explica el rosarino Antonio Vilce (16), lateral de la séptima de Independiente: “Mi viejo quiere que yo sea alguien, que pueda mantener a mis hermanos y vivir de esto, porque no tenemos una buena posición económica. Llegar a primera es una meta que me puse por mi familia más que nada. Ellos me necesitan”.

Un viaje al voto latino

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En poco más de dos semanas, Barack Obama y John McCain se medirán en las urnas. Dicen los entendidos que el voto latino podría ser la llave para el triunfo en cuatro estados de la mitad sur estadounidense y, en unas elecciones que se pintan reñidas, esos votos podrían ser los decisivos en la elección del sucesor de George W. Bush. Pero surgen dudas: ¿Existe realmente el voto latino? ¿Es algo homogéneo, predecible, alineado? ¿El que ya es ciudadano mantiene el sentido de pertenencia? Para buscar respuesta a esas preguntas, el periodista Diego Graglia recorrió en un vetusto carro la distancia que separa Nueva York y México. Y esta crónica es el resumen de ese viaje.

19 de octubre del 2008

En el verano neoyorquino, los desfiles del orgullo nacional, de los innumerables orgullos nacionales que viven aquí, son tan comunes como los camiones heladeros de Mr. Softee con su música infantil que se repite insoportable o los nenes jugando en la cascada de los hidrantes en las calles de los barrios latinos. Los negros del Caribe angloparlante hacen un carnaval tremendo en Atlantic Avenue en Brooklyn; los griegos y los alemanes tienen sus desfiles aburridos a un costado del Central Park; los dominicanos arman uno en El Bronx y otro en Manhattan; los puertorriqueños son tantos y asustan tanto a las tiendas de lujo de la Quinta Avenida con su “parada” (parade) que éstas protegen sus vidrieras de ese aluvión de piel morena con enormes planchas de madera. Los estadounidenses que no se consideran más que “Americans” –ni Italian-Americans, ni African-Americans, ni Asian-Americans– prestan poca atención a tanto fervor étnico, a menos que les cause demoras en el tráfico.

Los ecuatorianos también son muchos, fiesteros y ruidosos, por lo que veo este domingo de agosto desde el pavimento caliente de Northern Boulevard, en Queens, el condado más cosmopolita del país. A pesar del sol que quema la cabeza, miles se amontonan a lo largo de veinte cuadras para ver el desfile del Día de la Independencia (ecuatoriana, claro). Su bandera se presta muy bien para la ocasión: el sol atraviesa esos colores primarios, amarillo-azul-rojo, y los hace brillar alegres en el mediodía. Desde las carrozas y los camiones con parlantes, locutores y cumbieros de camisetas de la selección animan a la multitud.

En el escenario central, dos locutores se turnan en “esta maravillosa tarde” para saludar a las ciudades “que hoy dicen presente”, destacar la belleza de las misses de distintas jurisdicciones sentadas en el palco queriendo no transpirar, explicar que la tenacidad de los bailarines folclóricos bajo el sol veraniego “es una muestra de lo que somos los ecuatorianos” y mechar cada tanto un “¡que viva el Ecuador!”.

Los ecuatorianos son una de las comunidades latinas más grandes de Nueva York, aunque no suelen aparecer tanto en los medios ni en las conversaciones como los boricuas, dominicanos o mexicanos –grupos con más historia en Estados Unidos–. Tras haber vivido más de cinco años en la ciudad, sé que hay muchos taxistas ecuatorianos, que los ecuatorianos juegan mucho al vóleibol en los parques, que una gran parte de ellos vive por aquí –Jackson Heights y sus alrededores–, que hay un camión de comida ecuatoriana que se estaciona en Roosevelt Avenue con una pantalla donde pasa fútbol vía satélite. Pero no sé mucho más.

Por lo que veo, aunque vivan a 4.500 kilómetros de Quito, los ecuatorianos neoyorquinos están muy metidos en la política de su país. Un hombre sostiene un cartel de País, el partido del presidente Rafael Correa. Otros tres muestran unas cartulinas blancas con mensajes para Correa en prolijos renglones escritos a mano: “ACABA CON LOS DELINCUENTES POLÍTICOS Q’ CON SUCIAS MENTIRAS AN DESTRUIDO A LOS ECUATORIANOS……… QUE NOS OBLIGARON A DEJAR NUESTRA PATRIA”, dice uno. El punto de la “i” de patria es un corazoncito. “TODOS LOS QUE AN GOBERNADO DEBEN TENER VERGÜENZA DECIR ‘YO FUI PRESIDENTE DEL’ ECUADOR”, dice el de al lado. Cuando una representante del gobierno ecuatoriano habla al final del desfile, la mitad de la gente la aplaude y la otra mitad la silba. Lo que no se ve son señales de apoyo (ni de repudio) a ningún político gringo, aunque faltan menos de cien días para la elección presidencial en Estados Unidos.

Queens es el punto de partida de un viaje que empezaré mañana. En el Subaru 1992 de mi novia que tiene más de 280.000 kilómetros, vamos a cruzar Estados Unidos de norte a sur, desde la Nueva York progre hasta la Texas conserva… y luego hasta el D.F., donde nos mudamos hace poco. En el camino, planeo hablar con los latinos que me encuentre sobre la elección presidencial, sobre quien podría ser el primer presidente negro de Estados Unidos, sobre qué significa vivir aquí en esta época en que “inmigrante” es casi una mala palabra.

El desfile es una buena manera de empezar a averiguar qué piensan los latinos en Estados Unidos. Los políticos estadounidenses hasta hace poco pensaban que con ir a la Pequeña Habana en Miami a tomarse un café en el Versailles y hablar mal de Fidel Castro tenían solucionado el voto latino. Hoy ya saben que con eso no alcanza. Lo que no sé si saben es que el voto latino en sí no existe. Existen muchos votos latinos, en una población tan diversa que viene en veinte nacionalidades, varios colores (blanco, negro, marrón, amarillo), muchos idiomas (español,  guaraní, maya, náhuat…), una amplia variedad de religiones y, como si esto fuera poco, para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero, con muy distintas ideologías. Claro que son escasos los estadounidenses que comprenden lo diferente que es un peruano de Nueva Jersey de un salvadoreño de Washington D.C., o un dominicano del Alto Manhattan de un mexicano de Chicago.

Cuando está terminando el desfile, los políticos que engalanan el palco dan sus discursos de ocasión: un dominicano que es comisionado de Asuntos Inmigrantes, un ecuatoriano que es funcionario del estado de Nueva York, un político joven hijo de ecuatorianos que se llama Francisco Moya. Con las consonantes marcadas de algunos hijos de hispanos, Moya agradece a los organizadores de “esta linda parada” y anuncia que irá de delegado a la Convención Nacional Demócrata (es el primer ecuatoriano-estadounidense en lograrlo) “para eligir al próximo presidente de los Estados Unidos”. Lo aplauden sin mucho entusiasmo:”Bieeee…”

Después de que un relator de la tele le dedica a la gente un grito de “Goooolll” y de que todos cantan el himno ecuatoriano, le pregunto a Moya por la bandera del Che que ondea por ahí, por los carteles sobre la política ecuatoriana. “No vi ningún cartel Demócrata ni Republicano”, le digo.

“Debería haber un equilibrio”, me dice, como buen político que evita dar respuestas negativas. “Tienen una conexión tan fuerte (con Ecuador) que deja en claro la pasión que la gente tiene por la política. Esperamos atraer hacia aquí esa pasión que tienen por lo de allá, para que los ayude en el nivel local”.

Moya no es el único interesado en explotar esa pasión. Se dice que los latinos podrían definir la votación en cuatro estados que están en la columna de los indecisos en esta elección: Colorado, Nevada, Florida y Nuevo México. Y, como en Estados Unidos cada victoria en un estado asigna un número fijo de votos en el colegio electoral, las campañas del demócrata Barack Obama y del republicano John McCain se están gastando mucha plata para tratar de seducirlos. Los clásicos avisos en español que apelan a los valores de las “trabajadoras familias latinas” invaden Univisión, Telemundo y YouTube. McCain aparece en público con Daddy Yankee; Obama tiene el apoyo de Juanes.

Lo que no sé, y empezaré a averiguar mañana, cuando crucemos el río Hudson hacia Nueva Jersey y tomemos la autopista I-95, es qué piensan los latinos de esta elección. ¿Van a votar? ¿Sienten que Obama y McCain les están hablando en serio o los están usando? ¿Votarán a un negro, siendo que tantas veces hispanos y negros se ven como competidores? ¿Tienen tiempo para preocuparse por todo esto, cuando en sus pueblos y condados se aprueban leyes anti-inmigración y los sheriffs salen de redada con agentes de la Migra?

¿Llegará el Subaru hasta Texas?

* * *

Lunes 4 de agosto: primer día de viaje. Cinco horas y poco pasan rápido, mientras atravesamos Nueva Jersey, Delaware y Maryland hasta entrar a Virginia, a los suburbios al oeste de Washington D.C.

Vamos a Manassas, un pueblo de ladrillo rojo y banderas estadounidenses en las farolas, con un campo de batalla de la Guerra Civil hoy parque nacional, con cañones de aquella época en el césped del museo, con enormes letras negras en el tanque de agua celeste que celebran el título estatal 2006 de las Eagles, el equipo de fútbol americano de la secundaria local. Las autoridades estiman que en 2008 el pueblo tiene 36,666 habitantes. Me pregunto si no se habrán tentado de cambiarle el último dígito, para que no pareciera tan diabólico.

Manassas, después de todo, es un lugar malvado para algunos. Es malvado para los latinos que abandonaron el pueblo este año, sintiéndose perseguidos. Algunas calles donde vivían, me dirá la activista local Teresita Jacinto, hoy se ven como un pueblo fantasma.

En el norte de Virginia hay muchos grupos de ciudadanos indignados por la inmigración ilegal, como Help Save Manassas –Ayude a Salvar a Manassas–, que busca proteger al pueblo de los “peligros considerables” que traen los illegal aliens. Help Save…, de hecho, se ha extendido por la zona como una franquicia de la intolerancia, con tanto éxito como las de comida grasosa o de planchado y limpieza en seco: Help Save Loudoun, Help Save Hampton Roads, Help Save Virginia, Help Save Maryland, Help Save America. Estos grupos han sido muy efectivos en presionar a los gobiernos locales para que tomaran medidas contra los indocumentados. Y en el condado de Prince William, donde está Manassas, lograron que se permita a los policías interrogar a los detenidos sobre su estatus inmigratorio, algo que normalmente sólo pueden hacer los agentes federales. Al principio –aunque la norma inicial luego fue suavizada– esto incluía a los sospechosos de cualquier falta, no importa qué tan mínima. Al cruzar la calle por mitad de cuadra, un indocumentado se arriesgaba a terminar deportado a su país de origen.

Estacionamos el auto en el barrio de Old Town, en la calle Liberty. Ésta se llama así porque era la que, al bajarse del tren, tomaban los negros que llegaban aquí huyendo del Sur esclavista. El nombre de la calle les cayó perfecto a los activistas proinmigrantes, ya que les permitió bautizar a su símbolo máximo “El Muro de la calle Libertad”.

El Muro –a secas, como lo llaman los demás– es el último costado en pie de una casa de madera que se incendió, en el 9500 de Liberty Street. El dueño de la propiedad es Gaudencio Fernández, un mexicano que lleva 29 años en Estados Unidos. Con pintura azul, roja y negra, Gaudencio ventiló su bronca por la nueva ley. “Condado de Prince William y ciudad de Manassas, capital nacional de la intolerancia”, se titula su furia. Iguala al concejo local con los que colaboraban con el Ku Klux Klan hace un siglo, llama a los estadounidenses blancos “European Americans”, y les recuerda que los mexicanos y centroamericanos que son la mayoría de los latinos de por aquí son “Native Americans”, o sea, americanos originarios.

“Los europeo-estadounidenses exterminaron a millones de americanos originarios para robarse América, ellos fueron los primeros extranjeros ilegales. Tienen una historia de 500 años de violación, robo, asesinato, esclavitud, fronteras artificiales (…) Prefieren tener un pueblo fantasma antes que vivir entre americanos originarios”.

“Detengan la persecución. Exigimos igualdad y justicia para todos. No seremos sus esclavos del siglo XXI”.

Al rato, llega Teresita Jacinto, maestra de escuela nacida en un rancho de Texas y miembro de Mexicanos sin Fronteras. Vestida con una blusa negra bordada de flores que me recuerda a Rigoberta Menchú, Teresita peina bastantes canas sobre un ceño que no se desfrunce muy seguido. Me cuenta que Gaudencio –de vacaciones en Puebla debe ir a la corte a defender su cartel cuando vuelva y tiene que mantener el terreno impecable porque los funcionarios lo vigilan de cerca para darle citaciones ante la mínima falta. La predicción del muro se cumplió –dice– porque, desde que se aprobó la resolución, los latinos han abandonado el pueblo. La cantidad de hijos de inmigrantes en la escuela donde ella enseña bajó en 2008. Cada febrero, 600 nuevos alumnos solían inscribirse, cuando los trabajadores itinerantes llegaban a la zona para trabajar en construcción tras lo más duro del invierno. Este año, en lugar de aumentar, la cantidad de estudiantes cayó de forma abrupta. “Hubo 650 estudiantes menos”, dice. “Se fueron”.

Al mediodía siguiente, vagando por Manassas, paramos a comer en La Antorcha, restaurante Sal-Mex. Aunque desde su brillante exterior amarillo y azul no parece gran cosa, el lugar es agradable y cuidado, con manteles blancos, sillas de cuero color piel y una máquina de discos con música grupera. Silencioso, también. No hay nadie más que Beatriz Monge, una salvadoreña de 21 que es la que atiende. Le saco una foto con la sandía a la que le está cortando un borde de dientes triangulares como una corona y le pregunto que si siempre está tan quieto. No, antes venía más gente a almorzar, pero es que es el pueblo el que está vacío. Vacío de latinos.

”La gente vendió sus casas, los niños dejaron la escuela –dice–, porque la policía se los podía llevar”.

Nos vamos. Los únicos que entraron mientras comíamos nuestras pupusas con concloroco, queso y chicharrón fueron dos tipos que preguntaron si podían dejar una pila de guías gratuitas para que la gente se las llevara.

Desde un par de semanas antes de llegar, vengo tratando de contactar a los integrantes de Help Save Manassas. Al fin y al cabo, la historia acá la escriben ellos, los que ganaron. Pero ninguno me contesta los correos. Igual, en su sitio web tienen una lista de comerciantes locales que adhieren al programa Do the Right Thing –”Haz lo correcto”–: no contratan a nadie sin papeles. El primero en la lista es el taller de chapa y pintura Andrews Auto Body.

El dueño, Ray Andrews, es más simpático y… ejem… más cobrizo de lo que pensé. Mis prejuicios se me quedan patinando en la cabeza por un segundo. Es que Ray tiene cara de latino, no de European-American ultra-nativista que odia a los “illegal aliens”. O, mejor dicho, tiene cara del estereotipo del latino: piel cobriza, cabellos negros. Para completar, barba y bigote negros. Al rato, me entero: Ray es un Native American, un indígena, un americano originario. Nació en Ohio pero es miembro de la tribu Sault Ste. Marie de la Nación Chippewa, basada en Michigan, en la frontera con Canadá.

–Me lo preguntan todo el tiempo –dice Ray, parado afuera del taller, de camisa caqui arremangada, con la típica etiqueta bordada de los mecánicos: “Ray”.

–¿Qué cosa?

–Que si hablo español, que si estoy “legal”.

Cuando perdió su licencia de conducir y tuvo que sacar otra, Ray Andrews, 43 años, descendiente de los que vivían en Estados Unidos antes de que Estados Unidos existiera, tuvo que probarle a los burócratas desconfiados que es estadounidense. De hecho, dice su esposa Vicky, tuvo que llevar cuatro documentos distintos para demostrarlo.

“Me pedían la Green Card”, dice Ray. La tarjeta verde, el documento de los inmigrantes legales. También la policía lo detuvo un par de veces mientras manejaba, sin razón aparente.

Ray asegura que no tenía idea de que su negocio aparecía en el sitio de Help Save Manassas, que él no se anotó en esa lista. Recuerda haberle dado su tarjeta de presentación a uno de los miembros, nada más. Igual, sí está de acuerdo con el grupo en algunas cosas. “Estoy en contra de que cualquier inmigrante ilegal, no importa de dónde sea, de México o de Inglaterra, venga y reciba un montón de programas de asistencia pública”, dice.

Separados sólo por unas cuantas cuadras de las tranquilas calles del condado de Prince William, Gaudencio Fernández y Ray Andrews son dos descendientes de los primeros americanos, dos “americanos originarios”, como escribió Fernández en su pared. Sin embargo, sus visiones son tan divergentes que se chocan. Lo que para el mexicano son fronteras artificiales, para el estadounidense son límites reales que deberían mantener separadas a las personas “legales” de las “ilegales”. La identidad que Fernández usa para justificar la presencia de los latinos en Estados Unidos es para Andrews lo que le da el derecho a exigir que no se les permita entrar.

* * *

No todos los latinos son tan militantes como Gaudencio o Teresita. Casi una semana después de Manassas, pasamos por Milton, un pueblito breve en el norte de la Florida, en la costa del golfo de México. Milton también vio partir a sus latinos, pero aquí fue después de una redada de la Migra.

En La Hacienda, un restaurante mexicano, el dueño Gerónimo Barragán acaba de llegar del servicio religioso de su iglesia baptista. Nació cerca de Guadalajara, pero cuando habla en inglés, lo hace con el acento arrastrado, de diptongos largos, de los sureños. Viste prolijo, próspero, de corbata y camisa blanca y pantalones pinzados aunque el restaurante está cerrado por ser domingo. El poco pelo que sigue a su frente amplia va bien cortito, resalta sus orejas pequeñas. El restaurant es grande y con pretensiones –es uno de dos que tiene Gerónimo–. Los únicos sonidos vienen de una mesa del fondo, donde unos amigos suyos, miembros de su iglesia, conversan bajito.

En febrero, el sheriff local y agentes de Inmigración salieron de redada por negocios del condado, en busca de personas que estuvieran usando identidades robadas para poder trabajar como si fueran “legales”. Tras el arresto y deportación a México y Guatemala de diez de sus empleados, espero indignación, piedad, puños levantados al cielo.

“Aunque en este caso nos tocó perder, estamos de acuerdo con lo que los líderes están haciendo”, dice Gerónimo, serio y pausado. “Este país está luchando por tener a todo el mundo identificado, legal. No estamos en contra. El país hace lo que tiene que hacer”.

De todos modos, la deportación de sus diez empleados seguro lo afectó… ¿no? Sí, dice, le costó mucho conseguir nuevos trabajadores para reemplazarlos. ¡Plop!

De hecho, cuando algunos residentes del pueblo organizaron una protesta contra la redada, Barragán no fue. No sólo eso: se reunió con el sheriff para asegurarle que no le guardaba rencor. “Fui a decirle que no había resentimiento con él –dice–. No estábamos involucrados en eso ni en ningún movimiento así. Sólo queríamos ayuda para volver a abrir nuestro negocio. Entendimos que era su deber”.

Un tipo como Gerónimo, empresario próspero en el Sur conservador, quizás cuestiona la imagen generalizada de las ideologías de los latinos en Estados Unidos. Pero no todos son pro-inmigrantes a cualquier precio, no todos creen en “La Raza”. Hay gente que lo único que quiere es que la dejen en paz, que la dejen prosperar si puede o que la dejen trabajar duro hasta que eso suceda. Que no le pidan ir a votar cada dos años, porque no le interesa la política. Que no le cobren demasiados impuestos –pero los pagará si la ley lo manda–. Hay gente cuyo sueño americano pasa por la asimilacion total, por vivir para ver el día en que Sánchez sea tan “American” como el irlandés Kennedy.

La casa con jardín grande, garage para dos autos y un aro de básquet en la entrada es una aspiración que trasciende las etnias y las nacionalidades.

* * *

Al salir de Virginia y entrar a Carolina del Norte, dejamos la interestatal y empezamos a viajar por carreteras más pequeñas. Alguna granja aparece al costado del camino y el olor a bosta invade el carro en algunos trechos. La placa de un auto dice I ASKGOD, “yo le pregunto a Dios”, otra dice ASK GOD Y, “pregúntale a Dios por qué”.

El sur de Estados Unidos vivió en las últimas dos o tres décadas una explosión demográfica de latinos que llegaron atraídos por el trabajo en el campo y en plantas procesadoras de alimentos. La ecuación racial antes era blanco contra (o sobre) negro; los hispanos vinieron a alterar ese equilibrio en cada pueblo y ciudad. Pasamos la noche en un campamento cerca de la playa de Emerald Isle, sobre el Atlántico. Pero en esas horas en la zona balnearia, no vemos más que blancos – colorados, más bien, ya que están veraneando.

Nunca vi el sedentarismo a la Homero S. mejor explicado que cuando entramos al campamento la primera noche. “Acampar” aquí significa llegar en una casa rodante del tamaño de un colectivo –que, más de una vez, lleva un auto o camioneta a remolque– y empezar a bajar todo tipo de objetos y comodidades: mesas, sillas, bicicletas, toldos con mosquitero hasta el suelo para poner sobre las mesas y sillas, ¡antenas satelitales! Cada parcela de acampado tiene su propia mesa y bancos de picnic, electricidad, llave de agua potable, fogata con parrilla… He dormido en pensiones con menos lujos.

A la mañana, camino a una entrevista en la parte más rural del estado, vemos un par de tipos que transpiran en el sol fuerte del mediodía, subidos a la caja de un camión donde acomodan fardos de hojas verdes de tabaco recién recogidas. Me bajo a conversar con ellos. Uno de los trabajadores se subió a la cabina del camión y está por arrancar para llevarse el tabaco a un galpón de almacenamiento. El otro es muy parco, así que hablo con el conductor: Diego Ramírez, 33, de Ciudad de Guatemala.

“¡Puro Obama, claro que sí! Creemos que puede ser el cambio –dice, apenas me asomo por la ventanilla derecha–. No queremos más guerra y queremos que mejore la economía. Con McCain va a ser la misma historia de Bush”.

De repente, Diego arranca el motor, nervioso. Acaba de llegar su jefe: parece que los muchachos no tienen tiempo reservado para atender a la prensa en su jornada laboral. El jefe estaciona a unos metros y se baja apurado. La cabina donde está Ramírez está oscura y me cuesta sacarle una foto. Diego se pone más nervioso, mira al jefe acercarse, me mira a mí para la foto, al jefe, a mí. “¡Ya, Don Diego! ¡Gracias!”, dice. “¡Ya, Don Diego!” El jefe pasa por delante del camión y llega hasta a mí.

“What’s going on here?” ¿Qué pasa acá?

Gordo, robusto y pelado, de cara colorada y lentes oscuros. Diego aprovecha para arrancar; no sé si lo metí en problemas. En el auto, mi novia saca fotos del altercado, que se verán como una fotonovela de acción.

Le cuento al jefe qué pasa y no sé si se calma o simplemente no le importa. Le hago un par de preguntas pero entiendo poco por su cerrado acento sureño. Asegura que todos sus trabajadores tienen papeles y se sube a su camión. El peón parco arroja en la caja las pocas hojas de tabaco que quedaron en el suelo y se van.

Aliviado, subo al auto y retomamos la ruta.

Una de las fotos de Diego muestra su cara transpirada debajo de la gorra, el torso desnudo brilloso, la mano izquierda desplegada en un saludo. Intenta sonreír, pero ni sus labios ni sus ojos lo logran.

No llegó a decir si era ciudadano estadounidense, ni si estaba “legal”. No dijo si podía votar. ¿Contaba realmente su fervor por Obama, su entusiasmo porque las cosas mejoraran en Estados Unidos? ¿A alguien le importa la opinión de los “ilegales”?

* * *

Los latinos de la zona no tienen mucha conciencia política, comenta al rato Juvencio Rocha Peralta. Nació en Veracruz, México, hace 44 años y llegó a esta zona rural cuando tenía dieciocho y los latinos eran pocos y extraños. Juvencio vino a Estados Unidos sin papeles, pero se acogió a la amnistía para indocumentados que declaró el presidente republicano Ronald Reagan en 1986. Trabajó en el campo y en construcción pero también fue a la universidad y se graduó en administración de empresas. Pronto se convirtió en activista comunitario, al “ver las injusticias” que sufrían los latinos en la zona y la ausencia de organizaciones que los representaran. Ahora preside la Asociación de Mexicanos en Carolina del Norte y trabaja en una oficina con aire acondicionado en un community college –especie de institutos terciarios con carreras de dos años– en Kinston, un pueblo rodeado de plantaciones de tabaco y plantas de procesamiento de alimentos donde los latinos son casi invisibles. Viven a las salidas del pueblo en lotes de mobile homes –tráilers hechos viviendas permanentes, sinónimo de pobreza rural–. Peinado con prolijidad, de camisa blanca sin corbata, Juvencio lleva una placa en el pecho que lo identifica como coordinador de Educación Técnica. Los pasillos del college están vacíos de estudiantes, que volverán en septiembre para el comienzo de las clases.

Las iniciativas antiinmigrante también avanzan por estas tierras. La senadora republicana Elizabeth Dole, que representa al estado, basa su campaña de reelección, entre otros temas, en su lucha contra la inmigración ilegal. Pero los latinos que ya son ciudadanos no reaccionan, dice Juvencio, sentado en el fresco de su oficina mientras los truenos de una tormenta de verano prometen un respiro del calor húmedo del sur.

“Lamentablemente, el porcentaje de los que van a las urnas es pequeño. Los que nos preocupamos por estas cosas no vamos a las urnas para tratar de quitar a esta gente”, dice. “La gente se siente más cómoda y no sale a practicar sus derechos civiles. Somos muy conformistas: ‘Tengo documentos y mi familia está bien, entonces, como decimos en México, que se joda el otro’”.

Los latinos de la zona son pobres, comenta. Trabajan en campos de tabaco[DG1] , pepinos y tomates o en plantas donde se procesan pavos, pollos y otros alimentos para consumo masivo.

Tras dejar su oficina, recorremos despacio un lote de mobile homes en el auto. Son tres o cuatro cuadras de un tráiler junto a otro, separados por unos metros donde cada vecino estaciona su auto o camioneta. Las viviendas son de madera o de chapa, del ancho de una habitación. Se ven casi como vagones de tren. No hay casi nadie afuera: el tiempo está lluvioso y es media tarde, cuando la gente ya volvió de trabajar en el campo o en la fábrica. El ambiente es de siesta.

Vamos casi de salida cuando le pido a mi novia que frene para poder sacarle una foto a un tráiler pintado de bandera mexicana. Techo verde, paredes blancas, base roja. Cuando me ve sacarle fotos a su casa, Mario Córdoba, de dieciséis años, sale levantando las palmas de las manos, desafiante, encogiendo los hombros en una pregunta.

Es bajito y sus bermudas largas a cuadros que cuelgan de un boxer a cuadros que cuelga de su cintura lo dejan aún más chaparro. El sol le marcó en el torso la silueta de una camiseta sin mangas de tiras finas sobre los hombros. Lleva el pelo negro brilloso de gel y pulseras de colores en la muñeca izquierda.

–Por los colores… –le grito desde el auto para tranquilizarlo, señalando la casa.

–Ah… –sonríe y asiente con la cabeza.

Mario es de San Diego, California. También vivió en el D.F. unos meses, hace poco. Su familia llegó a la costa este hace unos seis meses para trabajar en el campo. Son todos ciudadanos estadounidenses, pero cree que ninguno va a ir a votar. Él tampoco votaría si tuviera la edad, porque los candidatos siempre hacen lo mismo.

–Muchos dicen que van a dar papeles y nunca hacen nada. Barack Obama dice que esto, que lo otro, pero nunca se sabe.

Igual, cuenta, “dicen que la raza latina lo va a votar, por los colores”. Los colores de piel, claro.

* * *

Irene Moreno, otra vecina del lugar, nos cuenta que mañana no va a ir nadie a trabajar, porque se dice que la Migra va a estar en las rutas. En el campo, donde el transporte público no tiene razón de ser, manejar es sinónimo de trabajar. El gobernador del estado había anunciado controles de tráfico para evitar que la gente manejara borracha el fin de semana y entre los 700 mil latinos del estado –se estima que 400 mil son indocumentados– esto desató una bola de nieve de rumores.

“La gente está muy asustada”, dice Irene, de Durango, México, que es residente legal y trabaja en una fábrica de hilos. Parada en el porche de su tráiler color salmón, abraza a su niña de tres años, la menor de sus tres hijos. “Parece que mucha gente se va a quedar en su casa, no va a salir”.

El día antes, en Siler City –un pueblo de similar tamaño del otro lado del estado–, se decía lo mismo. La gente no paraba de llamar a una organización de ayuda a los inmigrantes para preguntar si era seguro salir en auto.

Ese fin de semana, latinos de todo el estado se quedan encerrados en sus casas, asustados. Todo por un control rutinario de autopistas, de los que en Carolina del Norte se hacen todos los veranos.

* * *

–Los morenos son muy flojos –dice, sin vueltas, el barman Juan Carlos Alonso, cuando encuentra un minuto para charlar al final de la barra del restaurante La Nopalera.

He escuchado cosas parecidas sobre los negros otras veces en conversaciones informales con latinos en Estados Unidos. Pero es raro que alguien se lo diga, con nombre y apellido y foto, a un periodista que está tomando notas.

Alonso tiene 32 años y vive en Savannah, Georgia, que fue una de las ciudades importantes del Sur confederado cuando desde su puerto se exportaba el algodón que cultivaban los esclavos. Hoy, casi el 60% de la población es negra. El barrio histórico es pintoresco y está lleno de turistas pero, fuera del centro, la ciudad se ve pobre y marginada.

Llego a La Nopalera después de una tarde frustrante y calurosa de buscar el inexistente barrio latino de la ciudad. Los latinos son relativamente pocos, por lo que no hay tantas tiendas y restaurantes como para decir que exista una zona hispana propiamente dicha. Sí logramos comer unos tacos y gorditas de chicharrón en La Comarca, tienda y restaurant mexicano. Afuera, en una pared, un cartel anuncia bandas de música grupera que tocarán en el Club Xtacy y otro ofrece: “Marranos, chivos, borregos, cabezas (de res). Previamente destazados y pelados. Órdenes sólo los martes”.

Es una tarde calurosa y Alonso, nacido en Puebla, prepara margaritas para un grupito de chicos y chicas rubios que apenas deben pasar los 21, la edad legal para beber. Él no va a votar porque aún no tiene la ciudadanía estadounidense, pero está claro que no quiere un presidente negro.

“Si queda Obama de presidente, les va a dar más facilidad de ser más flojos”, dice de los negros.

Así queda expuesta la tradicional guerra de prejuicios entre dos minorías que suelen competir en los sectores más bajos del mercado laboral. Los latinos, según algunos negros, vienen a arruinar todo, al aceptar trabajar por poca plata. Los negros, según algunos latinos, no quieren trabajar y viven de la asistencia social.

Me quedo pensando: si un votante va a basar su elección en sus inclinaciones racistas, ¿por qué, en lugar de a un señor negro, va a votar a un señor blanco, tan blanco como todos los presidentes estadounidenses hasta ahora?

Me viene a la mente lo que me dijo media hora antes Elvira, una mexicana de Guanajuato, dueña del supermercado El Don Juan II, en otra zona de Savannah.

—No creo que el color de la piel de Obama importe, es más el poder de convencimiento que pueda tener —opinó desde detrás de la caja registradora, entre cliente y cliente—. Relaciones difíciles existen entre todas las razas. Votar por un blanco o por un negro viene siendo la misma cosa.

* * *

Nueva Orleans parece en camino a recuperarse, tres años después del huracán. Pero no hace falta manejar mucho para encontrar recuerdos de Katrina. Las casas con ventanas clausuradas con tablones. Las equis de aerosol pintadas por las cuadrillas de rescate en el frente de cada vivienda, con números que indican quién estuvo allí y cuántas víctimas encontró. Los carteles en los postes de luz que ofrecen servicios de demolición y reconstrucción, todo llamando al mismo teléfono.

Tampoco hay que andar mucho para encontrar otra consecuencia del huracán de 2005: los obreros latinos que llegaron en masa apenas pasó la emergencia para trabajar en la reconstrucción.

El barrio de Mid City tiene muchas de esas casas desvaídas, sin arreglar. En algunas vive gente. En otras, el moho aún cubre las paredes. En el porche de una casa de paredes azul viejo que no se ve tan bien encuentro a los hondureños de Copán Ruinas: cuatro hombres jóvenes, dos hermanos, todos oriundos de la misma ciudad, cada uno llegado por su cuenta. “Nos juntó la necesidad”, dice uno y se ríen. Julián, Bonérjez, Manuel y Edwindescansan de otro día largo de trabajo en construcción, en demolición, en pintura o en lo que sea. Haciendo lo que hace la gente trabajadora en cualquier pueblito de América Latina cuando vuelve de su jornada y el calor está bajando: sentarse delante de la casa a hablar bajito de cualquier cosa, ver gente pasar, matarse los mosquitos y sacudírselos de la palma de la mano.

El barrio es pobre y parece tranquilo. Pero los hondureños dicen que después de que oscurece no salen para nada, porque “los morenos friegan bastante”. Desde la explosión demográfica hispana de la que ellos son parte, ha habido muchos ataques de negros contra hispanos. Pero, más que una cuestión racial, pareciera un tema económico: los latinos indocumentados tienen mucho dinero en los bolsillos los días de pago porque no pueden abrir cuentas de banco; para los asaltantes, son walking ATM, cajeros automáticos caminantes; los asaltantes, parece, tienden a ser negros.

–Cuando hay trabajo, nosotros trabajamos, y salir, casi no salimos, porque hay que cuidar el dinerito, por si se queda sin trabajo uno –dice Manuel Guerra, de 32 años, el más veterano de los cuatro, de bigote finito, sentado en una silla de plástico, vistiendo sólo unos jeans.

Una consecuencia inesperada de esta ola inmigratoria es que muchos latinos de los de antes, los afincados hace tiempo en Nueva Orleans y los nacidos allí, redescubrieron su identidad cultural.

Antes, los latinos eran “invisibles” en la ciudad, cuenta Diane Schnell, hija de hondureños, nacida y criada aquí. “Había un supermercado, dos restaurantes y el consulado hondureño, y eso era todo –dice–. Ahora hay unos 10 o 12 supermercados y las tiendas se han triplicado o cuadruplicado. Abrieron un consulado mexicano, también”. Sus padres ahora pueden comprar aquí el queso blanco que antes se hacían traer por amigos desde Honduras.

Estoy en la oficina de Diane porque es la directora de marketing (y la directora de noticias, es una empresa pequeña) del canal 42, parte de la cadena en español Telemundo. El canal arrancó en 2007 y en julio pasado lanzó el primer noticiero en español de la historia de la ciudad.

Desde las ventanas de la oficina se ve la superficie oscura del lago Pontchartrain, que junto al río Mississippi mantiene a Nueva Orleans rodeada de agua. Agua que está más alta que la propia calle y que, empujada por Katrina, desbordó los muros de contención. Faltan unas semanas para que Gustav pase cerca, más o menos para el aniversario tres de la tragedia, y la prensa nacional vuelva a prestar atención y a mandar a esos cronistas a quienes les encanta flamear como banderas delante de una cámara en vivo.

Diane también cambió, como cambió su ciudad. Como para otros hijos de latinos, el español había sido para ella sólo el idioma de los padres y los abuelos, inútil fuera de las puertas de casa.

—Ha sido una experiencia de aprendizaje para mí. Antes, era más estadounidense, básicamente era todo lo que necesitaba. Sólo hablaba español en casa, pero porque mis padres querían que aprendiera ambos idiomas. Pero ahora lo uso más: trabajo aquí en Telemundo, veo la demanda que hay, y siento que es una gran oportunidad para mí poder ayudar a una comunidad que lo necesita.

En esta campaña electoral, dice Diane, sólo el republicano John McCain ha sacado avisos en español en el canal 42. Es que Obama, no necesita votos latinos en Luisiana. Al parecer, su campaña apuesta a ganar con la mayoritaria población negra, así que no necesita gastar dinero en convencer a los hispanos. Esos fondos se los puede dedicar a los cuatro estados donde los hispanos sí pueden definir la elección.

* * *

Después de Nueva Orleans, los días empiezan a pasar más rápido. Para cuando entramos a Texas, mi novia está cansada de manejar y yo, de trabajar. Decidimos no detenernos en Houston, me pongo al volante para que los dos descansemos y nos metemos al corazón de Texas mientras cae la noche.

Dormimos en La Grange, en un motel de una familia india de la India, donde el cartel de letras movibles parece estancado en los ’50: “Teléfono. TV a Color”, promociona.

Paramos en Smithville, un pueblo ínfimo con camionetas grandotas en la calle principal y un único restaurant mexicano, México Lindo.

Una de las mozas, Sanjuana Moreno –veinte años, nacida aquí– dice que no le interesa votar porque no siente que ella pueda hacer una diferencia. “Obama nos puede beneficiar más que el otro”, dice, igual. “Más que nada, porque es moreno”. El mánager Olegario Huerta –cincuenta, residente legal pero aún no ciudadano– admite que no sabe mucho sobre los candidatos. “Que gane el que va a dar papeles”, dice, más como chiste que como manifiesto.

—Toño, ¿tú a quién le vas? –le dice a su cuñado, que trabaja en la cocina.

Toño se encoge de hombros y sonríe, pícaro.

—¿Yo? A las Chivas.

* * *

Tras dos semanas y 6.692 kilómetros, un polvoriento Subaru blanco entra anónimo y triunfal al tráfico endiablado del D.F. una tarde de domingo. No nos podemos quejar: el único desperfecto fue un reventón en la autopista camino a Nueva Orleans.

Unos días después, en un discurso de 44 minutos en la convención demócrata, Obama dedica apenas 33 palabras al tema de la inmigración y usa una parte para decir que no quiere que la contratación de ilegales socave los salarios estadounidenses.

McCain ni siquiera menciona el tema en forma directa en la convención republicana. Usa ese recurso, supuestamente emotivo, de los discursos gringos en que el político habla de personajes “reales” para que la audiencia pueda “conectar” con el mensaje. “La hija latina de trabajadores migrantes”, entona, merece “la oportunidad de alcanzar el potencial que Dios le dio”. De los padres hipotéticos de la chica hipotética, no dice nada.

Me acuerdo de Juvencio, el activista de Carolina del Norte, quien se quejaba de que los candidatos no hablaban de los temas que le importan a él y a otros latinos. Me acuerdo de Diane, la hija de hondureños en Nueva Orleans, quien, si tuviera a los candidatos enfrente, les preguntaría qué piensan hacer con los inmigrantes indocumentados. “La comunidad hispana quiere estar segura de que la van a respetar, a tratar de la misma manera que a los demás, que no va a ser acosada ni encasillada –me dijo–, están aquí, están ayudando a reconstruir, quieren ser reconocidos por las cosas buenas que hacen acá”.

El silencio de los candidatos, sin embargo, es una táctica selectiva. Después de las convenciones, dan entrevistas a la cadena en español Univisión. Ahí, se desviven por mostrarse del lado de los hispanos, diciendo cosas que no dicen cuando el micrófono es de ABC, NBC o CBS. McCain asegura que no votó a favor del muro fronterizo, cuando cualquiera puede buscar en internet el registro de la votación en el Senado y ver el “Yea” al lado de su nombre. La esposa de Obama le dice a una radio hispana de Los Ángeles que la reforma migratoria va a ser una de las prioridades de su marido, junto con el fin de la guerra en Irak. Qué raro, entonces, que sólo la mencione ante audiencias hispanas. Es, claramente, un tema incómodo, que a los dos candidatos les puede causar más pérdidas que ganancias.

La verdad es que los latinos son importantes sólo en los estados donde pueden inclinar la elección para uno u otro lado. Son importantes porque Florida vale 27 votos electorales, Colorado, 9, y Nevada y Nuevo México, 5 cada uno. En los estados donde no hay duda de quién ganará –Nueva York y California porque siempre serán progres, Texas y Tennessee porque siempre serán “conservas”–, donde los hispanos no hacen diferencia, no vale la pena gastar plata en seducirlos.

Las encuestas anuncian que un número récord de latinos votará en esta elección y que dos tercios votarán a Obama. Pero las encuestas no tienen rostro y los latinos –ecuatorianos, salvadoreños, mexicanos, tejanos, guatemaltecos, hondureños, californianos y más– pueden ser bien distintos entre sí.

Indiferentes, como Mario, el adolescente de Kinston. Fervorosos, como Diego, el cosechador de tabaco. Conservadores, como el restaurantero Gerónimo, en Florida. Militantes, como Teresita, la activista proinmigrante en Virginia. Prejuiciosos, como el barman Juan Carlos. Interesados, como Francisco, el político de Nueva York. Temerosos, como los que no salieron a manejar aquel fin de semana en toda Carolina del Norte. Desafiantes, como Gaudencio y su Muro de la Calle Libertad.

* * *

Cuando estoy terminando este texto, recibo un correo electrónico de Diane Schnell desde Nueva Orleans. El susto de la evacuación por el huracán Gustav ya pasó, pero dejó una novedad: el gobierno de la ciudad esta vez emitió alertas en español, reconociendo la presencia creciente de la población latina.

Diane me cuenta que la campaña de Obama aún no ha comprado un solo espacio publicitario en el canal.

—Supongo que no necesitan o no quieren nuestros votos –escribe–. Vamos a ver si ésa es una buena decisión de su parte.

Calle 13, la maravilla del rap boricua le suma inteligencia al perreo

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1 de agosto de 2006

Le pasó a la cumbia, le pasa al reggaeton. Cuando un ritmo caliente y contagioso se expande más allá de los reductos donde nació –cuando Shakira y Snoop Dogg suman su voz al perreo masivo–, pronto se les empieza a exigir a los artistas del nuevo género que muestren un poco de conciencia social.

Para muchos, ese beat cha-bum-cha que trajo tantos hits y tanto sudor ya empieza a sonar cansador. En la industria y en los medios hay quienes advierten que las dos P del “perreo” y el “pariseo” no alcanzarán para sostener al género en los próximos años. Ante esta encrucijada, hay artistas que buscan empujar al reggaetón a una nueva fase, donde la música no sea toda igual y las letras no sean sólo sexo “duro” y bravuconadas. Al frente de esta avanzada está Calle 13, la respuesta alternativa al reggaetón mainstream.

“Creo que por eso Calle 13 ha sido bien fuerte en Puerto Rico y se está regando fácilmente”, dice Residente, el rapero y letrista René Pérez Joglar, tras regresar de sus primeros shows en Centroamérica. (La otra mitad del grupo es Visitante,su hermano de crianza Eduardo José Cabra Martínez.) “En el disco hay, no sé si un compromiso social, pero sí una información que anteriormente en el género no estaba pasando.”

Colgado al celular mientras maneja por San Juan, Residente dice que le gusta la fuerte difusión under que han tenido (“como cuando me llegó Manu Chao”, compara). Y que antes que conquistar el mercado estadounidense, prefiere ganarse a Sudamérica. La camioneta que maneja tiene vidrios oscuros a la fuerza, dada la fama que le trajo el lanzamiento del disco debut, Calle 13, el año pasado.

El dúo no deja de lado la cara fiestera del género, y sus primeros singles (“Se vale to’”, “Atrévete te te”, “Suave”) son reggaetones perreables y subidos de tono. Pero Calle 13 se diferenció rápido, cuando el año pasado dedicó un rapeo lleno de insultos nada menos que al FBI. Fue poco después de que los federales mataran al revolucionario “machetero” puertorriqueño Filiberto Ojeda Ríos. “Fue un escándalo aquí por un tiempo. Pero entiendo que haberlo matado a él es más fuerte que la letra”, comenta.

Calle 13 también innova a la hora de la diversión. “Atrévete te te” es tan sensual como cualquier reggaeton, pero con una ironía inteligente, una intro cumbiera y solos de clarinete nada comunes en este género. Su letra resume la actitud Calle 13. Llama a una muchacha cool a “salir del closet” y bailar reggaetón sin complejos: “¿Qué importa si te gusta Green Day? ¿Qué importa si te gusta Coldplay?”. Eso… ¿qué importa?

- Ver en el sitio de Rolling Stone.

Séptimo Sentido

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Un viaje al voto latino, en Séptimo Sentido.

Como cuento en la página sobre Etiqueta Negra, en agosto de 2008 emprendí un roadtrip a través de Estados Unidos para hablar con los pobladores latinos sobre la elección histórica que llevaría meses después a Barack Obama a la Casa Blanca.

Luego del viaje, escribí un reportaje narrativo que se publicó en dos versiones distintas en aquella revista peruana y en la salvadoreña Séptimo Sentido.

La versión de SS es más parecida a mi texto original, en cuanto a que está narrada en presente y con una presencia más fuerte del autor. Entregar el mismo texto a dos editores distintos fue una experiencia interesante, ya que pude observar cómo el reportaje tomaba direcciones diferentes de acuerdo a las negociaciones con cada uno.

El reportaje en su versión salvadoreña, “Un viaje al voto latino”, se puede leer aquí:

- Leer en este sitio.

- Descargar en pdf.

De regreso de la Copa América

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Me pasé la mayor parte de julio en Mendoza, Argentina, cubriendo la Copa América para la AP. Fue una gran experiencia periodística, con mucho trabajo por la cantidad de equipos concentrados allí y con el desafío de aguantar el frío del invierno cerca de la Cordillera de los Andes.

Además de numerosas noticias diarias sobre equipos, partidos y demás, mi trabajo incluyó otras tareas multimedia: tuitear partidos en vivo, mandar fotos y comentarios sobre la Copa también por Twitter y producir un slideshow sobre la primera fase para una infografía interactiva que publicaron algunos clientes selectos de la agencia.

Hasta agosto de 2011, el interactivo todavía estaba en este sitio. (Para ver el slideshow, deben ir a la pestaña “A Cuartos”).

Aquí les dejo links a algunas de las crónicas de partidos y otras notas que publiqué desde Mendoza y San Juan:

Estados Unidos: ¿Y ahora qué?

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5 de noviembre de 2004

George W. Bush derrotaría al demócrata John Kerry en las elecciones de 2004.El ciudadano Barry Seltzer no era nadie hasta la semana pasada. Saltó a la fama cuando, mientras manejaba su Cadillac plateado por la ciudad de Sarasota, Florida, vio a un grupo de militantes del Partido Republicano. Entre ellos estaba la congresista Katherine Harris, quien como secretaria de Estado de la Florida en el año 2000 fue el rostro republicano del escándalo eleccionario que concluyó con la victoria de George W. Bush.

Seltzer, demócrata de 46 años, apuntó su auto hacia Harris y aceleró. El Cadillac trepó a la vereda pero, justo antes de atropellar a los republicanos, Seltzer volvió a virar y se alejó del lugar. No hubo heridos, pero cuando la policía lo arrestó un rato después, gracias a que un testigo anotó su número de patente, Seltzer confesó con naturalidad: “Estaba ejerciendo mi derecho a expresar mis ideas políticas”.

La anécdota puede parecer increíble. Pero Seltzer, quien será enjuiciado por “ataque agravado con un arma mortal”, es sólo un ejemplo de los extremos a los que llegó la campaña presidencial 2004 en Estados Unidos.

Los expertos dicen que no habían visto a la sociedad estadounidense tan profundamente dividida por lo menos desde la época de la guerra de Vietnam, cuando Richard Nixon fue elegido presidente.

Después de una campaña tan sucia como ésta, ahora la pregunta es: ¿Cómo se las arreglarán los bandos de esta sociedad fracturada para convivir durante los próximos cuatro años?

“He bautizado a esta elección como ‘la elección del Armagedón’”, dijo quien mejor explicó cómo se sentían los estadounidenses antes de ir a votar, el gurú de las encuestas políticas, John Zogby.

· · ·

“Cada bando”, explicó Zogby el viernes pasado en una conferencia de prensa con periodistas extranjeros, “dice, básicamente, que si el otro bando gana será el fin del mundo tal como lo conocemos. Hemos tenido elecciones ajustadas antes, pero nunca como ahora –o casi nunca– hemos estado tan polarizados, tan enojados y tan poco deseosos de aceptar al ganador si es el otro tipo”.

Los simpatizantes de uno y otro partido se tomaron la elección como algo muy personal. Muchos decían que se irían del país si ganaba el otro candidato. El financista de origen húngaro George Soros, quien destinó 25 millones de sus dólares a hacer campaña contra Bush, aseguró que si éste seguía en la Casa Blanca se encerraría en un monasterio “para reflexionar sobre qué es lo que estamos haciendo mal”.

“Esta es la elección más emotiva que hemos tenido desde 1968″, le dijo a USA Today Curtis Gans, director del Comité de Estudio del Electorado Estadounidense. Ese año, en plena guerra de Vietnam, Richard Nixon venció al demócrata Hubert Humphrey por menos del uno por ciento de los votos. Humphrey era el vicepresidente y, en la mente de los votantes, representaba la guerra que muchos querían terminar. El país estaba partido al medio entre los que exigían abandonar el conflicto y los que temían que hacerlo permitiría el avance del comunismo.

Con millones de votantes que hoy sienten algo parecido, se hace más fácil entender que alguien use su auto como medio de expresión política. Pero hay muchos más casos de lo que el periodista Joel Achenbach del Washington Post bautizó paródicamente como “Síndrome de Ansiedad Pre-Electoral”: Un joven de 18 años amenazó con apuñalar a su novia en Florida, entre otras cosas, porque ella planeaba votar al demócrata John Kerry. “No vivirás para ver la elección”, le habría dicho antes de que la policía lo inmovilizara con una pistola eléctrica. Manifestantes demócratas y republicanos se golpearon con sus pancartas afuera de un lugar de votación en Miami. Al abordar un avión, un pasajero pidió que lo cambiaran de butaca sólo porque la persona de al lado leía un libro del polémico cineasta progresista Michael Moore.

“Ya nadie habla de apatía entre los votantes”, escribió Achenbach, “porque lo que pasa es todo lo contrario. La gente se preocupa demasiado. Están perdiendo el sueño. Tienen pesadillas con encuestas desfavorables”.

· · ·

Quinientos millones de dólares sólo en avisos de TV es una muestra del extremo al que se llegó. La campaña se convirtió por mucho en la más cara de la historia y tanto los dos candidatos como los grupos políticos independientes inundaron la escena pública de mensajes crudos y agresivos.

En una encuesta publicada este lunes por The New York Times, 51 por ciento de la gente dijo que ésta era la campaña presidencial más negativa que recordaban.

Tanto demócratas como republicanos se sienten con derecho a odiar a sus rivales. Los republicanos almacenaban rencor desde los años escandalosos de Bill Clinton y su becaria Mónica Lewinsky, mientras que a los demócratas todavía les dolía el desenlace de 2000, cuando Al Gore fue más votado que Bush y perdió igual.

Estos sentimientos se exacerbaron tanto en los últimos años que está de moda hablar de “los dos países”, el azul demócrata y el rojo republicano. El azul tiñe las costas Este y Oeste y la zona del medio-Oeste, donde están las ciudades grandes, llenas de progresistas. El rojo es el color de la América profunda, de los pueblos pequeños y los productores rurales, de los estados sureños donde la religión es muy importante y la moral, conservadora.

“Esto va mucho más allá de ‘Kerry versus Bush’”, aseguró el encuestador Zogby. “Estados Unidos se enfrenta a esta elección en una situación de dos naciones en guerra, que tienen el mismo tamaño y están más polarizadas de lo que jamás hemos visto en nuestras vidas. Polarizadas cultural, espiritual, demográfica e ideológicamente”.

Al haber dos fuerzas ideológicas entre estos 295 millones de habitantes, el miedo a que ganen “los otros” generó un aumento récord en la cantidad de gente que se registró para votar por primera vez.

· · ·

Los problemas en el escritorio del próximo presidente no son pocos: el caos iraquí y la amenaza nuclear iraní, el terrorismo y la economía que no arranca; los millones de estadounidenses sin cobertura de salud y sin empleo, las batallas interminables sobre el matrimonio gay y el aborto. Entre muchas otras. Tal vez lo más importante de todo es que el presidente deberá proponer uno y quizás dos candidatos a la Corte Suprema, que está en el centro de la batalla cultural y moral entre conservadores y progresistas.

Kerry y Bush prometieron tomar caminos divergentes en muchos temas. Bush habló de prohibir el aborto y los matrimonios entre homosexuales, mientras Kerry dijo querer mantener el aborto legal y dejar que los estados decidan si aprueban uniones civiles entre personas del mismo sexo. Pero como en temas morales no hay forma de que conservadores y progresistas se pongan de acuerdo, probablemente la única manera de que el nuevo presidente logre un consenso suficiente para gobernar será si logra reanimar la economía y el empleo y reparar la seguridad social y el sistema de salud.

En estos temas, las posiciones también son muy distintas. Bush prometió extender sus polémicas rebajas de impuestos, que favorecieron sobre todo a los ricos. Kerry anunció que las anularía y propuso créditos fiscales sólo para gente de bajos ingresos. Bush dijo que avanzaría en la privatización de la salud y la seguridad social. Kerry, por su parte, se opuso a privatizarlos e incluso desearía expandir el sistema de salud estatal para que la mayoría de la población tenga cobertura. Hoy, hay 30 millones de estadounidenses sin protección alguna.

Ambos prometieron, a través de un menor gasto, cortar a la mitad el gigantesco déficit fiscal que creó Bush. Pero la propuesta de “W” suena menos factible, ya que sin volver a subir los impuestos, parece difícil hacer rebajar el déficit.

Kerry también promovió un paquete de 50 mil millones de dólares para combatir el desempleo, ya que Bush fue el primer presidente desde la Gran Depresión cuyo mandato termina con menos puestos de trabajo de los que había al empezar. Bush pareció quedar corto con su propuesta de ayudar a los desempleados con tres mil dólares para gastos de búsqueda de trabajo.

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Irak, sin embargo, no dejó mucho lugar a diferencias entre los candidatos, ya que lo único que Kerry puede ofrecer era una actitud más abierta hacia Europa. Pero el callejón sin salida en que se convirtió el conflicto no dejó espacio para más ideas que entrenar las fuerzas iraquíes, avanzar con las elecciones y abandonar la ocupación lo más pronto posible, algo que ambos dijeron que harían.

Ahora habrá que ver en la práctica cómo se las arreglará la nación para llevar su vida adelante después de una campaña tan divisoria. ¿Lograrán progresistas y conservadores coexistir en forma pacífica? ¿O se enfrentan a otros cuatro años de amargura y división hasta la próxima elección presidencial?

Según la historiadora especializada en la presidencia Meena Bose, la tradición indica que la unificación debería llegar cuando asuma el próximo gobierno. Luego de la ceremonia de enero, dijo, “los partidos se juntan y se concentran en los valores y principios comunes, más allá de los desacuerdos sobre políticas específicas. Espero que esa tradición continúe”.

Sin embargo, el experimentado cronista político del The New York Times R. W. Apple Jr. aseguró en un diálogo online con lectores que ve pocas posibilidades de unificación, “teniendo en cuenta lo amarga que fue la campaña de 2000, el tono de la campaña de este año y esta división partidaria en dos mitades… Pero, por supuesto, los grandes líderes pueden lograr grandes cosas -añadió- y si llega un líder así, puede que se demuestre que estoy equivocado”.

Zogby coincidió: “Hará falta un liderazgo muy fuerte del presidente para restaurar una sensación de confianza, de estabilidad, un sentimiento de unidad, en una nación que va a tener que sanar sus heridas”.

Bush se enfrentaba a un dilema semejante en 2001 luego del escándalo de Florida que la Corte Suprema conservadora resolvió a su favor. Pero Osama bin Laden y sus acciones lo sacaron del aprieto al darle a los estadounidenses una razón para estar unidos más allá de las diferencias morales y los rencores electorales. Ahora, escribió el comentarista televisivo Craig Crawford, “espero que no haga falta otra tragedia nacional para vendar nuestras heridas políticas.”

Con semejante panorama, no sería extraño que en este país los Cadillacs sigan trepando a las veredas.

Una droga reaviva contagios de sida en la comunidad gay de Nueva York

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17 de diciembre de 2004

Entre velas aromáticas y altos jarrones de flores, Beto Mares convivió seis años con su novio Ángel, portador del VIH. Para evitar un posible contagio, fueron siempre cuidadosos durante el sexo. Así, este médico y ex bombero peruano de 37 años, se mantuvo negativo. Su vida en pareja en Queens era tranquila, sin muchas salidas nocturnas. Beto amaba Nueva York porque, a diferencia de Lima, aquí podía ser gay sin ocultarlo.

Cuando hace un año el Sida terminó por matar a Ángel, Beto perdió el control, relata con dolor, sentado en el mismo departamento de Queens. Tres pares de platos cuadrados de cerámica adornan la mesa de centro, pero él ve todo borroso. Sus ojos empañados miran al techo en cada frase entrecortada.

Cuenta que empezó a salir cada vez más a bailar y a consumir cada vez más crystal, una droga que lo hacía sentir el tipo más sexy del mundo y que se llevaba sus problemas, responsabilidades y su sentido común a un rincón lejano de su mente.

Sus encuentros sexuales se multiplicaron. El hogar que había compartido con Ángel se convirtió en escenario de sus noches de juerga con un extraño y con otro y con tres o cuatro a la vez: “El sexo que tenía era totalmente sin protección. Sabiendo que la gente con la que tenía sexo era positiva, no usaba condón”.

La fórmula fue: drogas más sexo, multiplicado por muchos hombres, y sin preservativos. Y el resultado tuvo precisión matemática: en tres meses de crystal y sexo, Beto se convirtió en portador del virus del Sida. “¿Quién me infectó? Yo no sé ¿A quién yo infecté? Yo no sé”.

· · ·

Este hombre musculoso, de jeans ajustados y voz suave que solloza en su living es uno de los tantos rostros de un mal que se extiende dentro de la comunidad gay de Nueva York. El crystal, una droga altamente adictiva que estimula conductas sexuales arriesgadas y que, según los expertos, es una de las principales causas del preocupante aumento de los casos de VIH positivo entre varones gay en la ciudad. El consumo es tal que las autoridades temen que se extienda ahora en forma masiva a otros sectores de la población. Por su capacidad adictiva y el daño que causa, el crystal podría convertirse en el nuevo crack, la epidemia tóxica del siglo 21.

Su efecto más notorio es una fuerte excitación sexual. Parece sal, es un polvillo entre blanco y transparente. Un cuarto de gramo es suficiente para un fin de semana salvaje y se consigue por sesenta dólares. Barato comparado con otras drogas en esta ciudad cara.

En la calle lo llaman crystal meth, Cristina, tina, tiza o speed. Su nombre científico es metanfetamina y es un derivado de las anfetaminas que se fabrica a bajo costo y con ingredientes que cualquiera puede conseguir (amoníaco, ácido de baterías, descongestivos). Se puede inhalar, fumar, inyectar, tragar. Y hay quienes se lo inyectan directamente en el recto con una jeringa sin aguja.

Se dice que los pilotos kamikaze japoneses la usaban durante la Segunda Guerra Mundial. No es exclusiva de la cultura gay: en la última década, su uso se expandió por todo el país desde la Costa Oeste y arrasó sociedades rurales del centro del mapa estadounidense, donde los consumidores son mayormente blancos, pobres y heterosexuales. Según las más recientes cifras oficiales, un millón y medio de personas la consumieron en 2002. Luego de la cocaína, es la droga que más preocupa a funcionarios de la agencia anti drogas DEA.

Pero es en el Greenwich Village y Chelsea, los barrios gay neoyorquinos, donde el peligro se duplica. Allí, la metanfetamina se vuelve inseparable de su sombra, el VIH. Por eso, tres organizaciones civiles acaban de lanzar campañas de publicidad para empezar el combate anti crystal.

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“Te hace sentir invulnerable y sexy”, explica Bárbara Warren, una sicóloga especializada en adicciones que trabaja en el Centro Comunitario de Gays y Lesbianas en el Greenwich Village. Expertos, activistas y ex adictos dicen que el crystal provoca muchas conductas no recomendadas entre grupos de alto riesgo de contagio del VIH: tener sexo durante mucho tiempo y con muchas personas, tener sexo con desconocidos, no usar preservativos o no preguntar si la otra persona es portadora del virus.

Y hay otro efecto peligroso. Junto con la enorme excitación sexual, el speed causa un síntoma que en los círculos gay llaman irónicamente crystal dick (pene de cristal): por más excitados que esté quien lo usa, no puede lograr una erección y eso lo lleva a tener sexo anal receptivo. Otros combinan la droga con Viagra.

“En ningún momento piensas en condones, piensas que tienes el control de la situación. Puedo entender el atractivo del crystal. Nunca me sentí tan poderosa”, cuenta Warren recordando su propia experiencia cuando probó la droga en los años ’60.

“Los consumidores que están en un viaje de crystal se arriesgan más”, afirma en su despacho de la New York University el sicólogo y profesor Perry Halkitis, pionero en la investigación de esta droga en la ciudad. “Es casi la droga ideal para diseminar el VIH”. Semejante cuadro, según Halkitis, creó la posibilidad de una doble epidemia de adicción y Sida en NY. “La droga hace mucho más probable la posibilidad de pasar de VIH negativo a positivo. La mayoría de los nuevos casos de VIH entre hombres gay ocurre con hombres que consumen crystal”.

En las últimas encuestas que Halkitis hizo entre homosexuales que frecuentan nightclubs, bares y saunas, el veinte por ciento dijo haber consumido crystal en forma reciente, el doble que en 1998.

La droga se difunde principalmente en la escena Party N’ Play, una frase en clave que se refiere a la combinación de drogas -crystal, éxtasis, ketamina, cocaína- y sexo como una experiencia en sí misma. Los escenarios habituales son las discotheques gay y un puñado de saunas. Pero, según Dan Carlson, un ex consumidor, también hay “fiestas de sexo (que) son fáciles de hallar por medio de sitios de encuentro en Internet”.

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El barebacking o ‘montar en pelo’ es el hábito creciente de tener sexo sin protección que invade la noche gay. Enojado, además, por la falta de acción contra el speed, Dan Carlson fundó, con otros activistas, el Foro VIH de Nueva York. “Había gente a la que yo no le importaba una mierda. Y querían tener sexo conmigo sin condones”.

Fue en ese ambiente que el delgado y moreno Cristian Gonzales, de 26 años, conoció al crystal en 1998. El peruano llegó a Estados Unidos a los cinco años y ya de adolescente se hizo adicto en las llamadas circuit parties, fiestas de música electrónica que se hacen en distintas ciudades y donde se encuentran jóvenes gay de todo el país.

“Me encantó. Toda esta música, luces, el DJ, chicos lindísimos alrededor mío sin camisa, todo sexy”. La droga potenciaba la experiencia. “La comencé a tomar más y más. Tuve sexo sin protegerme. Ellos (sus ocasionales parejas) también, porque nadie piensa en las consecuencias. Cuando estás ‘viajando’ todo se va afuera de la ventana. Sabes (de los riesgos), pero no te importan”.

Cuando el viaje de crystal termina, la depresión es muy fuerte. “Bajar es horrible. Yo me quería suicidar”, recuerda el activista Carlson.

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A Beto y Cristian la droga empezó a causarles ataques de paranoia. Beto llegó a llamar a la policía porque pensaba que alguien lo acechaba en el apartamento vacío donde estaba. Otra vez, se pasó una semana pensando que sus amigos lo iban a hacer arrestar, que la policía lo seguía en el metro, que había una cámara que lo filmaba desde dentro de su televisor y micrófonos en el teléfono. “Fue la paranoia más grande de mi vida. Por miedo a que la policía me encontrara, boté todas las drogas que tenía en esta casa”. Fue así, casi de manera accidental, que empezó a recuperarse, con ayuda de un grupo de terapia y un médico. No toca el speed desde febrero.

Cristian escuchaba voces, veía gente sin ojos, sombras. “Me preguntaban cosas y yo les respondía. Las voces me decían que tenía que matar gente”. Veía sangre en los cuellos, cuchillos en los corazones. “Un día te sientes muy feliz, otro día te quieres matar”.

La mala noticia es que, a diferencia de la heroína, que se puede tratar con metadona, no hay un medicamento para la adicción al crystal meth, asegura Bret Larson, director de la oficina para Salud de Gays, Lesbianas y Transexuales de la ciudad. Por ahora, la única vía de salida es por medio de sicólogos, terapeutas y grupos como Crystal Meth Anonymous, que tiene veintiún encuentros semanales en Nueva York.

El porqué del crystal se ha discutido mucho. Algunos dicen que la comunidad gay está agotada de tener miedo al Sida. Que gracias a los cócteles de medicamentos hay una generación que no ve al VIH como sinónimo de muerte. O que el crystal es una forma de rebelarse ante una sociedad que rechaza a los gays.

El consumo ha crecido en los últimos seis años, pero el problema hasta ahora no había salido a la superficie. Peter Staley, activista anti Sida y ex adicto, desató el debate cuando invirtió seis mil dólares en pósters que decían: “Grandes Rebajas. ¡Compra crystal, llévate VIH de regalo!” Los habitués de la escena nocturna vieron en los afiches un ataque a su estilo de vida, pero Staley logró la atención de los medios y el gobierno local. “Todos en la comunidad (homosexual) hablaban del tema”, afirma Bill Henning, editor jefe de la revista gay Genre. Y la sensación compartida, dice, es que esto está destruyéndolos.

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Según los expertos, éste es un momento clave para que las campañas de prevención y tratamiento corten el consumo de speed y eviten que se extienda a otros grupos sociales. El agente Christopher Giovino, de la oficina local de la DEA, dice que la situación podría empeorar. “No queremos que se convierta en el próximo crack de Nueva York”, insiste.

Pero el investigador Halkitis hace una predicción poco optimista. “El consumo se va a mantener en el mismo nivel en la comunidad gay y va a aumentar en el resto de la población”. Y advierte: “Estamos empezando a ver uso de crystal entre jóvenes heterosexuales de 18 a 25 años”.

Muchos miran a Los Angeles, donde la epidemia de crystal comenzó hace diez años. “Aquí hay un alto grado de desesperanza en la comunidad gay”, dice desde allí el escritor Patrick Moore. “Aquellos que sobrevivimos a la primera ola de la crisis del Sida estamos viendo cómo nuestros jóvenes marchan, al parecer deseosos, camino a ser infectados”.

Caras

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Fui corresponsal desde Nueva York para la revista chilena Caras, en la que publiqué reportajes de fondo y notas culturales y políticas.

George W. Bush derrotaría al demócrata John Kerry en las elecciones de 2004.

Estados Unidos: ¿Y ahora qué?

Antes de la elección que dará a George W. Bush su segundo mandato, los expertos dicen que no habían visto a la sociedad estadounidense tan profundamente dividida por lo menos desde la época de la guerra de Vietnam, cuando Nixon ganó la reelección. [ + ]

Una droga reaviva contagios de sida en la comunidad gay de Nueva York

Cuando el sida comienza a parecer un mal recuerdo en la comunidad gay de Nueva York, el creciente uso de metanfetaminas puede llevar a un aumento de las conductas sexuales riesgosas, advierten expertos en salud y activistas comunitarios. [ + ]

The Gates, la instalación de Christo en Central Park en 2005.

Fuego en la nieve

De la mano de su mujer Jeanne-Claude, Christo, el artista de las obras gigantescas, llenará el Central Park de color en pleno invierno, con senderos de telas anaranjadas que colgarán de portales de cinco metros. [ + ]

La reapertura del MoMA en revista Caras (Chile).

El nuevo MoMA

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Miami, anyway - Fotos: Diego Graglia

El renacer del Miami cool

Miami, una ciudad que ha sido sinónimo de lo kitsch, comienza a convertirse en un destino para los más exigentes, en especial las celebridades del mundo de la música y de Hollywood. [ + ]

Fuego en la nieve

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Christo vuelve a impresionar. De la mano de Jeanne-Claude, su mujer, el artista de las obras gigantescas está a punto de llevar a cabo el sueño de su vida: transformar su propia ciudad, Nueva York. En pleno invierno, llenarán el Central Park de color, con senderos de telas anaranjadas que colgarán de portales de cinco metros. Será una instalación delirante y original.

Enero de 2005

A pesar del frío y la nieve, este año Central Park se inundará de color en pleno invierno. Una pareja de artistas hará florecer al parque con una obra delirante que sólo se les podía ocurrir a quienes ya envolvieron en tela el Parlamento alemán y el Pont Neuf de París y plantaron cientos de sombrillas gigantes en un valle californiano y otro japonés.

36 kilómetros de senderos anaranjados formarán un laberinto de curvas suaves, en una creación del artista búlgaro-neoyorquino Christo y su esposa francesa Jeanne-Claude. Para ello instalarán 7.500 portales de casi cinco metros de alto, de los cuales colgarán telas de color incendiario para que flameen sobre las cabezas de los visitantes. El lugar, que en invierno siempre se convierte en un paisaje de colinas blancas y árboles negros, será una fiesta de color y de curiosos locales y extranjeros.

The Gates, la instalación de Christo en Central Park en 2005.

Los artistas idearon The Gates (Los Portales) hace tres décadas, pero recién en enero de 2003 la ciudad les dio permiso para convertir en realidad semejante alucinación. La obra promete una experiencia visual única y miles de neoyorquinos esperan el 12 de febrero, día en que se echará a volar tal torrente de color.

En publicaciones locales e internacionales, algunos han catalogado la idea como un ‘arroyo de miel’, otros han observado que el parque será ‘iluminado por fuegos en miniatura’. Unos definen el color de la obra como azafrán, otros dicen que es del tono de los zapallos. Christo y Jeanne-Claude prometen en su sitio web que la obra “será un techo dorado que creará sombras cálidas”.

“Visto desde los edificios que rodean el Central Park- Los Portales parecerán un río dorado que aparecerá y desaparecerá entre las ramas desnudas de los árboles y remarcará el recorrido de los senderos”.

La ansiedad no sólo absorbe a Nueva York. Funcionarios de la ciudad esperan a medio millón de visitantes y estiman que la obra generará ingresos por más de ochenta millones de dólares. Varios hoteles ofrecen paquetes especiales para los turistas. En el Mandarin Oriental –ubicado en una esquina del parque, en los pisos 35 al 54 del nuevo Time Warner Center– una noche en una habitación con vista privilegiada al parque costará como mínimo 1.050 dólares. Eso sí, incluye un libro sobre la obra y binoculares para disfrutarla desde las alturas. Numerosos restoranes prometen platos especiales con azafrán, en homenaje a Los Portales. El MoMA exhibirá películas sobre los trabajos anteriores de Christo y Jeanne-Claude y otro museo expondrá obras del fotógrafo exclusivo de los artistas, Wolfgang Volz.

Sólo 16 días durarán Los Portales en Central Park. “La condición temporal de los proyectos es una decisión estética”, explican los artistas. “Nuestros trabajos son temporarios para provocar la sensación de que deben ser vistos en forma urgente, y con el amor y la ternura que causa el hecho de que no van a durar”.

Si el arte contemporáneo puede ser difícil de entender, Christo y Jeanne-Claude tampoco ayudan a aclarar el motivo de esta obra monumental. Según los artistas, su locura más reciente no tiene explicación más allá de la pura gratificación de crearla.

“Nosotros creamos obras de alegría y belleza. No creamos mensajes. No creamos símbolos. Creamos obras de arte”, ha respondido Jeanne-Claude a un entrevistador de la televisión. “Las obras de arte no sirven para nada, excepto para ser obras de arte”.

“Nadie necesita Los Portales“, ha dicho Christo. “Es totalmente irracional, irresponsable, inútil, sin justificación, no tiene razón de ser, excepto que nos gusta”.

Pero este capricho gigantesco es tan sólo la última creación de una pareja que es el arquetipo del artista neoyorquino. Ambos nacieron el 13 de junio de 1935, él en una familia de industriales búlgaros; ella en Casablanca, hija de un militar francés. Se conocieron en París en 1958 y cinco años después se establecieron en Nueva York, donde aún viven en una ex fábrica en el SoHo. Aunque no les gusta que los simplifiquen como “los artistas que envuelven cosas”, la fama de Christo empezó justamente por hacer eso. Claro que en 1958, sus obras eran, por ejemplo, botellas y latas envueltas. Una década después, ya como pareja artística, habían dado el gran salto al intervenir su primer edificio en Berna, Suiza.

Desde entonces, así como el fotógrafo Spencer Tunick recorre el mundo desnudando multitudes ante su lente, Christo y Jeanne-Claude van de país en país cubriendo objetos gigantes con sus telas. Envolvieron un tramo de costa en Australia, rodearon islotes en Miami con géneros fucsia, pusieron una valla de tela blanca que cruzaba dos condados en California hasta meterse al océano. Hasta lograron que el parisino Pont Neuf pareciera aún más hermoso de lo que es, al cubrirlo en 1985 con una tela dorada.

“Es totalmente idiota llamarnos los artistas que envuelven, dicen ellos: “El envolver no es el denominador común de las obras. Sí lo es el uso de tela, género, lienzo. Material frágil y sensual que traduce el carácter temporal de las obras de arte”.

Aunque llevan más de cuarenta años en Nueva York, nunca habían podido hacer un proyecto a gran escala en su propia ciudad. Muchas veces han dicho que la parte más difícil de sus increíbles obras es conseguir las autorizaciones. La idea de Los Portales nació en los ’70, pero desde entonces habían luchado en vano por su aprobación. De hecho, tuvieron que modificarla en forma considerable para finalmente lograr el permiso: en lugar de perforar el suelo del sacro Central Park, instalarán los portales sobre pesadas bases metálicas apoyadas en los senderos de asfalto. Cuando llevaron por primera vez su proyecto ante las autoridades locales en 1979, la obra fue criticada como un intento de colgar “27 millas de cortinas de baño” en el parque. Ahora, a los 69 años de edad, la pareja verá su obra hecha realidad gracias a que uno de sus fanáticos, Michael Bloomberg, se convirtió en el alcalde de Nueva York.

Pero una idea tan desafiante aún genera oposición. El conservador y populista New York Post la atacó en un editorial titulado: “El despilfarro de dinero de Christo”, donde lamentó que los veinte millones que cuesta el proyecto no fueran destinados a enviar ayuda a las zonas destruidas por el tsunami en el Océano Índico. También algunos ecologistas advirtieron que las aves que pueblan el parque podrían ser perjudicadas.

Por más que haya quejas por el enorme gasto, los artistas están resguardados de cualquier crítica: hasta el último centavo lo pagan ellos, incluidos los salarios de 1.100 trabajadores, los materiales especialmente diseñados, el transporte y almacenaje de las partes, y hasta una donación de tres millones al ente que conserva el parque. Más que una excentricidad, ellos dicen que es su manera de mantener su independencia artística, ya que no deben rendir cuentas a nadie sobre sus elecciones estéticas. El dinero lo generan con la venta de bocetos del proyecto, que Christo elabora en su estudio del SoHo. Según cuentan ellos, siempre vivieron del arte, desde cuando Christo vendía cuadros por cuarenta dólares hasta ahora, que los dibujos de Los Portales se cotizan entre treinta mil y 600 mil.

En los últimos días antes de la apertura, en el parque se podía saborear un anticipo. Subiendo, bajando y rodeando colinas hasta donde alcanzaba la vista, se veían las bases metálicas sobre las que se atornillarán los postes cuadrados de vinilo naranja de los portales. Según los artistas, la cantidad de acero utilizada en las bases es igual a dos tercios de la Torre Eiffel. Estaban marcadas con pedazos de plástico anaranjado en forma de “A”, para evitar accidentes pero también como anuncio de la explosión de color que alegrará el paisaje de nieve y rocas. Equipos de obreros tomaban medidas bajo el sol frío de enero, para asegurarse de que todo estuviera en el lugar planeado.

El 12 de febrero este ‘arroyo de miel’, ‘fuego en miniatura’, azafrán o zapallo, hará llegar al Central Park una primavera adelantada. Un hombre y una mujer de casi siete décadas incendiarán con su locura el corazón de Nueva York.

El nuevo MoMA

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Después de dos años y 858 millones de dólares de renovación, el Museo de Arte Moderno reabre en Manhattan.

Noviembre de 2004

Tras dos años de exilio en una semi-desierta zona industrial de Queens, mañana vuelve a Manhattan uno de los templos paganos preferidos de los neoyorquinos: el Museo de Arte Moderno. El MoMA reabre su sede a pasos de la Quinta Avenida luego un proyecto de reconstrucción al que se podría llamar ‘faraónico’… si alguna vez un faraón gastó 858 millones de dólares en un edificio.

La reapertura del MoMA en revista Caras (Chile).En 2002, el edificio de calle 53 fue vaciado para comenzar los trabajos. Desde entonces, los aficionados que querían seguir a sus Picassos, Cézannes y Matisses debían tomarse un metro usado a diario por multitudes de trabajadores inmigrantes, para llegar hasta un barrio de fábricas, algunas activas, otras abandonadas. Allí, el MoMA Queens ocupó una ex fábrica de corchetes. Los restoranes y cafés donde tomar brunch brillaban por su ausencia. El glamour, también. Por falta de espacio, el museo no exhibía gran parte de su colección permanente.

Pero, aunque el exilio fue duro, ya todo está en el pasado. “Por fin”, suspiran los muchísimos y muy ávidos amantes del arte en Nueva York. Por fin, junto a miles de turistas y sus cámaras digitales, podrán volver a contemplar a Les Demoiselles d’Avignon de Picasso o la Noche Estrellada de Van Gogh.

La espera valió la pena, ya que el nuevo edificio es un placer en sí mismo. Sus flamantes galerías son blancas y enormes. Al acecho, en cada rincón, están los personajes más famosos del arte del siglo XX. Por primera vez se pueden ver obras como la nunca mejor titulada Escultura para una pared grande de Ellsworth Kelly –de más de veinte metros de ancho–, un helicóptero Bell colgando entre pisos –como ejemplo del diseño estadounidense–, un auto del italiano Pininfarina, entre tantas otras.

Y mientras el museo se le presentaba a la prensa, afuera un joven ‘vestido’ con un billete de 20 dólares por delante y otro por detrás protestaba por lo cara que será la nueva entrada. Lo que no sabía es que le harán falta dos o tres visitas para recién hacerse una idea de toda la colección. Mientras tanto, el arquitecto Yoshio Taniguchi era seguido por los periodistas japoneses como si fuera una estrella de rock.

La expansión que dio origen a todo esto se empezó a planear en 1996, cuando los directivos del museo se dieron cuenta de que tenían un dilema frente a sus narices: si mantenían su pretensión de poseer la colección de referencia en arte contemporáneo, seguirían adquiriendo obras ad eternum. El viejo edificio ya quedaba chico, a pesar de sucesivas ampliaciones. Así fue que se lanzaron a buscar arquitecto y a recolectar cantidades enormes de dinero. Finalmente, eligieron al japonés Taniguchi, autor de ocho museos en su país, mudaron las obras a Queens y comenzaron la reconstrucción.

Mañana se pueden esperar hordas de aficionados y miles de codazos, pues el primer día del nuevo MoMA será con entrada gratuita. Semejante acontecimiento hace agua la boca a una ciudad de vida cultural tan intensa como ésta. Desde hace semanas, una profusa campaña de avisos callejeros nos recuerda que ‘Manhattan vuelve a ser Moderno’. Los medios de prensa analizaron el inminente evento desde todos sus aspectos: económico, cultural, arquitectónico, sentimental, urbano. Como estrellas de cine, el staff de curadores del museo y su director posaron para una foto a doble página en la revista New York. La eminencia literaria John Updike reseñó el nuevo edificio para la revista The New Yorker. Los famosos, que aquí siempre van primero, tuvieron su ceremonia de gala dentro del nuevo MoMA el miércoles.

El museo, obviamente, también está pendiente de sí mismo: una de las exhibiciones que abrirán mañana, del artista alemán Michael Wesely, presenta fotos de largo aliento de la construcción tomadas por ocho cámaras que fueron dejadas con el obturador abierto desde agosto de 2001 hasta ahora. Así es como un museo de arte moderno se mira el ombligo.

El edificio no es una estrella en sí mismo, como su célebre primo a treinta cuadras de allí, el Museo Guggenheim, una espiral de cemento gigante que se ensancha hacia arriba y atrae tantas miradas como las obras que alberga. El nuevo MoMA es una mole de granito negro, cristales blancos y grises y paneles de aluminio, que no quiere protagonismo y busca que los ojos se enfoquen en el arte. Ya se volvió famosa una frase del arquitecto a los directivos: “Si me consiguen mucho dinero, les daré arquitectura hermosa. Si me consiguen más, haré que la arquitectura desaparezca”. Y la desaparición fue todo un éxito. Según Updike, el edificio, “inmaculado, rectilíneo, espacioso y casto, se confunde con el paisaje de la ciudad y forma, con sus tesoros, una catedral invisible”.

“En lugar de diseñar un objeto bello”, explicó Taniguchi, “diseñé un museo integrado en una ciudad, una ciudad dentro de otra”. El crítico arquitectónico Paul Goldberger aseguró que mientras el edificio anterior “ocupaba la calle en triste aislamiento, éste danza con sus vecinos”. Además, el museo funciona como una cronología de sí mismo, ya que el japonés preservó, una junto a otra, las fachadas del diseño original de 1939 y de las ampliaciones de 1964 y 1984.

Y mientras Manhattan celebra el regreso del hijo pródigo, Queens –otro de los cinco condados que componen la ciudad– se siente como la Cenicienta un minuto después de la medianoche. El MoMA Queens a partir de ahora servirá para almacenar obras y como sede de actividades educativas. El arte se fue a su nueva mansión y para visitarlo los parientes pobres van a tener que dejar veinte dólares en la entrada. Lo más irónico del caso, según señaló la revista New York, es que si los curadores quieren seguir de cerca a los creadores jóvenes de hoy, terminarán comprando obras creadas en lugares como Queens y Brooklyn, donde se trasladaron hace años los artistas que ya no se pueden pagar lofts en el SoHo.

Pero el MoMA es un símbolo de alcurnia y pertenece a Manhattan. El museo siempre tuvo en su junta directiva a los apellidos más selectos de la alta sociedad neoyorquina. El terreno que ocupa fue donado por la familia Rockefeller, que estuvo involucrada en el museo desde su fundación. Los miembros de la junta aportaron más de 500 millones de dólares de sus fortunas personales para la renovación. Pero puede que usted también haya hecho una modesta contribución, por ejemplo, si alguna vez usó cosméticos Estée Lauder o el antivirus informático Norton: Ronald Lauder y Peter Norton son dos de los varios multimillonarios que integran la directiva. Cuando estaban buscando arquitecto, los directivos recorrieron museos de Europa, Asia y los Estados Unidos en el jet de Lauder, en busca de inspiración.

El producto final de tan sufrido esfuerzo y tantos millones es un espacio moderno con todas las letras. Sus salas están pensadas para la colección permanente pero también para exhibir obras en medios de expresión variados, incluso los que aún no se han inventado, según dijeron las autoridades. El museo tiene mucha más capacidad que en su anterior vida: 58 mil metros cuadrados, en lugar de los 35 mil que solía tener.

Los visitantes se asombrarán desde el comienzo. El edificio tiene entradas a ambos lados de la manzana, sobre las calles 53 y 54, conectadas por una especie de calle interior que más de uno usará como atajo en los frenéticos mediodías de Nueva York. El atrio principal tiene 36 metros de altura a pura luz natural, la que distribuye a los seis niveles del edificio que conecta en forma vertical. También fue ampliado el jardín Abby Aldrich Rockefeller, un oasis urbano con fuentes decorativas, obras maestras de la escultura y árboles que invitan a distraerse por un rato.

A medida que los visitantes suban de un piso a otro, irán hacia atrás en el tiempo y en la historia del arte. El primer piso tiene salas de siete metros de altura, sin columnas y con pisos reforzados, para las exhibiciones de arte contemporáneo que suelen presentar instalaciones enormes. También tiene una galería con aislamiento acústico para exhibiciones de video y otros medios. En el segundo piso, están las galerías de fotografía, dibujos, arquitectura y diseño. Luego, vienen pinturas y esculturas de la colección permanente, con el período de post-guerra hasta los ’70 en el tercer piso, y trabajos desde el Post Impresionismo hasta la Segunda Guerra Mundial en el cuarto. El quinto y último piso tiene espacios iluminados con enormes claraboyas para las exposiciones temporarias.

Pero el MoMA tampoco puede escapar a las fuerzas del consumismo e incorporará también un restorán de máximo nivel, el Modern. Updike bromeó en su reseña: “Uno espera con ansia la película de ladrones en la que Robert De Niro y George Clooney se escaparán escaleras arriba después de un espresso con brandy, para apropiarse de algunos Picassos y Brancusis”.

El renacer del Miami cool

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21 de enero de 2005

Viernes, cerca de la medianoche. Con cierta aprensión, dejamos el coche entre terrenos baldíos y grandes galpones. Es una zona semi-industrial, semi-abandonada en el centro de Miami, con vistas a los grandes rascacielos que al mediodía explotan de actividad. Pero a esta hora ni el fantasma de Don Johnson en su chaqueta blanca vaga por las calles que parecen un decorado vacío de Miami Vice.

Miami, anyway - Fotos: Diego GragliaLlegamos hasta aquí en busca de lo último en la noche local, un lounge llamado Pawn Shop o “tienda de empeños”. Nos han dicho que es la nueva cara de la vida nocturna local. Nuestras fuentes lo juran y perjuran, con fervor de predicador televisivo: Miami ha vuelto a ser cool

Damos vuelta a una esquina y el dato se confirma: Pawn Shop es un lugar top. Al menos así se puede concluir por la fila de una cuadra que espera para entrar, llena de gente que por mientras mira los carteles ad-hoc para el club: “Compramos Oro” y “Compramos Diamantes”. Tras las cuerdas rojas de terciopelo, el staff incluye a un guardián portentoso, rapado y de traje negro y a un canoso bronceado que maneja la lista sacra de los VIP. Una vez que los sorteamos, entramos a un templo de la cultura pop que parece trasplantado de Nueva York a Florida: hay un autobús escolar amarillo con mesas dentro, una sección de asientos de un jet 727 con azafata incluida, cabezas de venado empotradas detrás de una de las barras. Lámparas viejas con precios colgados que hacen honor al nombre del lugar. La música no es electrónica, sino rock y pop desde los ’80 hasta ahora. Una chica con cuerpo de modelo y gafas enormes tipo Ray Ban baila The Clash, luego Depeche Mode, y la pista se va llenando. “(Los habitués) lo mismo tienen Manolo Blahniks que Adidas”, nos dice en su español a lo Miami el encargado del lugar, José ‘Jochy’ Ortiz. “Lo mismo viene un skater, un surfer, que una modelo que una drag queen”.

Pero éste es sólo uno de varios nuevos reductos que escapan al espíritu de “orgía tropical” que definió a la ciudad por décadas. Algunos apuntan al público posmoderno-alternativo de ropa vintage y zapatillas, otros a metrosexuales de ropa negra, gel y manicure, pero todos son parte de una movida nueva: de repente, la capital de la falta de clase está envuelta por un halo cool. Y aquel que lo dude, que se fije en las estrellas que no paran de bailar sobre las mesas en los lounges VIP de la ciudad.

“Miami está en medio de otro renacimiento, da la impresión de que es algo cíclico”, nos explica Lesley Abravanel, la columnista de vida nocturna del Miami Herald que cada viernes se encarga de contar en el diario qué actriz estuvo con qué rapero en qué disco qué día de la semana.

“A principios de los ’90s, éramos lo más caliente, caliente, caliente. Pero Madonna se mudó a Gran Bretaña y dejamos de serlo. Luego vino la gente del hip hop –P. Diddy, Missy Elliot, Lil’ Jon– y Miami volvió a ser hot. Y ahora, justo cuando pensábamos que de nuevo íbamos cuesta abajo, llegaron París Hilton y las estrellas jóvenes más fiesteras de Hollywood y esto no se detiene”.

· · ·

En Año Nuevo, los famosos se pasearon de club en club: David Schwimmer de Friends, Kid Rock, Wilmer Valderrama de That ’70s Show, el rapero P. Diddy, el candidato extraoficial al Oscar Jamie Foxx, los Black Eyed Peas, Queen Latifah, Chloe Sevigny. Por supuesto, París y su hermana Nicky, que siguieron la fiesta hasta el exclusivo after-hour del Hotel Raleigh. Y hasta Brad Pitt, en plena separación Jennifer Aniston, vino a un partido de fútbol americano.

Miami es una fiesta. Y el símbolo de la fiesta es París. Gracias a su video triple X que llegó a Internet y su reality show con la hija de Lionel Richie, la rubia heredera del imperio hotelero Hilton hasta que la prensa farandulera se canse, es la Reina Midas de la noche: lo que toca es un éxito. Y en el último año, París estuvo visitando Miami permanentemente.

Quien mejor explicó el simbolismo de la Hilton fue el columnista Ben Crandell del diario local Sun Sentinel: “Es asquerosamente rica y joven y flaca y rubia y bronceada y modelo y actriz y hace de DJ y toma y sale de fiesta y se viste de rosa y tiene un perrito insoportable y tuvo un video porno en Internet”. Igual que a Miami, ¿cómo no amarla, cómo no odiarla?

Quizás la primera señal de que la imagen de Miami estaba cambiando haya sido en agosto pasado. Por primera vez, MTV decidió llevar su ceremonia anual de entrega de los Video Music Awards a un lugar que no fuera Nueva York ni Los Ángeles. La alfombra roja se desplegó en el estadio American Airlines Arena y Miami fue coronada la tercera ciudad con más onda para el mundo del espectáculo.

Uno de los rostros que aparece rutinariamente en las fotos de paparazzi junto a actores y cantantes es Tommy Pooch, uno de los principales promotores de la noche local y ya casi una celebridad. Según él, Miami es la favorita de las estrellas porque la ven como su parque de diversiones. “Los famosos se sienten muy cómodos en Miami, en comparación con Nueva York, Los Angeles o Las Vegas. Supongo que es porque cuando viajas quieres ‘soltarte el pelo’, despreocuparte. Llegan acá y parece que salen más de fiesta que cuando están en casa”, nos cuenta.

· · ·

Tantas estrellas no vienen por capricho. A los de paladar negro, Miami les ofrece cada vez más sitios donde gastar su dinero. El típico domingo de los habitués comienza después del mediodía, obviamente, tras una noche agitada en Mansion, Mynt, crobar o, mejor aún, en el VIP de algún hotel –el Raleigh, el Delano, el Shore Club– donde los anónimos, aunque tengan dinero, no pueden ni entrar.

Lo primero es ir por un brunch a la peatonal Lincoln Road. Además del bronceado, gafas de sol y si es posible músculos torneados, no viene mal llevar uno o más perros que se destaquen por alguna razón: muy grandes, muy pequeños, muy feos o muy lindos. El paseo hierve de gente que entra y sale de FCUK, En Avance, Banana Republic o Gap. Como confirmación del creciente status del área, una boutique BCBG del diseñador francés Max Azria se apresta a inaugurar en una esquina.

La tarde puede ser de playa o, mejor aún, de piscina en el hotel. Preferibles son aquellos donde un DJ provee música chill-out para acompañar un buen trago. Puede ser el Ritz-Carlton, por ejemplo, donde dos “mayordomos de bronceado” se pasean con una bandeja de productos para el sol que aplican con suavidad en la preciada piel de los huéspedes.

Para comer, hay restaurantes con chefs estrella de todos los estilos. Los críticos consideran entre los mejores al tropical Chef Allen’s, el pan-asiático Pacific Time, el latino-caribeño Ortanique y el “nuevo latino” Azul. También hay reductos de sushi, comida italiana y argentina de alta calidad. El nivel de algunos sitios queda claro con el siguiente comentario de la crítico culinaria del Sun Sentinel, Lyn Farmer, sobre Azul: “Nadie te deja olvidar que te están haciendo un favor al servirte y recordarás la cuenta por mucho tiempo”.

· · ·

Otra señal del resurgimiento de Miami son los muchos clubes nocturnos, tiendas y hoteles recién inaugurados o en construcción. Antes de fines de enero, en plena Ocean Drive abrirá el Hotel Víctor, en un edificio Art Decó de 1937 remodelado por el diseñador parisino Jacques García, a un costo de más de 50 millones de dólares. El Víctor es tan pero tan cool que, para adjudicarse el contrato de administración, la cadena Hyatt tuvo que prometer no colocar su marca ni su logotipo. Una “gerente de vibra” supervisará que los aceites aromáticos y la música de los DJ residentes transmitan la onda indicada. Camino al spa o los baños turcos, los huéspedes podrán comprar cigarros cubanos de antes de la revolución de 1959 por 1.500 dólares cada uno.

El hotel intentará atraer a una clientela “avant garde, que sabe, que crea tendencias, amante del arte, leal a South Beach y de alto nivel”, nos confía el gerente Ilan Segal, quien cuando vivía en Chile abrió el San Cristóbal Tower Hotel en el ’97 y fue socio en Docecinco Champagne Lounge. “El hotel está en la mejor ubicación en una de las calles más ‘calientes’ del mundo, con vistas espectaculares, playas blancas inmaculadas y una de las mejores escenas nocturnas”, dice.

A pesar de semejante derroche de estilo, los conocedores del ambiente dicen que Miami nunca perderá el espíritu kitsch de siempre. Los flamencos de plástico fucsia seguirán siendo el alma de la ciudad y los turistas seguirán peregrinando hasta Casa Casuarina –más conocida como la mansión Versace– para tomarse una foto en la escalinata donde Gianni fue asesinado en 1997.

“Miami siempre va a tener un delicioso costado de ordinariez”, nos dice sin ironías la columnista Abravanel. “La ciudad es rimbombante, ostentosa y a veces ruidosa, pero eso es lo que la hace como es. Por otro lado, Miami nunca fue más chic que ahora, con eventos de máximo nivel por toda la ciudad. ¡Es una deliciosa contradicción!”

Juicio, mentiras y video

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En México, la televisión suele ser el estrado donde desfilan presuntos culpables. No es de extrañar que ahora sea una película la que desnude las falencias del sistema judicial. Ni que sea un éxito de taquilla. Ni que haya sido prohibida por una jueza.

11 de marzo de 2011

El documental Presunto culpable se convirtió en un éxito de taquilla porque mostraba lo arcaico e injusto que puede ser el sistema judicial penal mexicano. Pronto una jueza, impermeable a las paradojas, lo prohibió.

Presunto Culpable: Juicio, mentiras y videoLa orden tardó casi una semana en entrar en vigencia, enredada en la burocracia, y la suspensión duró apenas dos días, porque la revocación del fallo transitó más rápido. Mientras, el escándalo creado desató una avalancha de espectadores, que le dio al filme el último empujón para llegar a ser el documental más taquillero de la historia en México (y, por supuesto, un hit pirata). Presunto culpable incluso superó en audiencia a la ganadora del Oscar El discurso del rey, lanzada al mismo tiempo.

La jueza también ayudó, supongo que sin querer, al objetivo de la cinta: generar un debate nacional sobre un sistema de instrucción y enjuiciamiento obsoleto. Fue después de la polémica por la prohibición que el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, prometió instalar cámaras y micrófonos en los juzgados del D.F., algo que los propios cineastas le habían pedido por Twitter.

En Presunto culpable, dos abogados vueltos documentalistas, Roberto Hernández y Layda Negrete, consiguieron permiso para grabar el juicio al protagonista, José Antonio Zúñiga, “Toño”. Condenado a 20 años por homicidio sin evidencia física y sólo por causa de la declaración de un testigo, Toño logró anular su primer proceso tras descubrir que su defensor ni siquiera era abogado. Las cámaras serían su salvación.

El segundo juicio, con el mismo juez, dio el mismo resultado: 20 años de cárcel. Pero un miembro del tribunal de apelaciones aceptó ver los videos del proceso, en que el testigo reconocía que no vio al acusado matar a la víctima, un detalle que al juez se le pasó incluir en el expediente. Toño, por primera vez presunto inocente, quedó libre tras 842 días de cárcel.

En el México de Toño, esto viene a ser un final feliz.

Una obvia conclusión es que en las cárceles hacinadas de México hay miles de otros presuntos que no tendrán la suerte de protagonizar un documental. Hernández y Negrete llevaban más de una década investigando el sistema de justicia penal (desde antes de conocerse y casarse), y averiguaron que el 95% de las sentencias en el país son condenatorias y que el 92% de ellas no se basan en evidencia física. Muchos acusados ni siquiera llegan a verle la cara al juez.

Pero los abogados-cineastas-activistas también demuestran el poder que tiene una cámara para enderezar entuertos. Al hacerlo, le dan una lección a un periodismo mexicano, sobre todo el televisivo, que muchas veces contribuye a condenar de facto a los presuntos.

Aquí es común desayunar viendo al presunto baleador del futbolista paraguayo Salvador Cabañas o a Kalimba, el cantante acusado de violación, “prestar declaración” ante el conductor estrella del noticiero de Televisa. En él, la tele se hace juez de los casos más estridentes, sin preocuparse por investigar, explicar ni dar contexto. No importa si, como Kalimba, los detenidos son liberados luego por falta de evidencia.

Esta misma semana, los canales de noticias, impermeables a la ironía, pasaban de la polémica por Presunto culpable a las imágenes de presuntos culpables que las autoridades suelen exhibir ante las cámaras apenas son detenidos. No preguntaron si entre ellos había algún Toño.

Slim versus “los clase media”

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El enfrentamiento del magnate con otros pesos pesados mexicanos por el mercado del “triple pack” -internet, telefonía y televisión pagada- ha estado marcado por acusaciones cruzadas de prácticas monopólicas. Los clientes, bien gracias.

18 de marzo de 2011

El día que Forbes lo confirmó como el hombre más rico del mundo, el megamagnate mexicano Carlos Slim -que igual seguro ya lo sabía- estaba enfrascado en asuntos más urgentes: una lucha sin cuartel y extrañamente pública contra colegas que, en comparación, son “de clase media”.

Telmex vs. TelevisaEs que Emilio Azcárraga Jean, dueño del imperio Televisa, apenas figura en el lugar 512 del ranking de multimillonarios de la revista estadounidense, con míseros 2.300 millones de dólares. Ricardo Salinas Pliego, propietario de un emporio que incluye al otro gigante televisivo, TV Azteca, aparece en el puesto 112 con US $8.200 millones. Sumadas, sus fortunas gigantescas entran siete veces en la de US $74.000 millones de Slim, quien sólo en 2010 ganó más de lo que ellos tienen.

La pelea -que la respetada columnista Denise Dresser bautizó “Alien vs. Depredador”, porque “gane quien gane, todos perdemos”- es un caso extremo del muerto que, en este caso, se queja del degollado.

Ya llegó ante las autoridades reguladoras, con demandas cruzadas en que los gigantes de las telecomunicaciones y la televisión se acusan de ser lo que, de hecho, son: un monopolio o duopolio que aprovecha su posición dominante y no quiere abrir su sector a la competencia.

La raíz del conflicto es el triple play, la posibilidad de ofrecer televisión, teléfono e internet en un paquete. Según The Wall Street Journal, es un mercado de 35.000 millones de dólares al año en México.

Telmex, el ex monopolio estatal de teléfonos que convirtió a Slim de rico en tremendamente acaudalado, y su hermana celular América Móvil -que en Chile se conoce como Claro- acusan a las televisoras de obstruirle el acceso al mercado de la TV de paga.

Los dueños de Azteca -que posee una empresa de telefonía celular- y Televisa -que domina la tv por cable y satélite-, aliados a otras veinte empresas de cable y telefónicas, acusan a Slim de mezquinarles el mercado telefónico al cobrar altas tarifas de interconexión en cada llamada.

Aunque, en el mejor de los casos para los consumidores, el enfrentamiento puede redundar en precios más bajos y mejor variedad de servicios, muchos miran con sorna el choque de los poderosos con los más poderosos. Es un reflejo del fenómeno estudiado como crony capitalism o “capitalismo de compinches”, presente en la economía mexicana desde antes de la Revolución de 1910-17.

A finales del siglo XIX, el dictador Porfirio Díaz otorgó favores especiales a unos pocos emprendedores de elite para crear el Banco Nacional de México (hoy Banamex). A finales del siglo XX, el presidente Carlos Salinas de Gortari privatizó las grandes empresas estatales. Carlos Slim fue el que se llevó la joya de la corona: el monopolio telefónico nacional.

La decisión no fue menor. Telmex fue la adquisición que llevó a Slim de ser un empresario e inversor importante al hombre más rico del mundo. Suficiente como para diferenciarse de los “magnates de clase media”.

Júntate con esa chusma

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El incremento de la población hispana es la tendencia demográfica más importante del siglo XXI en Estados Unidos. Suficiente como para que hasta la cadena de noticias que más los ha demonizado esté ahora tratando de cortejarlos.

28 de abril de 2011
Nota en Qué Pasa sobre Fox Hispanic Media

A primera vista, la noticia de que News Corporation acaba de lanzar Fox Hispanic Media, una división televisiva orientada a los latinos residentes en Estados Unidos, suena a chiste.

Después de todo, la principal carta televisiva del imperio de Rupert Murdoch es el canal conservador Fox News, que convirtió en una de sus banderas los ataques histéricos contra los inmigrantes ilegales y las propuestas de legalización de los indocumentados.

En los últimos años, según compila el grupo liberal Media Matters, los conductores e invitados de Fox News: pidieron una valla electrificada en la frontera con México; advirtieron que Arizona “es invadida” por los indocumentados; denunciaron que “activistas ilegales” buscan la “reconquista” para México del suroeste estadounidense, y que una manera en que lo harían es “por la tasa de nacimientos”; sugirieron aprovechar las manifestaciones de inmigrantes para arrestar y deportar en masa a los indocumentados; y propusieron crear una “segunda clase” de ciudadanos para los hijos de inmigrantes ilegales. Dos periodistas que presentaban un estudio demográfico equipararon el total de hispanos con el de ilegales. Y no parecieron darse cuenta de la incongruencia.

El canal también ha vinculado a los indocumentados con la gripe porcina, con los crímenes violentos y con el aumento del gastonacional en salud. Además, acaba de contratar al conductor Lou Dobbs, echado de CNN tras una campaña de activistas furiosos porque acusaba a los indocumentados de transmitir la lepra y difundía otras teorías conspirativas.

Mientras tanto, el incremento de la población hispana es la tendencia demográfica más importante del siglo XXI en Estados Unidos: una de cada seis personas ya es de origen hispano -50 de los 308 millones de habitantes- y el total aumenta a un ritmo mucho mayor que otros grupos.

Murdoch no llegó a ser quien es dejando pasar oportunidades de hacer dinero, sobre todo si son tan obvias como ésta. Por eso es que, desde hace unos meses, busca quedarse con el pan y con la torta.

El pan es su canal de noticias conservador, líder en audiencia, orientado a la población blanca incómoda con Obama, entusiasmada con el Tea Party, adoradora de Sarah Palin, enardecida por los “illegal aliens” y los males que les atribuyen.

La torta son los hispanos, sean los inmigrantes que ven televisión en español o sus hijos y nietos, que prefieren las noticias en inglés.

News Corporation lanzó el año pasado el sitio noticioso Fox News Latino, en inglés. (¿Hace falta decir que no cubre la inmigración en el mismo tono que su canal hermano anglosajón?). El pasado 4 de abril creó la división televisiva que agrupa los existentes Fox Deportes y Utilísima y el nuevo Nat Geo Mundo bajo el eslogan “Entretenimiento latino con actitud estadounidense”. La meta, según el comunicado de prensa, es “ayudar a los avisadores y a nuestros socios empresariales a llegar a un público hispano con visión de futuro”.

Les faltó agregar: “Entretenimiento sin necesidad de green card”.

Qué Pasa

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Desde Ciudad de México, escribí “minicolumnas” para la sección Posteos de la revista chilena Qué Pasa, un formato interesante que me permitió inyectarle un poco más de voz y actitud al abordaje de temas noticiosos.

La guerra contra las drogas en México (Foto: Revista Qué Pasa)

México: Otro día después

Tras el atentado contra un casino en Monterrey, donde murieron 52 personas, se dijo que era un hito que marcaba "un antes y un después" en la guerra contra el narcotráfico. Pero tras 5 años y 40.000 muertos, ese "después" no parece llegar. [ + ]

La presidenta Cristina Fernández fue la gran ganadora de una polémica sobre el fútbol argentino.

El golazo de Cristina

En la maniobra que por unos días pareció revertir los efectos prácticos del descenso de River Plate a la segunda división del fútbol argentino, la única ganadora fue Cristina Fernández, que asestó un nuevo golpe a Clarín. [ + ]

Presunto Culpable: Juicio, mentiras y video

Juicio, mentiras y video

En México, la televisión suele ser el estrado donde desfilan presuntos culpables. No es de extrañar que ahora sea una película la que desnude las falencias del sistema judicial. Ni que sea un éxito de taquilla. Ni que haya sido prohibida por una jueza. [ + ]

Telmex vs. Televisa

Slim versus "los clase media"

El enfrentamiento del magnate con otros pesos pesados mexicanos por el mercado del "triple pack" -internet, telefonía y televisión pagada- ha estado marcado por acusaciones cruzadas de prácticas monopólicas. Los clientes, bien gracias. [ + ]

Nota en Qué Pasa sobre Fox Hispanic Media

Júntate con esa chusma

El incremento de la población hispana es la tendencia demográfica más importante del siglo XXI en Estados Unidos. Suficiente como para que hasta la cadena de noticias que más los ha demonizado esté ahora tratando de cortejarlos. [ + ]

Fernando Ferrer: El latino que quería gobernar Nueva York

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Revista El Sábado (El Mercurio, Chile) – 29 de octubre de 2005

Hace cuatro años se perfilaba como la gran carta latina para alcanzar la alcaldía de la emblemática ciudad. Pero su mismo partido, el Demócrata, lo postergó. Ahora, en las elecciones de noviembre, se juega el todo o nada. No es una revancha, declara a El Sábado Fernando Ferrer, quien puede convertirse en un símbolo del poder latino o en el gran “casi casi” de la política estadounidense. “Veremos a ver”, diría él en su español agringado.

“Este es un momento histórico para nosotros, los latinos de Nueva York”, me dice Fernando Ferrer, en un respiro de una de sus agitadas jornadas de campaña. Se refiere a que, dos semanas atrás, al ganar las primarias del Partido Demócrata, consiguió ser el primer latino en la historia que es candidato a alcalde neoyorquino en una elección general.

Como el ítaloamericano Fiorello LaGuardia en 1933, el judío Abraham Beame en 1973 y el negro David Dinkins en 1989, Ferrer quiere convertirse en el primer miembro de su minoría en gobernar a los ocho millones de personas que viven en la principal ciudad estadounidense. A sus esperanzas las alienta el hecho de que en Nueva York más de una cuarta parte de la población ya es hispana. También le da impulso, si bien simbólico, la reciente victoria del méxico-estadounidense Antonio Villaraigosa, el primer alcalde latino de Los Ángeles en 133 años.

Desde 1997, cuando lanzó su primera campaña para alcalde, “Freddy”, de 55 años, ha sido la gran esperanza latina para la alcaldía. Este 8 de noviembre, el político hispano más popular de la ciudad, el hijo del Bronx de sangre puertorriqueña que lustró botas en su infancia y se ganó becas para poder ir a la universidad, sabrá cómo termina su tercer -y probablemente último- intento de hacer historia.

· · ·

Aunque a principios de año Freddy parecía tener todo para ganar, a sólo días de la elección es dudoso que pueda destronar al multimillonario Michael Bloomberg, quien ya gastó más de 46 millones de dólares en la campaña. De septiembre a octubre, el actual alcalde aumentó su ventaja en las encuestas de manera impresionante. Y lo más sorprendente es que los votantes latinos no se muestran muy convencidos de esa trascendencia histórica de la que habla Ferrer: un cuarenta por ciento de ellos dijo preferir al candidato blanco, judío y nativo de Boston.

Es la última mañana de septiembre y llego hasta un rincón alejado de una zona industrial en el Bronx para hablar con Ferrer tras la conferencia de prensa del día.

Freddy dice que suele pasear al perro como cualquier hijo de vecino. Y eso es exactamente lo que transmite su presencia en vivo: es el tipo que uno se podría encontrar cualquier noche de verano caminando pacientemente detrás de su mascota. Cabellos grises rodean su frente amplia, disimulando una calvicie en aumento. Lleva bigote al tono, apenas más ancho que la boca, gafas sin marco y mejillas rosadas que a uno le hacen pensar que Ferrer siempre está con calor. Suele hacer campaña sin chaqueta, con una corbata bien prolija y los puños de la impecable camisa blanca doblados una vez hacia atrás. Tiene más pinta de burócrata que de candidato.

Hoy está en el sector más pobre de la ciudad, donde nació y vive, para acusar al alcalde Bloomberg de no limpiar el terreno contaminado de una escuela pública. Pero los periodistas locales están más interesados en el New York Times de esta mañana, que dice que ésta ha sido “la peor semana” de su campaña. Ferrer esquiva sus preguntas con lugares comunes. “La gente no me pregunta si estoy teniendo un buen o un mal día, me habla de sus problemas cotidianos”, contesta. Nadie se interesa mucho por el terreno contaminado y la vocera del candidato, Jen Bluestein, pronto exclama: “¡No más preguntas!”.

Ferrer se va en su camioneta, mientras Bluestein se queda atrás defendiéndolo en on y en off the record ante un cronista. Otro de los periodistas se queda conmigo mientras llama a alguien en el vehículo, que da un rodeo aguardando la retirada de los preguntones locales. Finalmente, caminamos hasta doblar la esquina y encontramos la camioneta estacionada, con los vidrios negros cerrados. Ferrer se baja y dice que tiene poco tiempo. Lo interrogo sobre la importancia de su candidatura para la comunidad latina. Me dice aquello del “momento histórico”.

“Y no solamente para elegir un latino como alcalde por primera vez en la historia de esta ciudad”, sigue. “Es simplemente regresar los valores demócratas a la alcaldía, valores que bregan por la vivienda a precios módicos, mejoramiento de su sistema escolar. Y atacar el nivel altísimo de deserción escolar y la crisis que tenemos en empleos, el nivel de desempleo, especialmente en la comunidad latina”.

Es una típica respuesta de campaña, claro, donde ataca los puntos débiles de la administración Bloomberg.

Pero esa perorata también es un buen retrato de este político de carrera, quien ganó su primera elección en 1982. Al menos públicamente, Ferrer no es un señor muy emotivo o carismático. Es más bien uno de esos candidatos tradicionales que difícilmente cambian una coma en el libreto. Las tres veces que lo he entrevistado en los últimos tres años nunca profirió una frase explosiva, digna de un titular de primera plana de un tabloide. Como bien lo definió la periodista del Times Diane Cardwell, Ferrer es “cauteloso hasta la inercia”.

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Días después de mi encuentro con Ferrer, el cientista político chileno Patricio Navia, profesor de la New York University, me ayuda a explicar al candidato.

“Siempre jugó al empate”, define Navia, con tono de futbolero cruel. Agrega que tras casi quince años como presidente del condado del Bronx, “no hay un legado de Ferrer. No cometió grandes errores, pero tampoco cometió grandes aciertos, precisamente porque nunca tomó riesgos”.

Al comparar a Ferrer con políticos chilenos, Navia parece un cómico de late night que dispara un remate tras otro.

“Es un clásico funcionario del Partido Radical en Chile”, define, y lo equipara al senador Enrique Silva-Cimma.

“Ferrer es el típico candidato que nadie odia, pero nadie quiere con demasiado cariño tampoco”.

A pesar de los paralelos con Villaraigosa, hijo de inmigrantes y nacido en Los Ángeles, Navia dice que Ferrer no tiene el carisma de aquél: “Villaraigosa se la juega, se cambió el apellido, se puso el de su señora (él era Villar, ella Raigosa). Es entretenido, joven, dice cosas complicadas, se pelea con la gente. Es un típico mexicano. Ferrer es cualquier cosa, pero no es un puertorriqueño. A Villaraigosa lo ves cantando rancheras, a Ferrer no lo ves bailando salsa”.

De hecho, Ferrer habla español con un ligero acento gringo. Pertenece a una generación de hijos de puertorriqueños, o nuyoricans, para quienes más que la lengua de Cervantes, el español es la lengua de la mamá y de la abuela. En su discurso de victoria, la noche de las primarias, prometió “una ciudad donde reine la igualidad“, una mezcla de igualdad y equality.

Lamentablemente para Freddy, los analistas políticos dicen que él necesita exactamente lo que Villaraigosa logró en mayo: un apoyo abrumador entre los latinos y una porción mayoritaria del voto negro.

“Villaraigosa tenía una base sólida tanto en la comunidad latina como en la afroamericana en su segunda candidatura. En la primera (fallida, en 2001), tenía una base latina fuerte, pero no tenía un apoyo muy fuerte entre los afroamericanos”, explica Michael Jones-Correa, un profesor de Cornell University que estudia la política hispana de Nueva York.

Si las encuestas no mienten, Ferrer va por el mismo camino que Villaraigosa, pero en sentido contrario. Hace cuatro años gozaba del apoyo de una coalición de hispanos y negros. Esta vez, en cambio, metió la pata desde el inicio. En marzo dijo en una reunión de policías que no había sido un crimen la muerte de Amadou Diallo, un inmigrante africano que en 1999 recibió 19 tiros policiales al intentar sacar su billetera para identificarse. Desde entonces, su apoyo entre los votantes negros cayó.

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Si Ferrer es derrotado en noviembre, no será ésta la elección que quedará en su biografía como el gran “casi”, sino la de 2001. Ese año, las primarias demócratas se postergaron por razones obvias, ya que eran el 11 de septiembre. Algunos dicen que allí Ferrer, líder en los sondeos, perdió impulso. Cuando por fin se votó, un mes después, no logró el 40 por ciento necesario para evitar un desempate. Y, antes de la segunda vuelta, operativos de la campaña rival distribuyeron panfletos racistas en barrios mayormente blancos para incitar una reacción de votos anti-Ferrer.

Ferrer perdió y el Partido Demócrata quedó muy dividido, entre acusaciones de racismo y deshonestidad. El día de la elección general, muchos hispanos y negros, indignados, votaron por el republicano Bloomberg, un primerizo de la política.

En una larga conversación en 2003, cuando no era ni funcionario ni candidato, Ferrer me aseguró que la victoria de Bloomberg se debió “probablemente al voto de protesta más dramático que alguna vez se haya visto”. Muchos analistas en su momento coincidieron con ese diagnóstico.

Ferrer recordó que la mañana siguiente de la elección, el victorioso Bloomberg lo invitó a desayunar. Entre tocino y huevos, el republicano le hizo una confesión. “Me dijo que yo le habría ganado”, relató.

Pasaron cuatro años de aquéllo. Tras una buena gestión que sorprendió a muchos, Bloomberg ya puede desayunar solo. Y Ferrer parece tener menos energía y menos convocatoria que aquella vez. Al pie de la camioneta, le pregunto si siente que ésta es su revancha.

“No es una revancha”, dice, y vuelve al libreto: “Es restaurar los valores demócratas a la alcaldía”, repite. “Después de doce años de gobierno republicano, necesitamos valores demócratas en la alcaldía…” Etcétera.

Decido cambiar de tema.

En una ciudad donde según el columnista Juan González del New York Daily News el apellido más común en los padrones es Rodríguez, el alcalde invirtió mucho en buscar votos latinos. Contrató a un grupo de experimentados políticos hispanos y hasta el salsero Willie Colón le canta en un aviso: “Ay, Bloomberg p’aquí, Bloomberg p’allá, Bloomberg p’alcalde de la ciudad”. ¡Sugar!

Le pregunto a Ferrer cómo se siente con tantos políticos latinos en el equipo rival.

“¿Quién?”, me dice con fingida sorpresa, restándole importancia al asunto.

Le menciono a Fernando Mateo, un empresario dominicano republicano de gran astucia mediática, y a Ninfa Segarra, una ex compañera de secundaria de Ferrer y militante demócrata de vieja data.

“(Mateo) no es un político, es un empleado de la campaña Bloomberg”, desestima Freddy. “Y también Ninfa Segarra… Todos los funcionarios electos (hispanos) están conmigo. Y eso es importante: los representantes legítimos de la comunidad están conmigo”.

“¿Y el treinta por ciento de votantes hispanos que le dan las encuestas a Bloomberg?”, le digo, sin saber que días después esa cifra será para él sólo un recuerdo.

“Veremos a ver… veremos a ver… (sic)”, me responde, con tono confiado. Luego, pega la vuelta y se sube a la camioneta, apurado como quien tiene una cita con la Historia… aunque no parezca haber muchos más interesados en asistir.

Revistas de El Mercurio

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Durante mis años en Nueva York, en varias oportunidades escribí reportajes para las diversas revistas del diario chileno El Mercurio. Cubrí temas muy diversos, desde espectáculos a política, consumo o negocios.

Fernando Ferrer: El latino que quería gobernar Nueva York

En 2005, Fernando Ferrer podía convertirse en un símbolo del poder latino o en el gran "casi casi" de la política neoyorquina. "Veremos a ver", diría él en su español agringado. Un reportaje para revista El Sábado. [ + ]

Marky Ramone, el hombre maldito

El hombre maldito firma autógrafos

"Si los Beatles se van cada 20 años, las muertes de los Ramones son como sus canciones: una tras otra, sin tiempo de asimilar la anterior. Y si esto sigue así, Marky será el próximo". Una breve columna para la revista de espectáculos Wikén. [ + ]

Larry Silverstein: La Resurrección del World Trade Center

Compró el World Trade Center en más de tres mil millones de dólares en julio de 2001. Seis semanas después, era el dueño de la montaña de escombros más grande de la historia. Tras ganar un millonario juicio, Silverstein encabeza la reconstrucción: un proyecto de ocho mil millones de dólares. Un reportaje para revista El Sábado. [ + ]

Nacidos para comprar

La industria publicitaria estadounidense ha convertido a los niños -e incluso a los bebés- en blanco prioritario. Un reportaje para revista Ya. [ + ]

El hombre maldito firma autógrafos

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Revista Wikén (El Mercurio, Chile) – 15 de Octubre de 2004

El hombre maldito sonríe para la foto. Una y otra vez. Firma un póster y luego la tapa de un DVD. Responde educadamente a un fan. Y después a otro.

Marky Ramone, el hombre malditoTiene el pelo negro hasta los hombros, partido al medio y con flequillo. Está en el subsuelo de una megadisquería en la neoyorquina Times Square, pero por un rato no se saca los anteojos negros. Sentado a una mesa, cordones de seguridad y varios grandotes lo aíslan del resto de la tienda.

La fila de fans fluye. Un tipo medio pelado, mucho más entusiasmado que su hija adolescente. Un niño de unos 10 años, de chaqueta de cuero con tachas. Dos chicas punkies siglo 21, con mechones rojos una, azules la otra. Un canoso de pelo largo, con pantalón y camisa formales.

En su pecho, el hombre lleva el nombre propio de su maldición. Sobre un escudo con un águila, mayúsculas blancas contra un fondo rojo sangre: RAMONES.

Desde hace un par de semanas, el baterista Marky Ramone es la persona viva que por más tiempo tocó en la banda que parió al punk rock estadounidense. Sólo fueron Ramones por más años Joey (muerto de linfoma en 2001), Dee Dee (sobredosis de heroína, 2002), y Johnny (cáncer, el 15 de septiembre pasado). Si los Beatles se van cada 20 años, las muertes de los Ramones son como sus canciones: una tras otra, sin tiempo de asimilar la anterior. Y si esto sigue así, él será el próximo, a menos que le toque a Tommy, primer baterista y miembro fundador.

Esta tarde neoyorquina en que Marky promociona el DVD “Ramones Raw” –un mix de actuaciones en vivo e imágenes caseras que él grabó en giras– podría ser un hecho histórico. Pero como quienes no compraron el producto no se le pueden acercar, no le puedo preguntar qué piensa de la maldición de la que habla todo el mundo. O si anda bien de salud.

“Se lo ve normal desde aquí”, dice un curioso. “Muy saludable”. Otro tipo pasa y, al ver la escena, suelta el chiste: “¡Los Ramones! Pensé que estaban muertos”.

Marky no, por ahora. ¿Larga vida al rock?

Larry Silverstein: La Resurrección del World Trade Center

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Revista El Sábado (El Mercurio, Chile) — 13 de agosto de 2005

Compró el World Trade Center en más de tres mil millones de dólares en julio de 2001. Seis semanas después, era el dueño de la montaña de escombros más grande de la historia. Tras ganar un millonario juicio, Silverstein encabeza la reconstrucción: un proyecto de ocho mil millones de dólares.

El magnate inmobiliario Larry Silverstein recorre el enorme espacio sin columnas, de vigas expuestas y ventanales del suelo al techo, del piso 33 del 7 World Trade Center. Lleva un casco de albañil blanco con una bandera estadounidense; el nombre de su compañía, Silverstein Properties, y un lema propio de un remake hollywoodense: “The rebuilding continues”. La reconstrucción continúa.

De hecho, estamos en un remake o, más bien, una reencarnación. El 7 WTC, el último edificio en derrumbarse el 11 de septiembre de 2001, es el primero en volver a levantarse. Aunque aún no está terminado, Silverstein, el dueño del World Trade Center, invitó a un grupo de periodistas extranjeros a recorrerlo con él.

El edificio, de 52 pisos, será inaugurado en abril. Cuando casi pasaron cuatro años desde la apocalíptica demolición de las Torres Gemelas, es la primera señal de que el nuevo World Trade Center comienza a tomar forma. A principios de 2006 también se echarán los cimientos del principal edificio, la Freedom Tower, y comenzarán las obras del monumento a las víctimas y de una estación de trenes diseñada por el español Santiago Calatrava. Con otros cuatro rascacielos, el complejo estará terminado en 2015.

A la cabeza de este proyecto elefantiásico de ocho mil millones de dólares está este hombre de 74 años y estatura apenas mediana que luce un profundo pentagrama de arrugas en la frente, aguda nariz aquilina, cabellos rubios encanecidos, gafas gruesas sin marco. Parado detrás de un atril de acrílico transparente, de traje gris y corbata de nudo ancho, describe su proyecto con voz convencida, muerde las consonantes como para que quien lo escucha sienta la verdad en cada una de ellas. Cada vez que menciona un dato importante, apunta al suelo con ambos índices para acentuarlo.

Silverstein se muestra seguro del éxito de sus planes y de la infalibilidad de su nuevo complejo. Casi desafiante, asevera que la Freedom Tower será más alta, más fuerte, más segura que los edificios que le derribaron en 2001. Será tan sólida, afirma, que los terroristas, intimidados, se verán obligados a atacar otros sitios.

“Vamos a demostrar a aquellos que atacaron nuestra forma de vida que no vamos a ceder”, asevera, con esa retórica de cowboy que se hizo tan común aquí desde 2001.

Detrás suyo, los cristales entregan una vista de pájaro de la cordillera de rascacielos de Midtown, con el Aconcagua del Empire State en el centro. También se ve el río Hudson, la Estatua de la Libertad en su isla, el vecino estado de Nueva Jersey. Bajando la mirada, en la vereda de enfrente, se puede ver Ground Zero. Allí, dos huellas cuadradas en el cemento, como siluetas blancas en la escena de un crimen, marcan los sitios donde se apoyaban las torres.

Silverstein se baja del atril para mostrarnos el grueso envoltorio de concreto, de más de medio metro de grosor, que rodea la columna vertebral del edificio. Allí dentro están las escaleras, los ascensores, cañerías y cables varios. En la Freedom Tower, ese chaleco de fuerza de cemento será aún más grueso, dice, de un metro. Una de las flaquezas que colaboraron con el derrumbe de las Twin Towers hace casi cuatro años fue que sus núcleos estaban rodeados de paredes de yeso.

El magnate parece obsesionado por enumerar las medidas de seguridad que tendrán todos los edificios del complejo, pero en especial la “Torre de la Libertad”: el núcleo de concreto, un refuerzo de varias toneladas de acero en cada piso, escaleras extra-anchas para que los bomberos puedan subir mientras los ocupantes huyen, columnas que pueden caerse sin afectar a las vecinas, gruesas vigas de acero. Hasta un ascensor impermeable que funcionará en caso de incendio.

“En el 9-11″, admite Silverstein, “aprendimos mucho sobre cómo se construyen edificios”. No hay ni un mínimo rastro de ironía en su voz.

Silverstein es el típico exponente de una raza aparte en la pirámide evolutiva estadounidense: los developers, grandes inversionistas inmobiliarios que destinan miles de millones a proyectos monumentales. Por supuesto, el más famoso ejemplar es el excéntrico Donald Trump. A su lado, el discreto Silverstein –amante de la música clásica, filántropo y miembro del directorio de la Universidad de Nueva York– parece un oficinista jubilado.

Pero el dueño del World Trade Center también tiene rasgos típicos de esos empresarios que, además de levantar millones de metros cuadrados, construyeron su imagen y sus fortunas.

Como buen developer, Silverstein es un hombre de superlativos.

En la transacción más grande de la historia de Nueva York, compró el World Trade Center en más de tres mil millones de dólares en julio de 2001. Tan sólo seis semanas después, era el dueño de la montaña de escombros más grande de la historia de la ciudad.

Para financiar la reconstrucción, utilizó una estrategia audaz: planteó a la justicia civil que lo que pasó el 11 de septiembre de 2001 fueron dos atentados (dos aviones que se incrustaron en dos edificios). En diciembre pasado, un jurado le dio la razón y determinó que nueve aseguradoras debían compensarlo por dos ataques en lugar de uno. Aunque no logró duplicar el monto de 3.500 millones de su póliza, como quería, sí logró un monto extra aún no determinado por la justicia que podría llegar a los 1.100 millones.

Durante este recorrido guiado, Kenneth J. Ringler Jr., el director de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, la entidad dueña de los terrenos donde se emplaza el WTC, cuenta que en cada reunión con Silverstein éste se la pasa urgiendo a los demás a trabajar: “Let’s go, let’s go!” Vamos, vamos, les dice.

“Ésa es la mentalidad de Larry Silverstein”, asegura Ringler, “en todo lo que hace”.

También es típica de un buen emprendedor la confianza de Silverstein en que pronto llenará los 42 pisos de oficinas del 7 WTC, aunque analistas del mercado inmobiliario dudan de que encuentre suficientes inquilinos para ése y los otros rascacielos. Para empezar, llevará sus propias oficinas al edificio 7. Y espera ser seguido por otras empresas que, gracias a los generosos incentivos económicos que ofrecen la ciudad y el estado de Nueva York, superen el trauma de mudarse al Bajo Manhattan.

Pero cuando una periodista le pregunta si ya consiguió ocupantes para el edificio nuevo, Silverstein no da precisiones. “Estamos en negociaciones con un cierto número de diferentes inquilinos”, contesta. “Con el tiempo, nuestra expectativa es que sea alquilado por completo”.

El proceso de reconstrucción, con altas dosis de política y demagogia, ha estado poblado de dificultades: la Freedom Tower debió ser rediseñada en escaso tiempo porque el primer diseño era considerado inseguro; la prensa habla de constantes peleas entre Silverstein y la Autoridad Portuaria el Wall Street Journal y el New York Times dijeron que los funcionarios consideraron quitarle el WTC; el arquitecto de Silverstein tuvo celosos tironeos con el ganador del concurso de diseño de la Freedom Tower, Daniel Libeskind, y el mercado inmobiliario mira todo con recelo.

Finalmente, luego de que la policía rechazara el primer diseño de la Freedom Tower, el arquitecto David Childs presentó una estructura que tendrá exactamente la misma altura que las Torres Gemelas. Pero, gracias a una antena inspirada en la antorcha de la Estatua de la Libertad, llegará a simbólicos 1.776 pies, en homenaje al año de la Independencia.

La torre tendrá ocho lados triangulares, cada uno invertido respecto del contiguo. Esto creará una silueta que, depende de dónde se la mire, tendrá lados paralelos o inclinados como los de un obelisco. De noche, reinará blanca sobre el perfil de Manhattan y un potente “Faro de la Libertad” brillará desde el tope de la antena.

“Es infinitamente más fuerte que los edificios anteriores”, asegura Childs, el arquitecto, quien explica que la base, un cubo de concreto y acero de sesenta metros de altura, casi no tendrá ventanas.

De hecho, la Freedom Tower será una verdadera fortaleza, que el crítico de The New York Times Nicolai Ouroussoff equiparó con los imponentes diseños de Albert Speer, el arquitecto preferido de Hitler. Quizás también allí haya una metáfora del espíritu imperante en los Estados Unidos de George W. Bush: ante la hostilidad del mundo exterior, lo que queda es encerrarse detrás de murallas, detectores de metales, detenciones arbitrarias, registros en el metro. “La Torre de la Libertad encarna, a su manera, un mundo al que el miedo dio forma”, escribió Ouroussoff.

Silverstein, confiado, asegura que el diseño ahuyentará a cualquier atacante.

“Los potenciales terroristas se darán cuenta de que no tiene sentido hacer nada aquí y concentrarán su atención en algún otro lado”, dice. “Ni se molestarán (en atacar la torre), por su estructura, por su solidez”.

Casi como un reflejo del escepticismo del mundo ante las políticas de la Casa Blanca, una periodista le responde, ante las risas del resto de los corresponsales: “Usted suena como la gente que construyó el Titanic”. Entre las carcajadas del resto de los corresponsales, Silverstein no pierde la compostura. El comentario no le causa gracia, pero él sonríe y responde, diplomático: “Por lo que pudimos ver, ese barco no era seguro”.

Nacidos para comprar

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La industria publicitaria estadounidense ha convertido a los niños en blanco prioritario.

Revista Ya (El Mercurio, Chile) — Martes 19 de octubre de 2004

Sobre una excavadora amarilla de plástico, el niño pedalea y ríe. Parece un ángel de dibujo animado con esos rizos rubios hasta la espalda. Como en la juguetería no hay escombros ni ladrillos, el muñeco de un superhéroe hace las veces de carga en la pala de la máquina. Sonriente, la madre del querubín lo sigue por el pasillo de la enorme tienda e intenta que no choque contra las góndolas. Después de un rato, los dos salen al sol y al ajetreo de Nueva York, sin haber comprado nada.

“No quiero criar a mi hijo pensando que necesita juguetes”, explica la madre, que se llama Neta y tiene 32 años. Por eso, de vez en cuando lo trae a la juguetería, pero sólo para que se divierta un rato. “Está esa sensación de que uno tiene que comprarle muchos juguetes”, protesta esta profesora de yoga del barrio de Chelsea. “Es casi una presión (…) ¡La gente tiene tantos juguetes y cosas!”.

Gente como Neta encuentra muy difícil sostener sus convicciones en una sociedad tan consumista como la estadounidense. La industria publicitaria hace dos décadas consideraba a los niños un segmento secundario del mercado, pero ahora se dio cuenta de que ellos tienen cada vez más dinero propio e influencia en las compras familiares. Son clientes cuya fidelidad hay que asegurarse antes de que dejen los pañales; incluso, un estudio indica que un niño de 18 meses ya reconoce logotipos.

Ese rubiecito de 3 años que ahora se esconde de su mamá entre las piernas de la gente es una presa que los cerebros del marketing no quieren dejar escapar. Para capturar su atención y la de los más de 50 millones de niños estadounidenses, compañías de todo tipo – hasta las automotrices- gastarán este año 15 mil millones de dólares en publicidad. Saben que, anualmente, los niños ven unos 40 mil avisos comerciales.

Este creciente bombardeo tiene efectos negativos en los niños, según el flamante libro Nacidos para comprar, de Juliet B. Schor, economista y profesora del Boston College, quien afirma que la inmersión en la actual cultura consumista causa en los niños depresión, baja autoestima, malestares físicos y malas relaciones con los padres, y que la industria publicitaria sobrepasó los límites éticos en su búsqueda de clientes cada vez más jóvenes. “La niñez estadounidense necesita con urgencia ser des-comercializada”, afirma. Y sentencia de entrada al explicar su nueva obra: “Hay una explotación comercial de la niñez mucho mayor que la que nunca hubo”.

Schor, quien vive cerca de Boston, hace unas semanas dictó una charla sobre su libro en Nueva York. Es una mujer alta y delgada y proyecta una imagen de intelectual comprometida, a la que contribuyen sus anteojos de marco grueso y los 17 años que enseñó en la Universidad de Harvard. También se hizo cierta fama con libros en que critica el consumismo creciente de los estadounidenses. Nacidos para comprar es impío con la industria del marketing, pero la autora habla con conocimiento de causa, ya que en 2001 logró “infiltrarse” en ese mundo y conocer cómo funciona. Entrevistó a ejecutivos de agencias y consultores en marketing infantil, observó el desarrollo de campañas de productos para niños y participó en congresos publicitarios. Con una sonrisa pícara, Schor destaca que todo fue gracias a la Advertising Education Foundation, que la invitó a conocer el backstage de la publicidad para mejorar “la mala reputación de la industria en el mundo académico”.

Schor descubrió que el marketing infantil produce mensajes cada vez más sofisticados. Antes las compañías se contentaban con usar el dibujo animado de un tigre color naranja para vender cereales. Ahora, contratan a sicólogos, antropólogos y sociólogos que estudian el comportamiento infantil para diseñar anuncios más convincentes. Los focus groups, por ejemplo, se han vuelto un método común para que los investigadores sepan qué piensan los niños o adolescentes sobre algún algún producto o publicidad. Sin embargo, Schor afirma que los investigadores ya no se conforman con escuchar. Ahora quieren ver a los niños cuando comen y juegan, averiguar qué guardan en sus clósets o si juegan con el frasco de champú cuando se bañan. “Los niños son estudiados e investigados de maneras nuevas e increíbles”, dice la autora. “Entrevisté a una antropóloga que se mudó con una familia para poder filmar todo… Una persona les había hecho resonancias magnéticas cerebrales a adolescentes y niños de ocho a doce años”. Una firma de marketing enviaba a niños dentro de una tienda con una cámara oculta. Así, podía analizar dónde se detenían, qué productos llamaban su atención y cuáles compraban al final.

Hay compañías que reclutan a niños como consultores. A cambio de regalos y el orgullo de sentirse asociados a marcas con onda, deben detectar lo que empieza a estar de moda entre los de su edad y pasarles el dato a los investigadores.

Una empresa especializada en esto es G.I.A., Girls Intelligence Agency (Agencia de Inteligencia de Niñas), que dice recibir información de unas 40 mil “agentes” de 8 a 18 años. A través de un sitio web, las niñas reportan sus opiniones y las de sus amigas sobre productos –una película sin estrenar, por ejemplo– que la agencia les pide que testeen. Laura Groppe, la creadora de la empresa, le dijo a Los Angeles Times que la misión de G.I.A. es que se sepa que “las niñas son capaces de causar cambios en el mundo a través de sus voces y de sus dólares”.

Además de opinar sobre los productos, hay jóvenes que son reclutados para promocionarlos disimuladamente, como quien no quiere la cosa. La periodista Alissa Quart, autora del libro Branded (Marcados), sobre “la compra y venta de adolescentes”, escribe que “los adolescentes se dan cuenta de la persuasión barata y las ironías agotadas de los comerciales de televisión, pero no pueden resistirse a comprar las cosas que sus compañeros más populares les dicen que compren”.

Generación $

Schor dice que el modo de vida actual de las familias estadounidenses hizo posible todo esto. Hay tendencias sociales de las que los publicitarios están conscientes. Entre ellas: la creciente influencia de los niños en los hogares; su mayor poder económico; lo ocupados que están los padres; y la culpa que sienten por no poder atender a sus hijos, que los lleva a comprarles lo que quieran.

La publicidad logró que se volvieran aliados de las marcas. Los niños tienen la voz de un avisador en la cabeza, que les dice: ‘Tu mamá no es cool, no la escuches’, dice la periodista Quart. Wynne Tyree, vicepresidenta de una compañía de marketing en Connecticut, explica: “Los niños son los que educan a sus padres sobre qué computadora comprar para la casa, le dicen a su madre qué jeans se tiene que comprar para no verse ridícula”. Hasta convencen a sus padres de que compren una 4×4 con reproductor de DVD en lugar de una
estándar.

Así actúa Derek, un morenito de 4 años que vive en El Bronx, según cuenta entre sonrisas su madre, Bianca, una peluquera de 25 años. “Me dice cosas como, ‘Mami, ¿por qué no te compras una radio?’”. Derek le recomienda cosas cool influenciado por la televisión, dice ella. La conversación se interrumpe instantes después: el niño ha estado pidiendo una gaseosa durante un minuto y, al final, logra arrastrar a su madre hasta un quiosco cercano para que se la compre.

Esta alianza entre las marcas y los pequeños consumidores, afirma Schor, logró que la actual generación de niños de 8 a 12 años sea la más materialista de la historia. Y los niños lo sufren, tanto en el cuerpo como en la mente, según demostró un estudio que ella hizo entre 300 chicos en el área de Boston. Los que estaban más expuestos a la cultura de consumo – y eran por ello más materialistas- tenían peores relaciones con sus padres y una peor salud mental, con niveles más altos de ansiedad y depresión y menor autoestima. También sufrían más dolores de cabeza y de estómago y se aburrían más seguido.

Cuando lleguen a adultos, “probablemente serán ciudadanos menos útiles”, dice Schor.

Ante estas acusaciones, los publicitarios argumentan que sólo puede ser positivo que ellos les presten más atención a los niños y que la responsabilidad sobre el nivel de exposición mediática de un chico es de sus padres. Tyree, la especialista en marketing, dice que los focus groups son una experiencia gratificante para los menores, quienes sienten que las compañías les dan poder al escucharlos. Además, dice, suelen ser los propios padres los que llaman a su empresa para pedir que sus hijos participen.

Otro consultor, Paul Kurnit, a quien Schor llama “uno de los decanos del marketing infantil”, responde que el libro “pinta un retrato negativo de la industria, visto desde un solo lado”.

“No dice que la publicidad da información a la audiencia joven sobre productos y servicios y les ayuda a aprender cómo ser consumidores con criterio –agrega– . No hay referencia a sus muchas y muy importantes contribuciones en inspirar comportamientos positivos en los jóvenes, en áreas tan difíciles como drogas, cigarrillos, alcohol, juego limpio, uso del cinturón de seguridad y muchas más”.

También Laura Groppe, de G.I.A., se queja de que Schor no retrató a su empresa con fidelidad. “G.I.A. nunca hizo ni hará marketing o investigación sin el permiso de los padres y la familia”, dice. “No he leído el libro, pero hubo clientes que me llamaron para preguntar quién es esta mujer y de dónde sacó su información, dado que G.I.A. trabaja con ardor para estar a favor de las niñas y no puede hacer nada sin que los padres estén involucrados”.

Kurnit también afirma que Schor debería sugerir más iniciativas para el bienestar de los niños, en lugar de atacar a la industria.

Schor sí propone varias políticas para “des-comercializar” la infancia: reducir la exposición mediática de los niños, prohibir avisos de comida para poder cambiar la dieta infantil y restringir o prohibir la publicidad a menores de 12 años. Pero también asegura que la materialista sociedad estadounidense necesita cambios más profundos.

“La verdadera solución a este problema –dice– es cambiar toda la cultura. Esto tiene que ver con los adultos, no sólo con los niños”.

Tengo nuevo cargo en AP

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Me complace contarles que desde el 21 de marzo de 2011 soy el nuevo Editor Adjunto de Deportes para América Latina de The Associated Press.

En mi nuevo puesto cumplo varias tareas, manejando contenido traducido de los servicios en inglés y generado en español por nuestros colaboradores en Latinoamérica y Estados Unidos. También voy a participar de las coberturas de eventos especiales, empezando por la Copa América y los Juegos Panamericanos.

Mi misión, según el anuncio oficial, es “mejorar la calidad y cantidad del servicio deportivo en español” y estaré involucrado en iniciativas de innovación para el servicio en español en estos tiempos en que todos buscamos para dónde apuntar.

La mente de un asesino

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Hace diez años, Silvina Pelosso, una adolescente cordobesa, apareció estrangulada en un bosque de California. Cary Stayner, condenado a muerte por el crimen, vivió casi cuatro décadas sin signos de su patología, hasta que una noche se hundió en un raid de violaciones y asesinatos. Retrato psicológico y biografía de un hombre que creció entre abusos infantiles y horrores domésticos.

Por Diego Graglia / Abril de 2009



El 18 de marzo de 1999, el carpintero californiano Jim Powers salió al bosque en su Jeep a practicar tiro. Vivía a 1.300 metros de altura en una zona poco poblada de la Sierra Nevada, en el centro de California. Tomó la ruta 108, bordeada de cedros y pinos altos, y se desvió en un camino de tierra. Al otro lado de una cuesta, en un terreno que la gente usaba para tirar heladeras y lavarropas inservibles, vio un auto rojo, quemado y abandonado. Powers aún no lo sabía, pero el baúl guardaba los cuerpos carbonizados de dos mujeres.

Así comenzó a resolverse un enigma que desde hacía más de un mes confundía a agentes del FBI y de la policía, a una familia de Eureka, California, y a otra del barrio de San Vicente, Córdoba capital.

El 15 de febrero de ese año, tres mujeres habían desaparecido sin dejar rastro de su habitación de hotel cerca del Parque Nacional Yosemite, uno de los rincones más bellos y serenos de Estados Unidos. Eran la estadounidense Carole Sund, de 42 años, esposa y madre de cuatro hijos –tres de ellos adoptivos–, mujer de negocios meticulosa y llena de energía; su única hija natural, Juliana o “Juli”, de 15, hiperactiva porrista de secundaria; y la amiga de la familia Silvina Pelosso, cordobesa de 16, igual de activa y deportista, pero también capaz de subirse a un árbol para estar tranquila y pensar. Silvina había llegado a California en diciembre para pasar unos meses con los Sund y conocer su país.

Desde la última vez que alguien las vio, alquilando películas en el lobby de su hotel, cientos de voluntarios y agentes de siete fuerzas de seguridad las buscaban a pie, en auto y en helicópteros con sensores infrarrojos y radares capaces de detectar metal bajo la nieve. El adinerado padre de Carole ofrecía 300 mil dólares en recompensa por encontrar a las mujeres o a su Pontiac Grand Prix rojo de alquiler. El misterio había capturado las tapas de los diarios de Córdoba y Buenos Aires, de Los Angeles y San Francisco.

Gracias a que la patente trasera no se había quemado, el auto que encontró Powers fue reconocido como el Pontiac buscado. Pruebas de ADN revelarían que los cuerpos eran de Carole y Silvina. Las dos habían sido estranguladas. Una semana después, una carta anónima guió a los investigadores al cuerpo de Juli, abandonado cerca de un lago: las manos atadas al frente, los tobillos unidos con cinta adhesiva negra, la cabeza casi separada del cuerpo a tajos de cuchillo.

Tres años más tarde, Cary Stayner, de 41 años, sin ocupación fija, fue condenado a muerte por los tres asesinatos. Los investigadores, que se habían concentrado en una banda de adictos a las anfetaminas, sólo lo relacionaron con los crímenes después de que Stayner decapitó a una cuarta mujer, Joie Armstrong, una naturalista que vivía sola en el parque Yosemite.

La abogada de Stayner ni siquiera intentó despegarlo de los asesinatos de Carole, Juli y Silvina: su argumento para intentar salvarlo de la inyección letal fue que Stayner estaba loco. El jurado no le creyó y Stayner hoy espera su ejecución en la “fila de la muerte” de la cárcel de San Quintín.

Pero si Stayner no estaba loco, ¿por qué mató a las cuatro mujeres de manera tan brutal? ¿Cómo pudo llegar a los 37 años sin más que un
arresto menor –por el que no fue procesado– y de repente convertirse en un asesino serial, capaz de planear y ejecutar homicidios tan cargados de sadismo?

Los crímenes ocurridos entre febrero y julio de 1999 fueron el final de una historia que comenzó en 1961: una saga de enfermedad mental, abuso infantil y violencia que alejó a Stayner de la realidad hasta sumirlo en un mundo paralelo de visiones apocalípticas que, en su mente, lo empujaban a cometer actos salvajes.

También es una historia de oportunidades perdidas, con un final trágico que podría haberse evitado.

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Asus 51 años, la abogada Marcia Morrissey –rubia y pálida, a pesar de tener su estudio cerca de la playa de Santa Mónica– tenía fama entre los fiscales de California de ser una rival incansable y detallista. Había defendido al rapero Snoop Doggy Dogg, a quien libró de una acusación de acribillar a alguien desde un auto, y a los hermanos Erik y Lyle Menéndez, célebres por haber matado a sus padres en Beverly Hills.

Por esa reputación, un defensor público invitó a Morrissey a sumarse al equipo de Stayner en el caso de la naturalista Joie Armstrong, en 2000.  Morrissey logró un trato con los fiscales: prisión perpetua (y no pena de muerte) a cambio de la confesión. Como ya conocía al acusado, pidió ser nombrada su defensora pública para el caso Sund-Pelosso.

“El tema en este juicio no era si él había cometido el crimen –me dijo por teléfono tras el proceso–. El tema era su estado mental.”

Para sustentar el argumento de insanía, Morrissey hizo que psiquiatras entrevistaran a Stayner y prepararan un reporte con su historia clínica y antecedentes familiares. El capítulo que narra su vida comienza así: “Cary nació con una cabeza visiblemente malformada”. Leerlo es meterse en la mente de un asesino serial.

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Cary Anthony Stayner nació el 13 de agosto de 1961, el primero de cinco hijos que tuvieron los mormones Delbert y Kay. Vivían en una granja de almendras en Merced, un pueblo del centro de California, a menos de cien kilómetros de Yosemite.

El niño tardó en hablar, en decir frases, tenía problemas para coordinar los movimientos de las manos y para procesar los sonidos de las palabras. También desarrolló síntomas del trastorno obsesivo-compulsivo y de tricotilomanía, el impulso irrefrenable de arrancarse el pelo. De grande, usaría siempre una gorra para ocultar los huecos en su cabello crespo.

Desde chico, Stayner imaginaba escenas trágicas. Cuando su madre no estaba, tenía visiones de que alguien la ataba y la torturaba. También veía a una vecina caer en trampas construidas por él. Desde los 9 años, padecía distorsiones en su percepción: sentía que todo se aceleraba o tenía premoniciones, acompañadas por cosquilleos en la nariz. También sufría dolores de cabeza, náuseas, vómitos y manchas en su campo visual.

“Comenzó a tener visiones apocalípticas del Holocausto, masacres mundiales, guerras y atrocidades. Con frecuencia, las imágenes que veía en la tevé o leía en libros de la escuela alimentaban el contenido de esos pensamientos intrusos (…). Cary tiene una memoria visual extraordinaria y «no puede olvidar» las imágenes que le muestran. Por eso, es muy vulnerable a su entorno”, dice el informe.

Ese era el cuadro psiquiátrico de Stayner a los 11, en 1972, cuando la parte más traumática de su vida estaba por comenzar.

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La familia habia dejado la granja por un barrio de clase trabajadora en Merced. Una tarde, un abusador de menores llamado Kenneth Parnell raptó a Steven, el hermano de Cary de 7 años, cuando volvía de la escuela. Simulando ser su padre, lo arrastró de pueblo en pueblo a lo largo de siete años, durante los cuales abusó de él. A los 14, Steven fumaba marihuana, tomaba alcohol y tenía poco interés en la escuela. Pero cuando Parnell secuestró a un chico de 5 años, Steven se escapó con él y fue a la policía.

Las cámaras de tevé llegaron a casa de los Stayner antes que el propio Steven. La atención mediática –que llegó hasta el libro y la miniserie– nunca cesaría. Steven ya no pudo reintegrarse a la vida familiar y siguió con los vicios y la promiscuidad aprendidos de Parnell. Moriría en un accidente de moto a los 24 años.

El secuestro de Steven golpeó a toda la familia. Cary Stayner pensaba que era un castigo por sus malos pensamientos y que era él quien debía haber desaparecido. Su padre, Delbert, intentó suicidarse con una escopeta, pero le faltó coraje. El y su esposa dejaron de preocuparse por sus hijos.

El descuido llegó al punto de dejar que Cary pasara la noche con su tío Bobby Higgin, enfermo mental y ex convicto por abuso de menores. Higgin le mostró fotos de niñas desnudas –una imagen que lo perseguiría por décadas– y, según el psiquiatra, “esa noche, Cary estaba durmiendo en la misma cama que su tío y se despertó cuando Bobby le daba sexo oral”.

Stayner tenía un coeficiente intelectual más alto que el promedio, pero en la escuela le iba apenas bien. Las visiones no le permitían concentrarse. Sus compañeros lo votaron “el más tímido” en séptimo grado. Sólo logró destacarse como dibujante del periódico escolar. Nunca tuvo un contacto normal con las chicas. A los 14, ver a una vecina desnuda le trajo más imágenes violentas, cada vez más sexuales. Luego de tener visiones de guerra y genocidio, de batallas entre extraterrestres o caballeros medievales, dice el informe, “de inmediato, tenía que contrarrestar esos malos pensamientos con otros buenos, «puros», donde traía paz al mundo, curaba el VIH”.

Cuando Steven volvió, Cary, con 18 años, se volvió más invisible para su familia. En 1982, creyó ver a Pie Grande, una criatura mítica como el Yeti, en el parque Yosemite: para el psiquiatra, un ejemplo de “pensamiento al límite de la psicosis”. En 1986, Delbert Stayner fue acusado de abusar de dos de sus hijas. Le diagnosticaron exhibicionismo, estrés postraumático y personalidad pasivo-agresiva. Su esposa lo dejó. Las dos hijas se volverían adictas a las drogas y el alcohol, y una de ellas intentaría matarse dos veces.

Ya veinteañero, Cary Stayner era un tipo musculoso y bronceado por sus excursiones para acampar en Yosemite. Pero la vergüenza por sus visiones y por su cabello desparejo lo mantenía aislado de las chicas. “Nunca había aprendido a amar o a confiar en alguien”, dice el reporte. Salió con algunas mujeres, pero por pocos meses.

“Nunca fue realmente capaz de tener un encuentro sexual satisfactorio, debido a su impotencia de origen psicológico (…), otra manifestación de su incapacidad de convertirse psicológicamente en un adulto”, agrega.

En 1990, al año siguiente de que Steven se matara con su moto, alguien asesinó de tres balazos al tío Jerry Stayner en la casa que compartía con Cary. El caso nunca se resolvió, pero tras el crimen los síntomas de Stayner se hicieron tan severos que por primera vez buscó ayuda psiquiátrica (su padre siempre la desdeñó). Fue a ver a un doctor en Merced, que durante la consulta anotó: “Nunca me casé. Tirarme el pelo me alejó de una vida normal”. Le recetó un antidepresivo, pero Stayner pronto lo dejó porque se sentía como un zombi.

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Pasados los 30 años, Stayner estaba al borde del colapso psicológico y emocional.

En 1995, quiso suicidarse arrancando el auto en el garaje cerrado, pero no funcionó. “Visiones retorcidas de abducciones, incesto y asesinato” invadían su mente.

Un día, en la vidriería donde trabajaba, lloroso y tembloroso, empezó a golpear cosas y amenazó con matar a su jefe. Este se compadeció y lo llevó al hospital. Le diagnosticaron depresión, trastorno obsesivo-compulsivo y posible estrés postraumático. Stayner le dijo al doctor que temía no poder casarse por su impotencia y que se sentía culpable de lo que le pasaba a la gente cercana a él. Le dieron un medicamento antiobsesivo, pero el único tratamiento disponible era terapia de grupo.

“Si en ese momento le hubieran provisto un tratamiento adecuado –dice el informe–, los crímenes que cometió después podrían haber sido evitados.”

Stayner se asoció a un amigo para vender marihuana con fines medicinales. Para él, era una manera de hacer el bien, de contrarrestar todo el mal que lo rodeaba. Pero en 1997 los arrestaron: el uso medicinal de la droga acababa de ser legalizado, pero no su venta. Aunque Stayner no fue procesado, se quedó sin dinero y debió vender su casa rodante.

“Se quedó con pocas pertenencias y sin familia propia a los 35 años, cuando esperaba estar mejor establecido –dice el informe–. Este nuevo fracaso, esta pérdida de esperanza, marcaron el comienzo de su descenso final a un infierno psicótico.”

Tratando de huir de sus visiones, se fue a vivir a una carpa en Yosemite. Pero los zumbidos y tintineos que escuchaba se convirtieron en voces que lo llamaban cuando no había nadie cerca.

Ese verano consiguió trabajo como peón en el hotel Cedar Lodge, a la entrada del parque. Otra vez en contacto con gente, sentía que todos hablaban sobre secuestros, asesinatos y crímenes sexuales. En la tele sólo hallaba programas sobre asesinos seriales o las predicciones apocalípticas de Nostradamus para 1999. Sentía que eran mensajes: el mundo se acababa, se venía una ola de violencia y su destino era ser parte de ella.

“En su mundo interior destrozado, Cary estaba aislado del amor y de la redención que anhelaba pero no podía encontrar (…) Aquellos a quienes había intentado amar lo habían ignorado, habían abusado de él o habían muerto. Perdiendo todas sus esperanzas, se sumergió totalmente en una realidad alterna donde no había ley ni orden, sólo caos y violencia.”

Ese era el Cary Stayner que en la noche del 15 de febrero de 1999 golpeó la puerta de la habitación 509, la única ocupada en ese ala del hotel. Adentro, Carole leía un libro y Silvina y Juli estaban mirando Jerry Maguire.

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“Era una niña muy luchadora”, dice Raquel Cucco, la madre de Silvina Pelosso, por celular desde su campo en Las Varillas, Córdoba, donde vive desde hace unos años. “Había nacido con un problema de inmadurez del aparato digestivo, lloró mucho sus dos primeros años, no ganaba el peso suficiente. Pero después floreció con un cuerpo fuerte.”

Silvina practicaba patinaje artístico, hockey sobre patines, taekwondo, fútbol, básquet. Aprendió esquí acuático a los 5 años. “Solía darle abrazos a los árboles”, recuerda Raquel. Plantó fresnos que hoy crecen en el campo de su madre. También hacía yoga desde chiquita y le gustaba la música: las dos solían sentarse al piano a tocar a cuatro manos.

“Podía alternar momentos de un deporte bastante fuerte y después encaramarse a un árbol, sentarse tranquila, a tener un rato de reposo”, dice Raquel. Silvina era buena alumna, pero tan calmada que podía pasar desapercibida para los maestros.

Juli Sund también era activa, pero ella jamás bajaba el ritmo. Era porrista, hacía snowboard, tocaba el violín y el piano, y había comenzado a elegir universidad. Cuando Silvina viajó a Eureka, se sumó a la vida de su amiga: “A veces terminaba mareada –cuenta Raquel–, porque Juli no paraba nunca”.

Raquel Cucco y Carole Carrington se conocieron en 1973 cuando la estudiante de intercambio estadounidense vivió en casa de la joven cordobesa. Su amistad duró un cuarto de siglo, mientras se casaban con José Pelosso y Jens Sund y criaban a sus hijos: Paula y Silvina; Juli y sus hermanos adoptivos Jonah, Regina y Jimmy.

El plan era que las adolescentes repitieran la experiencia de sus madres. Tras el regreso de Silvina, Juli viajaría a Córdoba.

Raquel no sentía ninguna aprensión por dejar ir a su hija. Carole era una mujer ordenada que, además de mantener su casa en funcionamiento, participaba en la escuela de los chicos y, como voluntaria, ayudaba a futuros padres adoptivos, asistía ante la Corte a menores abusados y había fundado un hogar para discapacitados mentales.

Carole planeó en detalle el gran final del viaje de Silvina: una excursión a Yosemite y al Gran Cañón del Colorado. Volaron de Eureka a San Francisco y alquilaron el Pontiac rojo. Manejaron hasta Stockton, donde Juli participó en una competencia de porristas. El 15 de febrero pasearon por Yosemite –Silvina se sacó una foto abrazada a un árbol– y se hospedaron en el Cedar Lodge.

Alquilaron películas y se fueron al cuarto.

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El 24 de julio de 1999, los agentes del FBI Jeff Rinek y John Boles arrestaron a Cary Stayner en un resort nudista a 260 kilómetros del Cedar Lodge, como sospechoso en la muerte de la naturalista Joie Armstrong.

Una vez en la oficina del FBI, Stayner le contó a Rinek de su impotencia, del abuso sufrido cuando niño y le ofreció confesar “todo” lo que había pasado en Yosemite. A Rinek ni se le había ocurrido que Stayner tuviera algo que ver con las tres mujeres muertas.

Tras compartir una pizza de pepperoni con los agentes, Stayner confesó los cuatro asesinatos.

Relató que a fines de 1998 había decidido que obedecería a sus fantasías, en las que a esa altura se veía matando mujeres. Eligió como víctimas a una mujer con quien salía de cuando en cuando y a sus hijas de 8 y 11 años.

“No puedo explicar por qué sucedió esto –dijo, según citó la periodista Stacy Finz, del San Francisco Chronicle–. En un momento, estoy pensando en cosas muy buenas y en la paz del mundo, y al minuto siguiente siento como que podría matar a cada una de las personas en la faz de la Tierra.”

El 15 de febrero, Stayner pensaba concretar su obsesión. Pero cuando fue a visitar a la mujer, no hizo nada porque había un vecino cerca. Volvió al Cedar Lodge y vio a unas turistas jóvenes, pero también estaban con un hombre.

Entonces, se fijó en el Pontiac frente al cuarto 509. Por la ventana, vio a tres mujeres solas.

Con un revólver, un cuchillo grande, una cuerda y un rollo ancho de cinta adhesiva en su mochila, empezó a golpear en cuartos vecinos como si fuera un empleado en ronda de mantenimiento. Carole no quiso abrirle, pero cuando Stayner insistió en que tenía que revisar una pérdida de agua y amagó con llamar al gerente, cedió y lo dejó pasar.

En ese instante, dos adolescentes estudiosas y energéticas y una madre activa y generosa se quedaron solas en ese ala del hotel con un hombre sin casa ni trabajo fijos, sin logros ni expectativas en la vida, un solitario que fantaseaba con matar mujeres.

Stayner siguió con la farsa: durante unos minutos, hizo como que
buscaba filtraciones en el baño. Luego, salió, revólver en mano y dijo que quería dinero y las llaves del auto. Pero cuando Carole quiso buscar su cartera, le ordenó que se quedara en la cama. Con la cinta, la ató de pies y manos y le vendó la boca.

“Les dije que no me miraran, pero la chica española no me entendía y me seguía mirando, así que se lo grité –relató a los agentes–, y Juli le dijo que no me mirara.” Ató las manos de las chicas y también les vendó la boca. Las llevó a las dos al baño y, al volver al cuarto, estranguló a Carole con la cuerda, sentado en su espalda.

“No tenía ningún sentimiento –dijo–, como si estuviera cumpliendo una tarea.” Metió el cadáver en el baúl del Pontiac.

Regresó adentro e intentó abusar de las adolescentes, pero Silvina se resistió. “La puse en la bañera –dijo– y la estrangulé.”

Durante la noche, abusó de Juli y trató de violarla, pero no pudo.

Eran casi las cinco de la mañana. Stayner decidió partir en el Pontiac, sin saber hacia dónde, con los cadáveres en el baúl y Juli a su lado, atada y envuelta en una sábana rosada. Cuando amanecía, cerca del lago Don Pedro, la cargó por un sendero “como a una novia”.

“Le dije que ojalá hubiera podido quedármela, pero no podía. Le dije que había tenido una buena chance de escaparse en el cuarto; el revólver no tenía balas.”

Le cortó la garganta y la dejó caer por una pendiente.

“No sabía qué hacer –recordó–. Tan sólo me quedé ahí parado, mirando el puente que cruza el Don Pedro, tratando de ignorar lo que acababa de hacer (…) No fue fácil.”

Rinek le preguntó cuál era la última imagen que recordaba de Juli. Stayner respondió que la veía, herida, llevarse las manos atadas a la cabeza, pidiéndole en un gesto mudo que le diera un tiro de gracia.

Stayner dejó el Pontiac donde el carpintero Powers lo hallaría un mes después. Dos días después, volvió y lo quemó. Tiró una parte de la billetera de Carole a cien kilómetros de allí para despistar al FBI.

Tras un mes, mandó la carta con la ubicación del cuerpo de Juli. “Con ésta nos divertimos”, escribió, y selló el sobre con saliva de un empleado de hamburguesería a quien le pagó cinco dólares. Le dijo que era para un test de paternidad.

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Sin pistas firmes por el cuidado que Stayner tuvo de no dejar rastros en la habitación 509, el FBI –al que Raquel Cucco aún critica–, se concentró en ex convictos de la zona. Pese a que su apellido era conocido en la región, Stayner nunca llamó la atención de los agentes y, como empleado del Cedar Lodge, hasta los guió por las habitaciones en la búsqueda de pistas.

Pero cuando decapitó a Armstrong en el lugar donde una vez creyó ver a Pie Grande, alguien descubrió su camioneta. Huyó al resort nudista, donde lo reconocieron como el wanted que estaba saliendo en la tele. Antes de confesar, intentó ponerles una condición a Rinek y Boles: que le trajeran pornografía infantil, que nunca se había animado a conseguir solo.

Fue sentenciado a cadena perpetua por la muerte de Armstrong en noviembre de 2000.

En 2002, el juicio por Carole, Juli y Silvina se dividió en tres fases: culpabilidad, insanía y condena. Stayner perdió en las tres. El psiquiatra de la acusación dijo que Stayner entendía lo que hacía al cometer los crímenes y que había sido demasiado metódico como para ser considerado insano. El jurado decidió que Stayner estaba tan cuerdo como para saber que lo que hacía estaba mal. El 12 de diciembre fue condenado a la pena de muerte.

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El prisionero T75166 en San Quintín, Cary Stayner, es uno de los 677 condenados a muerte en California. Desde que volvió a adoptar la pena capital en 1978, el Estado sólo ejecutó a trece personas. El sistema es lento y disfuncional: Stayner lleva seis años esperando que le asignen un abogado para su apelación automática ante la Corte Suprema estatal. Además, las ejecuciones se suspendieron en 2006 mientras se evalúa si la inyección letal es un método inhumano.

Por eso, Stayner, de 47 años, puede pasar décadas en la celda 2 EB 111, de 1,35 por 3,30 metros. Está en el segundo nivel del Bloque Este: a través de las rejas, ve una pared y la pasarela por la que camina un guardia con una ametralladora.

El Bloque Este es ruidoso. Se oyen conversaciones de celda a celda, anuncios por los parlantes, rejas que se cierran, gritos, según me contó en una carta Michael Hunter, quien estuvo allí por matar a su padre y a su madrastra. Hay una luz en la celda que el preso controla, pero las de afuera están siempre prendidas. La celda tiene piso de cemento, una cama atornillada a la pared, inodoro y lavabo al fondo.

“Stayner nunca causó problemas”, dice el teniente Samuel Robinson, vocero de San Quintín. Consiguió una tele y una radio –es obligatorio usar auriculares–, recibe libros de la biblioteca y cartas, sale al apretado patio de ejercicios cinco horas por día y puede ducharse día por medio. Su única visita es una mujer que viene a verlo desde hace un par de años. El teniente no puede decir quién es.

“Es cordial, tranquilo –dice Robinson–. Mayormente, es reservado. Es de los que se hacen invisibles entre la población carcelaria.”

Aunque traté de entrevistar a Stayner, su defensa hace tiempo le pidió que no hablara con los medios, porque cuando lo hizo empeoró su situación judicial. Le escribí dos cartas –la única manera de iniciar contacto directo con él–, pero no me respondió.

Stayner está bien físicamente, pero su salud mental sigue igual, dice la abogada Marcia Morrissey: “Eso nunca va a cambiar”.

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Aunque su hija Paula reside en el pueblo, Raquel Cucco vive sola en el campo que era de su padre. Cuida a sus vacas, ovejas y chivos con la ayuda de un empleado. Tiene un rollo de alfalfa en medio del parque para practicar arquería y escribe poesías. En una, defiende a las loras que invaden la zona, “okupas indeseados” que se comen el maíz. “Tenemos que aprender a convivir con todos en este mundo”, explica.

Aún habla con los padres de Carole –que crearon una fundación para víctimas de crímenes– y se escribe con Jonah Sund, el hijo mayor de su amiga. De su propia familia, pide no hablar.

Raquel considera que Stayner no merece volver a la sociedad, pero está en contra de la pena de muerte: “La mayoría de esa gente es indeseable, tan indeseable como las loras en mi parque, pero de última no tenemos el derecho de quitarle la vida”.

Lamenta que la Justicia no se fijara en las causas profundas de la conducta de Stayner, como su padre abusador.

“Stayner fue el fusible que saltó de una red que estaba completamente sobrecargada –dice–. No sé si individualmente alguno (de los Stayner) habrá buscado alguna ayuda, pero tal vez el fabricante de monstruos todavía esté ahí.”

Cristina Fernández de Kirchner: Humo en tus ojos

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Mayo 2008

Cristina Fernández de Kirchner enfrentó su primer incendio y, al parecer, no logró extinguirlo.

Entre marzo y abril, la presidenta argentina vivió la primera crisis seria de su gobierno. Ésta comenzó con un paro de productores agropecuarios, rebelados ante un aumento de los impuestos a las exportaciones agrarias. Pronto, llegó a las calles de Buenos Aires, cuando manifestantes de la clase media urbana salieron a tronar sus cacerolas a favor del campo y en contra de un gobierno que prefiere la confrontación al diálogo.

Los cacerolazos traen malos recuerdos a los argentinos, ya que marcaron el fin de la Argentina de los noventa, cuando los porteños salieron a oponerse al débil gobierno de Fernando de la Rúa en el diciembre caliente de 2001. Las protestas ayudaron a desatar una crisis que expulsó a ese presidente y vio pasar a cuatro más en dos semanas.

Ahora, sin embargo, las manifestaciones clasemedieras terminaron con un conato de lucha de clases de sabor amargo. Tras una de las noches de cacerolas, grupos de piqueteros —llegados de los suburbios más pobres— corrieron a los quejosos de la Plaza de Mayo. Luis D’Elía, un líder piquetero y ex funcionario nacional kirchnerista, apareció en televisión dándole un puñetazo a un manifestante que lo había increpado. En los días siguientes, D’Elía le declaró la guerra a “los blancos” de Barrio Norte a puro insulto por radio y por TV. (Esto llevó a Mario Vargas Llosa a meditar en una columna en el diario español El País que “en la Argentina, por más esfuerzos que hago, sólo veo blancos”.)

Así fue cómo la discusión por las retenciones impositivas al campo se transformó en una guerra de pobres contra ricos. Al menos, ésa es la visión del Gobierno, el cual insiste en que las protestas se deben a que los exportadores —prósperos en extremo gracias a los altos precios de las materias primas— no quieren compartir su buena fortuna con el resto de la sociedad.

La presidenta, lejos de repudiar a D’Elía, apareció con el piquetero en un acto masivo en Plaza de Mayo. Es que el discurso de Cristina es casi tan divisivo como el de sus seguidores más extremos. Ése es el “estilo K”, el tono que ha marcado las sucesivas presidencias del matrimonio Kirchner.

El politólogo Carlos Fara explica que las clases medias esperaban, junto con la sucesión presidencial de diciembre pasado, un cambio en ese estilo agresivo. La desilusión de esas expectativas, asegura, generó el clima propicio para las protestas porteñas.

En el acto en Plaza de Mayo, la mandataria llegó a un extremo casi sorprendente cuando acusó a Hermenegildo Sábat, caricaturista político del diario Clarín, de haberle enviado un mensaje “cuasi mafioso”. El pecado de Sábat fue haberla dibujado con una equis sobre la boca, después de varios discursos desafiantes de la presidenta. Pero Cristina se estaba metiendo con un “cuasi prócer” del periodismo nacional a quien se considera —con justicia— por encima de la política partidaria. Con su lápiz afilado, Sábat ha criticado a los presidentes argentinos desde cuando éstos vestían uniforme militar.

La acusación contra Sábat fue una exacerbación de la costumbre kirchnerista de atacar a la prensa como método de defensa. Al mismo tiempo, mientras la agencia estatal de noticias había elegido no informar sobre los cacerolazos, la presidenta asistió a un acto del oficialista Observatorio de Discriminación en los Medios, lo que se entendió como una amenaza a la libertad de expresión.

La imagen positiva de la presidenta cayó por la crisis. Sin embargo, expertos como Fara y la consultora Graciela Römer dicen que esto no debe verse como un daño permanente.

Promediaba abril y la atmósfera en Buenos Aires se presentaba enrarecida, en términos figurativos. Hasta que el aire se enturbió de verdad.

Cientos de focos de incendio en campos al norte de la capital generaron una humareda gigante que invadió Buenos Aires durante más de una semana y llegó hasta la coqueta Punta del Este en Uruguay. Hubo detenidos por iniciar los fuegos y más de 300 porteños fueron al hospital con irritación ocular o problemas respiratorios.

La quema de pastizales se suele hacer para desmalezar campos y sembrar cultivos rentables como la soya. Pero, tras 21 días de paro y cortes de ruta, el humo olía sospechoso. La presidenta no dejó pasar la oportunidad y dijo que el fuego fue “un ejercicio de irresponsabilidad inconcebible de quienes quieren a costa de su rentabilidad quebrar la vida de los argentinos”.

Así, sumó los incendios a su enfrentamiento con el campo, fiel a su estilo de combatir las llamas con gasolina.

Rodrigo y Gabriela: Los hijos pródigos del rock defeño

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Mayo 2008

“¿Ya se cansaron, cabrones?”. No es la manera en que uno espera que los miembros de un dúo de guitarras acústicas se dirijan a su público en la noche que debutan en un país. Pero eso es lo que grita Rodrigo Pineda Sánchez, su frente y playera negra transpiradas, su pecho inflado, a los varios cientos de fans que aúllan, silban y levantan sus dedos en forma de cuernos metaleros.

Éste es un concierto instrumental con dos guitarras de madera, pero es mucho más que eso. Por el sudor y las cabezas que suben y bajan, es puro rock.

Por los riffs clásicos insertados cada tanto en las canciones, es metal. Por cómo se mueven las manos de los músicos, es flamenco y —según confesarán después— ni ellos saben qué más. Por la botella de cerveza que Rodrigo usa como slide y el coro masivo, a toda garganta, de “Wish You Were Here”, es una exhibición de virtuosismo técnico sin las pretensiones que lo suelen acompañar.

Después de más de dos años de girar por el mundo desde Irlanda, subidos al éxito de su disco homónimo, los mexicanos Rodrigo y Gabriela debutaron en su propio país el 9 de abril con un show en Ciudad de México. Allí por fin tradujeron en “vivo” lo que muchos compatriotas sólo habían disfrutado gracias a YouTube: esa mezcla musical peculiar y excitante que le enreda los dedos a quien trata de definirla sobre papel.

Algunos dicen que hacen flamenco, otros —haraganes— los arrojan en esa categoría insondable de la world music, algún —poco imaginativo— periodista estadounidense los bautizó como “metal mariachi”.

La verdad es que ni el propio Rodrigo —de 33 años, igual que Gabriela Quintero López— conoce antecedentes de artistas que hayan hecho música así.

“Si tuviera la alineación de un grupo de rock, con bajo y batería, sería ridículo decir que no tocamos rock”, dice la tarde siguiente al show, en lo que asegura es su primer día de vacaciones en más de ocho años. “La estructura viene del rock, de donde nosotros venimos, pero en los ritmos y melodías involucramos a la cultura latina. Y la mezcla de uno y otra hace lo que tocamos”.

Entre lo que ayuda a confundir todo está la tormenta de percusión que Gabriela desata sobre la barriga de su guitarra —sin dejar de pulsar las cuerdas al mismo tiempo—. Aprendió un rasgueo de flamenco alguna vez, pero luego fue creando otros propios. A Rodrigo no le alcanzan las palabras para explicar el aspecto técnico, dice, porque “somos un poco ignorantes al respecto”.

La historia de Rod and Gab cautivó a los medios porque son una especie de Cenicienta de la industria musical.

Se criaron en el DF y se conocieron cuando tenían quince.

Tras fracasar en el ingreso al conservatorio, integraron Tierra Ácida, una banda metalera.

Vivieron un tiempo en la pacífica Ixtapa, tocando para los turistas, hasta que decidieron probar fortuna en Europa. La suerte primero no fue tan buena —cuando tocaban en las calles de Dublin, Copenhague y Barcelona—, pero al fin mejoró, cuando comenzaron los shows en clubs y grabaron sus primeros dos discos, que los colocaron en el circuito de la world music. Con su primer lanzamiento internacional, el disco que lleva sus nombres, llegaron a Estados Unidos, Australia, Japón, Singapur y muchas ciudades europeas… antes que a México.

Su show de abril fue importante por ser su regreso al país, pero también porque significó el final de una gira de más de dos años (ahora se dedicarán a un nuevo álbum). Al mismo tiempo fue emotivo —dice Rodrigo—, porque por primera vez en su carrera un grupo grande de parientes, de ambas familias, se reunió para verlos tocar.

A pesar de ser un debut, el ambiente era el de una reunión de viejos conocidos. Como guiño entre rockeros, Rodrigo arrancó el rasgueo de la balada ultramelosa “More Than Words”, de Extreme, para cortarlo de inmediato con una sonrisa irónica en los labios. Tras repetir el truco con la intro de “Venus” —“She’s got it/ Yeah, baby, she’s got it…”— se adentró en un riff clásico de Jimi Hendrix, que conectó con otro de White Stripes.

Los espectadores —muchos jóvenes, pero también muchos adultos de esos que guardan playeras negras en aquel cajón—, conocedores, cómplices, respondieron sacudiendo la cabeza y, una vez más, levantaron las manos con dos dedos extendidos.

Gatopardo

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Revista GatopardoFui coordinador editorial de la revista Gatopardo, una de las más admiradas del periodismo narrativo latinoamericano.

Mis tareas principales eran la edición de textos y coordinación de la producción de cada número, pero también escribí notas sobre cultura y política.

Cristina Fernández de Kirchner: Humo en tus ojos

A inicios de 2008, la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner enfrentó su primer incendio y no logró extinguirlo. [ + ]

Rodrigo y Gabriela: Los hijos pródigos del rock defeño

Después de más de dos años de girar por el mundo desde Irlanda, los mexicanos Rodrigo y Gabriela debutan en su propio país. [ + ]

Expansión

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Portada de Expansión Diciembre 2008

Hoy soy el editor adjunto general de la revista de negocios líder en México, Expansión. Pueden ver detalles sobre mi llegada aquí. Y, sobre mi ascenso en 2013, hay más aquí. Mi trabajo es liderar la estrategia editorial y a la redacción.

Aquí está mi primer año en la revista en portadas.

A fines de 2008, Expansión me encargó un perfil del empresario Alejandro Martí, que sería la nota de portada de su edición de diciembre, en la que suele elegir al Personaje del Año.

Tras perder a su hijo a manos de secuestradores, el millonario Martí se convirtió en un cruzado por la seguridad pública. Apenas meses antes, había vendido el control de su cadena de tiendas deportivas y gimnasios de lujo. El crimen le cambió la vida para siempre y eso es lo que intenté reflejar en esta crónica, que tenía que hablar de negocios pero también buscaba contar el lado humano de una historia terrible. Por eso, busqué escribir un perfil lo más narrativo posible.

El reporteo fue muy intenso, y la negociación para lograr una entrevista con Martí, aún más. Al final, la concedió cuando yo ya había entregado una primera versión del texto.

Una perla inédita que descubrí es que Martí es sobrino bisnieto del patriota cubano José Martí, aunque su apellido Martí viene de otra rama de su árbol genealógico: una sobrina de José Martí se casó con el abuelo de Alejandro Martí, Domingo Martí Riera.

* * *

Artículos sobre y de Expansión:

Un año de portadas de Expansión

Un año en cualquier publicación es un largo tiempo. En una revista catorcenal, son 25 ediciones, con el descanso de Navidad y Año Nuevo. Hay grandes éxitos, altibajos, las mejores portadas, las que no les gustan a muchos. [ + ]

El ciudadano Martí

El secuestro y la muerte de su hijo lo empujaron a convertirse en la voz de la gente contra la delincuencia. Eligió la lucha, confrontó a las autoridades y nunca bajó los brazos. [ + ]

El tío bisabuelo José

El prócer y poeta máximo de Cuba, José Martí, que murió peleando por la independencia cubana en 1895, fue antepasado del empresario mexicano Alejandro Martí. [ + ]

* El reportaje sobre Martí también se puede leer en el sitio de CNN Expansión o descargar el artículo en un archivo pdf.

Latinoamérica es un continente oculto en Estados Unidos

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Ya sabemos que los inmigrantes ilegales ni siquiera son ciudadanos. No tienen derechos, tampoco documentos, y no pueden demostrar que existen cuando la policía los captura para echarlos de un país. Por eso se esconden. En Estados Unidos, los «latinos» son parte de ese universo subterráneo de forasteros que, sobre todo, quiere vivir allí. Un reportero recorre 6.692 kilómetros de autopistas en busca de esas personas. ¿En qué consiste pertenecer a la clase social más débil del país más rico del mundo?

Una crónica de Diego Graglia. | No. 65

En el verano de Nueva York, los desfiles del orgullo nacional, de los innumerables orgullos nacionales que viven allí, son tan comunes como los grupitos de chicos que juegan en la cascada de las bombas anti-incendios en las calles de los barrios latinos. Los negros del Caribe angloparlante hacen un carnaval tremendo en Atlantic Avenue, en Brooklyn; los griegos y los alemanes tienen sus desfiles aburridos a un costado del Central Park; los dominicanos arman uno en El Bronx y otro en Manhattan; los puertorriqueños son tantos y asustan tanto con su «parada» [parade] a las tiendas de lujo de la Quinta Avenida que éstas protegen sus vidrieras de ese aluviónpiel morena con enormes planchas de madera. Los estadounidenses que no se consideran más que «Americans» –ni Italian-Americans, ni African-Americans, ni Asian-Americans– prestan poca atención a tanto fervor étnico, a menos que eso les cause demoras en el tráfico.

Los ecuatorianos también son muchos, por lo que se podía ver ese domingo de agosto desde el pavimento caliente de Northern Boulevard, en Queens, el condado más cosmopolita del país, el distrito más «inmigrante» de Estados Unidos. A pesar del sol que quemaba la cabeza, miles de personas se amontonaban a lo largo de veinte cuadras para ver el desfile del Día de la Independencia (de Ecuador, claro).

El sol atravesaba los paños amarillo-azul-rojos de las banderas ecuatorianas y los hacía brillar alegres en el mediodía. Reverberaban desde las aceras, sobre las carrozas, en la mano de un Ronald McDonald patriota: un tipo que, a pesar de estar vestido con un mameluco colorinche y una peluca de arco iris y de llevar la cara pintarrajeada, tenía una mirada un tanto siniestra.

Los ecuatorianos son una de las comunidades latinas más grandes de Nueva York, aunque no suelen aparecer tanto en los medios ni en las conversaciones como los puertorriqueños, dominicanos o mexicanos –nacionalidades que llevan más tiempo de presencia masiva en el país–. Tras haber vivido más de cinco años en la ciudad, sabía que hay muchos taxistas ecuatorianos, que los ecuatorianos juegan mucho al vóleibol en los parques, que una gran parte de ellos vive por la zona del desfile –Jackson Heights y sus alrededores–, que hay un camión de comida ecuatoriana que se estaciona en Roosevelt Avenue con una pantalla donde se pasa fútbol vía satélite. Pero no sabía mucho más.

Ese domingo, los ecuatorianos neoyorquinos demostraban estar muy metidos en la política de su país, a pesar de que cuatro mil quinientos kilómetros los separaban de Quito. Un hombre sostenía un cartel de País, el partido del presidente Rafael Correa. Otros tres mostraban unas cartulinas blancas con mensajes para Correa en prolijos renglones escritos a mano: «ACABA CON LOS DELINCUENTES POLÍTICOS Q’ CON SUCIAS MENTIRAS AN DESTRUIDO A LOS ECUATORIANOS……… QUE NOS OBLIGARON A DEJAR NUESTRA PATRIA», decía uno. El punto de la «i» de Patria era un corazoncito. «TODOS LOS QUE AN GOBERNADO DEBEN TENER VERGÜENZA DECIR ‘YO FUI PRESIDENTE DEL’ ECUADOR», decía el de al lado. Cuando una representante del gobierno ecuatoriano habló al final del desfile, la mitad de la gente la aplaudió y la otra mitad la silbó. Lo que no se veía eran señales de apoyo (ni de repudio) a ningún político estadounidense, aunque faltaban menos de cien días para una elección presidencial considerada histórica entre el demócrata Obama y el republicano John McCain.

Queens era el punto de partida de un viaje que mi novia y yo íbamos a empezar al día siguiente. En un Subaru 1992 con más de doscientos ochenta mil kilómetros recorridos, pensábamos cruzar los Estados Unidos de norte a sur, desde la Nueva York progre hasta la Texas conserva, y luego seguir hasta México DF, donde nos habíamos mudado hacía poco. El viaje era una oportunidad para saber cómo vivían los latinos de otros lugares, los que nunca salían en los medios, para saciar la curiosidad sobre qué pensaban de vivir en los Estados Unidos en una época en que «inmigrante» era casi una mala palabra.

El desfile era un buen lugar para empezar. Los políticos mainstream hasta hace poco pensaban que con ir a la Pequeña Habana, en Miami, a tomarse un café en el Versailles y hablar mal de Fidel Castro tenían solucionado el «voto latino». Para la campaña del 2008 ya sabían que eso no era suficiente, pero aún les costaba comprender que el voto latino en sí no existe. Existen muchos votos latinos, en una población tan diversa que viene en veinte nacionalidades, varios colores (blanco, negro, marrón, amarillo), muchos idiomas (español, quechua, guaraní, maya…), una amplia variedad de religiones y, como si esto fuera poco, con muy distintas ideologías. Claro que eran escasos los estadounidenses que podían comprender lo diferente que es un peruano de Nueva Jersey de un salvadoreño de Washington DC, o un dominicano del Alto Manhattan de un mexicano de Chicago. Para la mayoría de los gringos, el latino presentaba una imagen nebulosa en que se mezclaban los sombreros mexicanos con el arroz con habichuelas caribeño, los dictadores bananeros con los bailarines de flamenco con una rosa sobre la oreja.

Cuando estaba por terminar el desfile ecuatoriano, los políticos que engalanaban el palco dieron sus discursos de ocasión: un dominicano que era comisionado de Asuntos Inmigrantes, un ecuatoriano que era funcionario del estado de Nueva York, un político joven hijo de ecuatorianos que se llamaba Francisco Moya. Con las consonantes marcadas de algunos hijos de hispanos, Moya agradeció a los organizadores de «esta linda parada» y anunció que iría de delegado a la Convención Nacional Demócrata (fue el primer ecuatoriano-estadounidense en lograrlo) «para eligir al próximo presidente de los Estados Unidos». Lo aplaudieron sin mucho entusiasmo: «Bieeeen…»

Después de que un relator de la tele le dedicó a la gente un grito de «Goooolll» y de que todos cantaron el himno ecuatoriano, le pregunté a Moya por la bandera del Che que ondeaba por ahí, por los carteles sobre la política ecuatoriana.

–No vi ningún cartel demócrata ni republicano –le dije.

–Debería haber un equilibrio –contestó, como buen político que evita dar respuestas negativas–. Tienen una conexión tan fuerte (con Ecuador) que deja en claro la pasión que la gente tiene por la política. Esperamos atraer hacia aquí esa pasión que tienen por lo de allá, para que los ayude en el nivel local.

Moya no era el único interesado en explotar esa pasión. Se decía que los latinos podían llegar a definir la votación en cuatro estados que estaban en la columna de los indecisos en esa elección: Colorado, Nevada, Florida y Nuevo México. Y, como en los Estados Unidos cada victoria en un estado asigna un número fijo de votos en el colegio electoral, las campañas de Obama y McCain estaban gastando mucha plata para tratar de seducirlos. Los clásicos avisos en español que apelaban a los valores de las «trabajadoras familias latinas» invadían Univisión, Telemundo y YouTube. McCain pronto aparecería en público con el reggaetonero puertorriqueño Daddy Yankee; Obama ya tenía el apoyo del cantante colombiano Juanes.

–¿Pero qué pensaban los latinos de la política y de las elecciones en su país adoptivo? ¿Iban a votar? ¿Tenían tiempo para preocuparse por estas cosas, cuando en sus pueblos y condados se aprobaban leyes anti-inmigración y los sheriffs locales salían de redada a la caza de inmigrantes ilegales?

¿Llegaría el Subaru hasta México?

· · ·

Nuestra primera parada era «El muro de la calle Libertad». Esta pared, la única en pie de una casa de madera que se incendió en el 2006, se había convertido en un símbolo de la lucha por los inmigrantes. Su nombre venía de su domicilio: el 9500 de Liberty Street, en Manassas, Virginia, un suburbio a cincuenta kilómetros de Washington DC El dueño de la propiedad era Gaudencio Fernández, un mexicano que llevaba veintinueve años en los Estados Unidos. Con pintura azul, roja y negra sobre la pared blanca, Fernández le había enrostrado a todo el pueblo su bronca por una nueva ley anti-inmigrantes. Desde el año anterior, el condado de Prince William, donde está Manassas, permitía a los policías interrogar a los detenidos sobre su estatus inmigratorio –algo que antes sólo podían hacer los agentes federales, pero que de a pocos se ponía de moda en pueblos y condados de todo el país–. «Condado de Prince William y ciudad de Manassas, capital nacional de la intolerancia», se titulaba la furia de Fernández, que había cubierto por completo la pared con quince renglones de inglés correcto y prosa enardecida. Allí igualaba al Concejo local con los que colaboraban con el Ku Klux Klan hacía un siglo, llamaba a los estadounidenses blancos «European Americans» y les recordaba que los mexicanos y centroamericanos –que son la mayoría de los latinos de la zona– eran «Native Americans», o sea, americanos originarios.

«Los europeo-estadounidenses exterminaron a millones de americanos originarios para robarse América, ellos fueron los primeros extranjeros ilegales –decía su mensaje–. Tienen una historia de quinientos años de violación, robo, asesinato, esclavitud, fronteras artificiales (…). Prefieren tener un pueblo fantasma antes que vivir entre americanos originarios».

«Detengan la persecución. Exigimos igualdad y justicia para todos. No seremos sus esclavos del siglo 21».

Habíamos llegado a ese lugar tras cinco horas y poco en la autopista, en la que atravesamos los estados de Nueva Jersey, Delaware y Maryland. Manassas era un pueblo de ladrillo rojo y banderas estadounidenses en las farolas; tenía un campo de batalla de la Guerra Civil, hoy parque nacional; cañones de aquella época en el césped del museo, y enormes letras negras en el tanque de agua celeste celebraban el título estatal 2006 de las Eagles, el equipo de fútbol americano de la secundaria local. Estacionamos en el barrio de Old Town, en la calle Liberty. Ésta se llama así porque era la que, al bajarse del tren, tomaban los negros que llegaban huyendo del Sur esclavista. El nombre de la calle les cayó perfecto a los activistas pro-inmigrantes para bautizar al cartel de Gaudencio Fernández. El resto del pueblo lo llamaba El Muro, a secas.

Teresita Jacinto era una maestra de escuela nacida en un rancho de Texas y miembro del grupo local Mexicanos sin Fronteras. Llegó vestida con una blusa negra bordada de flores que me recordó a Rigoberta Menchú, la Premio Nobel de la Paz guatemalteca. Peinaba bastantes canas sobre un ceño que esa tarde no se desfrunció muy seguido. Contó que Gaudencio Fernández –de vacaciones en Puebla– debía ir a la Corte a su regreso a defender su cartel, y había tenido que mantener el terreno impecable porque los funcionarios lo vigilaban de cerca para darle citaciones ante la mínima falta.

La predicción del muro se cumplió –dijo Jacinto– porque, desde que se aprobó la nueva ley del condado, los latinos habían abandonado el pueblo. Algunas de las calles donde vivían antes se veían ahora como un pueblo fantasma. La cantidad de hijos de inmigrantes en la escuela donde ella enseñaba bajó en el 2008: unos seiscientos alumnos solían inscribirse cada febrero, cuando los obreros itinerantes llegaban a la zona para trabajar en construcción tras lo más duro del invierno.

–Este año, hubo seiscientos cincuenta estudiantes menos –dijo la maestra–. Se fueron.

En esa zona del norte de Virginia había muchos grupos de ciudadanos indignados por la inmigración ilegal, como Help Save Manassas [Ayude a Salvar a Manassas], que busca proteger al pueblo de los «peligros considerables» que traen los «illegal aliens». El nombre Help Save…, de hecho, se había extendido por la zona como una franquicia de la intolerancia, con tanto éxito como las de comida grasosa o de planchado y limpieza en seco: Help Save Loudoun, Help Save Hampton Roads, Help Save Virginia, Help Save Maryland, Help Save America. Estos grupos han sido muy efectivos en presionar a los gobiernos locales para que tomen medidas contra los indocumentados y fueron los principales impulsores de la ley polémica del condado de Prince William. Al principio –aunque luego fue suavizada–, ésta permitía interrogar a los sospechosos de cualquier falta, no importa qué tan mínima fuera, sobre su estatus inmigratorio. Al cruzar una calle por la mitad de la cuadra, un indocumentado se arriesgaba a terminar deportado a su país de origen.

Al mediodía siguiente, vagando por Manassas, paramos a comer en La Antorcha, restaurante salvadoreño-mexicano. Aunque desde su exterior amarillo y azul chillón no parecía gran cosa, el lugar era agradable y cuidado, con manteles blancos, sillas de cuero color piel y una rocola con bandas de música grupera, la más popular en el norte de México. Silencioso, también. No había nadie más que Beatriz Monge, una salvadoreña de veintiún años que estaba a cargo del lugar. Le saqué una foto con la sandía a la que le estaba cortando un borde de dientes triangulares como una corona y le pregunté si siempre estaba tan quieto. No, antes venía más gente a almorzar, pero es que era el pueblo el que estaba vacío. Vacío de latinos.

–La gente vendió sus casas, los niños dejaron la escuela –dijo–, porque la policía se los podía llevar.

Los únicos que entraron mientras comíamos nuestras pupusas –tortillas rellenas salvadoreñas– de queso, chicharrón y loroco –una flor que parece espinaca– fueron dos tipos que dejaron una pila de guías comerciales gratuitas para que la gente se las llevara.

Desde un par de semanas antes de llegar, había tratado de contactar a los integrantes de Help Save Manassas. Al fin y al cabo, la historia allí la escribían ellos, los que ganaron. Pero ninguno me contestó. En su página web tenían una lista de comerciantes locales que adherían al programa Do the Right Thing [haz lo correcto]: no contrataban a nadie sin papeles. El primero era el taller de chapa y pintura Andrews Auto Body. El dueño, Ray Andrews, era más simpático y, ejem, más marrón de lo que había pensado. Es que Andrews tenía cara de latino, no de uropean-american ultra-nativista que odia a los illegal aliens. O, mejor dicho, tenía cara del estereotipo del latino: piel cobriza, cabellos negros. Para completar, barba y bigote negros. Al rato, me enteré: Andrews era un native american, un indígena, un americano originario. Había nacido en Ohio pero era miembro de la tribu Sault Ste. Marie de la Nación Chippewa, basada en Michigan, en la frontera con Canadá.

–Me lo preguntan todo el tiempo –dijo Andrews, parado afuera del taller, con una camisa caqui arremangada que llevaba la típica etiqueta bordada de los mecánicos: «Ray».

–¿Qué cosa?

–Que si hablo español, que si estoy «legal».

Cuando perdió su licencia de conducir y tuvo que sacar otra, Ray Andrews, de cuarenta y tres años, descendiente de los que vivían en los Estados Unidos antes de que los Estados Unidos existieran, tuvo que probarle a los burócratas desconfiados que era un estadounidense. De hecho, tuvo que llevar cuatro documentos distintos para demostrarlo, según contó su esposa Vicky.

–Me pedían la green card –dijo Andrews, refiriéndose a la tarjeta verde que prueba que un inmigrante es residente legal de Estados Unidos.

También la policía lo detuvo dos veces mientras manejaba, sin razón aparente. Ray dijo que no tenía idea de que su negocio aparecía en el sitio de Help Save Manassas, que él no se anotó en esa lista. Recordaba haberle dado su tarjeta de presentación a uno de los miembros, nada más. Igual, dijo estar de acuerdo con el grupo en algunas cosas.

–Estoy en contra de que cualquier inmigrante ilegal –dijo–, no importa de dónde sea, de México o de Inglaterra, venga y reciba un montón de programas de asistencia pública.

Separados sólo por unas cuantas cuadras de las tranquilas calles del condado de Prince William, Gaudencio Fernández y Ray Andrews eran dos descendientes de los primeros americanos, dos «americanos originarios», como escribió Fernández en su pared. Sin embargo, sus visiones eran tan divergentes que se chocaban. Lo que para el mexicano eran unas fronteras artificiales, para el estadounidense eran los límites reales que deberían mantener separadas a las personas «legales» de las «ilegales». La identidad que Fernández usaba para justificar la presencia de los latinos en Estados Unidos era para Andrews lo que le daba el derecho a exigir que no se les permitiera entrar.

· · ·

No todos los latinos son tan militantes como Gaudencio Fernández o la maestra Teresita Jacinto. Casi una semana después de estar en Manassas, pasamos por Milton, un pueblo en el norte de la Florida. El lugar era tan breve que su existencia se manifestaba cuando aparecían varias cuadras seguidas de estaciones de servicio y tiendas sobre la ruta. Pero así como aparecían, pronto se esfumaban. Milton también vio partir a sus latinos, pero en ese caso fue después de una redada de la migra, los agentes de Inmigración.

En el restaurante mexicano La Hacienda, el dueño, Gerónimo Barragán, acababa de llegar del servicio religioso de su iglesia baptista. Nació cerca de Guadalajara, pero cuando hablaba en inglés lo hacía con el acento arrastrado, de diptongos largos, de los sureños. Vestía prolijo, próspero, de corbata y camisa blanca y pantalones pinzados aunque el restaurante estaba cerrado por ser domingo. El poco cabello que seguía a su frente amplia iba bien cortito, resaltaba sus orejas pequeñas. El restaurante era grande y con pretensiones –era uno de dos que tenía Barragán–. Los únicos sonidos venían de una mesa del fondo, donde unos amigos suyos, miembros de su iglesia, conversaban bajito.

En febrero, el sheriff local y los agentes de Inmigración habían salido de redada por negocios del condado, en busca de personas que estuvieran usando identidades robadas para poder trabajar como si fueran «legales». Tras el arresto y deportación a México y Guatemala de diez de sus empleados, Barragán no mostraba indignación ni piedad; sus puños no se levantaban al cielo. «Aunque en este caso nos tocó perder, estamos de acuerdo con lo que los líderes están haciendo», dijo, serio y pausado. «Este país está luchando por tener a todo el mundo identificado, legal. No estamos en contra. El país hace lo que tiene que hacer».

De todos modos, la deportación de sus diez empleados seguro lo había afectado, ¿no? Sí, contestó, le costó mucho conseguir nuevos trabajadores para reemplazarlos.

De hecho, cuando algunos habitantes del pueblo organizaron una protesta contra la redada, Barragán no fue. No sólo eso: se reunió con el sheriff para asegurarle que no le guardaba rencor. «Fui a decirle que no había resentimiento con él –relató–. No estábamos involucrados en eso ni en ningún movimiento así. Sólo queríamos ayuda para volver a abrir nuestro negocio. Entendimos que era su deber».

Un tipo como Gerónimo Barragán, empresario próspero en el Sur conservador, quizá cuestiona la imagen generalizada de las ideologías de los latinos en Estados Unidos. Pero no debería. No todos son pro-inmigrantes a cualquier precio, no todos creen en «La Raza». Hay personas que lo único que quieren es que las dejen en paz, que las dejen prosperar, si pueden, o que las dejen trabajar duro hasta que eso suceda. Que no les pidan ir a votar cada dos años, porque no les interesa la política. Que no les cobren demasiados impuestos –aunque los pagarán si la ley lo manda–. Hay gente cuyo sueño americano pasa por la asimilación total, por vivir para ver el día en que el apellido Sánchez sea tan american como el irlandés Kennedy.

La casa con jardín grande, cochera para dos autos y un aro de básquet en la entrada es una aspiración que trasciende las etnias y las nacionalidades.

Al salir de Virginia y entrar en Carolina del Norte, dejamos la interestatal y empezamos a viajar por carreteras más pequeñas. Alguna granja aparecía de vez en cuando al costado del camino y el olor a bosta invadía el coche en algunos trechos. La placa de un auto decía I ASKGOD [yo le pregunto a Dios], y otra decía ASK GOD Y [pregúntale a Dios por qué].

El sur de Estados Unidos había vivido en las últimas dos o tres décadas una explosión demográfica de latinos que llegaron atraídos por el trabajo en el campo y en plantas procesadoras de alimentos. La ecuación racial antes era blanco contra (o sobre) negro; los hispanos vinieron a alterar ese equilibrio en cada pueblo y ciudad. Pasamos la noche en un campamento cerca de la playa de Emerald Isle, sobre el Atlántico. Pero en esas horas en la zona balnearia, no vimos más que blancos –colorados, más bien, ya que estaban veraneando.

Es difícil encontrar una imagen más clara del sedentarismo a la Homero Simpson que la de esa noche en el campamento. «Acampar» allá significa llegar en una casa rodante del tamaño de un autobús –que, más de una vez, lleva un coche o camioneta a remolque– y empezar a bajar todo tipo de objetos y comodidades: mesas, sillas, bicicletas, toldos con mosquitero hasta el suelo para poner sobre las mesas y sillas, ¡antenas satelitales! Cada parcela de acampado tenía su propia mesa y bancos de picnic, electricidad, canilla de agua potable, fogata con parrilla… Creo haber dormido en pensiones con menos lujos.

A la mañana, camino a una entrevista en la parte más rural del estado, vimos un par de tipos que transpiraban en el sol fuerte del mediodía, subidos a la caja de un camión donde acomodaban fardos de hojas verdes de tabaco recién recogidas. Me bajé a conversar con ellos. Uno de los trabajadores se subió a la cabina del camión y estaba por arrancar para llevarse el tabaco a un galpón de almacenamiento. El otro era muy parco, así que me puse a hablar con el conductor: Diego Ramírez, de treinta y tres años, de Ciudad de Guatemala.

–¡Puro Obama, claro que sí! Creemos que puede ser el cambio –dijo apenas me asomé por la ventanilla derecha–. No queremos más guerra y queremos que mejore la economía. Con McCain va a ser la misma historia de Bush.

De repente, Ramírez arrancó el motor, nervioso. Acababa de llegar su jefe: parece que los muchachos no tenían tiempo reservado para atender a la prensa en su jornada laboral. El jefe estacionó a unos metros y se bajó apurado. La cabina del camión de Ramírez estaba oscura y me costaba sacarle una foto. Él se ponía más nervioso, miraba al jefe acercarse, me miraba a mí para la foto, al jefe, a mí. «¡Ya, Don Diego! ¡Gracias!», me decía. «¡Ya, Don Diego!» El jefe pasó por delante del camión y llegó hasta mí.

Gordo, robusto y pelado, de cara colorada y lentes oscuros.

–What’s going on here? [¿Qué pasa acá?]

Diego Ramírez aprovechó para arrancar; no sé si lo metí en problemas.

Le conté al jefe qué pasaba y no supe si se calmó o simplemente no le importó. Le hice un par de preguntas pero, de lo poco que dijo, entendí sólo una parte por su cerrado acento sureño. Dijo que todos sus trabajadores tenían papeles y subió a su camión. El peón parco arrojó en la caja las pocas hojas de tabaco que quedaban en el suelo y se fueron.

Aliviado, subí al auto y retomamos la ruta.

Una de las fotos de Diego Ramírez mostraba su cara transpirada debajo de la gorra, el torso desnudo brilloso, la mano izquierda desplegada en un saludo. Había intentado sonreír, pero ni sus labios ni sus ojos lo lograron.

Ramírez no llegó a decirme si era ciudadano estadounidense, ni si estaba «legal». No dijo si podía votar. ¿Contaba realmente su fervor por Obama, su entusiasmo porque las cosas mejoraran en Estados Unidos? ¿A alguien le importa la opinión de los «ilegales»?

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Los latinos de Carolina del Norte no tienen mucha conciencia política, me explicó al rato Juvencio Rocha Peralta, mexicano de Veracruz, de cuarenta y cuatro años. Había llegado a esta zona rural cuando tenía dieciocho y los latinos eran pocos y extraños. Rocha Peralta emigró a Estados Unidos sin papeles, pero se acogió a la amnistía para indocumentados que declaró el presidente republicano Ronald Reagan en 1986. Trabajó en el campo y en construcción, pero también fue a la universidad y se graduó en administración de empresas. Pronto se convirtió en activista comunitario al «ver las injusticias» que sufrían los latinos en la zona y la ausencia de organizaciones hispanas que los representaran. Ahora presidía la Asociación de Mexicanos en Carolina del Norte y trabajaba en una oficina con aire acondicionado en un community college –instituto terciario con carreras de dos años– en Kinston, un pueblo rodeado de plantaciones de tabaco y plantas de procesamiento de alimentos donde los latinos eran casi invisibles. Según Rocha Peralta, vivían a las salidas del pueblo en lotes de mobile homes –trailers hechos viviendas permanentes, sinónimo de pobreza rural–. Los pasillos del college estaban vacíos de estudiantes, que volverían en setiembre para el comienzo de las clases. Peinado con prolijidad, de camisa blanca sin corbata, Rocha Peralta llevaba una placa en el pecho que lo identificaba como «Coordinador de Educación Técnica».

Las iniciativas anti-inmigrante avanzaban en ese estado. La senadora republicana Elizabeth Dole, que lo representaba, basaba su campaña de reelección, entre otros temas, en su lucha contra la inmigración ilegal. Pero los latinos que ya eran ciudadanos no reaccionaban, contó Rocha Peralta, sentado en el fresco de su oficina mientras los truenos de una tormenta de verano prometían un respiro del calor húmedo del sur. «Lamentablemente, el porcentaje de los que van a las urnas es pequeño. Los que nos preocupamos por estas cosas no vamos a las urnas para tratar de quitar a esta gente», dijo. «La gente se siente más cómoda y no sale a practicar sus derechos civiles. Somos muy conformistas: “Tengo documentos y mi familia está bien, entonces, como decimos en México, que se joda el otro”».

Los latinos de la zona son pobres, comentó Rocha Peralta. Trabajan en campos de tabaco, boniato, pepinos y tomates o en plantas donde se procesan pavos, pollos y otros alimentos para consumo masivo. Tras dejar su oficina, recorrimos despacio un lote de mobile homes en el auto. Eran tres o cuatro cuadras donde los trailers se sucedían lado a lado, separados por unos metros donde cada vecino había estacionado su auto o camioneta. Las viviendas eran de madera o de chapa, del ancho de una habitación; algunas estaban apoyadas en una base de cemento. Parecían vagones de tren. No había casi nadie afuera: el tiempo estaba lluvioso y era media tarde, cuando la gente ya había regresado de trabajar en el campo o en la fábrica. El ambiente era de siesta.

Había un trailer pintado como la bandera de México. Techo verde, paredes blancas, base roja. Era la vivienda de Mario Córdoba y de su familia. Cuando me vio sacarle fotos a su casa, él, de dieciséis años, salió levantando las palmas de las manos, desafiante, encogiendo los hombros en una pregunta. Bajito, de bermudas largas que lo dejaban aún más chaparro, llevaba la silueta de una camiseta sin mangas marcada en el torso por el sol.

–Por los colores… –le grité desde el auto para tranquilizarlo, señalando la casa.

–Ah… –sonrió y asintió con la cabeza.

Córdoba era de San Diego, California. También había vivido en el DF unos meses, hacía poco. Su familia había llegado a la Costa Este unos seis meses antes para trabajar en el campo. Eran todos ciudadanos estadounidenses, pero Mario pensaba que ninguno iba a ir a votar en las elecciones de noviembre. Él tampoco habría votado de haber tenido la edad.

–Muchos dicen que van a dar papeles y nunca hacen nada. Barack Obama dice que esto, que lo otro, pero nunca se sabe.

Igual, añadió: «dicen que la raza latina lo va a votar, por los colores». Los colores de piel, claro.

Irene Moreno, otra vecina del lote de obile homes, me dijo que al día siguiente no iría nadie a trabajar, porque circulaba un rumor de que la migra iba a estar en las rutas de Carolina del Norte. En el campo, donde el transporte público no tiene razón de ser, manejar es sinónimo de trabajar, ya que el auto o la camioneta propia son la única manera de llegar al campo o a la fábrica. El gobernador del estado había anunciado controles de tráfico para evitar que la gente manejara borracha el fin de semana y entre los setecientos mil latinos del estado –se estimaba que cuatrocientos mil eran indocumentados– esto desató una bola de nieve de rumores.

«La gente está muy asustada», dijo Moreno, nacida en Durango, México, que era residente legal y trabajaba en una fábrica de hilos. No dijo su edad, pero andaría por los cuarenta. Parada en el porche de su trailer color salmón, abrazaba a su niña de tres años, la menor de sus tres hijos. «Parece que mucha gente se va a quedar en su casa, no va a salir».

El día anterior, en Siler City –un pueblo de similar tamaño del otro lado del estado–, se decía lo mismo. El teléfono de una organización civil de ayuda a los inmigrantes sonaba a cada rato: la gente llamaba para preguntar si era seguro salir en auto. Ese fin de semana, latinos de todo el estado se quedaron encerrados en sus casas, asustados. Todo por un control de autopistas rutinario, de los que en Carolina del Norte se hacen todos los veranos.

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–Los morenos son muy flojos –dijo el barman Juan Carlos Alonso, sin vueltas, cuando encontró un minuto para charlar al final de la barra del restaurante La Nopalera.

Había escuchado cosas parecidas sobre los negros otras veces en conversaciones informales con latinos en los Estados Unidos. Pero era raro que alguien lo dijera, con nombre y apellido (y foto), a un periodista.

Alonso tenía treinta y dos años y vivía en Savannah, Georgia, que fue una de las ciudades importantes del Sur confederado cuando desde su puerto se exportaba algodón cultivado por esclavos. Ahora, casi sesenta por ciento de la población era negra. El barrio histórico era pintoresco y estaba lleno de turistas pero, fuera del centro, la ciudad se veía pobre y marginada.

Los latinos eran relativamente pocos: no había tantas tiendas y restaurantes como para decir que existiera una zona hispana propiamente dicha. Sí pudimos comer unos tacos y gorditas de chicharrón en La Comarca, una tienda y restaurante mexicano. Afuera del local, en una pared, un cartel anunciaba bandas de música mexicana que iban a tocar en el Club Xtacy y otro ofrecía «marranos, chivos, borregos, cabezas (de res). Previamente destazados y pelados. Órdenes sólo los martes».

Era una tarde calurosa y Alonso les preparaba margaritas a un grupito de chicos y chicas rubios que apenas debían pasar los veintiuno, la edad legal para beber. Él no podía votar porque aún no tenía la ciudadanía estadounidense, pero estaba claro que no quería un presidente negro.

–Si queda Obama de presidente, les va a dar más facilidad de ser más flojos –dijo de los negros.

Así funciona la guerra de prejuicios entre dos minorías que suelen competir en los sectores más bajos del mercado laboral estadounidense. Los latinos, según algunos negros, vienen a arruinar todo, al aceptar trabajar por poca plata. Los negros, según algunos latinos, no quieren trabajar y viven de la asistencia social. Aunque no había duda de que muchos latinos votarían por Obama, la posibilidad del primer presidente negro había desnudado resentimientos que venían de hace tiempo y que no estaban atados a esta elección. En cada pueblo y ciudad, los latinos viven de manera distinta su relación con los negros –a veces son aliados, a veces, rivales amargos–. Pero el hecho de vivir en Estados Unidos, en una sociedad hiperconsciente de lo racial, los obliga a digerir y resolver esa relación de alguna manera, para bien o para mal, a definir a los demás para poder definirse a sí mismos.

En Nueva Orleans, aún había muchas casas con ventanas clausuradas con tablones. Tres años después del huracán Katrina, no hacía falta manejar mucho para encontrar recuerdos de la tragedia. Las equis de aerosol pintadas por las cuadrillas de rescate en el frente de cada vivienda, con números que indicaban quién estuvo allí y cuántas víctimas encontró. Los carteles en los postes de luz que ofrecían servicios de demolición y reconstrucción, todo llamando al mismo teléfono. Tampoco había que andar mucho para encontrar otra consecuencia del huracán: los obreros latinos que llegaron en masa apenas pasó la emergencia para trabajar en la reconstrucción.

El barrio de Mid City tenía muchas de esas casas desvaídas, sin arreglar. En algunas vivía gente. En otras, el moho aún cubría las paredes. En el porche de una casa de paredes azul viejo que no se veía tan bien estaban los hondureños de Copán Ruinas: cuatro hombres jóvenes, dos hermanos, todos oriundos de la misma ciudad, cada uno llegado por su cuenta. «Nos juntó la necesidad», dijo uno, y se rieron. Julián, Bonérjez, Manuel y Edwin estaban descansando de otro día largo de trabajo en construcción, en demolición, en pintura o en lo que fuera. Haciendo lo que hace la gente trabajadora en cualquier pueblito de América Latina cuando vuelve de su jornada y el calor está bajando: sentarse delante de la casa a hablar bajito de cualquier cosa, ver gente pasar, matarse los mosquitos y sacudírselos de la palma de la mano.

El barrio se veía pobre y parecía tranquilo, pero no lo era. Los hondureños dijeron que no salían para nada después del atardecer, porque «los morenos friegan bastante». Desde la explosión demográfica hispana de la que ellos habían sido parte, hubo muchos ataques de negros contra hispanos. Pero, más que una cuestión racial, parecía un tema económico: los latinos indocumentados solían tener mucho dinero en los bolsillos los días de pago porque no podían abrir cuentas de banco; para los asaltantes, eran «walking ATM», cajeros automáticos caminantes; los asaltantes, al parecer, solían ser negros.

–Cuando hay trabajo, nosotros trabajamos, y salir, casi no salimos, porque hay que cuidar el dinerito, por si se queda sin trabajo uno –dijo Manuel Guerra, de treinta y dos años, el más veterano de los cuatro, de bigote finito, sentado en una silla de plástico blanca, vistiendo sólo unos jeans.

Una consecuencia inesperada de esta ola inmigratoria fue que muchos latinos de los de antes, los afincados hacía tiempo en Nueva Orleans y los nacidos allí, redescubrieron su identidad cultural.

Antes, los latinos eran «invisibles» en la ciudad, me contó Diane Schnell, hija de hondureños, nacida y criada allí. «Había un supermercado, dos restaurantes y el consulado hondureño, y eso era todo», dijo. «Ahora hay unos diez o doce supermercados y las tiendas se han triplicado o cuadruplicado. Abrieron un consulado mexicano, también». Sus padres ahora podían comprar en su ciudad el queso blanco que antes se hacían traer por amigos desde Honduras.

Fui a la oficina de Schnell porque era la directora de marketing y de noticias del canal 42, parte de la cadena en español Telemundo. El canal –del dueño de una radio hispana local– arrancó en el 2007 y en julio del 2008 lanzó el primer noticiero en español de la historia de la ciudad.

Desde las ventanas de la oficina se veía la superficie oscura del lago Pontchartrain, que junto al río Mississippi mantiene a Nueva Orleans rodeada de agua. Agua que está más alta que la propia calle y que, empujada por Katrina, desbordó los muros de contención aquella vez del desastre.

Diane Schnell también cambió, como cambió su ciudad. Como para otros hijos de latinos, el español había sido para ella sólo el idioma de los padres y los abuelos, inútil fuera de las puertas de casa.

–Ha sido una experiencia de aprendizaje para mí. Antes era más estadounidense, básicamente era todo lo que necesitaba. Sólo hablaba español en casa, pero porque mis padres querían que aprendiera ambos idiomas. Pero ahora lo uso más: trabajo aquí en Telemundo, veo la demanda que hay, y siento que es una gran oportunidad para mí poder ayudar a una comunidad que lo necesita.

En campaña electoral del 2008, dijo Schnell, sólo el republicano John McCain había sacado avisos en español en el canal 42. A Obama no le servían los votos latinos en esta zona de fuerte tradición republicana. Al parecer, su campaña consideraba asegurado el apoyo de la mayoritaria población negra, pero –como igual era difícil que ganara el estado de Luisiana– no había gastado dinero en convencer a los hispanos. Esos fondos los podía dedicar a los cuatro estados donde los hispanos sí podían definir la elección.

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Después de Nueva Orleans, los días empezaron a pasar más rápido. Para cuando entramos a Texas, mi novia estaba cansada de manejar y yo, de trabajar. En Houston, me puse al volante para que los dos descansáramos y nos metimos al corazón de Texas mientras caía la noche.

Dormimos en La Grange, en un motel de una familia india de la India, donde el cartel de letras movibles parecía estancado en los años cincuenta: «Teléfono. TV a Color».

Paramos en Smithville, un pueblo ínfimo con camionetas grandotas en la calle principal y un único restaurante mexicano: México Lindo.

Una de las mozas, Sanjuana Moreno –veinte años, nacida allí–, dijo que no le interesaba votar porque no sentía que ella pudiera hacer una diferencia.

–Obama nos puede beneficiar más que el otro –añadió–. Más que nada, porque es moreno.

El manager Olegario Huerta –cincuenta, residente legal pero aún no ciudadano– admitió que no sabía mucho sobre los candidatos.

–Que gane el que va a dar papeles –dijo él, más como chiste que como manifiesto–. Toño, ¿tú a quién le vas? –le preguntó a su cuñado, que trabajaba en la cocina.

Toño se encogió de hombros y sonrió, pícaro.

–¿Yo? A las Chivas.

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Después de dos semanas y 6.692 kilómetros, el polvoriento Subaru blanco entró anónimo y triunfal al tráfico endiablado de Ciudad de México, una tarde de domingo.

Unos días más tarde, en un discurso de cuarenta y cuatro minutos en la convención demócrata, Barack Obama le dedicó treinta y tres palabras al tema de la inmigración. En parte, las usó para decir que no quería que la contratación de ilegales socavara los salarios estadounidenses. McCain ni siquiera mencionó el tema en forma directa en la convención republicana. Usó ese recurso, supuestamente emotivo, de los discursos gringos en que el político habla de personajes «reales» para que la audiencia se pueda «conectar» con el mensaje. «La hija latina de trabajadores migrantes», entonó, merece «la oportunidad de alcanzar el potencial que Dios le dio». De los padres hipotéticos de la chica hipotética, no dijo nada.

El silencio de los candidatos, sin embargo, era una táctica selectiva. Después de las convenciones, dieron entrevistas a la cadena en español Univisión. Ahí se mostraron del lado de los hispanos, diciendo cosas que no decían cuando el micrófono era de las cadenas estadounidenses ABC, NBC o CBS. McCain aseguró que no había votado a favor del muro fronterizo, pero el registro de la votación en el Senado muestra el «Yea» al lado de su nombre. La esposa de Obama le dijo a una radio hispana de Los Ángeles que la reforma inmigratoria sería una de las prioridades de su marido, junto con el fin de la guerra en Irak. Pero los candidatos sólo decían estas cosas ante audiencias hispanas. De lo contrario, con tanto odio anti-inmigrante, corrían el riesgo de perder votos.

La verdad es que los latinos eran importantes sólo en los estados donde podían inclinar la elección para uno u otro lado: Florida, Colorado, Nevada y Nuevo México. En los estados donde no había duda de quién ganaría –Nueva York y California porque siempre serán progres, Texas y Tennessee porque siempre serán conservas–, allí donde los latinos no hacían diferencia, no valía la pena gastar plata en seducirlos.

Las encuestas anunciaban que un número récord de latinos votaría en esta elección y que dos tercios votarían a Obama. Pero las encuestas no tienen rostro y los latinos –ecuatorianos, salvadoreños, mexicanos, tejanos, guatemaltecos, hondureños, californianos y más– pueden ser bien distintos entre sí.

Indiferentes, como Mario Córdoba, el adolescente de Kinston. Fervorosos, como Diego Ramírez, el cosechador de tabaco. Conservadores, como el restaurantero Gerónimo Barrangán, en Florida. Militantes, como Teresita Jacinto, la activista pro-inmigrante en Virginia. Prejuiciosos, como Juan Carlos Alonso, el barman. Interesados, como Francisco Moya, el político de Nueva York. Desafiantes, como Gaudencio Fernández y su «Muro de la calle Libertad». Temerosos, como los que no salieron a manejar aquel fin de semana en toda Carolina del Norte. Demócratas o republicanos, negros o blancos: al otro día de la elección, ellos seguirían allí.

Adiós a Wall Street

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Junio de 2006
Martin en Buenos Aires, frente a una de las fábricas que asistía a inicios del 2006.
Martin en Buenos Aires, frente a una de las fábricas que asistía a inicios del 2006. (Fotos: Diego Graglia)

El otoño de 2004 acababa de empezar cuando, en la oscuridad de un cine de la calle Houston, la vida de Brendan Martin cambió para siempre.

Para cuando el invierno llegara a la ciudad, él ya no estaría aquí.

Martin, socio en una compañía de información financiera en Wall Street, se mudó ocho mil kilómetros al sur de su hogar de Morningside Heights, impulsado por lo que vio esa noche en pantalla.

La película era La Toma, un conmovedor documental y manifiesto anti-neoliberal sobre las decenas de fábricas bajo control obrero que surgieron en Argentina tras el colapso económico del país en diciembre de 2001. Muchos empresarios habían cerrado sus compañías, con la intención de pagar sus deudas con la venta de las máquinas. Pero los trabajadores entraron a los edificios cerrados y volvieron a trabajar, con la esperanza de que jueces y legisladores comprensivos le dieran legalidad a esa movida arriesgada.

Cuando la película terminó, Martin conoció al director, el periodista y activista canadiense Avi Lewis. (Naomi Klein, la famosa autora de No Logo, fue la guionista del filme). Martin le preguntó qué podía hacer para ayudar a los sufridos trabajadores argentinos.

Lo que más necesitaban, le dijo Lewis, eran préstamos, dinero que pudieran poner a trabajar.

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La fábrica de camisas Ceres está en una calle arbolada del tranquilo barrio de La Paternal en Buenos Aires. Es una de las más de 160 “fábricas recuperadas” y cooperativas de trabajadores que hoy funcionan en Argentina. Los cálculos más conservadores dicen que ellas dan trabajo a unas diez mil personas. Martin, de 32 años y cara aniñada, llegó a la fábrica una soleada mañana de verano en enero pasado. Vestía jeans y una camiseta de mangas cortas bordeaux y cargaba una mochila negra. Quería mostrarles a los trabajadores las nuevas etiquetas que su organización sin fines de lucro, The Working World, les estaba ayudando a diseñar.

Martin lleva más de un año viviendo en Buenos Aires y esto se nota en su español. Lo habla sin problemas con el acento gritón y teñido de italiano de la gente local. “Es importante, porque va a ser su nombre”, le dijo, sobre las nuevas etiquetas, a Celina Báez, una costurera de 48 años nacida en Paraguay. Báez le estaba cosiendo bolsillos a camisas para los uniformes de una importante compañía de autobuses. La cooperativa había comprado la tela para el encargo con un préstamo de TWW de unos 660 dólares.

“Tenemos trabajo, nos gustaría poder abarcar un poquito más”, explicó Marcela Regueira, de 43, la presidenta de la cooperativa de once trabajadores.

Trabajadoras de la cooperativa Ceres en Buenos Aires.
Trabajadoras de la cooperativa Ceres en Buenos Aires.

Desde diciembre de 2004, The Working World otorgó más de veinte préstamos a una docena de cooperativas y fábricas recuperadas, que los usaron para comprar materia prima, mejorar su infraestructura o comprar o reparar máquinas. Por ejemplo, el acceso a capital de trabajo fue clave para la fábrica metalúrgica recuperada Crometal. Hasta que TWW le dio tres préstamos consecutivos por un total de 29 mil dólares, estaba obligada a esperar el pago de una orden antes de poder comprar material para la siguiente.

“Por lo general, no hay préstamos como estos disponibles para la gente”, dice Martin. A diferencia de los bancos, TWW no pide garantías. “No tenemos más garantía que la buena voluntad”, explica.

El dinero sale de un fondo creado por Martin, que hasta ahora recaudó unos 120 mil dólares. Según explica, esto incluye donaciones privadas y de sindicatos y también donaciones y recaudaciones de entradas a proyecciones de La Toma. (Lewis, el cineasta, es co-fundador y promotor internacional de TWW). Martin dice que aportó unos 55 mil dólares de sus propios ahorros. “En este momento, estamos perdiendo dinero”, dice, y explica que TWW debería sustentarse sola a partir del año que viene. Entonces, él espera volver a ahorrar dinero para llevar la organización a algún otro país.

La tasa de interés de los préstamos es del diez por ciento. Esto significa, literalmente, perder dinero, ya que el año pasado la inflación en Argentina fue del 12 por ciento.

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Entre los beneficiarios de los préstamos hay fábricas de globos, cristalería, zapatos, calzados deportivos y autopartes. Una cooperativa de cartoneros –recolectores informales de basura que se volvieron muy comunes en las calles de Buenos Aires luego del colapso- pidió un préstamo para alquilar un molino que le permite hacer su propio reciclado de plásticos.

“No nos ayuda nada el gobierno. Estamos pidiendo un subsidio, pero no vino”, dice Alicia Pérez, trabajadora de la Cooperativa Unidos por el Calzado. “(El fondo) nos prestó diez mil dólares para promocionar la marca”.

Para Martin, el éxito de los préstamos se mide en dos escalas de valores: su impacto social –el bienestar de los trabajadores y la creación de empleo- es tan importante como que el dinero sea devuelto.

Si una cooperativa tiene problemas para pagar, dice Martin, TWW trata de ayudar a los trabajadores a resolver los problemas que estén teniendo. La liquidación de activos es un último recurso y afecta sólo a los activos adquiridos con el préstamo. “Creemos que la responsabilidad por un préstamo es tanto del que lo recibe como del prestamista”, dice Martin.

Además de los préstamos, hace poco Martin creó market.theworkingworld.org, donde consumidores estadounidenses pueden comprar productos hechos por las cooperativas argentinas. Allí, un par de zapatos de cuero de suela gruesa hechos por la cooperativa Desde el Pie cuesta $57, con el envío incluido.

El sitio Web busca generar dinero para los trabajadores y contribuir al fondo y, al mismo tiempo, cuestionar el modelo de marketing global impuesto por las multinacionales. “La mayor parte del dinero de un zapato de correr se lo lleva la marca y los que lo hacen se llevan poco”, dice Martin. Agrega que su meta es “volver a colocar al productor y al consumidor en el medio, intentando desplazar a las marcas de su lugar”.

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Mientras su trabajo diario es cambiar el mundo un micropréstamo tras otro, en su tiempo libre Martin sigue haciendo trabajos de consultoría para la compañía de información financiera que ayudó a fundar. “Todavía necesito ganarme la vida”, dice.

Nacido en Washington D.C. y criado en Rochester, N.Y., Martin se sintió atraído por la economía cooperativa en la universidad, en Wesleyan. Cuando vio La Toma, ya había estado pensando en dejar Nueva York para trabajar “en un banco de microcréditos en Bangladesh o hacer algo en América latina”.

“Cayó justo en su lugar”, dice del filme.

Más de un año y medio después de aquella noche en el cine, su vida es completamente diferente. Sube con confianza a trenes que van a esos desolados suburbios post-industriales que los porteños de clase alta normalmente no visitan. Maneja un Torino, un auto de diseño nacional de los ’60 que es el orgullo de los fierreros argentinos de clase trabajadora. Juega al fútbol – ese en el que jugar la bola con la mano es falta. Y está de novio con una argentina.

Martin estaba en Nueva York por las Navidades cuando nos encontramos por primera vez, en el restaurant La Rosita en Morningside Heights. Orgulloso, me mostró sus botas negras hechas en Desde el Pie y, durante dos horas, no paró de hablar sobre su emprendimiento. En un momento, le pregunté qué significaba todo esto para él.

“Mi vida ha cambiado por completo”, dijo. “Siento que se abrió a todo lo que siempre quise hacer”.

“Es lo mejor que he hecho en mi vida”.

Candidatos a alcalde enrollados en la lucha por el voto hispano

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Noviembre 2005

Por primera vez en la historia—y tras décadas de intentos fallidos— un latino es candidato a alcalde de Nueva York en una elección general. A pocos meses de la histórica victoria de Antonio Villaraigosa en Los Ángeles, uno se imaginaría que cada voluntario, activista, líder comunitario y consejero político latino está trabajando día y noche por un triunfo de Fernando Ferrer.

¿Verdad?

No tan rápido, amigo. La respuesta es “No”.

La nota, en doble página central de Viva New York.

Aunque se enfrenta al político latino más conocido de la ciudad, la campaña de reelección del alcalde Michael Bloomberg no se da por vencida y pelea con uñas y dientes por cada voto hispano.

Su principal arma en esta estrategia es un grupo de políticos latinos demócratas y republicanos, de alto perfil público y con décadas de experiencia en la política neoyorquina que impulsan el “esfuerzo hispano” del alcalde y no tienen ninguna timidez a la hora de criticar a Ferrer.

“Él piensa que, por la sencilla razón de que su apellido es Ferrer, el hispano está obligado a votar por él. Lamentablemente, no es así”, dice el locuaz empresario y activista dominicano Fernando Mateo, un militante republicano que actúa como director del equipo y principal crítico de Ferrer.

Igual que Bloomberg en la alcaldía, su equipo latino trabaja en un salón abierto y sin divisiones en los cuarteles generales de la campaña, en un piso 19 con vistas a Bryant Park. Allí, entre otros, suele verse a la ex presidenta de la Junta de Educación y ex aliada de Ferrer Ninfa Segarra, la ex funcionaria del Gobernador Pataki Shirley Rodríguez-Remenesky y la periodista dominicana Maxy Sosa, a cargo de las relaciones con la prensa hispana. El maestro salsero Willie Colón y el ex congresista y pionero de la política hispana Herman Badillo son dos de los co-presidentes de la campaña.

Obviamente, al apoyar al candidato blanco, multimillonario y republicano en lugar del demócrata hijo de puertorriqueños en la elección más importante de su vida, estos políticos se ganaron la antipatía de los aliados de Ferrer. Algunos hasta los califican de mercenarios.

Pero los latinos pro-Mike se justifican diciendo que Ferrer “se desapareció” tras su derrota a manos de Mark Green en 2001 y de los ataques del 11 de septiembre. Y argumentan que Bloomberg es tan buen alcalde que los obliga a dejar el orgullo étnico de lado.

“Creo que esta vez no puedo votar por un latino porque sea latino”, dice Rodríguez-Remenesky. “Tengo que votar mi conciencia”.

Los simpatizantes de Ferrer descalifican al equipo Bloomberg diciendo que son sólo trabajadores a sueldo sin influencia sobre los votantes y remarcan que los funcionarios electos hispanos de toda la ciudad están alineados detrás de Freddy.

“Porque pueden contratar a mucha gente, creen que eso es tener apoyo latino”, dice el ex presidente de la Federación Hispana Luis Miranda, desde hace tiempo uno de los consejeros íntimos de Ferrer junto a su socio Roberto Ramírez, ex líder del Partido Demócrata del Bronx. “[Bloomberg] ha empleado a muchos latinos, pero en este momento no tiene el apoyo de ningún oficial electo latino”.

“Es una minoría muy pequeña”, dice el presidente de El Bronx, Adolfo Carrión. “Pueden pagarle a individuos bastante y, para mí, no es una indicación del sentimiento del pueblo hispano en la ciudad”.

Además, argumenta la gente de Ferrer, él no necesita contratar a nadie para saber cómo llegar a los latinos. “Él ha trabajado con la comunidad latina y las demás comunidades por muchos años”, asegura la vocera Maibe González. “No tiene que cubrir esa desconexión que tiene el alcalde”.

“Tenemos que cuestionar si esos dirigentes [apoyando a Bloomberg] realmente tienen influencia en nuestras comunidades”, dice el concejal por el Alto Manhattan Miguel Martínez, otro aliado de Ferrer. “Están defendiendo su trabajo más que una posición política o social. Son mercenarios, lo hacen por un salario”.

Como explicación de la falta de apoyo entre los funcionarios electos hispanos, la campaña de Bloomberg desliza que si alguno rompiera con la disciplina partidaria, se arriesgaría a ser castigado por los líderes demócratas en El Bronx. “Ellos asustan”, dice Mateo. “Te dicen: ‘Te voy a tirar un candidato’. Así no se trabaja”.

Según algunos analistas, esta división entre políticos latinos —en el momento clave en que un latino logra ser candidato de uno de los partidos mayoritarios— es un síntoma de los profundos conflictos en la cada vez más diversa escena política latina de la ciudad. Muestra, por ejemplo, la tensión entre el liderato demócrata de El Bronx, el tradicional bastión del poder puertorriqueño en Nueva York, y los que no pertenecen a esa estructura.

“Freddy no convocó a mucha gente”, dice Angelo Falcón, presidente del Instituto de Política Puertorriqueña. “A la gente le hubiera gustado un acercamiento de su parte, pero él no es muy receptivo con la gente. Entonces, es más fácil que se vayan con Bloomberg, porque Bloomberg los estaba convocando”.

Por otra parte, según Falcón, los políticos que no pertenecen a la estructura de poder del Bronx se siente “incómodos” ante la perspectiva de una administración Ferrer. “Si la ‘mafia puertorriqueña’ va a tomar control de la alcaldía”, dice, “la gente siente que van a hacer mejores tratos con Bloomberg”.

Ferrer no está de acuerdo. “Mi campaña representa el arco iris neoyorquino, especialmente en la comunidad nuestra. Mis dos principales asesores son latinos”, dijo en medio de una agitada mañana de campaña. “También hay muchos hispanos, voluntarios y donantes, que se acercan a la campaña de buena fe”.

A pesar de la intensa ofensiva de la campaña de Bloomberg, se estima que la mayoría de los hispanos igual votará por Ferrer. En una encuesta hecha en julio por la Federación Hispana, 54% eligió a Freddy contra un 27% que optó por el alcalde. En septiembre, en la primera encuesta de Quinnipiac University tras las primarias, 57% de los hispanos consultados estaban con Ferrer y 31% con Bloomberg.

Pero, calculadora en mano, Bloomberg sabe que no necesita ganar una mayoría del voto latino: le alcanza con robarle a Ferrer una cuota importante de su principal núcleo de apoyo.

Uno de los barrios donde la competencia por votos parece más intensa es el bastión dominicano de Washington Heights, donde la campaña de Bloomberg abrió una oficina en agosto pasado. Aunque los expertos dicen que los dominicanos en general votan igual que los puertorriqueños, es evidente que el equipo del alcalde apuesta contra esas predicciones y espera resultados particularmente buenos en este distrito.

Ana Viña, una vecina de la calle 181, es una votante ideal para ellos. “Del hispano ni me hablen, porque nunca me gustó ese tipo”, dijo en una mañana soleada hace poco, mientras esperaba en la lavandería de su cuadra. “Me gusta Bloomberg”, siguió. “Él ha hecho un trabajo perfecto … No va a buscar dinero, va a ayudar al pueblo”.

A pocas cuadras de allí, Águeda Solano, de 61 años, dijo preferir a Ferrer. “A mí no me gusta Bloomberg, porque él es muy negociante”, dijo, y añadió que al alcalde le importan más las corporaciones que la gente común. “Ferrer se preocupa por la comunidad y eso me gusta mucho”.

Ferrer necesita una amplia mayoría del voto hispano, pero también que muchos latinos vayan a votar. En septiembre, se colocó un as en la manga al lograr el apoyo oficial del sindicato de trabajadores de salud 1199 SEIU, conducido por el puertorriqueño Dennis Rivera. Con 117.000 miembros y una maquinaria electoral aceitada, el sindicato puede ser una ayuda clave para llevar votantes a las urnas.

Otro factor de peso es el voto afroamericano, del cual Ferrer necesita asegurarse una mayoría para poder tener una posibilidad de mudarse a Gracie Mansion. Bloomberg parece haber logrado apoyos considerables en la comunidad negra. En la encuesta de Quinnipiac, Ferrer se llevaba un 46% y Bloomberg, un 39%.

No está claro si la existencia del equipo latino pro-Bloomberg —y los porcentajes favorables de aceptación del alcalde entre los hispanos— también son una señal de que los latinos están cambiando de partido.

“Hay una migración hacia el Partido Republicano en todo el país de parte de ciertos componentes de la comunidad latina. Esto demuestra la diversidad de la comunidad”, dice el profesor Philip Kasinitz, quien conduce el departamento de sociología en el CUNY Graduate Center. En Nueva York, esa diversidad se hace patente en grupos como los votantes sudamericanos de clase media que son dueños de sus casas de Queens, quienes difícilmente voten igual que los puertorriqueños de El Bronx, dice Kasinitz. Ése grupo demográfico le dio muy buenos dividendos a Bloomberg en 2001, agrega.

Otros, Falcón entre ellos, opinan que es posible que altos porcentajes de latinos en Nueva York voten a candidatos republicanos a los cargos más importantes (como Bloomberg, su antecesor Rudy Giuliani o el gobernador George Pataki) sin por ello dejar de identificarse con el Partido Demócrata.

Pero incluso un demócrata, el asambleísta domínico-americano por Queens José Peralta, reconoce que los jóvenes como él tienen problemas para crecer políticamente dentro de las rígidas estructuras de su partido. Y esto podría llevar a algunos a buscar refugio en el partido rival.

“Los líderes del Partido Demócrata . . . tienen que ser un poco más receptivos, algunos se están olvidando de la nueva generación”, dice Peralta. “Los republicanos están haciendo un buen trabajo de comunicar su posición a los nuevos inmigrantes: ‘Estamos aquí, con las manos abiertas’”.

Hasta el 8 de noviembre no se sabrá si el “esfuerzo hispano” del equipo Bloomberg dará sus frutos. Pero, hasta el día de las elecciones, las dos campañas —donde todos se conocen desde hace muchos años— se seguirán arrojando munición pesada.

“Ferrer no tiene la visión y capacidad de liderazgo que hace falta” para ser alcalde, dice Ninfa Segarra, quien fue a la escuela secundaria con el demócrata. “Algún día habrá un candidato latino que las tendrá, pero Freddy no es ese candidato”.

Los latinos pro-Mike, responde Adolfo Carrión, todavía están a tiempo de cambiar de opinión.

“Yo espero, aunque estén recibiendo una compensación de la campaña, que en su momento privado en la urna hagan lo correcto para el desarrollo de nuestra comunidad políticamente”, dice. “Todo el mundo tiene que vivir con su conciencia”.

Ropa vieja, dueños nuevos

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Mayo 2006

Ropa vieja, dueños nuevosLos cubanos son cada vez menos en Nueva York. Entre los grupos extranjeros, pasaron de ser sextos en el censo de 1970 a un distante puesto 26 en 2000.

Pero uno nunca lo sospecharía si censara los restaurantes cubanos, los que pasaron de ser sólo un puñado hace unos diez años a más de veinte en la actualidad, incluyendo desde sandwicherías y cafés de barrio hasta elegantes locales con música en vivo y cigarros hechos a mano en el lugar.

Y ese crecimiento no se ha detenido aún. Mientras usted lee esto, se están planeando por lo menos cinco nuevos locales de comida cubana.

Usted se preguntará, entonces, si tantos cubanos se fueron a los suburbios o al sur de la Florida, ¿quienes son los que sirven la ropa vieja hoy en día?

La respuesta es: un grupo variado de empresarios estadounidenses, europeos y latinoamericanos, que incluye tanto debutantes como expertos en gastronomía. Ellos literalmente se arrimaron al plato al darse cuenta de que, en una ciudad que se está haciendo cada vez más latina, había una demanda insatisfecha de comida cubana.

“Lo cubano está muy, muy caliente”, dice Jeremy Merrin (47), un sobreviviente de la burbuja de Internet con una maestría en administración de empresas de Columbia University. Merrin hizo su debut en el negocio gastronómico en 2002 con Havana Central, cerca de Union Square. Desde entonces, abrió otra sucursal más grande a media cuadra de Times Square y ahora planea una tercera, aún mayor.

Junto al estadounidense Merrin, la lista de propietarios de restaurantes cubanos incluye al italiano Marco Britti, su primo franco-italiano Jean Claude Iacovelli y otro estadounidense, Dan Houle, dueños de Cubana Café; al argentino Mario Zárate, de Azúcar; a su socio boliviano Luis Skíbar, que también es dueño de Cuba y Havana Alma de Cuba; a un estadounidense más, Tommy Vicari, de Cuba Café; y a la peruana Sofía Luna y su familia, dueños de las cuatro sucursales de Sophie’s Cuban Cuisine.

Ellos se dieron cuenta de que la nada picante comida cubana es aceptable para la mayoría de los paladares y de que en algunos barrios y algunos sectores del mercado hacían falta restaurantes latinos. Si se le suma a esto el status de Cuba en el imaginario colectivo estadounidense como una isla encantada y prohibida… se tiene una fórmula instantánea para el éxito.

Un Cubano, por favor
Hay más restaurantes cubanos que son de gente de otras nacionalidades, pero esto no significa que los propietarios cubanos se hayan extinguido.

Victor’s Café 52: En el distrito de los teatros, sobre calle 52, Victor’s es toda una institución de la comida cubana elegante. Víctor del Corral (84) lo abrió en avenida Columbus en 1963. “Todavía llama todos los días” desde la Florida, dice su nieta Natalia Zaldívar-Bonzón.

Rincón Criollo: Jesús René Acosta (71) y su hermano Rodobaldo (74) crearon este restaurante tradicional en Corona en 1976, cuando estaban rodeados de residentes y negocios cubanos. Hoy, con clásicos como el arroz con pollo, la vaca frita y los frijoles negros, son los últimos que quedan.

Little Havana: “Aquí todo es hecho en casa”, dice Lidia Sharpe, en su pequeño y acogedor local del West Village, donde ella cocina todo. Desde que abrió en 1998, se asegura de que los frijoles sean orgánicos y la carne, de primera calidad. “Casi todo lo que compro es especial”, dice. Y añade que el menú es “muy sencillo”.

Havana New York: Nacido en La Habana, Raúl Febles (46) abrió su local en calle 38 Oeste en 1991. “Si no tiene sofrito, no va a tener sabor”, es su lema.

El Sitio: Debajo de las vías elevadas del tren 7 cerca de calle 69 en Woodside, esta cafetería, famosa por su sandwich cubano, es otro clásico.

“Explotó”, dice Zárate (60), sobre la marcha de su negocio en Octava Avenida desde que el verano pasado decidió convertir el italiano Terra, que no andaba bien, en Azúcar. Reencarnaciones similares tuvieron lugar en Calle Ocho en avenida Columbus (antes era Main Street, un comedor familiar estilo estadounidense), Havana Alma de Cuba en calle

Christopher (en su vida anterior era un diner) y en Cubana Café en calle Thompson, que había sido una tienda de paninis.

En el caso de Sophie’s, una cadena que apunta al público de la hora del almuerzo, el éxito fue tal que desde 1997 ya abrió seis restaurantes. (Aunque dos cercanos al World Trade Center cerraron después del 11 de Septiembre). Además de dos nuevas sucursales a punto de abrir, la cadena pretende vender franquicias, probablemente desde fines de año, según dice Luna (28), una de los cuatro hermanos que están en el negocio junto a su madre.

Pero, ¿cómo se aseguran estos dueños “no cubanos” de que su comida sea auténtica?

La mayoría dice que depositan su confianza en chefs cubanos o entrenados en cocina cubana. “No estoy simulando ser un chef cubano”, dice Merrin, de Havana Central. “Tomé elementos auténticos de una cultura maravillosa y los transformé en un negocio”.

Claro que si se les piden opiniones a los cubanos que tienen restaurantes en Nueva York, sus respuestas van de una educada encogida de hombros a quejas -mayormente off the record- sobre la gente que se apura a subirse a una moda que da dinero.

“Todo el mundo empezó a abrir restaurantes Habana, Habana, Habana”, dice Lidia Sharpe (73), dueña y chef de Little Havana en el West Village.

“Yo no tengo un problema con eso, pero es bien importante que investiguen lo suficiente”, dice Natalia Zaldívar-Bonzón (28) quien, como nieta de Víctor del Corral, pionero de la comida cubana en la ciudad, hoy está a cargo de Victor’s Café 52.

No sorprende que todos los dueños no cubanos digan que a los cubanos les encanta su comida.

“Se sorprenden”, dice Skibar (38), dueño de Cuba en calle Thompson y de Havana Alma de Cuba en calle Christopher. “No entienden cómo, si él es de Bolivia, podemos tener estos restaurantes”, añade su esposa y arma secreta, la cubana Beatriz de Armas (35).

En lo que todos están de acuerdo es que la demanda de comida cubana seguirá siendo alta.

“Yo sabía que lo hispano iba a despegar”, dice Tommy Vicari (51), dueño de Cuba Café en Chelsea y de otros cinco restaurantes de distintos estilos. “La población hispana está creciendo y hay demanda por más restaurantes, más música, todo hispano”.

Elección histórica de 2008 no entusiasma a todos los hispanos

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16 de octubre de 2008

Este es un año histórico: Estados Unidos puede elegir el primer presidente negro de su historia y hay mucha más pasión por la política que en elecciones anteriores.

Pero Juvencio Rocha Peralta no ha visto ese fervor electoral.

Rocha Peralta preside la Asociación de Mexicanos de Carolina del Norte, que está haciendo campaña para que la gente salga a votar el 4 de noviembre.

Pero los latinos no están muy motivados, dice; ni siquiera responden a la actitud anti-inmigrante de muchos políticos locales.

“Lo que he visto en North Carolina en votos”, dice, “es lamentablemente que el porcentaje de los que van a las urnas es pequeño”.

Jornaleros hondureños descansan en su casa de Nueva Orleáns.
Jornaleros hondureños descansan en su casa de Nueva Orleáns. (Fotos: Diego Graglia)

Muchas veces se ha dicho que los latinos son el “gigante dormido” de la política estadounidense. Hasta ahora ese titán no se ha despertado.

A pesar de las intensas campañas de registro de votantes de los últimos dos años, todavía no es seguro que los latinos saldrán en masa a votar, como esperan los activistas y políticos hispanos.

“Nuestros estudios no nos dicen que los hispanos estén tan entusiasmados por estos dos candidatos como alguna gente asume”, dice Eduardo Gamarra, profesor de Florida International University y consultor de Newlink Research, que realiza sondeos por teléfono y grupos de enfoque con votantes latinos de manera independiente.

En entrevistas realizadas este verano a más de veinte latinos en siete estados —Nueva York, Virginia, Carolina del Norte, Georgia, Florida, Luisiana y Texas— muchos dijeron no estar muy interesados en la elección.

“Realmente no sé si tendré la oportunidad de ir a votar”, dice Gerónimo Barragán.

Barragán, nacido en México, vive en Milton, un pueblo en el norte de Florida, uno de los estados más disputados en las elecciones presidenciales.

Es religioso y emprendedor, dueño de dos restaurantes. Dice que el presidente George W. Bush ha sido un buen líder.

Gerónimo Barragán, de 41 años, residente de Milton, Florida.
Gerónimo Barragán, de 41 años, residente de Milton, Florida.

Pero desde que Barragán se convirtió en ciudadano estadounidense hace unos años, todavía no ha votado. La política, dice, no le interesa mucho.

En Smithville, a mitad de camino entre Houston y Austin, la tejana Sanjuana Moreno dice que Barack Obama probablemente será un mejor presidente para los latinos. Pero ella tampoco tiene intenciones de ir a votar.

“No siento que mi voto haga una diferencia”, dice Moreno, que trabaja de moza en el único restaurante mexicano del pueblo.

La Asociación Nacional de Funcionarios Electos Latinos (NALEO) calcula que por lo menos 9.2 millones de latinos irán a votar este año.

Esa sería una cifra récord y representaría un 53 por ciento de los ciudadanos hispanos en edad de votar.

En 2004 votaron unos 7.6 millones de latinos, menos de la mitad de los que podían hacerlo.

Aunque el número de votantes latinos aumenta en forma constante y el debate sobre inmigración motivó a muchos a hacerse ciudadanos y registrarse para votar, la población latina todavía no alcanza su máximo potencial en las urnas.

“No todos somos ciudadanos, lo que significa que no todos vamos a votar”, dice Gamarra. “Segundo, de los que son ciudadanos, no todos se han registrado para votar: eso reduce el tamaño de las listas de votantes. Diecinueve millones de latinos podrían votar, pero no todos vamos a votar”.

Diego Ramírez, un trabajador guatemalteco en Carolina del Norte.
Diego Ramírez, un trabajador guatemalteco en Carolina del Norte.

Los votos latinos podrían llegar a ser el nueve por ciento de los votos en esta elección, pero Gamarra dice que no es probable que alcancen ese techo.

“Si somos optimistas, digamos que llegamos al siete, ocho por ciento del electorado”, dice. “A nivel nacional, pierde un poco su relevancia”.

En esta elección, el voto hispano no será tan importante por el total de votos en todo el país.

Pero los hispanos podrían ser el bloque de votantes decisivo en cuatro estados que aún no se han definido por los republicanos o los demócratas en las encuestas: Florida, Nevada, Nuevo México y Colorado.

Los hispanos que viven en esos estados están siendo bombardeados con avisos de televisión en español de parte de las dos campañas.

En otras regiones del país, el público latino es prácticamente ignorado.

En Nueva Orleans, la campaña demócrata no había emitido ni un solo aviso en la estación en español de la ciudad, el canal 42 de la cadena Telemundo.

La directora de noticias y de marketing Diane Schnell, hija de hondureños, piensa que los demócratas apuestan todo al voto afroamericano en Luisiana y no necesitan seducir a los hispanos.

“Me imagino que no necesitan o no quieren nuestros votos”, dice.

Lo que a todos quita el sueño

Cuando meditan su voto, los latinos piensan básicamente en los mismos temas que el resto de la población.

Encuestas recientes muestran que la economía, la guerra, el sistema de salud y la educación son sus principales preocupaciones.

“Es la economía, la vivienda, el precio de la gasolina”, dice Francisco Moya, líder de distrito demócrata en Queens. “Sienten lo mismo que siente la nación en estos momentos”.

“No queremos más guerra y queremos que mejore la economía”, dice Diego Ramírez, un trabajador guatemalteco que cargaba hojas de tabaco en un camión en una plantación de Carolina del Norte.

Latinos temen deportaciones, pero campañas no hablan de inmigración

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10 de octubre de 2008

Si Diane Schnell tuviera la oportunidad de sentarse a conversar con Barack Obama o John McCain, no sería para preguntarles sobre la economía, ni sobre la guerra en Irak.

Schnell quisiera preguntarles qué piensan de la reforma migratoria.

Hija de padres hondureños nacida y criada en Nueva Orleans, Schnell dice que los candidatos presidenciales no han hablado del tema con la frecuencia y la claridad que ella hubiera querido.

“La comunidad hispana quiere estar segura de que la van a respetar, a tratar de la misma manera que a los demás, que no va a ser acosada ni encasillada”, dice Schnell, directora de márketing y noticias de KGLA TV 42, la nueva emisora de Telemundo en Nueva Orleans.

“Quieren ser reconocidos por las cosas buenas que hacen aquí”.

Teresita Jacinto dice que Manassas, Virginia, se vació por una ley estricta contra los indocumentados.
Teresita Jacinto dice que Manassas, Virginia, se vació por una ley estricta contra los indocumentados. (Fotos: Diego Graglia)

Por eso es que Schnell les preguntaría a los candidatos cómo ven el futuro de los hispanos en los Estados Unidos. Al final de cuentas, dice, ese futuro depende de qué pase con las leyes de inmigración.

Encuestas recientes muestran que los temas que más preocupan a los votantes latinos son la crisis económica y la guerra, la salud y la educación. Pero para muchos, la inmigración es un tema que siempre está vigente.

Eso quedó claro en entrevistas hechas en agosto a hispanos en siete estados: Nueva York, Virginia, Carolina del Norte, Georgia, Florida, Louisiana y Texas.

Entre los entrevistados había políticos y activistas comunitarios, trabajadores rurales y empresarios; ciudadanos, residentes legales e inmigrantes indocumentados. Algunos nacieron en los Estados Unidos, pero otros son extranjeros.

La preocupación por una reforma migratoria parece ser común a todos los latinos, puedan votar o no.

El voto hispano puede decidir cuatro de los estados más disputados en esta elección: Florida, Colorado, Nuevo México y Nevada. La posición de los candidatos sobre la inmigración influirá en lo que ocurra allí y, tal vez, en el resultado final.

En los últimos dos años, el debate nacional sobre este tema ha sido muy acalorado y bastante negativo para los hispanos.

Uno de cada diez latinos ha sido detenido por agentes de la ley con preguntas sobre su estatus migratorio, según una encuesta que el Pew Hispanic Center divulgó en septiembre.

Este ambiente caldeado llevó a muchos residentes legales a pedir la ciudadanía estadounidense e impulsó campañas masivas de registro de votantes.

En los últimos meses, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) realizó algunas de las redadas de indocumentados más grandes de las últimas décadas.

Además, polícias de todo el país están cada vez más involucrados en hacer cumplir las leyes de inmigración (lo que antes estaba reservado a agentes federales).

“La gente vendió sus casas, los niños dejaron la escuela, porque la policía se los podía llevar”, dijo Beatriz Monge, una salvadoreña que trabaja en el restaurante salvadoreño-mexicano La Antorcha, en Manassas, Virginia.

El condado de Prince William, donde está Manassas, se hizo conocido en todo el país cuando aprobó una resolución que permite a la policía local interrogar a los arrestados sobre su estatus migratorio. Desde entonces, la población latina disminuyó en forma notable.

Diane Schnell, directora de noticias, y María Juliana River, presentadora del primer noticiero en español en Nueva Orleáns.
Diane Schnell, directora de noticias, y María Juliana River, presentadora del primer noticiero en español en Nueva Orleáns.

Algunas calles donde vivían los latinos se ven ahora “como pueblos fantasma”, dijo la activista Teresita Jacinto, de la organización Mexicanos Sin Fronteras (MSF), entrevistada junto al llamado “Muro de la calle Libertad”.

Es la única pared que queda de una casa del inmigrante mexicano Gaudencio Fernández, quien luego de un incendio accidental decidió usarla como cartel de protesta contra el endurecimiento de las leyes locales.

“Acaben la persecución. Exigimos libertad y justicia para todos. No seremos sus esclavos del siglo XXI”, escribió Fernández.

Tras la derrota en su lucha contra la nueva ley, MSF alienta a los hispanos a registrarse para votar. “Mi meta principal es asegurar que la gente que está aquí, supuestamente más de 12 millones, pueda recibir la residencia”, dijo Jacinto, nacida en Texas.

Unas 900 millas al sur, hay otro pueblo que vio partir a su población latina.

Pero en Milton, un pueblito en el norte de la Florida, el éxodo llegó luego de una redada del sheriff del condado de Santa Rosa en busca de trabajadores indocumentados. Varios fueron arrestados por usar identidades falsas para trabajar y luego fueron deportados.

La única iglesia hispana del pueblo se quedó sin más de la mitad de sus fieles. Eran más de ochenta antes de la redada y, tras los arrestos y la partida de las familias de los deportados, ahora son menos de cuarenta, según el pastor boliviano Rubén Quiroz.

“Por una temporada, no se miraba ningún hispano en un supermercado”, dijo el pastor bautista. “Por muchos meses, estaban todos escondidos, con miedo”.

Gerónimo Barragán, miembro de la iglesia y dueño de dos restaurantes mexicanos, perdió a diez empleados en la redada, quienes fueron deportados a México y Guatemala. Pero asegura que las autoridades estaban haciendo lo correcto.

“Este país está luchando por tener a todo el mundo identificado, legal”, dijo. “No estamos en contra. El país hace lo que tiene que hacer”.

Aunque Barragán dijo que apoya al presidente George W. Bush, no estaba seguro de si iría a votar el 4 de noviembre.

Mario Córdoba dice que muchos candidatos han prometido una reforma migratoria.
Mario Córdoba dice que muchos candidatos han prometido una reforma migratoria.

Sin embargo, la mayoría de los entrevistados quiere una reforma migratoria.

“Que gane el que va a dar papeles”, dijo, mitad en broma, mitad en serio, Olegario Huerta, gerente del restaurante México Lindo, en Smithville, Texas. Huerta no puede votar porque sólo es residente legal.

“Uno, como hispano, no debe ser ni demócrata ni republicano”, dijo el activista colombiano César Castle, dueño de un periódico en español en Nueva Orleans. “Tenemos que votar por quien nos dé garantías a los hispanos”.

Lo que han dicho los candidatos

Aunque la inmigración sea una preocupación diaria para los hispanos a través del país, parece que tanto Barack Obama como John McCain sólo tocan el tema cuando no les queda otro remedio.

Si lo mencionan, lo hacen delante de una audiencia hispana o en entrevistas con la prensa en español.

Los discursos de ambos candidatos en las convenciones de sus respectivos partidos este verano fueron reveladores.

Obama sólo dedicó 33 palabras al tema migratorio y usó algunas de ellas para decir que no quiere que la inmigración contribuya a bajar los salarios de los trabajadores del país.

McCain ni siquiera mencionó el asunto. Lo único que dijo fue que “la hija latina de trabajadores migrantes” merece “la oportunidad de alcanzar el potencial que Dios le dio”.

De los padres hipotéticos de la chica hipotética, no dijo nada. De hecho, ni siquiera dijo “inmigrante” o “inmigración”.

Sin embargo, tanto Obama como McCain sí hablaron del tema en entrevistas que dieron a Univisión después de las convenciones.

Durante su entrevista con Jorge Ramos, McCain pareció negar que había votado en favor del muro fronterizo, aunque los registros del Senado muestran que votó “Sí” el 28 de septiembre del 2006, cuando se aprobó la construcción de la valla polémica.

“Yo no voté a favor, no estoy seguro a qué se refiere usted…”, dijo McCain, de acuerdo a una transcripción.

Obama, en tanto, dijo que considera que las redadas en busca de indocumentados son un truco publicitario de la administración Bush.

Recuerdos de la revolución: Rebeldes dominicanos en Nueva York

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Desde adentro del otrora enemigo, veteranos dominicanos recuerdan la invasión estadounidense de 1965

26 de abril de 2007

Este señor de cabellos grises y su amigo de gorra de los Yankees pueden pasar desapercibidos en Washington Heights o en El Bronx.

Nadie sabe que son revolucionarios.

Pero cuando llega la primavera ellos se acuerdan de la guerra, de cuando se alzaron en armas para defender a la Constitución y casi logran controlar la República Dominicana.

El 24 de abril de 1965 comenzó lo que los dominicanos recuerdan como la Revolución de Abril, una rebelión de militares y civiles que buscaban devolver al poder al presidente Juan Bosch, elegido democráticamente y depuesto por un golpe de estado.

Cristian Estévez Gil.
Cristian Estévez Gil.

El 28 de abril, cuando los rebeldes estaban cerca de la victoria, el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson decidió enviar 22 mil tropas a la República Dominicana para evitarlo. Su administración veía a los revolucionarios como peligrosos izquierdistas.

“Nosotros lo que queríamos era una democracia en el país”, dice Cristian Estévez Gil, de 64 años. “Que todo el mundo trabajara, que todo el mundo pudiera comer”.

Estévez es portero de un edificio en un rincón tranquilo de Riverdale en El Bronx, pero hace 42 años era un sargento mayor del Ejército dominicano que detuvo a los jefes del Estado Mayor del gobierno de facto apenas empezó la revolución.

“Ese era un movimiento puramente nacionalista”, dice su amigo Andrés Hernández (65), quien era cadete de segundo año en la academia militar y hoy trabaja como supervisor de laboratorio en una fábrica de alta costura en Nueva Jersey.

“Queríamos reponer el gobierno del presidente Bosch, que había sido usurpado por un grupo de militares y la oligarquía nacional”, agrega.

Los revolucionarios son recordados como los “constitucionalistas”. Ellos exigían que se respetara la Constitución sancionada en 1963, dos años después de que el asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo abriera el camino a la democracia en el país. Bosch, un político de izquierda, fue el primer presidente elegido bajo esa constitución, pero un golpe de estado de derecha lo derrocó tras apenas siete meses.

A cuatro días de haber empezado la rebelión, el embajador estadounidense transmitió a la Casa Blanca un pedido urgente del gobierno de facto: EE.UU. debía enviar “asistencia militar ilimitada e inmediata” para frenar un levantamiento que tenía “auténtica estampa comunista” y convertiría al país “en otra Cuba”.

Horas después, con el supuesto motivo de proteger a ciudadanos estadounidenses en Santo Domingo, llegaron las primeras tropas. Era la primera intervención militar de EE.UU. en América Latina en más de tres décadas y el fin de la llamada “Política del Buen Vecino”, instituida por el presidente Franklin D. Roosevelt.

Las tropas extranjeras evitaron la inminente victoria revolucionaria.

“Los arrinconamos y les estábamos ganando”, recuerda el ex capitán de Marina Miguel Zapata, presidente de la filial Nueva York de la Fundación 24 de Abril, de militares constitucionalistas.

“Solamente nos quedaba (la base militar de) San Isidro. Íbamos avanzando para allá cuando llegaron las fuerzas invasoras y nos reprimieron y tuvimos que replegarnos”.

Los estadounidenses, a quienes luego se sumarían soldados de seis países latinoamericanos, mantuvieron sitiados a los rebeldes por varios meses. Tras batallas y negociaciones, se nombró un gobierno provisional. Al año siguiente, Bosch fue derrotado en una elección dudosa por Joaquín Balaguer, quien dominaría la política dominicana por las siguientes tres décadas. Balaguer reprimió a los opositores con brutalidad.

Andrés Hernández
Andrés Hernández

Zapata, cuyo cuerpo especial de hombres rana fue protagonista de los combates, dice que muchos de sus compañeros fueron asesinados.

“Estábamos en peligro, porque de noche en las calles del país mataron a muchos de nosotros”, dice Zapata. “Les tiraban carros arriba, los ametrallaban”.

Muchos se fueron al exilio. Varios llegaron a Nueva York, donde fueron pioneros de la comunidad dominicana.

“Se han integrado a la comunidad y (la revolución) es como otra cosa, es otro capítulo de sus vidas”, dice la socióloga Ramona Hernández, directora del Instituto de Estudios Dominicanos de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Algunos revolucionarios se convirtieron en activistas comunitarios, dice Hernández. Y también se transformaron en modelos de vida para una generación de jóvenes militantes.

“Nosotros queríamos ser como Caamaño”, dice el activista Radhamés Pérez, en referencia al coronel Francisco Caamaño Deñó, líder revolucionario que moriría combatiendo contra el régimen de Balaguer.

En plena Guerra Fría, el gobierno estadounidense aseguró que su intervención militar buscaba frenar al comunismo en la República Dominicana. Pero las fuerzas revolucionarias incluían a militantes de diversas ideologías. Los historiadores dicen que Bosch era un izquierdista moderado que quería tener una buena relación con Estados Unidos.

Tras varias décadas en los Estados Unidos, Cristian Estévez Gil, Andrés Hernández y Miguel Zapata se hicieron ciudadanos estadounidenses.

“Es bastante irónico”, dice Zapata. “Vivir y criar familia e hijos en las garras del monstruo enemigo, es una cosa en contra de tu propia voluntad”.

Hernández, en cambio, no cree que su presente y su pasado se contradigan.

“Ellos mancillaron nuestra soberanía nacional”, dice. “Pero yo era un simple estudiante de la escuela militar y (ahora) me he amoldado al sistema americano”.

Los garífunas, una tribu oculta en Nueva York

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4 de noviembre de 2004

Sus antepasados se salvaron al hundirse los barcos esclavistas que los traían a América. En el siglo dieciocho, el ejército inglés los derrotó y expulsó de la tierra que habían elegido como suya. Hace unos años, el Huracán Mitch asoló sus aldeas caribeñas. Hoy, enfrentan el desafío de sobrevivir como inmigrantes en Nueva York.

Son los garífunas, un pueblo que proviene de Honduras, Belice, Guatemala y Nicaragua. A pesar de que varios miles de ellos viven en El Bronx y en Brooklyn, son poco conocidos entre las demás comunidades latinas.

En la gran ciudad, ellos buscan preservar su identidad, la de una raza de sobrevivientes. “Me hace sentir orgulloso saber que hemos podido trascender en la carrera de obstáculos”, dice Julio King, un músico garífuna hondureño que vive en Estados Unidos desde hace más de 20 años.

Para ser garífuna hay que llevar tres razas en la sangre. La tradición cuenta que este pueblo debe su origen al hundimiento en el Caribe de dos barcos que traían esclavos africanos a América en el siglo diecisiete. Los sobrevivientes fueron los primeros negros en poblar la isla de San Vicente, donde se integraron con los indios caribes y arawaks.

“Estos negros venían de diferentes regiones de África y pertenecían a diferentes tribus, clases y familias”, dice el investigador garífuna Armando Crisanto Meléndez en su libro “El Enojo de las Sonajas. Palabras del Ancestro”.

Un poco de historia

Los garífunas vivieron en San Vicente por más de siglo y medio, pero en 1783 la corona británica se adueñó de la isla y, después de varios años de guerra, los expulsó. Según Meléndez, un barco inglés dejó a una buena cantidad de ellos en una isla de Honduras. Finalmente, se asentaron en la costa norte hondureña y desde allí se expandieron a otros países centroamericanos.

Durante las últimas décadas, los garífunas llegaron a Nueva York con su idioma, sus creencias, su música y sus comidas.

El pastor hondureño Celso Jaime, de la Iglesia Evangélica Garífuna en Brook Avenue en El Bronx, usa en sus sermones la Sandu Burutu, la Biblia en garífuna. Al predicar, mezcla garífuna con inglés y español. Así, mantiene viva su lengua, al tiempo que logra que todos le entiendan.

“La mayor parte de los adultos habla el garífuna. Nuestro problema es la nueva generación que está surgiendo, que hablan inglés y hasta el español no quieren hablar a veces”, dice el pastor.

A Jaime, quien comenzó su trabajo social en 1987, le encanta hablar de la comida garífuna. “El alimento para nosotros todavía es importante”, dice, risueño, y ennumera algunas delicias: el cazabe, “una especie de torta de yuca”; la machuca, hecha de plátano cocido y machucado; el tapado, un plato con carne y muchas verduras. Por supuesto, el menú también incluye mariscos y pescados de mar.

Entre los garífunas hay católicos y miembros de otras iglesias cristianas, pero no pierde vigencia el dugu, una religión afro-caribeña que Meléndez compara con el candomblé brasileño y el vudú haitiano. Gente que participó del rito del dugu dice que éste dura varios días, durante los cuales se tocan tambores y maracas y se hacen sacrificios de comida para comunicarse con los espíritus de los antepasados.

En defensa de la identidad

La comunidad garífuna neoyorquina también busca mantener su identidad a través de varias organizaciones civiles. Una de ellas es Jamalali Uagucha, “voces de nuestros ancestros”, ubicada en un local en Southern Boulevard en El Bronx, decorado con máscaras, tambores y banderas garífunas con los colores negro, blanco y amarillo. Según la presidenta María Elena Máximo, la organización ofrece clases de inglés, garífuna, computación y asistencia para la inmigración, entre otras.

Otra forma de identificarse es la música llamada “punta” y su derivado moderno, el “punta-rock”. Hace dos años, Julio King creó la Fundación de Artistas Garífunas para ayudar a difundirla. “El mismo orgullo de ser garífuna me hace ser músico y cantar en el lenguaje para seguir celebrando lo que es ser (garífuna)”, comenta.

En 2001, la UNESCO designó a la cultura garífuna como “obra maestra del legado oral e intangible de la humanidad”. La organización de Naciones Unidas advirtió que la herencia y el lenguaje garífuna están en riesgo porque los gobiernos no les dan importancia.

King dice que ese riesgo se incrementa en Nueva York, donde las nuevas generaciones se integran a una cultura cosmopolita. “Los jóvenes imitan lo que no es de ellos, poniendo en peligro la cultura nuestra”, lamenta.

Roladores dominicanos: Artesanos del humo en la gran ciudad

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Los roladores son los artesanos que hacen cigarros a mano. En Nueva York, la mayoría de ellos son del mismo pueblo dominicano.

9 de diciembre de 2004

Un rolador de cigarros dominicano en Manhattan.
Un rolador de cigarros dominicano en Manhattan.

Sus manos no paran de moverse sobre la mesa descascarada, donde tiene dos montones separados de hojas de tabaco. Toma dos hojas de uno y las alisa sobre la madera. Del otro, saca otras bien secas, de un marrón más oscuro, y las coloca encima de las primeras. Enrolla todo velozmente hasta formar un cilindro liso bien apretado. Retazos de hojas van cayendo al piso a su alrededor, como si el otoño también estuviera dentro de la tienda.

Al otro lado del cristal, algunos transeúntes se detienen y entretienen observando el trabajo veloz del artesano.

Con el cortador, una pequeña máquina metálica, el hombre guillotina una punta del cilindro de hojas. Lo coloca a presión en un molde de madera que parece para hacer salchichas: tiene una serie de canales redondeados donde caben una docena de rollos.

El molde será prensado con otra madera encima por media hora o más. Luego, el artesano envolverá cada rollo con más hojas –la capa– que cortará de a una y cuidadosamente con la chaveta, una hoja metálica semicircular, filosa y sin mango. Pegará las hojas con goma natural de semilla de tragacanto.

El último paso será colocar la cabeza, un trozo de hoja que cierra la punta del cigarro. El hombre la alisará con el canto de la chaveta como un repostero que le da el último toque a la crema de un pastel.

Un nuevo cigarro quedará así listo para que algún aficionado –¿estrella de hip hop? ¿camionero? ¿ejecutivo de Wall Street?– paladee su humo sabroso.

Un arte de muchos secretos

Todos los días en varias tiendas en diversos puntos de la ciudad de Nueva York, esta escena se repite una y otra vez. Los roladores, hombres de manos ágiles, pueden multiplicarla por doscientos o trescientos en una jornada de trabajo. Producen lo mejor del mercado: cigarros hechos a mano, preferidos por los que saben.

“Esto es un arte, tiene muchos requisitos, muchos secretos”, dice, el pecho ancho de orgullo, Marcelo Polanco, a quien las ásperas hojas de tabaco llevan más de treinta años de suavizarle las manos.

Sobre la vereda de Sexta Avenida, los curiosos observaban a través de la vidriera de De la Concha Tobacconist cómo el rolador de 51 años crea uno tras otro, momentos de futuro deleite. “El tabaco es un sazón”, dijo, “la mano de obra cuenta mucho, quién lo haga”.

Denominación de origen: Tamboril

Si un cigarro es hecho a mano en Nueva York, es casi seguro que el rolador es dominicano. Y la mayoría son de Tamboril, un pueblo en el norte de la república, cerca de Santiago.

“No he conocido ninguno cubano, aquí todo el mundo son dominicanos”, asegura el cubano Julio Suris, propietario de Taíno Cigars, con locales en el Bajo Manhattan y en Novena Avenida, donde trabajan diez roladores.

Cubanos o dominicanos, lo que comparten los fabricantes y vendedores de humo es que los cigarros son negocio y tradición de familia. Los Suris se dedican a esto tanto en Cuba como en Estados Unidos. Los Polanco, que tienen su local –PB Cuban Cigars — en la calle 22, junto a unos socios, son una de las tantas familias tabaqueras de Tamboril.

También de allí son los Portes, propietarios de Quisqueyana Cigars en el Bajo Manhattan y dos locales más: uno en Washington Heights y el otro en Newark, Nueva Jersey.

“Mi abuelo lo hacía allá, mi padre empezó a producir aquí en el ’92″, explica Karina Portes, quien a los 23 años –y luego de graduarse como administradora de empresas — ya tomó las riendas del local del Bajo Manhattan. Sus cuatro hermanas y alguna de sus primas también participan del negocio familiar, dijo la joven, nacida en Nueva York.

Más que un producto

Separado del ruido de la tarde por el ventanal de la tienda, otro especialista venido de Tamboril, Yovany Peña (39), arma cigarros sin parar, mientras Karina atiende a los clientes al ritmo de una orquesta cubana.

“Allá aprendes tú hasta sin querer”, dice Peña sobre su pueblo, sin dejar descansar las manos un momento. “Hay fabriquitas de cigarros en todas las esquinas”.

“Desde que tú entras a Tamboril”, confirma sonriente la gerente, “lo que huele es tabaco”.

Otra pequeña tienda con raíces en Tamboril es Reserva Dominicana Cigars, en la Séptima Avenida en el Greenwich Village.

El dueño Israel Capellán, de 26 años, asegura que el negocio prospera gracias a que consumidores jóvenes están descubriendo los cigarros como una actividad placentera que les permite tener un tiempo para dedicarse a sí mismos. Se trata, según Capellán, de un hábito relacionado con la apacible vida dominicana.

Por eso, dice, él brinda algo más que un producto: “Pienso darle un poco de mi país a todo el que le vendo mis cigarros”.

A quince años de la tragedia de Happy Land

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March 2005
Un monumento a las víctimas del incendio de 1990 en el sur del Bronx.
Un monumento a las víctimas del incendio de 1990 en el sur del Bronx.

Hace quince años, Rubén Valladarez se estaba quemando vivo.

El 25 de marzo de 1990, él era el disc jockey en la discoteca Happy Land en El Bronx cuando un novio despechado incendió el lugar y mató a 87 personas, la mayoría inmigrantes hondureños. Valladarez, quien sufrió graves quemaduras al salir corriendo entre las llamas, fue uno de los dos únicos sobrevivientes entre quienes estaban en el segundo piso.

Aún hoy, y a más de mil millas del Bronx, Valladarez se acuerda a diario de aquella noche. “Trato de olvidar, pero no se puede”, dijo en una entrevista telefónica desde su casa en un suburbio de Orlando, en Florida.

“Me pongo deprimido a veces”, añadió. “(Pienso) que por qué a mí, por qué me tocó esto a mí, eso es lo que más me acuerdo, que por qué pasó. Porque tenía muchos amigos ahí, tenía mucha gente que conocía ahí adentro ese día”.

La tragedia –una de las mayores en la historia de la ciudad– conmovió a todo Estados Unidos. Pero el dolor también llegó a varios pueblos de la costa norte de Honduras, de donde provenía la mayoría de los que murieron. Happy Land, que funcionaba en forma ilegal por no cumplir con medidas de seguridad, era el lugar de diversión preferido de los hondureños y, en especial, de los garífunas, miembros de una tribu caribeña.

Una década y media después de la tragedia, Valladarez habló con Hora Hispana de las cicatrices físicas y espirituales que le dejaron las llamas que atravesó aquella noche. Según dijo, las marcas en sus piernas y abdomen y la mano izquierda que no funciona del todo bien le recuerdan todos los días las heridas aún más profundas y dolorosas que lleva en el alma.

“A veces me levanto en la noche”, dijo, a causa de pesadillas en que ve a los que estaban en la disco: “No sé… de repente me vienen esas cosas de la gente que estaban conmigo sentados”.

Aquella madrugada de domingo, el cubano Julio González fue hasta Happy Land para intentar en vano reconciliarse con su ex novia, Lydia Feliciano, quien trabajaba en la disco. Cuando la discusión amenazó ponerse violenta, un custodio del lugar expulsó a González. Despechado, éste volvió con un recipiente con un dólar de gasolina. Esparció el combustible en la entrada y lo encendió con dos fósforos.

En el piso de arriba, Valladarez hacía sacudir a la gente al ritmo de la punta, la música fiestera preferida de los garífunas. A su lado estaba José Álvarez, su compadre y ex compañero de escuela primaria en Trujillo, a quien nunca volvería a ver.

Cuando se enteraron de que había un incendio, el fuego ya cerraba el paso en la escalera. Las luces se apagaron y Valladarez, que había tratado de calmar a la gente por los parlantes, gritó desesperado: “Los que quieran vivir, síganme”. Se lanzó hacia abajo en medio del infierno, el humo, los gritos. Nadie lo siguió.

“No era mucho, pero era bien intenso el fuego”, recordó Valladarez. “Solamente cerré los ojos y cuando me di cuenta ya estaba afuera. Ahí, ya no me acuerdo de nada”. El dolor era tan fuerte que se desmayó y se despertaría recién días después en el hospital.

Felipe Figueroa, otro empleado que había estado en el piso de arriba pero salió ileso instantes antes que Valladarez, lo vio aparecer envuelto en llamas. “No sabía ni quién era, de tan quemado, tan deformado que estaba”, contó días después al New York Times.

Los gases y el humo causados por el incendio llenaron el salón de arriba y mataron a todos en instantes: fue tan rápido que los bomberos que llegaron poco después encontraron, entre las pilas de cadáveres, algunos que aún sostenían vasos en sus manos.

Hoy, el cubano González está en la prisión de máxima seguridad de Clinton, en el norte del estado cerca de la frontera con Canadá. En 1991, fue encontrado culpable de dos cargos de asesinato por cada una de las víctimas y recibió una condena de entre 25 años en prisión y perpetuidad, la máxima posible en ese momento. Tendrá derecho a una audiencia de libertad condicional en 2015.

Las familias de los fallecidos enjuiciaron al dueño del edificio y otros responsables. En 1995, recibieron un promedio de 163 mil dólares por cada víctima, en un acuerdo que muchos consideraron insuficiente.

Valladarez recién se enteró de que todos los ocupantes del segundo piso habían muerto varios días después del incendio, en el hospital donde estuvo por dos meses y medio. “Me tuvieron que amarrar a la cama, porque volvía a gritar”, dijo. “A la noche, miraba a toda la gente que me venía a buscar y todas esas cosas, tenía malas pesadillas. Duró mucho, pero mucho”.

Más de un año después del fuego, se enfrentó al hombre que casi lo mató, al testificar en el juicio contra González. Al verlo, sintió “ganas de matarlo”, aseguró. “Pensaba que ese hombre estaba loco, hermano, para hacer una cosa así. Estaba loco”.

Aunque nunca se decidió a hacerlo, el ex DJ aseguró que más de una vez se le cruzó por la mente visitar a González en la cárcel, para “preguntarle por qué hizo eso, sentarme a verlo en la cara”.

Valladarez, quien trabaja como chofer de una empresa de construcción, vive con su esposa y dos de sus cuatro hijas en el tranquilo pueblo de Poinciana. Se fue a Florida en parte para tratar de dejar atrás esa noche que le cambió la vida, aunque dijo que no lo logró.

Todavía le gusta la música y guarda sus equipos de sonido, que no se quemaron en el incendio. Pero no volvió a trabajar de DJ. “A veces salgo a bailar”, dijo. “Voy a las discotecas, pero siempre estoy pendiente de las puertas. Estoy cerca de la puerta, porque aquí la gente está loca, en este país”.

Cuando viene a Nueva York, Valladarez visita el obelisco de mármol marrón que recuerda a las víctimas del incendio en una plazoleta de Southern Boulevard. El monumento, que tiene grabados los nombres de las 87 víctimas fatales, está frente al lugar donde estaba Happy Land, hoy ocupado por un salón de belleza y una tienda de envíos de dinero.

Al volver a ese lugar, a Valladarez lo invade la rabia. “Tantas cosas me pasan en la mente”, dijo.

Este domingo 27, familiares de las víctimas y miembros de la comunidad hondureña recordarán la tragedia con una misa a las 12.30 en la parroquia St. Thomas Aquinas, en el 1900 de Crotona Parkway. Luego, marcharán hasta el monumento, a pocas cuadras de allí, y realizarán una ceremonia garífuna en el local de Jamalali Uagucha, una organización civil frente a la iglesia. (El teléfono es 718-617-3421).

Para la comunidad garífuna, aquel 25 de marzo fue traumático. Todos recuerdan dónde estaban en ese momento o cómo se enteraron de lo que había pasado. La presidenta de Jamalali Uagucha, María Elena Máximo, perdió a un sobrino esa noche y ella misma salió de la disco minutos antes de la tragedia. “Cuando llegué a casa,” recordó, “ya estaba en llamas”.

Juanes: “Bailar el dolor”

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Octubre de 2007

La tormenta ya pasó para Juanes.

Hace apenas algunas semanas, el cantante colombiano era noticia por estar separado de su esposa y por una relación con otra mujer.

Juanes Pero al oírlo el lunes pasado por teléfono desde Miami estaba claro que el momento más difícil quedó atrás. Mientras Juanes volvía a casa en auto tras pasar el día filmando un comercial, el sonido de fondo de su charla tranquila lo pusieron los gritos agudos de sus dos hijas de cuatro y dos años, que cantaron alegres todo el camino.

“Tenemos una gran amistad, un amor grande que todavía late”, dice Juanes de su matrimonio con la modelo Karen Martínez. “Regresamos otra vez, estamos juntos otra vez”.

“Me hace sentir muy contento y tranquilo, aunque fue duro el proceso”.

Esas dificultades quedaron reflejadas en el flamante disco La vida… es un ratico, que se lanzará el 23 de octubre en 77 países, pero viene haciendo ruido desde septiembre. El primer single, Me enamora, va por su tercera semana al tope del ranking latino de Billboard y también debutó en la cima en España, Argentina, Colombia, Chile y toda Centroamérica.

Varias letras de este cuarto álbum solista se destacan por tratar del amor en tiempos difíciles.

“(Hablan) del amor pero no en el lado del que he hablado en discos anteriores, sino del otro: la realidad, enfrentar los miedos, lo que significan las relaciones, pues”, explica el colombiano de 35 años.

Así, hay canciones de ruptura, como Clase de amor, donde Juanes advierte con voz tanguera que “no tienes más remedio que pagar”; de recriminación, como Hoy me voy; de lamentación, como la balada Difícil.

Claro que Juanes también le canta a la reconciliación y la esperanza (La vida es un ratico, Gotas de agua dulce), a la amistad con su mujer (La mejor parte de mí), a estar enamorado (Me enamora).

“Las canciones son muy vivenciales, muestra una parte de mi vida personal por la que tuve que pasar”, dice el ganador de doce premios Grammy. “(Quise) plasmar ese dolor, no como de una forma negativa, sino ‘bailar’ el dolor”.

Es que Juan Esteban Aristizábal es más que nada un optimista.

Eso se nota en el título del disco, inspirado en el consejo de su madre de 78 años: hay que aprovechar la vida mientras dura. Y se nota en las demás canciones, con los ritmos movidos que son su sello pero con guitarras más rockeras que nunca.

“Hay una tendencia más al sonido básico del rock, pero manejando esas cosas con elementos de la música colombiana tradicional”, explica el antioqueño.

“Siempre me ha gustado mucho el rock, me identifico más con esa rama, de ese lado del río”, dice. “Ha sido una época de experimentación, de búsqueda de identidad. Y este álbum se acerca mucho más a lo que siempre he querido hacer y nunca tuve la oportunidad de hacerlo”.

Para hacer un disco con la energía que Juanes despliega en vivo, junto a Gustavo Santaolalla –productor de todos sus discos– decidieron usar mucha instrumentación directa y nada de sonidos programados.

El espíritu rockero de La vida… es un ratico también se nota en los cantantes invitados.

Por un lado, el rocker argentino Andrés Calamaro aparece en Minas Piedras, un nuevo reclamo contra las minas antipersonales que plagan la tierra colombiana. Por el otro, el alemán Campino (Andreas Frege), de la legendaria banda punk Die Toten Hosen, suma su voz al mensaje anti-racista de Bandera de Manos.

Estas canciones muestran el lado comprometido de Juanes, quien tiene su propia fundación, Mi Sangre, para trabajar en la rehabilitación psicológica y educación de víctimas de las minas. Hace poco lanzó un programa de educación inicial para menores de cinco años en 42 municipios rurales.

La guerra civil, claro, asola Colombia desde antes de que él naciera. “No conozco un país en paz”, lamenta.

Aunque considera a las guerrillas una “mafia” que vive de la droga, cree que la lucha armada contra el narcotráfico “nunca ha funcionado ni va a funcionar”. Hasta se anima a pedir la despenalización de la marihuana y del cultivo de coca.

“Colombia sigue pagando con la vergüenza, con la humillación, con los muertos, y el mundo entero sigue disfrutando con la droga”, dice.

Después de que el anterior disco, Mi Sangre, lo llevó de gira por 31 países en 19 meses, Juanes se prepara para volver a esa vida de aeropuerto. Esta vez, tocará menos recitales pero en recintos más grandes.

“A mí me encanta tocar, me fascina”, dice, “Es lo que más disfruto, hasta llegar al cansancio físico y mental que te obliga a parar”.

Esta vez, intentará “pasar más por casa” o llevar a su mujer e hijas en algunos viajes, para evitar largas ausencias.

Su separación temporaria –y su confesión de infidelidad– fueron tapa de revistas. Pero él dice que no se arrepiente de haber mostrado su lado personal. Además, dice, “a través de mis canciones, más desnudo no puedo estar, porque ahí está la realidad”.

Eso sí, sus hijas Luna y Paloma ni se enteraron del conflicto.

“Ellas son muy pequeñas, no quisimos involucrarlas. No tenía sentido”, dice Juanes. “Algún día les contaremos qué pasó, pues, pero por ahora no es necesario”.

Kat DeLuna: El lanzamiento de una pop star

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Kat DeLuna está decidida a ser la primera cantante dominicana en conquistar Estados Unidos

9 de agosto de 2007

Vista de cerca, la nueva estrella parece una niña. Vestida con los colores dominicanos –shorts rojos, camiseta azul, zapatos deportivos blancos– salta una y otra vez con ambos pies para atrás a pedido de la fotógrafa. Uno se la imagina saltando la cuerda enfrente de su edificio a la salida de la escuela.

Pero no hay que dejarse engañar. Cada salto delante de la cámara y cada paso en su carrera han sido planeados con cuidado. Kat DeLuna tiene sólo 19 años, pero hace mucho que está esperando este momento.

“Hace siete años que estoy preparando esto”, asegura.

Kat DeLuna/Kristy Leibowitz, Daily NewsSe refiere a su lanzamiento como cantante estrella, que comenzó hace algunas semanas con Whine Up, una pegajosa mezcla de pop y dancehall grabada con el jamaiquino Elephant Man. La canción llegó a estar en el puesto 29 de los Hot 100 de Billboard y esta semana se mantenía en el 35.

Whine Up tuvo mucha difusión en las radios Z100 de Nueva York y KIIS FM de Los Angeles. Y hasta viene con su propio baile, que Kat enseñó al país por televisión en Live with Regis and Kelly y en TRL por MTV.

El álbum debut de esta domínico-americana, 9 Lives, se lanzó este martes. Y ella jura que el hasta ahora éxito de verano seguirá en el otoño y más allá.

“Llegué para quedarme”, dice con cara de quien sabe lo que hace. “Vine a reclamar mi corona.”

Kat asegura que será la primera dominicana en atraer a una audiencia masiva en Estados Unidos.

“Yo soy la primera artista crossover pop dominicana”, dice. “Nunca hemos tenido una”.

Kathleen DeLuna nació en el Bronx y se crió en Santo Domingo y luego en Newark, Nueva Jersey. Siete años atrás empezó a preparar su éxito al ingresar a la New Jersey Arts High School. Allí estudió ópera y se convirtió en primera soprano del coro de la escuela.

NACIDA PARA CANTAR
Cuando Kat tenía tres años, logró que la dejaran participar en un concurso para niños mayores de cuatro a fuerza de berrinches.

Lo terminó ganando, tras cantar Él me mintió de Amanda Miguel.

Desde entonces, parece que su vida ha sido una preparación para este momento.

“No soy una persona difícil, pero tampoco pierdo mi tiempo”, dice. “Soy una artista muy bien definida, sé hacia dónde quiero ir”.

Pronto, formó un grupo pop de latinas llamado Coquette. Pero los ejecutivos de discográficas siempre reaccionaban igual: le sugerían que intentara hacer carrera como solista. Al final, les hizo caso.

“Me sentí mal por las otras chicas, pensé que quizás si a mí me iba bien, luego podría ayudarlas”, cuenta. “Pero así son los negocios. No nos querían (como grupo), ¿qué podemos hacer?”

Pasaron cinco años en que la compañía independiente GMB buscó conseguirle contrato con alguna discográfica. Finalmente, en noviembre pasado firmó con Epic Records. Cuenta la leyenda que el presidente del sello Charlie Walk no quiso dejarla ir de su audición sin antes firmarle un contrato. Kat le había cantado a capella un tema de Whitney Houston.

Otras compañías le habían sugerido que cantara sólo en español, pero ella y su equipo no querían limitarse a sólo ese segmento del mercado. “Soy dominicana, pero nacida en Estados Unidos”, dice ella. “Ésta es mi cultura y puedo hacer las dos cosas”.

El presidente de GMB Tyrone Edmond dice que de inmediato se dio cuenta de que había encontrado a alguien diferente. “Estaba buscando alguien que no sonara como todos los demás”, dice acerca de la voz de Kat.

Pero la cantante también tiene otras ventajas: es bilingüe y puede atraer a fans de diferentes razas y culturas. En el video de Whine Up se ven banderas de países caribeños donde se habla inglés, francés y español.

Aunque se haya criado entre varias culturas, Kat está orgullosa de ser dominicana. “¿Y dónde tú crees que yo aprendí a bailar, muchacho?”, grita como una comadre cuando se le pregunta sobre el país de sus padres.

Esas raíces están presentes en su disco, que trae una dosis interesante de bachata. Este ritmo, a veces menospreciado entre los géneros tropicales, le da un tono caribeño a su segundo sencillo, Am I Dreaming (que tiene una versión en español, Como un sueño). El videoclip fue grabado en la zona colonial de Santo Domingo.

“Bailo bachata en el video”, dice Kat. “Quiero mostrarle a la gente cómo se baila la bachata”.

La cantante es co-autora de todas las canciones de su disco, que fue grabado en tan sólo un mes. La música es una mezcla de pop, dancehall, hip hop, R&B, merengue y bachata. El álbum incluye tres versiones en español.

Etiqueta Negra

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Mario Córdoba, Kinston, Carolina del Norte.

En agosto de 2008, emprendí una aventura periodística de esas que uno siempre sueña pero pocas veces se anima a concretar.

En el Rayo Blanco, el Subaru Legacy 1992 que mi mujer tenía en Nueva York, viajamos desde esa ciudad hasta México D.F. durante dos semanas. En el camino, publiqué en vivo un blog multimedia –tuits, videos, fotos, podcasts– sobre mis encuentros con latinos del este y el sur de Estados Unidos. La intención era ver qué pensaban sobre la histórica contienda presidencial de ese año entre Barack Obama y John McCain y cómo afectaría sus vidas.

Luego del viaje, escribí un reportaje narrativo que se publicó en dos versiones distintas en la revista peruana Etiqueta Negra y en la salvadoreña Séptimo Sentido.

La versión de Etiqueta, que se publicó como la principal de portada en octubre de 2008, tiene un abordaje atemporal y un título que me encantó, gracias a los excelentes editores de la revista:

Latinoamérica es un continente oculto en Estados Unidos

- Leer en este sitio.

- Leer en el sitio de Etiqueta Negra, en e-paper o en texto simple.

- Descargar el artículo en pdf, recomendable para más comodidad.

Rumbo

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La cadena texana de diarios Rumbo fue un interesante experimento de periodismo de alta calidad en español en Estados Unidos. Escribí para ellos algunos artículos como corresponsal en Nueva York y también desde México durante la elección presidencial de 2006.

Votando en la colonia Doctores, México DF, 2006

Una elección que dividió a México

Las opiniones de los votantes el día de la elección reflejaban lo polarizada que estaba la sociedad mexicana a la hora de reemplazar a Vicente Fox. Fui desde el elegante barrio de Polanco y la zona cool de Condesa a la Colonia Doctores, un reducto de la clase trabajadora. [ + ]

Escuela o pandilla

Los adolescentes mexicanos tenían la más alta tasa de deserción escolar en Nueva York. Hablé con un grupo de ellos y me contaron que muchas veces la opción es muy clara: quedarse en la escuela o unirse a una pandilla. [ + ]

Coney Island, en peligro de perder su identidad

La Disneylandia de los pobres

Residentes, empresarios del entretenimiento y amantes de la zona de Coney Island temen que el distrito más estrafalario y libertino de Nueva York sea transformado en uno más de los centros comerciales tan comunes en todo el país: un lugar prolijo, limpio, caro y aburrido. [ + ]

Mexicanos en las cocinas del mundo en Nueva York

Cocineros del mundo

Cada día en Nueva York, numerosos mexicanos cocinan platos originados en los más impensados rincones del planeta. Unos atienden el asado en las parrillas argentinas en Queens o las pizzas italianas en el Greenwich Village, otros hacen pan paquistaní, comida cajún o sushi. [ + ]

Clarín

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El diario Clarín me dio la oportunidad de llegar a Buenos Aires en 1998, al darme una codiciada beca con alojamiento y un estipendio para trabajar en la redacción y estudiar en la Universidad Católica Argentina durante seis meses. Me sumé a la sección de Policiales e Información general y me tocó cubrir casos como la muerte de una adolescente argentina y dos amigas en el parque Yosemite de California; el histórico apagón de varios días en pleno verano porteño; una matanza en una barriada pobre de la capital; y otros.

El Caso Pelosso en Clarín

Caso Pelosso: Hallan quemado el auto de la chica desaparecida

Tras semanas de búsqueda, aparece el auto de tres mujeres desaparecidas en el parque Yosemite. La noticia fue exclusiva y, como llegó de noche, causó que Clarín sacara una segunda edición. [ + ]

El Caso Pelosso en Clarín.

Caso Pelosso: Encontraron dos cuerpos quemados en el baúl del auto

Quemados casi por completo, irreconocibles y mezclados entre cenizas, el FBI encontró los restos de dos cuerpos en el baúl del auto en el que viajaban la cordobesa Silvina Pelosso y sus dos amigas estadounidenses cuando desaparecieron en California. [ + ]

Caso Pelosso: Diez años después

Diez años después de cubrir los crímenes para el diario Clarín, escribí un reportaje narrativo de largo aliento sobre el hombre condenado a muerte por ellos, Cary Stayner, que se publicó en la revista argentina Brando. [ + ]

A Clarin story about a massacre in a Buenos Aires shantytown.

Matan a balazos a tres hombres en una villa del Bajo Flores

Acribillados a balazos cuando descansaban después de un partido de fútbol, dos peruanos y un argentino murieron y otro peruano quedó herido. Fue en un ataque sorpresivo y a sangre fría en una villa del Bajo Flores. [ + ]

Feria de colectividades en Palermo, Diario Clarín, 1998.

Una feria de Navidad en Palermo

La originalidad de la entrada que escribí para esta nota de color me ganó mi primera firma en Clarín, nada más y nada menos que un domingo. Se trataba de una feria de Navidad de las colectividades inmigrantes en Buenos Aires. [ + ]

Una familia vive el apagón, en Diario Clarín.

Apagón en la ciudad: Penurias en un quinto piso

Crónica de la vida de una familia de cinco durante el apagón histórico del verano de 1999 en Buenos Aires. [ + ]

El Pulpo, un tanguero neoyorquino

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En el sótano en penumbras de un restaurante italiano del East Village, un hombre de saco oscuro, zapatos puntiagudos y cabellos largos atados en una cola de caballo gesticula, sufriente, mientras canta. Su cara se frunce, sus rodillas parecen quebrarse bajo el peso del dolor que transmiten sus canciones.

Su voz ronca le canta a las mujeres… y a otros vicios que pueden arruinarle la vida a un hombre: las carreras de caballos, el alcohol, el juego, las peleas entre compadritos.

“El tango es música triste de Argentina”, El Pulpo explica en inglés a su público. “Los tangos felices son como Papá Noel: no existen”.

Héctor Pablo “El Pulpo” Pereyra, 41, se crió en Avellaneda y frecuentó los bares tangueros más rancios de Buenos Aires. Pero se convirtió en cantor de tangos aquí, en Nueva York.

“Empecé a cantar porque extrañaba el tango”, explica.

Con su orquesta La Zvi Migdal, El Pulpo se presenta todos los domingos a la noche en Via Della Pace. La receta es tradicional: un cantante acompañado por tres guitarras. Pero a eso le agregan los arreglos jazzeros del guitarrista Adam Tully y las histriónicas actuaciones del cantante.

El resultado es un show donde El Pulpo filosofa, explica las razones de la melancolía argentina y hasta cuenta chistes. Y cuando la música empieza –como “Malena”– en cada verso pone su corazón.

“Estaba un poquito loco”, dice Tully, su socio artístico, sobre la primera impresión que tuvo del cantante cuando lo conoció hace casi seis años. “Tiene una visión artística muy fuerte que me cautivó”, agrega. Tanto le gustó que llevó al Pulpo como cantante invitado a su debut en Carnegie Hall en 2002.

El Pulpo reconoce que no tiene una voz pristina. Pero, con años de experiencia como actor de teatro, dice que lo suyo es actuar el tango para transmitir el sentimiento de cada canción.

“No tengo la voz para ser un cantor de tango tradicional”, dice. “Yo busco frasear, decir el tango, y que de esa forma resuene adentro tuyo”.

Cuando el show comienza, Pereyra se contonea como el cantante de Aerosmith Steve Tyler, zarandea el micrófono como Axl Rose y gesticula dolorido como “El Polaco” Roberto Goyeneche, uno de los tangueros más populares que tuvo la Argentina.

“Me gusta cantar el tango como lo siento”, dice. “Me definiría como un cantor egoísta”.

El nombre de su orquesta trajo controversias, ya que la Zvi Migdal era una banda mafiosa judía que traficaba mujeres del Este de Europa a los burdeles de los barrios bajos de Buenos Aires a principios del siglo XX.

El Pulpo explica que no está a favor del delito, pero dice que buscaba un nombre que resaltara el origen sórdido de esta música: “No me interesa contarle al mundo la versión ‘políticamente correcta’ del tango”.

El intimismo de María Volonté llega a Nueva York

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2 de julio de 2008

María Volonté descubrió que lo suyo era el tango una noche de 1985 en un cabaret de Buenos Aires.

Maria VolonteCuenta que, al ver a las mujeres que trabajaban en el lugar, sintió ganas de darles un regalo. Caminó hasta el medio de la pista, se sentó a horcajadas en una silla y comenzó a cantar a capella el tango “La última curda”.

Por esa época, Volonté era ya una cantante profesional, aunque alternaba diferentes géneros e incluso frecuentaba los circuitos del rock underground porteño. Mientras cantaba, recuerda, las mujeres del cabaret se fueron acercando a ella y comenzaron a colocarle con delicadeza, una a una, billetes en el escote. Cuando terminó la canción, sintió un aplauso largo como un abrazo… y supo que el tango era lo suyo.

“Siempre que me preguntan cómo es la música de Buenos Aires, (digo que) es la música que expresa una vida vivida intensamente”, explica la cantante por teléfono desde California. “Ésa es la música que traigo”.

Esa intensidad y una atmósfera de intimismo son los rasgos principales del show de Volonté, que debuta en Nueva York con un concierto en Joe’s Pub este miércoles 9 de julio, el Día de la Independencia argentina. También se presentará gratis el lunes 7 en Americas Society, donde interpretará algunas canciones en versiones acústicas y responderá preguntas del público.

Volonté tiene una larga carrera profesional, pero se hizo conocer fuera de su país cuando su disco “Fuimos” (2003) recibió una nominación a los Latin Grammys. Con ese álbum también ganó un Premio Gardel, el máximo galardón musical en la Argentina.

En “Fuimos”, Volonté trabajó con el reconocido pianista de jazz Horacio Larumbe, en una selección de tangos de los ’40. “(Fue) la razón por la que empecé a viajar y a hacer más cosas en Estados Unidos”, dice.

Hace poco, la cantante decidió instalarse aquí: ahora vive entre California y Buenos Aires. Asegura que, a pesar de ser una artista de cierta fama, no le molesta empezar de cero en un país donde no es famosa… ni tan sólo conocida.

“A mí me encanta el desafío, las nuevas experiencias”, explica. “Soy una aventurera por naturaleza. El Volonté, apellido de mi madre que elegí para trabajar, significa de alguna manera ‘voluntario de la aventura’. Y no se me ocurre mejor definición para mí”.

En Joe’s Pub -425 de calle Lafayette, en el East Village- la artista presentará temas de su reciente CD “Sudestada”, que lleva el nombre de un viento fuerte de la pampa. Incluye composiciones propias y nuevas interpretaciones de clásicos del tango y otros géneros argentinos.

Volonté promete que el show será una muestra de la pasión que caracteriza su arte.

“Lo que yo celebro de alguna manera es el silencio, la belleza, la intimidad”, dice. “La belleza que hay en atreverse a bajar los decibeles y a internarse un poco en la quietud, en la intimidad”.

Cine inesperado: Latinbeat en Lincoln Center

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Septiembre 6, 2007

Cada vez son más los festivales y eventos que traen cine latinoamericano a Nueva York. En medio de esta oferta creciente, la serie Latinbeat en Lincoln Center se ha convertido en un clásico de fines de verano.

La edición 2007, que va del 7 al 18 de septiembre, trae películas de países donde casi no existe una industria cinematográfica: Paraguay, Ecuador, Uruguay, Bolivia, y hasta cortometrajes de El Salvador y de Costa Rica.

A ellos se unen filmes de nuevos directores de los países acostumbrados: Brasil, Argentina, México, Colombia. Y el debut como director de Gael García Bernal, quien también protagoniza su filme, Déficit.

“Es lo mejor que América Latina tiene para ofrecer”, asegura Richard Peña, director de programas de la Film Society de Lincoln Center. “La gente espera eso de nosotros y tratamos de cumplir con sus expectativas”.

Peña asegura que no hubo una intención de buscar filmes de países que suelen estar ausentes.

“No elegimos las películas porque sean de Ecuador o de Paraguay”, dice. “Las elegimos porque pensamos que son buenas”.

El festival incluye Hamaca Paraguaya de Paz Encina, el primer filme en producirse en Paraguay en más de tres décadas; la boliviana Lo más bonito y mis mejores años, de Martín Boulocq; Qué tan lejos, de la ecuatoriana Tania Hermida; y los cortos La pájara pinta (El Salvador) y Temporal (Costa Rica). También se exhibirá la uruguaya Whisky (2004), con una especial dedicatoria a Juan Pablo Rebella (co-director junto a Pablo Stoll), quien se suicidó el año pasado.

Qué tan lejos, que relata un viaje de dos jóvenes mujeres, se convirtió en la película ecuatoriana más vista desde 1990, dice Hermida. “Nunca imaginamos que pasara esto. La película no tiene ‘ganchos’ comerciales… Es pequeña y con una historia y personajes poco convencionales”, agrega.

Uno de los temas que se repite este año en Latinbeat es la emigración desde Latinoamérica (sobre todo hacia Estados Unidos) y sus consecuencias en los emigrantes y sus familias.

En Soy Andina, el director estadounidense Mitch Teplitsky documenta las vidas transnacionales de dos bailarinas: una, peruana emigrada, la otra, estadounidense hija de peruanos.

“Me interesaba la historia de la comunidad inmigrante que de cierta manera vive en dos mundos, sin nunca sentirse parte de uno o del otro”, explica el cineasta, quien terminó después de seis años de trabajo en el filme casado con una de sus entrevistadas peruanas. “En el proceso (de hacerlo), de cierta manera yo también dejé mis raíces, tuve la misma evolución”.

My Grandmother has a Video Camera, de Tania Cypriano, sigue a una familia brasileña en Estados Unidos durante más de veinte años; La Misma Luna, de Patricia Riggen, a un niño y a su madre que deja México para darle una mejor vida; Lo más bonito…, a un joven boliviano que busca cómo irse al exterior.

El festival también incluye una sección de cuatro clásicos recientes del cine mexicano. Para más información, visite www.filmlinc.com.

Son y Algo Más: Celso Duarte

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Agosto 30, 2007

El arpista Celso Duarte viene a Nueva York a matar dos pájaros de un tiro.

Por un lado, le brindará a los mexicanos que vayan a ver su show su interpretación del son jarocho, un ritmo tradicional de Veracruz. Por otro, ofrecerá al público sudamericano la posibilidad de reencontrarse con clásicos del arpa paraguaya.

Celso DuarteDuarte se ha hecho conocido gracias a su trabajo con la cantante mexicana Lila Downs, en cuyas giras y discos participa en forma permanente. Pero este arpista de 33 años, nacido en Paraguay y criado en México, también está explorando sus intereses personales a través de un conjunto propio con el que cultiva los géneros regionales mexicanos y latinoamericanos donde se destaca el arpa.

“Hay una influencia muy fuerte en mi trabajo de desarrollar el son, pero (también) hay clásicos de la música latinoamericana”, explica Duarte en una entrevista telefónica desde México D.F. “Y sobre todo la técnica, que en un setenta por ciento es del arpa paraguaya”.

Esas influencias son un reflejo del árbol genealógico de Duarte. Su padre, Celso Duarte González, es un maestro paraguayo del arpa que conoció a su esposa en México en los años ’70 mientras andaba de gira con un conjunto folclórico. La madre de Duarte es cantante e instrumentista clásica.

Duarte cuenta que se crió tomando mate y tereré, infusiones populares en Sudamérica, y comiendo asado. “Hasta hablo un poco de guaraní con mi papá”, dice.

“Haber crecido con la familia mitad acá y mitad allá me ha hecho ver la música de otra manera. Cuando se toca algo muy sudamericano, que suene sudamericano, y cuando se toca algo muy mexicano, que suene mexicano. Pero también poder combinarlos, poder jugar y mezclarlos, también respetando su esencia”, agrega.

Claro que a Duarte también le gusta fusionar los géneros folclóricos con jazz, samba y festejo peruano. Lo logra, según cuenta, al trabajar con músicos de diferentes escuelas.

Duarte estudió violín y música clásica. Cuando tenía apenas once años, comenzó a salir de gira con su familia, que se presentaba en Estados Unidos y Japón como Los Duarte.

El arpista también dedica su tiempo a investigar los géneros populares mexicanos que están en peligro de perderse por falta de jóvenes que los practiquen. Así fue como llegó a grabar el primer álbum propio, De Sur a Sur, basado en el son jarocho.

Duarte hará dos presentaciones en Joe’s Pub el miércoles 5 de septiembre. Será el primer espectáculo del festival Celebrate México Now, que continuará hasta el 16 con teatro, danza, cine, artes visuales, música, conferencias y hasta degustaciones de comida regional.

“Vamos a presentar el son jarocho como lo estamos tocando a nuestra manera, con ritmos de festejo, de samba brasileña, y también algún solo de arpa de Paraguay”, anuncia Duarte.

“Se trata de unir a la comunidad mexicana, pero también a los latinos, de que nos identifiquemos todos y la pasemos bien escuchando y conviviendo con la música”.

Hora Hispana

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Durante mi época de escritor freelance en Nueva York, una de las publicaciones para las que más trabajé fue el semanario Hora Hispana, publicado por el Daily News, uno de los principales diarios de la ciudad. Allí escribí todo tipo de artículos: desde la política hispana a las estrellas latinas del deporte o la música, desde festivales de cine a problemas sociales como la falta de intérpretes en los hospitales públicos.

Honduran laborers rest after a day's work in New Orleans.

Elección histórica de 2008 no entusiasma a todos los hispanos

A pesar de las intensas campañas de registro de votantes de los últimos dos años, todavía no es seguro que los latinos salgan en masa a votar, como esperan los activistas y políticos hispanos. [ + ]

"Many candidates say they are going to allow legalization, then nothing happens," says Mario Córdoba.

Latinos temen deportaciones, pero campañas no hablan de inmigración

El voto hispano puede decidir cuatro de los estados más disputados en esta elección: Florida, Colorado, Nuevo México y Nevada. La posición de los candidatos sobre la inmigración influirá en lo que ocurra allí y, tal vez, en el resultado final. [ + ]

Cristian Estévez Gil.

Recuerdos de la revolución: Rebeldes dominicanos en Nueva York

Desde adentro del otrora enemigo, veteranos dominicanos recuerdan la invasión estadounidense de abril de 1965 que ayudó a derrotar una revuelta prodemocrática. Algunos se hicieron ciudadanos del país que los venció, otros sienten que viven en el "vientre del monstruo". [ + ]

Los garífunas, una tribu oculta en Nueva York

Sus antepasados se salvaron al hundirse los barcos esclavistas que los traían a América. El ejército inglés los expulsó de su tierra. El huracán Mitch asoló sus aldeas caribeñas. Hoy, sobreviven como inmigrantes en Nueva York. [ + ]

Dominican cigar makers in New York. (Photo: Diego Graglia)

Roladores dominicanos: Artesanos del humo en la gran ciudad

En Nueva York, hay muchas tiendas de cigarros en diferentes zonas de la ciudad. Pero la mayoría de los roladores, artesanos que hacen cigarros a mano, vienen del mismo pueblo dominicano, Tamboril. [ + ]

A quince años de la tragedia de Happy Land

La comunidad afrocaribeña de los garífunas perdió a decenas de miembros en un incendio en una discoteca clandestina en el Bronx en 1990. [ + ]

Juanes

Juanes: "Bailar el dolor"

Una entrevista exclusiva con el astro pop al lanzar un nuevo disco. “Ha sido una época de experimentación, de búsqueda de identidad", dice el colombiano. "Este álbum se acerca mucho más a lo que siempre he querido hacer". [ + ]

Kat DeLuna/Kristy Leibowitz, Daily News

Kat DeLuna: El lanzamiento de una pop star

Vista de cerca, la nueva estrella parece una niña. Pero no hay que dejarse engañar. Cada salto delante de la cámara y cada paso en su carrera han sido planeados con cuidado. Kat DeLuna tiene sólo 19 años, pero hace mucho que está esperando este momento. [ + ]

El Pulpo, un tanguero neoyorquino

Héctor Pablo "El Pulpo" Pereyra, 41, se crió en Avellaneda y frecuentó los bares tangueros más rancios de Buenos Aires. Pero se convirtió en cantor de tangos en Nueva York. "El tango es música triste de Argentina", explica en inglés a su público. "Los tangos felices son como Papá Noel: no existen". [ + ]

Maria Volonte

El intimismo de María Volonté llega a Nueva York

La cantante María Volonté descubrió que lo suyo era el tango una noche de 1985 en un cabaret de Buenos Aires. "La música de Buenos Aires... es la música que expresa una vida vivida intensamente", dice la cantante. [ + ]

Cine inesperado: Latinbeat en Lincoln Center

Cada vez son más los festivales y eventos que traen cine latinoamericano a Nueva York. La serie Latinbeat en Lincoln Center se ha convertido en un clásico de fines de verano. [ + ]

Celso Duarte

Son y Algo Más: Celso Duarte

Conocido por su trabajo con Lila Downs e hijo de un maestro paraguayo del arpa, Celso Duarte visita Nueva York con su interpretación del son jarocho, el ritmo tradicional de Veracruz y los clásicos de la tierra guaraní. [ + ]

Susana Baca/MySpace

Después del Huracán: Susana Baca en Nueva York

Cuando el huracán Katrina asoló Nueva Orleans, hacía menos de un mes que la cantante peruana Susana Baca se había instalado en la universidad Tulane de esa ciudad. Ya no regresó. [ + ]

Mundial Matador: Kempes y Alemania 2006

Entrevista con el tres veces mundialista Mario Kempes, recordado atacante argentino que con dos goles decidió la final del Mundial '78 en Buenos Aires, antes del Mundial de Alemania 2006. [ + ]

The Star-Ledger

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Al graduarme de la Universidad de Columbia, hice una práctica de un año en el mayor diario de Nueva Jersey, The Star-Ledger. Me asignaron cubrir Elizabeth, de 120.000 habitantes, la mitad de ellos hispanos. También, en 2006, escribí para el diario un artículo de portada desde México sobre los migrantes centroamericanos en su camino a Estados Unidos.

Un migrante se trepa a un tren rumbo al norte en Tultitlán, cerca de la Ciudad de México. › México y su propia crisis de migrantes: El gobierno mexicano reclama a Estados Unidos respetar los derechos de sus migrantes, pero al mismo tiempo miles de centroamericanos que cruzan su territorio sufren incontables abusos y violencia. [ Leer en inglés ]

Un falso arquitecto estafa a familias de Nueva Jersey.Sin techo y sin dinero: Una investigación exclusiva en documentos públicos sobre un falso arquitecto brasileño que estafó a familias de diferentes partes de Nueva Jersey y se esfumó tras cobrarles por construcciones que nunca hizo. El sospechoso llegó a demoler una casa y desaparecer sin construir una nueva. [ Leer en inglés ]

El Sol de Mayo en Nueva Jersey: Uruguayos en Elizabeth.› De Uruguay a Elizabeth: La más reciente ola de inmigrantes a una ciudad llena de comunidades extranjeras fue la de uruguayos que llegaron a inicios de los 2000. Muchos entraron a Estados Unidos cuando éste no requería visas a ciudadanos de su país y luego se quedaron. “Fue un verdadero éxodo”, narraba un activista comunitario. [ Leer en inglés ]

La resurrección de una estación de tren histórica.› Una nueva vida para un edificio histórico: Durante décadas, la histórica estación de trenes de Midtown, en Elizabeth, estuvo abandonada; el polvo se acumulaba sobre los bancos de su sala de espera. Ahora, un proyecto busca renovarla para darle vida al edificio y al centro de una ciudad que tuvo mejores épocas. [ Leer en inglés ]

Daily News

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Viva New York es una sección mensual del diario neoyorquino Daily News, que refleja la vida, arte y cultura de las diversas comunidades latinas de la ciudad. Escribí para VNY entre 2005 y 2008, desde cuando era una revista dominical bilingüe hasta que se convirtió en una sección en inglés del diario del miércoles. Además, redacté muchos de los mismos artículos en español para Hora Hispana, el semanario en español del Daily News.

El desfile de la Independencia de Ecuador en Queens, antes de la elección presidencial de EEUU del 2008.› Elecciones 2008 en EE.UU.: Al concluir un viaje de dos semanas entre Nueva York y México, escribí estos artículos sobre los latinos y la elección presidencial histórica de ese año en Estados Unidos.

» Elección histórica de 2008 no entusiasma a todos los hispanos. [ Leer en español / Leer en inglés ]
» Latinos temen deportaciones, pero los candidatos no hablan de inmigración. [ Leer en españolLeer en inglés ]
» Latinos for Obama: ¡Sí se pudo! [ Leer en inglés ]

Un recorrido por las milongas de Nueva York.› Fiebre de Tango en Nueva York: Cada noche de la semana, hay uno o varios lugares donde se puede ir a bailar tango en Nueva York. Las milongas son como una sociedad secreta en que casi todos se conocen. [ Leer en inglés ]

› Revolucionarios dominicanos en Nueva York: La historia de civiles y militares dominicanos que se rebelaron contra un gobierno autoritario en 1965 y, luego de ser derrotados con ayuda de Estados Unidos, terminaron envejeciendo en Nueva York. [ Leer en español / Leer en inglés ]

Trabajadoras de la cooperativa Ceres en Buenos Aires.› Adiós a Wall Street: Inspirado tras ver un documental sobre las fábricas tomadas por trabajadores argentinos, Brendan Martin dejó Nueva York y su trabajo en la industria financiera para mudarse a Buenos Aires y ayudar a esas cooperativas a conseguir créditos. [ Leer en español / Leer en inglés ]

› ‘Ropa vieja’, dueños nuevos: Aunque la población cubana de la ciudad se ha reducido en las últimas décadas, el número de restaurantes cubanos sigue creciendo. Me metí atrás a la cocina para saber quién manda ahora. [ Leer en español / Leer en inglés ]

Mi nota de portada para VNY sobre la elección para alcalde de 2005.› La lucha por el voto latino: Mi primer artículo para VNY fue una nota de portada sobre los políticos latinos que competían entre sí en la elección de alcalde de 2005, pese a que el candidato demócrata era el hispano Fernando Ferrer. [ Leer en español / Leer en inglés ]

› La tragedia de “Happy Land”: A dos décadas de un incendio en una discoteca clandestina en el sur del Bronx, los garífunas –una etnia centroamericana de raíces afroindígenas– recuerdan la tragedia que diezmó a su comunidad. Hablé con uno de los únicos dos sobrevivientes. [ Leer en español / Leer en inglés ]

Juanes› Juanes: Una entrevista exclusiva con el astro pop al lanzar un nuevo disco. “Ha sido una época de experimentación, de búsqueda de identidad”, dice el colombiano. “Y este álbum se acerca mucho más a lo que siempre he querido hacer y nunca tuve la oportunidad de hacerlo”. [ Leer en español / Leer en inglés ]

› El tenor del pueblo: El peruano Juan Diego Flórez es uno de los más destacados en una nueva generación de tenores. Lo entrevisté cuando protagonizó “El Barbero de Sevilla” en la Opera Metropolitana y me contó de la pasión de sus seguidores latinoamericanos, que hasta en Francfort lo reciben con banderas peruanas. “Es como jugar para la selección”, dijo. [ Leer en inglés ]

› El Pulpo, un tanguero neoyorquino: Nueva York tiene su propio cantor de tangos en Héctor Pablo Pereyra, mucho más conocido como El Pulpo, un porteño auténtico que comenzó a cantar porque extrañaba el tango. [ Leer en español / Leer en inglés ]

Investigación académica

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Libros sobre la Guerra de Abril, en 1965 en la República Dominicana.

Pocos años después de obtener mi maestría en Periodismo en la Universidad de Columbia, entre 2006 y 2007 obtuve una segunda maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York.

Mi tesis de maestría fue una investigación sobre los revolucionarios dominicanos que combatieron en la revuelta popular de abril de 1965, derrotada con ayuda de Estados Unidos, y luego terminaron viviendo durante décadas en Nueva York. Entrevisté a una decena de civiles y ex militares que participaron de la revuelta democrática: algunos siguen militando en política tanto de Estados Unidos como de República Dominicana, mientras que otros se convirtieron en ciudadanos estadounidenses comunes y corrientes.

El trabajo final está en inglés. Para leer la introducción y descargar la tesis completa, visiten esta página.

Después del Huracán: Susana Baca en Nueva York

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23 de marzo de 2006

Susana Baca/MySpaceDe todas las ciudades, Nueva Orleans. De todas las fechas, agosto de 2005.

Cuando el huracán Katrina asoló Nueva Orleans, hacía menos de un mes que la cantante peruana Susana Baca se había instalado en la universidad Tulane de esa ciudad.

Con una beca Rockefeller, planeaba dedicarse a un proyecto de investigación en donde compara la cultura afroamericana con la afroperuana, esa que la tiene a ella como uno de sus estandartes. Claro que la naturaleza tenía otros planes.

Baca pasó el día del huracán en la cercana ciudad de Baton Rouge y luego voló a Finlandia, donde tenía un concierto. Al regresar, su vuelo hacía escala en Chicago y fue allí donde se terminó quedando, por gentileza de la Universidad de Chicago, a trabajar en su investigación.

“Ya no regresé, porque ya no se podía regresar”, explica Baca en una entrevista telefónica desde Lima.

Aquellos momentos tristes quedaron atrás. Baca completó parte de su investigación –que hoy continúa su marido en Nueva Orleans– y regresó a Lima.

Ahora, Baca –ganadora de un Grammy Latino en 2002– llega a Nueva York para un concierto en el Hostos Community College, el martes próximo. Allí, le pondrá música a una instalación multimedia de la artista peruana Grimanesa Amorós y presentará parte del disco que acaba de grabar para el sello Luaka Bop de David Byrne.

Nacida en Lima, Amorós es una artista multidisciplinaria radicada en Nueva York. Su exhibición incluye dos instalaciones de esculturas, video y música, Entre el cielo y la tierra y Algas sin Raíces, que forman parte de una celebración de la cultura peruana en el Hostos Community College.

Según explica Baca, Amorós la invitó a ponerle música a Entre el cielo y la tierra. “Estuve en su taller, la visité, miré toda su obra”, cuenta la cantante. “Me vine para acá y empecé, con el trabajo fotográfico que ella tiene, a hacer la composición”.

El resultado fue una banda de sonido bautizada Nacimiento de Voces, que acompaña a la exhibición.

En el concierto, Baca repasará también viejos temas, “para que no se olviden de mí”, dice.

La intérprete de María Landó publicará a fines de mes en Europa y luego en EE.UU. su nuevo disco, Travesías, que grabó en el estudio de Luaka Bop cerca de Woodstock, al norte de Nueva York.

“Es un disco que tiene todas esas cosas que yo siempre quise cantar, que hablan de amor, de desamor y que son canciones emblemáticas”, explica y menciona como ejemplos la italiana Luna Rosa, Estrela, del brasileño Gilberto Gil, y Né quelque part (Nacido en cualquier parte), del francés Maxime Le Forestier.

Travesías también recupera, dice Baca, “una pieza romántica del folclor peruano que es el vals, que fue como el bolero para el Caribe”.

Pero la cantante de 61 años no se dedica sólo a su música. Junto a su marido, hace años trabajan para preservar la cultura afroperuana a través del Instituto Negrocontinuo en su casa del barrio de Chorrillos. Ahora, dice ella, lo van a mudar a San Luis de Cañete, cien kilómetros al sur de Lima, donde abrirán un museo y centro cultural. “Es como trasladarnos a la gente”, dice Baca, “es un lugar muy simbólico para nosotros”. Cañete, explica, fue una hacienda azucarera donde muchos esclavos fueron explotados.

A través del Instituto, relata Baca, recuperó “cosas que se podían perder, como el toque de la calabaza (como instrumento de percusión), que casi ya estaba perdido. Fuimos a entrevistar al último tocador de calabaza, que vivía en Chiclayo, en la costa norte. Ahora hay un montón de jóvenes aprendiendo a tocar la calabaza en la manera en que el señor éste tocaba”.

Luego de su paso por Nueva York, Baca emprenderá una extenuante gira por unos diez países europeos. Pero dice que los shows la llenan de energía, aun cuando está cansada.

“Tratamos de ser muy felices en la escena y creo que eso lo transmitimos”, explica. “Nos gusta y eso lo entregamos, es casi como un juego de niños, de otra manera, mucho más elaborado. La gente se divierte con nosotros”.

Mundial Matador: Kempes y Alemania 2006

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Hoy comentarista de TV, el recordado delantero argentino Mario Kempes se prepara para vivir el Mundial de Alemania 2006.

6 de abril de 2006

Cada cuatro años, un cosquilleo extraño empieza a correrle bajo la piel a millones de personas a medida que se acerca junio. Es que se viene el mundial de fútbol y todos los fanáticos del deporte preferido de la humanidad están ansiosos por llegar a esta cita de estrellas que, por lo poco frecuente, cobra niveles extremos de dramatismo.

Sustraerse a esta fiebre es difícil. Ni siquiera lo logra un hombre experimentado en el mundo del fútbol como el tres veces mundialista Mario Kempes, recordado delantero argentino que con dos goles decidió la final del Mundial ’78 en Buenos Aires, dándole la primera copa a su selección.

“Como evento, creo que no sólo los futboleros sino todo el mundo está esperando el mundial. Nadie se lo pierde, sea hombre o mujer, y hasta los niños…”, dice Kempes, quien hoy trabaja como comentarista del canal de cable ESPN Deportes en Bristol, Connecticut. “Tal es así, que las escuelas en Argentina están promoviendo poner tevés para que los niños asistan al colegio (en junio y julio de este año)”.

“Estos eventos son tan importantes porque 23 jugadores están defendiendo a su país”, sigue El Matador, nacido en 1954 en la ciudad cordobesa de Bell Ville.

Temible delantero, Kempes tuvo una larga carrera como futbolista, desde sus inicios en la Primera División argentina con Instituto de Córdoba en 1973, su paso por Rosario Central –cuya hinchada aún lo tiene como a uno de sus máximos ídolos– , y luego por Valencia, donde dos veces fue goleador de la liga española.

Jugó 43 partidos con la Selección Argentina, en los que convirtió 20 goles. Uno de sus momentos cumbres fue justamente en el Mundial ’78, donde marcó seis tantos y se consagró goleador. También participó de Alemania ’74 y España ’82.

Aunque también dirigió a numerosos equipos en una variedad de países, este Mundial lo va a seguir desde el programa Fuera de Juego, que se va a emitir todas las noches desde el comienzo de la copa, el 9 de junio con Alemania-Costa Rica.

El Matador dice que tiene esperanzas de ver fútbol del bueno en este mundial.

“Espero que veamos algo no diferente, pero sí que veamos fútbol”, dice, terminante. “No esas selecciones que van buscando resultados, que pudiendo jugar bien, intentan hacer el mínimo esfuerzo para no llegar cansados a las rondas finales”.

A la hora de aventurar resultados, prefiere la cautela.

“iOjalá tuviera la bola mágica!”, dice. “Al final siempre van a estar los mismos, los grandes. Alemania, como país organizador, a pesar de no andar bien, siempre tiene fuerza, poderío. Brasil, Argentina, Italia, siempre son protagonistas. Durante los mundiales, se llevan un susto, pero normalmente deberían llegar a las finales”.

Entre las posibles sorpresas, el Matador señala a República Checa, Estados Unidos y México.

Sobre el país azteca, opina: “Está jugando bien, tiene muy buenos jugadores, la labor del ‘Loco’ (Ricardo) Lavolpe es importante. Pero, claro, un mundial no es lo mismo que la clasificación. (Para México), llegar a cuartos de finales ya es un mérito, pero nunca se puede adelantar acontecimientos. En fútbol, nunca dos más dos han sido cuatro”.

A 28 años de la histórica conquista argentina, Kempes dice que los mundiales “siguen siendo lo mismo”.

“El fútbol sigue siendo fútbol”, comenta. “El dinero se lo sigue llevando la FIFA. Los jugadores son los que tienen que dar el espectáculo y, a veces, jugar bajo las inclemencias del verano que son una locura… Quizás se mueve mucho más dinero que lo que se movía. Y la tecnología permite que lo puedas ver en cualquier rincón del mundo”.

Sitio lanzado

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Llevo meses diseñando –¡y escribiendo!– este sitio y está casi listo para ser presentado al público.

Ya publiqué la versión beta en diciembre de 2010 y ahora estoy dándole los toques finales para darlo por terminado.

Claro que nunca estará terminado de verdad, ya que tengo decenas y decenas de artículos que agregar y esto llevará tiempo, tiempo que no tengo. Por ahora, mi objetivo es que la navegación básica esté completa para que ustedes lo puedan recorrer sin interrupciones. Con el tiempo, iré sumando más contenidos.

Si encuentran links que no van a ninguna parte, fotos faltantes o se mueren de ansiedad por leer una nota que no está, no duden en mandarme un correo, tuit o mensaje de LinkedIn a través de los íconos a la derecha.

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Medios

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Estos son algunos de los medios para los que he trabajado. (Los logos con links llevan a mis artículos en el sitio del medio respectivo).

» Diarios

Mis artículos en el sitio del Daily News. The Star-Ledger, Nueva Jersey Clarín, Buenos Aires
Rumbo, Texas Hora Hispana, Nueva York El Territorio, Posadas, Argentina

» Revistas

Mi trabajo para Etiqueta Negra, Perú Mi trabajo para Expansión, México Gatopardo, México
Mi trabajo para las revistas de El Mercurio, Chile Revista Brando, Argentina Mis notas en revista Qué Pasa, Chile
Rolling Stone, Argentina Séptimo Sentido, El Salvador Revista Caras, Chile

» Radio

Mis notas para la radio WNYC, Nueva York. Mis notas para The World, de PRI. Mis notas de radios y podcasts en Feet in 2 Worlds, Nueva York.

» Internet

Mis posts en Feet in 2 Worlds, Nueva York Mi trabajo en NYC24, la revista digital de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia NY·DF, un blog multimedia desde la ruta sobre los latinos y la elección del 2008

» Agencias de noticias

The Associated Press Diarios y Noticias, Buenos Aires

Archivo

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Un artículo en Clarín sobre una matanza en una villa de Buenos Aires.
Un artículo en Clarín sobre una matanza en una villa de Buenos Aires.

» Me convertí en periodista profesional en 1997, en la época en que el sueño máximo del redactor novato era esperar el diario de la mañana para buscar su nombre (y, por supuesto, quejarse de las correcciones del editor). Aquella pasantía en el principal diario de mi ciudad, con una circulación de 15.000 ejemplares, fue el punto de partida para llegar a diarios y revistas leídos por cientos de miles de personas.

» Tras llegar a Estados Unidos en 2002, descubrí lo interesante que es contar historias a través de diferentes formatos. Uno de los que más me gusta es el estilo de reportaje radial que se usa en la radio pública estadounidense, pero eso no es todo lo que he hecho: también edité una revista de periodismo narrativo, dirigí un sitio de noticias, tomé fotos para mis artículos y mucho más.

» Este es el archivo completo de mi trabajo, donde pienso incluir todas las producciones que he podido preservar.

Diarios

Revistas

Internet

Edición

24 horas de noticias

Fotografías periodísticas

Videos y slideshows de audio

Radio y podcasts

Online desde la era del html

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Editando y publicando una entrevista en video desde un campamento en Savannah, Georgia.
Editando y publicando una entrevista en video desde un campamento en Savannah, Georgia.

En la época en que el periodismo de internet se trataba más que nada de aprender html para crear páginas estáticas, elegí la concentración en Nuevos Medios de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, donde estudié con el gurú de la tecnología Sree Sreenivasan. Desde entonces, mucho de lo que hay que saber para hacer periodismo web ha cambiado, pero gracias a los conceptos básicos de aquella época y a la curiosidad por seguir informado, he logrado mantenerme al día. Este sitio –que hice por mi cuenta– es un ejemplo.

También trabajé como editor web de Feet in 2 Worlds, un programa de noticias de inmigración por periodistas inmigrantes creado por la universidad neoyorquina The New School. Fi2W entrena a sus periodistas para crear informes multimedia y reportajes radiales sobre temas noticiosos que los medios nacionales no suelen encontrar. Allí, edité los artículos de los corresponsales y el correspondiente contenido multimedia y diseñé y mantuve el sitio –que en mi primer año a cargo aumentó las visitas en un 600%– al tiempo que lo transformaba de un blog gratuito de WordPress a un sitio dinámico de noticias en diferentes formatos.

En Fi2W, escribí numerosos posts sobre política migratoria, la población latina y los medios hispanos de Estados Unidos, manejé las redes sociales del programa (entre ellas Flickr, Twitter and YouTube) y aparecí con frecuencia como analista de noticias en la radio de Nueva York. También produje contenido multimedia propio y edité la cobertura de la elección presidencial de 2008, con artículos, fotos, audios y videos de ocho periodistas que cubrieron el voto inmigrante desde diferentes ciudades del país.

En agosto de 2008, me lancé a una aventura, en el mundo físico y en el virtual de la web. NY·DF, la ruta del voto latino, un blog multimedia publicado en tiempo real desde la carretera en un viaje entre Nueva York y Ciudad de México. El objetivo era hablar con los habitantes latinos de Estados Unidos sobre la elección presidencial histórica de ese año. Por suerte, el módem inalámbrico siempre tuvo servicio y nuestro Subaru Legacy modelo 1992 no tuvo más problema que un neumático reventado al entrar a Mississipi.

Durante el viaje, produje una serie de podcasts,

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

…una colección de entrevistas en video,

cientos de fotos,

…y decenas de posts.

También tengo un blog propio sobre periodismo desde 2006 y tuiteo desde 2007, sobre periodismo, fútbol mundial y mi querido San Lorenzo de Almagro.

La primera publicación online en que trabajé era la revista digital de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, NYC24.com. El proyecto final que hicimos en 2003, en el que me tocó ser editor de diseño, se trato de “Las otras islas de Nueva York.” (Sigue siendo interesante, por si quieren visitarlo). En la revista, también experimentamos con nuevas ideas de diseño, posibilidades de navegación y de cómo integrar slideshows y clips de audio a los artículos, formatos que se volverían estándar en los sitios de noticias en los años que pasaron desde entonces.

Videos y slideshows de audio

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El diario de Posadas cubrió nuestra victoria en 'El periodismo que viene'.
El diario de Posadas cubrió nuestra victoria en El Periodismo Que Viene.

Cuando me estaba por graduar de periodista en la Universidad Nacional de Misiones, formé parte de un equipo que compitió en nombre de nuestra facultad en El periodismo que viene. Allí, les ganamos a otras universidades de otras partes del país en tres rondas sucesivas y nos llevamos el premio mayor: una pasantía en el canal de cable Todo Noticias y el de aire Canal 13.

Esa fue mi primera experiencia en el periodismo nacional en Buenos Aires. Durante la pasantía, me tocó trabajar en la producción del noticiero de la medianoche de Canal 13, En Síntesis, con el famoso presentador Santo Biasatti. (Creo que me llegó a saludar una vez en los dos meses que estuve ahí).

En esa primera estadía en la capital nacional, me di cuenta de un par de cosas.

Una es que si uno atiende el teléfono en la redacción de un noticiero, puede terminar escuchando las conspiraciones más paranoicas que se pueda imaginar. “¿No ven que se trata de la hoz y el martillo?”, me preguntaba una señora de voz afiebrada cuando tenía la mala suerte de recibir su llamada.

La otra revelación fue que estaba capacitado para buscar seguir mi carrera profesional en Buenos Aires, para jugar en primera, como quien dice. Lo logré unos meses después, cuando volví a la gran ciudad con una beca para estudiar y trabajar en Clarín, para la que se habían presentado más de 120 postulantes.

Cuando entré a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, tomé una clase de producción de video en la que aprendí los conocimientos básicos para grabar y editar por mi cuenta. A inicios de los 2000 -y todavía hoy-, había colegas a los que les parecía mal que un reportero invadiera el terreno de otros profesionales o fuera obligado a hacer el trabajo de dos por un solo sueldo, pero a mí siempre me interesó saber más para poder ofrecer más a potenciales clientes o empleadores. En aquella clase, una compañera y yo hicimos estos dos videos:

- Un perfil de Alberto Arroyo, conocido como el Alcalde del Central Park, un puertorriqueño que fue el pionero de los aerobistas que trotan alrededor del lago más grande del parque. Alberto siguió yendo a la pista todos los días aun cuando estaba muy enfermo y finalmente falleció en marzo de 2010.

- Una recorrida por el lado oeste de Nueva York para conocer la vía ferroviaria abandonada que hoy se ha convertido en el hermoso paseo High Line, cuando las obras recién se estaban planeando.

Durante el viaje NY·DF, la Ruta del Voto Latino en 2008 (leer más), grabé y edité entrevistas con activistas y dirigentes latinos de las localidades que visitamos. La cámara no era gran cosa –una de fotos de foco fijo–, pero la meta (cumplida) era crear videos que complementaran el resto del contenido del blog multimedia. Pueden ver la serie de entrevistas completa aquí.

Otro género visual en que me gusta trabajar mucho son los slideshows (diapositivas) con audio que se ven cada vez más en los sitios de noticias. Creo que son una herramienta narrativa muy potente, que pueden causar un impacto profundo en el público y alcanzar altos niveles de calidad de imagen y sonido.

Aquí hay uno que hice solo y en un día de trabajo para Feet in 2 Worlds desde la Ciudad de México.

Revistas: Historias para contar

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Comencé a escribir para revistas en 1999 en Buenos Aires. Desde aquellos reportajes “tipo revista dominical”, me fui orientando hacia el periodismo narrativo con el paso de los años y llegué a escribir artículos de portada en publicaciones como la celebrada Etiqueta Negra, de Perú, o la mexicana Expansión, que años después llegué a dirigir.

Etiqueta Negra, Goodbye Estados UnidosCuando decidí quedarme a vivir en Buenos Aires a fines de los ’90 –después de una beca en el diario Clarín–, sobreviví los primeros meses escribiendo reportajes como redactor freelance.

Ansioso por publicar –y pagar el alquiler–, escribí sobre historias peculiares del rock en La García; sobre tecnología de la información y mercadeo en IT Market; y sobre cualquier historia digna de contar en Magazín Semanal.

Varios años después, volví a la vida freelance en Nueva York — esta vez, porque quería.

Allí, fui corresponsal y colaborador de revistas chilenas como Caras, El Sábado y Wikén (estas dos del diario El Mercurio) y también publiqué en títulos argentinos como txt o Rolling Stone.

Cuando estudié en la Universidad de Columbia, hice el curso de periodismo narrativo del admirado redactor de The New Yorker James B. Stewart. Sus técnicas –que explica en forma magistral en el libro Follow The Story– son la guía que utilizo como editor y redactor de reportajes de largo aliento.

[ Páginas en construcción. Gracias por su paciencia. ]
Mis artículos para Etiqueta Negra (Perú) › El ejemplar de Etiqueta Negra de octubre de 2008 llevaba en portada mi reportaje sobre la vida de los latinos en Estados Unidos ante la histórica elección presidencial que ganaría Barack Obama.
Mis artículos para Expansión (México) Expansión, la revista líder de negocios en México que llegaría a dirigir, me encargó un perfil del empresario Alejandro Martí para la portada de su edición de diciembre de 2008. Ese año, tras perder a su hijo a manos de secuestradores, el millonario Martí se convirtió en un cruzado por la seguridad pública.
Mis artículos para Gatopardo (México) › Fui coordinador editorial de Gatopardo, una de las revistas más admiradas del periodismo narrativo latinoamericano. Allí, escribí un par de artículos breves sobre cultura y política.
Mis artículos para la revista chilena Qué Pasa › Desde México, escribí artículos breves para la sección Posteos de la revista chilena Qué Pasa, donde tuve la libertad de darle mi perspectiva a las noticias del momento.
Mis artículos para las revistas de El Mercurio, Chile › Desde Nueva York, colaboré con las revistas del diario chileno El Mercurio, entre ellas El Sábado, la principal del fin de semana, Wikén, de espectáculos, y Ya, para mujeres. Entre otras cosas, escribí sobre los Ramones, el dueño de la Zona Cero Larry Silverstein y el político latino Fernando Ferrer.
Mis artículos para Brando magazine, Argentina › Diez años después de cubrir el caso para el diario Clarín, volví a escribir sobre la muerte de Silvina Pelosso en este reportaje de fondo sobre la vida de su asesino y los problemas siquiátricos que lo acosaron desde chico para la argentina Brando.
Mis artículos para Séptimo Sentido, El Salvador › La revista salvadoreña Séptimo Sentido publicó una versión distinta de mi reportaje sobre los latinos y la elección del 2008 en Estados Unidos.
Mis artículos para Caras, Chile › También fui corresponsal en Estados Unidos de la chilena Caras, donde publiqué reportajes sobre las metanfetaminas en la comunidad gay de Nueva York, la polarización política de Estados Unidos y otros.
Mis artículos para Rolling Stone, Argentina › Publiqué en la edición argentina de Rolling Stone este artículo sobre los entonces poco conocidos puertorriqueños Calle 13.
Más… › También escribí sobre el segundo aniversario del 11 de septiembre para la argentina txt, de anécdotas locas del rock para La García y sobre los adolescentes que dejan a sus familias para soñar con la Primera División del fútbol argentino para Magazín Semanal.

Fotos periodísticas

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Trabajadores hondureños descansan tras un día de labor en Nueva Orleáns.
Trabajadores hondureños descansan tras un día de labor en Nueva Orleáns.

Comencé a tomar fotos para mis artículos cuando trabajaba como reportero freelance en Nueva York y uno de los periódicos para los que escribía me pidió que entregara imágenes con las notas.

Sacar buenas fotos ayudaba a que la nota se publicara y, además, Hora Hispana pagaba por cada foto, así que era importante tener una buena oferta. Algunas llegaron a publicarse en la portada, aunque quizás esto se deba más a la falta de opciones que a mi excelencia como fotógrafo. De todos modos, descubrí un aspecto interesante y entretenido de la labor periodística. Y me gustaba mucho recorrer la ciudad con un anotador y la cámara para luego contar las historias encontradas de forma íntegra en las páginas del periódico.

Quiero suponer que mi capacidad mejoró desde aquella época, en que comencé usando una pequeña cámara digital de foco fijo. Por lo menos, sé que mejoré la herramienta: ahora tengo una Nikon D90 D-SLR.

En estos años, mis fotos periodísticas han aparecido en publicaciones de primera línea como el Daily News de Nueva York y la agencia The Associated Press, las revistas Etiqueta Negra y Séptimo Sentido.

Aquí hay algunos ejemplos que incluyen trabajo de los primeros años y algo de lo más reciente.

Inmigrantes ecuatorianos participan del desfile del Día de la Independencia de su país en Nueva York.
Inmigrantes ecuatorianos participan del desfile del Día de la Independencia de su país en Nueva York.
Activistas hispanos de Nueva York se preparan para una manifestación en Washington.
Activistas hispanos de Nueva York se preparan para una manifestación en Washington.
Una farmacia en México D.F. durante la crisis de la gripe porcina.
Una farmacia en México D.F. durante la crisis de la gripe porcina.
El Muro de la Libertad, una protesta de un residente méxico-estadounidense contra una ley migratoria en Virginia.
El Muro de la Libertad, una protesta de un residente méxico-estadounidense contra una ley migratoria en Virginia.
Un rolador de cigarros dominicano en Manhattan.
Un rolador de cigarros dominicano en Manhattan.
Jornaleras esperan que las contraten para limpiar casas en el sector hasídico de Williamsburg, Brooklyn.
Jornaleras esperan que las contraten para limpiar casas en el sector hasídico de Williamsburg, Brooklyn.
Amarilys Hernández, madre del infante de Marina Robert Rodríguez, muerto en Irak.
Amarilys Hernández, madre del infante de Marina Robert Rodríguez, muerto en Irak.

…y algunas más del desfile ecuatoriano:

Día de la Independencia ecuatoriana en Nueva York.

Día de la Independencia ecuatoriana en Nueva York.

Día de la Independencia ecuatoriana en Nueva York.

De Posadas a Nueva York: Mi vida en diarios

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Una caliente siesta misionera, un domingo de abril de 1997. Me bajé del colectivo en las afueras de Posadas, crucé la ruta 12, y entré a la redacción del diario El Territorio, el decano de la prensa local. Ese día, me empecé a ganar la vida como periodista.

Esa tarde la pasé sentado en un escritorio, disfrutando del aire acondicionado y viendo a la gente trabajar, tras escuchar las disculpas del jefe de redacción que no sabía qué hacer con los nuevos pasantes que le habían asignado.

Eran aún los viejos tiempos. Fue ese año, en las computadoras de El Territorio, que conocí el nuevo invento: internet, y abrí mi primera cuenta de correo electrónico, aún sin tener a quién escribirle. Pero también fue el “Terri” –que vendía unos 15.000 ejemplares por día– el que me dio el placer de encontrar mi firma impresa en papel blanco y negro por las mañanas… y la angustia de ver los cambios de los editores a mi prosa ambiciosa.

Mi cobertura antes de la elección presidencial del 2008 en Estados Unidos, en el Daily News de Nueva York.
Mi cobertura antes de la elección presidencial del 2008 en Estados Unidos, en el Daily News de Nueva York.

Poco después de ese debut en la prensa de una provincia periférica, logré mudarme a Buenos Aires para sumarme a los medios nacionales. Becado por Clarín, entonces el diario en español de mayor circulación en el mundo, trabajé en la sección de policiales e información general y, entre otras, escribí crónicas sobre un asesinato mafioso en una villa miseria y la desaparición de una adolescente argentina en el parque californiano Yosemite, donde fue asesinada junto a dos amigas.

En Estados Unidos, tras graduarme de la Universidad de Columbia, aprendí las dinámicas y métodos del periodismo de diarios estadounidense al trabajar como reportero de noticias locales en The Star-Ledger, el principal diario de Nueva Jersey y entonces unos de los 15 más grandes del país.

Allí me tocaron experiencias que nunca habría imaginado, como tener que golpearle la puerta a una familia de la zona que acaba de perder a un hijo en Irak; rastrear por los registros públicos de gran parte del estado a un falso arquitecto brasileño que había estafado hasta al entrenador de los Nets de la NBA;y cubrir el accidente de un transbordador de pasajeros en Staten Island, Nueva York, que dejó 11 muertos.

Luego del Star-Ledger, trabajé durante varios años como redactor freelance en Nueva York y me convertí en colaborador frecuente del Daily News, el sexto diario más leído del país. Allí publiqué reportajes noticiosos y notas de arte y cultura en Viva New York, una sección destinada a las comunidades hispanas de la ciudad. También escribí mucho para Hora Hispana, un semanario de noticias en español publicado por el diario. (Lo incluyo en esta sección porque el estilo que usamos allí era más parecido al de un matutino que al de revistas).

Aquí abajo están algunos de mis artículos en diarios, desde mi primer reportaje en El Territorio, que describía la relación entre adolescentes y policías en Posadas, a mi cobertura de Nueva York para el DN y un reportaje de portada sobre los migrantes centroamericanos que atraviesan México para The Star-Ledger.

Daily News, Nueva York Vida, arte, cultura y política de las comunidades latinas en Nueva York, 2004-2008 (en inglés).
The Star-Ledger, NJ › Trabajo como reportero de noticias locales en el principal diario de Nueva Jersey, 2003-2004.
Hora Hispana, Nueva York Notas en el semanario en español del Daily News (NY), 2004-2008.
Clarín, Buenos Aires Crónicas policiales y otros artículos en Buenos Aires, 1998-1999.
Rumbo, Texas Artículos desde Nueva York para una cadena de diarios en Texas, 2006.
El Territorio, Posadas Mi primer trabajo como periodista, en Posadas, Argentina, 1997-2000.

Radio con acento latinoamericano

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Grabando en WNYC, la radio pública de Nueva York.Lo que me encanta de la radio es que es uno de los medios de comunicación que logra una conexión más profunda con su público. Como oyente, sigo con fidelidad varios programas de gran calidad, en especial de la radio pública de Estados Unidos, como el de medios On The Media, el comiquísimo Wait Wait Don’t Tell Me y el de artes y cultura Studio 360.

Tras varios años como oyente devoto, mi alegría no podía ser mayor cuando tuve la oportunidad de convertirme en productor de reportajes para la radio pública de Nueva York, WNYC, lo que logré a través del programa de capacitación Feet in 2 Worlds, de la universidad The New School.

Reportajes para la radio pública

Una de mis producciones reveló el mundo oculto de las milongas (bailes de tango) de Nueva York y contó la historia de este movimiento nacido a partir de la presentación del musical Tango Argentino en Broadway:

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El programa nacional The World –otro de mis favoritos– presentó una versión resumida en su segmento Global Hit:

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Otra de mis notas era sobre los inicios de la enorme comunidad dominicana en Nueva York, que se dieron luego que Estados Unidos ayudó a suprimir una revuelta prodemocrática en Santo Domingo en 1965, la llamada Guerra de Abril:

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Desde Nueva York, también hice este informe para la radio chilena Duna sobre el sexto aniversario de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

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Podcast “La Ruta del Voto Latino”

Durante el viaje periodístico NY·DF, de Nueva York a México, el contenido multimedia que publiqué en el blog incluía una serie de podcasts en inglés en la que entrevisté a pobladores latinos del este y el sur de Estados Unidos sobre sus esperanzas y opiniones antes de la histórica elección presidencial de 2008. Aquí están los seis capítulos, desde Nueva York a Nueva Orleáns.

Queens, Nueva York – La comunidad ecuatoriana y la política estadounidense

Durante el desfile por la Independencia de Ecuador que se hace cada año en Queens, entrevisté a Francisco Moya, el primer ecuatoriano en ser elegido delegado a una convención nacional de uno de los dos partidos principales de la política estadounidense. Moya me contó lo difícil que era atraer a sus compatriotas a la política local antes que a la de su país de origen.

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Manassas, Virginia – Latinos se sienten perseguidos por ley migratoria municipal

El condado de Prince William había aprobado hacía poco una ley contra los inmigrantes indocumentados y muchos latinos habían abandonado la zona. Entrevisté a Teresita Jacinto, vocera del grupo local Mexicanos Sin Fronteras – Mexicans Without Borders.

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Siler City, Carolina del Norte – Latinos sufren por crisis económica de las zonas rurales

Visité algunos pueblos de Carolina del Norte y hablé con residentes latinos sobre la crisis económica en las zonas rurales, donde muchos viven de empleos en la agricultura, la construcción y la industria. La llegada de miles de mexicanos y centroamericanos ha cambiado toda la región en las últimas décadas, me contó la chilena Marcia Espínola, dirigente de la organización local El Vínculo Hispano – The Hispanic Liaison.

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Kinston, Carolina del Norte – Trabajadores rurales, lejos de la política

En Kinston, conocí a Juvencio Rocha Peralta, un mexicano que fue uno de los primeros inmigrantes en llegar a la zona este de Carolina del Norte y que hace mucho trabaja como activista comunitario en la zona. Rocha me contó que pocos de los trabajadores rurales de la zona se interesaban en las elecciones, a pesar de las leyes locales cada vez más estrictas contra los indocumentados.

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Milton, Florida – Después de una redada de “la migra”

Gerónimo Barragán, dueño de un restaurant en la zona noroeste de Florida, se quedó sin diez empleados por una redada de las autoridades locales en busca de personas que usaran documentos falsos para trabajar. Desde entonces, la comunidad hispana del pueblo casi desapareció.

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Nueva Orleáns, Luisiana – Hispanos encuentran su identidad tras Katrina

En Nueva Orleáns, entrevisté a Diane Schnell, hija de hondureños y directora de noticias de la filial local de la cadena Telemundo. Esta acababa de lanzar el primer noticiero en español de la ciudad, ante el aumento de la población hispana. La llegada de muchos latinoamericanos a trabajar en la reconstrucción tras el huracán Katrina inspiró a muchos como Schnell a redescubrir sus raíces.

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Entrevista en Radio Duna, Chile
También, casi al final del viaje, hablé con Duna para resumir la experiencia en el programa Efecto Invernadero, del amigo Francisco Aravena.

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Hablando con migrantes mexicanos que viven en Detroit en la casa de su familia en Jalisco.
Hablando con migrantes mexicanos que viven en Detroit en la casa de su familia en Jalisco.

Entrevistas en la radio

Como editor del sitio Feet in 2 Worlds , la radio pública de Nueva York WNYC me entrevistó varias veces para hablar sobre temas de inmigración y otros relacionados.

En marzo de 2009, el conductor de la mañana Brian Lehrer me entrevistó sobre la relación del presidente Barack Obama con la prensa en español.

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También aparecí en un programa de agosto de 2009 para debatir la posibilidad de la reforma migratoria y las condiciones de detención de los indocumentados.

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En julio de 2009, tras las elecciones legislativas en México, Brian Lehrer me invitó a analizar la resurgencia del Partido Revolucionario Institucional.

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Inicios

Hay que aclarar que también he trabajado bastante en la radio en español. De hecho, mi segundo empleo como periodista –que empecé una semana después del primero– fue como productor y reportero del programa de noticias de la mañana de la radio FM Universidad en Posadas.

Lamentablemente (o quizás no), no tengo ninguna grabación de aquella época, ya que probablemente están en cassettes en alguna caja en la casa de mis padres.

Destacados

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Esta es una lista de los hechos destacados en mi carrera. Para leer una introducción sobre mi experiencia periodística, clic aquí, y para leer mi biografía profesional completa, aquí.

Experimentado en publicaciones líderes de Latinoamérica y Estados Unidos

Profunda formación académica

  • Escuela de Periodismo, Universidad de Columbia: Maestría en Periodismo, graduado con honores, 2003.
  • Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, Universidad de Nueva York: Maestría, 2007.

Reporteo y edición multimedia

  • Ideé y realicé NY·DF, un blog multimedia producido durante un viaje desde Nueva York a México, que contó las visiones de los latinos sobre la histórica elección presidencial del 2008 en EEUU. Incluyó podcasts, textos, fotos y un mapa interactivo, todo publicado directamente desde el coche mientras cruzábamos Estados Unidos.
  • Edité el sitio del proyecto de noticias de inmigración Feet in Two Worlds. En mi condición de editor de noticias, me entrevistaron varias veces en la radio pública de Nueva York:
  • Produje reportajes radiales para la radio pública estadounidense.
  • Sobre los bailes de tango de Nueva York:

    Sobre el origen de la comunidad dominicana de la ciudad:

  • Creé y edité slideshows de audio:
  • Producción de videos para la web. (Ver más):
  • Tomo fotos noticiosas, publicadas por The Associated Press y el Daily News.
  • Latinos enojados con el presidente Obama. (Foto AP/Diego Graglia)
    Latinos enojados con el presidente Obama. (Foto AP/Diego Graglia)

Noticias en tiempo real

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Activistas hispanos exigen una reforma migratoria - Foto AP/Diego Graglia.
Activistas hispanos exigen una reforma migratoria. (Foto AP/Diego Graglia - 2009)

Antes que existieran las noticias en la web, en Twitter y el iPhone, las agencias de noticias eran el lugar en que los periodistas escribían noticias en vivo, corriendo contra un cierre constante.

Cuando internet todavía no revolucionaba la producción y el consumo de noticias, trabajé en la agencia nacional Diarios y Noticias en Argentina. Después de casi una década, volví al mundo de los “cables” en The Associated Press, cuando el ciclo constante de noticias ya no era exclusivo de las agencias sino propio de toda la industria.

En DYN, fui redactor de noticias nacionales y metropolitanas y me tocó cubrir el caos que llevó a la caída del presidente Fernando de la Rúa en diciembre de 2001.

También propuse y escribí reportajes, como el que contó la historia poco conocida de dos niñas argentinas que murieron en el Holocausto y otro sobre la lúgubre cárcel de Caseros poco antes de que cerrara para siempre.

Nueve años después y miles de kilómetros al norte, me sumé a la mesa latinoamericana de AP en Ciudad de México. Allí trabajé como traductor, editor matutino, vespertino, nocturno –de 23 a 6– y también editor de deportes. Edité y transmití al servicio latinoamericano noticias y reportajes de todo tipo de temas: política, ciencia, economía, béisbol, fútbol americano, golf y más…

También escribí reportajes de fondo sobre política latinoamericana, la relación de la región con Estados Unidos y la población hispana en ese país. Incluso logré que algunas fotos mías (como la que está aquí arriba) se publicarán en el servicio de AP.

The Associated Press › Editor de noticias para Latinoamérica, desde 2009.
Diarios y Noticias, Buenos Aires › Redactor de noticias nacionales y metropolitanas en Buenos Aires, 1999-2002.

Editor bilingüe y multimedia

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Tengo experiencia como editor en diversos formatos –agencia, revista, diario, web–, en dos idiomas y en varios países.

He sido editor en sitios web, revistas, diarios y una agencia de noticias.

Una de mis más recientes colaboraciones, a fines del 2010, fue editar un reportaje en profundidad de la Fundación MEPI de periodismo de investigación, que estudió durante meses la reacción de la prensa regional mexicana ante las presiones de los narcotraficantes. El artículo –redactado en inglés y español– se publicó en diferentes versiones en el sitio de MEPI, en el influyente diario mexicano El Universal, tuvo repercusiones en CNN México y la revista Proceso y en medios de Estados Unidos como el centro de periodismo de investigación ProPublica y en el programa de la radio pública On the Media.

En The Associated Press, me tocó editar decenas de artículos –a veces 50 o más– en cada turno a cargo del World Spanish Desk. Despaché alertas, urgentes y noticias de último momento y también reportajes, notas de color y análisis. Entre mis tareas estaba colaborar en la preparación de la oferta del día y coordinar tareas con editores de otras secciones y del servicio en inglés. La sección mueve todo tipo de contenidos, así que edité noticias generales, económicas, deportivas, espectáculos y ciencia, entre otras.

Como coordinador editorial de la revista Gatopardo, me encargué de supervisar cada número desde el planeamiento hasta la impresión, incluyendo las secciones del front-end y los reportajes narrativos de cada mes. También coordiné la labor con los departamentos de arte, fotografía y comercial, además de editores y representantes comerciales en Colombia y el Cono Sur.

En Feet in Two Worlds, fui editor de un equipo multinacional de periodistas cubriendo la realidad de la inmigración desde diferentes partes de Estados Unidos, desde Phoenix a Nueva York, de Detroit a Miami y Los Angeles. Edité textos, fotos, clips de audio y videos para aprovecharlos al máximo en el sitio. En noviembre de 2008, coordiné la cobertura de la histórica elección presidencial, en que publicamos notas desde todo el país, fotos, videos, audios y entrevistas de la radio pública con nuestros reporteros.

Mi experiencia como editor comenzó, de hecho, en mi primer empleo como periodista. A un año de haber ingresado como pasante al principal diario de mi ciudad, El Territorio, me encargaron editar la sección Página 2, en que todos los días escribía una columna y editaba minisecciones de comunicación con los lectores, encuestas callejeras, infografías y otros contenidos de lectura rápida.

Mi vida periodística

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Esta es mi biografía profesional completa. Para leer una presentación sobre mi experiencia, clic aquí, y para leer una lista de los puntos salientes, aquí.

Me inicié en el periodismo en 1997 en Posadas, capital de la provincia argentina de Misiones. Desde entonces, he trabajado en inglés y en español para publicaciones líderes de varios países de América latina y de Estados Unidos. Este es un resumen de mi camino por la industria periodística, que de Posadas me llevó -por ahora- a Buenos Aires, Nueva York y México.

En abril de 1997, cuando estaba a punto de recibirme de periodista en la Universidad Nacional de Misiones, comencé una pasantía en El Territorio, el diario más antiguo de la provincia. Casi al mismo tiempo, empecé a trabajar como productor y reportero en la radio FM Universidad.

Desde aquellos días, me gano la vida como periodista.

Tomando fotos en Tepoztlán, México.
Tepoztlán, México.

En El Territorio, trabajé en casi todas las secciones durante mi primer año como reportero y luego me designaron editor de una sección diaria, Página 2, que incluía una columna de mi autoría, encuestas en la calle, mensajes de lectores e infografías. Pronto, comencé a pensar en mudarme a Buenos Aires para probar suerte en los medios nacionales. Esto no era muy común entre los periodistas misioneros, ya que era difícil llegar a ese mercado competitivo sin contactos y en momentos en que el desempleo rondaba el 10%.

Lo que me ayudó fue ganar dos concursos nacionales para periodistas jóvenes. Uno era de prensa gráfica, en que presenté un reportaje sobre las ligas de fútbol olvidadas de Argentina. El otro era el programa El periodismo que viene, del canal Todo Noticias, en que participé como parte del equipo de la UNaM. En el primero, gané suficiente plata como para irme de mochilero desde Vancouver a San Diego un verano boreal. En el segundo, me dieron una pasantía en Canal 13, en la producción del noticiero En Síntesis.

Tras esa primera experiencia en Buenos Aires, la oportunidad de mudarme de forma definitiva a la capital llegó cuando me gané una beca de seis meses en el diario Clarín, que entonces era el de mayor circulación en español en el mundo. Trabajé en la sección de Policiales/Información General y me tocó cubrir el apagón más largo de la historia de la ciudad, crímenes en las villas miseria y otras noticias. Un caso destacado fue el asesinato de una adolescente argentina en el parque Yosemite de California. Diez años después, volví al tema al escribir una crónica sobre la vida del asesino para la revista argentina Brando.

Mientras el desempleo subía y la economía argentina comenzaba a caer en picada, decidí quedarme en Buenos Aires buscando trabajo. Encontrar un nuevo puesto fijo me llevó nueve meses de trabajo freelance, período en el que cubrí temas que iban desde las anécdotas más llamativas de la historia del rock al marketing de tecnología informática o la vida de los adolescentes que vivían en los clubes de fútbol de la capital con la esperanza de llegar a primera división.

En diciembre de 1999, entré a la agencia nacional Diarios y Noticias, donde trabajé de redactor de información general y, de vez en cuando, escribí reportajes de fondo, como uno sobre el desalojo de la cárcel de Caseros u otro sobre dos niñas argentinas muertas en el Holocausto.

Dónde estaba en 2000.
Dónde estaba en 2000.

El 19 de diciembre de 2001, fui probablemente el primer periodista en llegar a Plaza de Mayo -la redacción estaba a dos cuadras- al inicio del cacerolazo y las manifestaciones que, tras dos días de enfrentamientos, terminaron con la renuncia del presidente Fernando De la Rúa. (De hecho, me había tomado un día libre, pero me presenté a trabajar y seguí en la redacción hasta las 5 de la mañana). Esa noche, mientras la policía perseguía a los manifestantes en la calle, el gas lacrimógeno entraba por las ventanas de nuestras oficinas, en un octavo piso.

Al año siguiente, conseguí una beca Fulbright y la admisión a la maestría de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York. Tomé clases de periodismo web, redacción narrativa y reporteo internacional, entre otras, y me gradué con honores en mayo de 2003. Mi proyecto final, “The First Alcalde of New York City”, fue una crónica de 9.307 palabras sobre el político neoyorquino Fernando Ferrer y sus posibilidades de ser el primer latino en gobernar la ciudad. (Dos años después, cuando Ferrer ganó las primarias demócratas, volví a cubrir el tema en una nota de portada para Viva New York, una revista latina mensual del diario Daily News).

Tras graduarme, comencé una pasantía de un año en el diario The Star-Ledger, el más grande de Nueva Jersey. Me asignaron cubrir la ciudad de Elizabeth, de 120.000 habitantes, más de la mitad hispanos.

Me tocó cubrir la tragedia del ferry de Staten Island del 16 de octubre de 2003 y publiqué un reportaje investigativo sobre un falso arquitecto brasileño que estafó a muchas familias de diferentes partes del estado y, en un caso, dejó a una pareja y sus hijos sin casa. También tuve que golpear la puerta de familias de soldados muertos en Irak y de víctimas de un enfermero que se creía un “angel de la muerte”, entre muchas otras experiencias más. Sobre todo, aprendí el trabajo del beat reporter, el periodista asignado a un área -geográfica o temática-, con gran independencia para cubrirla y la expectativa de generar noticias y temas de fondo en forma constante.

Tras ese año que disfruté enormemente, me quedé en Nueva York como redactor freelance para revistas y diarios locales y de América latina. Fui corresponsal de la chilena Caras, colaboré con las revistas de El Mercurio y con otras en Argentina y me convertí en colaborador fijo del Daily News, tanto en el diario en inglés como en su semanario en español Hora Hispana.

También hice reportajes para la radio pública local WNYC, luego de recibir capacitación a través del programa para periodistas inmigrantes Feet in 2 Worlds.

En esa época, volví a la universidad para obtener una maestría en Estudios Latinoamericanos y del Caribe en New York University. Me concentré en la historia latinoamericana del siglo XX y la economía y la política de la región, con la meta de profundizar mis conocimientos de áreas que solía cubrir con frecuencia. Mi tesis de maestría fue una mezcla de historia oral, periodismo e investigación académica, en que entrevisté a diez participantes de la revuelta democrática dominicana de abril de 1965 que vivían en Nueva York, a pesar de que Estados Unidos había contribuido a reprimir su movimiento. Tras cinco años y medio en Nueva York, me mudé a México D.F. para trabajar como coordinador editorial de Gatopardo, una revista de periodismo narrativo de gran reputación, que circulaba entonces en gran parte del continente.

En 2008, meses antes de la histórica victoria presidencial de Barack Obama, mi mujer y yo dejamos México para volar a Nueva York a buscar al Rayo Blanco, un Subaru Legacy 1993 que nos llevaría por todo el este y sur de Estados Unidos durante dos semanas, camino al D.F. En el viaje, usé una conexión inalámbrica de internet para publicar desde el coche NY·DF, un blog multimedia (y bilingüe) en vivo sobre los latinos y la elección, con videos, fotos, tuits, un mapa interactivo y más. Esa experiencia también se tradujo en un reportaje de portada para la aclamada revista peruana de periodismo literario Etiqueta Negra.

Ni bien llegamos a casa, me convertí en el editor web del sitio de noticias de inmigración de Feet in 2 Worlds -que rediseñé por completo-, justo a tiempo para coordinar la cobertura de la elección por parte de nuestros corresponsales inmigrantes en varias ciudades estadounidenses. Con las mejoras visuales y de contenido, las visitas al sitio treparon 700% en unos meses. También aparecí como invitado para hablar de noticias de inmigración en el programa matutino “The Brian Lehrer Show” de la radio WNYC.

En 2009, me sumé al servicio en español de The Associated Press, primero como editor del World Spanish Desk en México -donde traducía, editaba y publicaba despachos y escribía reportajes de política latinoamericana y relaciones con Estados Unidos- y luego como editor adjunto de deportes para América latina.

Tres años después, acepté el puesto de editor adjunto en Expansión, la revista de negocios líder de México. En octubre de 2013, me convertí en el editor general de esta publicación, la principal de Grupo Expansión, luego del proceso de selección que siguió a la salida de mi amigo y predecesor Adolfo Ortega.

Noticias

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Novedades de trabajo, viajes, artículos recientes, etc.

Richard Branson on Expansión

Un gran paso en mi carrera

Hoy soy el editor general de Expansión. [ + ]

Un año de portadas de Expansión

Un año en cualquier publicación es un largo tiempo. En una revista catorcenal, son 25 ediciones, con el descanso de Navidad y Año Nuevo. Hay grandes éxitos, altibajos, las mejores portadas, las que no les gustan a muchos. [ + ]

Expansión cover, May 1-15 2012

Cambio de tema y de trabajo

Tras tres años de trabajo en la mesa latinoamericana de la agencia The Associated Press, la dejé al aceptar el puesto de editor adjunto de la revista líder de negocios en México, Expansión. [ + ]

APPanam019

Cobertura de los Juegos Panamericanos en Guadalajara

En octubre, estuve 20 días en la ciudad occidental mexicana de Guadalajara, donde participé de la cobertura especial de la AP de los Juegos Panamericanos 2011. Además, produje una serie de audiovisuales que le dieron un ingrediente multimedia a nuestra cobertura. [ + ]

De regreso de la Copa América

Me pasé la mayor parte de julio en Mendoza, Argentina, cubriendo la Copa América para la AP. Fue una gran experiencia periodística, con mucho trabajo por la cantidad de equipos concentrados allí y con el desafío de aguantar el frío del invierno cerca de la Cordillera de los Andes. [ + ]

Tengo nuevo cargo en AP

Me complace contarles que desde hoy soy el nuevo Editor Adjunto de Deportes para América Latina de The Associated Press. [ + ]

Sitio lanzado

Llevo meses diseñando --¡y escribiendo!-- este sitio y está casi listo para ser presentado al público. [ + ]

Currículum

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O C U P A C I O N   A C T U A L

Expansión, México
Desde 2013

Editor general de la revista de negocios líder en México, la principal publicación de Grupo Expansión. Responsable de la estrategia editorial y de producto. Lidera un equipo de 20 personas para crear un producto quincenal de primer nivel. Representa a la marca en eventos de alto nivel y entrevistas en radio y TV. Atrae y desarrolla talento editorial.

Working on the blog at a market in San Antonio during the NY·DF roadtrip - Photo: Amy Graglia
Escribiendo para el blog NY·DF durante una parada en San Antonio, Texas.

E X P E R I E N C I A

Expansión, México
2012-2013

Editor adjunto. Supervisó secciones noticiosas, de management, estilo de vida, reportajes e historias de portada, en colaboración con las áreas de arte, fotografía, comercial y mercadotecnia.

The Associated Press, México
2009-2012

Editor Adjunto de Deportes para América latina. Supervisó la producción de noticias de la región y traducción de noticias mundiales. Incorporó audiovisuales web al servicio deportivo. Participó en la creación de nuevos productos y paquetes premium y planificación de eventos especiales, como Copa América y Juegos Panamericanos. Manejó redes sociales. Escribió análisis y una columna semanal. Fue supervisor de turno del World Spanish Desk y escribió artículos de política interamericana.

Reportero y editor independiente, Nueva York y Ciudad de México
2004-Presente
· Fue colaborador permanente del diario Daily News (Nueva York) y su semanario Hora Hispana. Produjo reportajes radiales para WNYC, radio pública de Nueva York; el programa nacional The World (EEUU); y Duna (Chile).
· Publicó reportajes narrativos en portada en Etiqueta Negra (Perú) y Expansión (México). Otras publicaciones: The Star-Ledger (Nueva Jersey); Qué Pasa, El Sábado y Caras (Chile); Rumbo (Texas); Séptimo Sentido (El Salvador); Rolling Stone y Brando (Argentina).
· Brinda talleres de periodismo narrativo en el Tecnológico de Monterrey a través de la Fundación MEPI de periodismo de investigación.

Feet in 2 Worlds, Nueva York
2008–2010
Editor web de este proyecto de noticias sobre inmigración. Diseñó news.feetintwoworlds.org. Editó artículos de corresponsales y blogueó sobre política migratoria y medios hispanos. Produjo slideshows con audio, videos, fotos y podcasts. Manejó redes sociales. Apareció como invitado regular en la radio pública de Nueva York. Logró aumento de tráfico de 700% en el primer año. Editó cobertura de las elecciones presidenciales de 2008.

Gatopardo, Ciudad de México
2008
Coordinador editorial de esta revista latinoamericana de periodismo narrativo. Planeamiento de portadas, secciones y reportajes a futuro; edición y cierre de reportajes narrativos y secciones. Coordinación con área comercial, digital y de arte.

The Star-Ledger, Nueva Jersey
2003 – 2004
Redactor a cargo de Elizabeth, ciudad de 120 mil habitantes, en uno de los 15 diarios de más circulación en el país. Cobertura noticiosa y reportajes de profundidad.

Agencia Diarios y Noticias, Buenos Aires
1999 – 2002
Redactor de información general para esta agencia de noticias nacional.

Clarín, Buenos Aires
1998 – 1999
Redactor de policiales y sociedad. Beca para jóvenes periodistas.

El Territorio, Posadas, Argentina
1997 – 1998
Redactor. Política, deportes, generales y reportajes.
Editor. Página del Lector. Escribió una columna diaria y editó minisecciones.

E X P E R I E N C I A  M U L T I M E D I A

newyorktomexico.com
Agosto 2008
Produjo un blog multimedia en vivo desde la carretera entre Nueva York y Ciudad de México, mientras entrevistaba a habitantes latinos de EE.UU. sobre las históricas elecciones presidenciales. Blogueó, tuiteó, publicó un mapa interactivo, fotos, videos y podcasts.

diegograglia.net
Desde 2002
Escribe, diseña y mantiene su portfolio web y un blog sobre periodismo, The Daily DG.

nyc24.org, Columbia University, Nueva York
2003
Editor de diseño del proyecto Las otras islas de Nueva York de esta revista online.
Productor de contenidos multimedia.

Radio Universidad, Posadas, Argentina
1997 — 1998
Productor y reportero de un programa de noticias matutino.

E D U C A C I O N

New York University, Nueva York
2006 – 2007
Maestría en Estudios Latinoamericanos y del Caribe. Becario McCracken.

Graduate School of Journalism – Columbia University,  Nueva York
2002 – 2003
Maestría en Periodismo. Graduado con honores. Becario Fulbright, Moors Cabot y Timerman.

Universidad Católica Argentina, Buenos Aires
1999
Curso Superior de Periodismo. Beca Clarín para jóvenes periodistas.

Universidad Nacional de Misiones, Posadas, Argentina
1994 – 1997
Diploma de Periodismo. Mejor promedio.

P R E M I O S

1998
Primer lugar. Los argentinos y el fútbol. Concurso nacional de prensa escrita. Argentina.

1997
Primer lugar.
El periodismo que viene. Concurso nacional de TV. Argentina.

I D I O M A S

Escribe a nivel profesional en español e inglés. Habla portugués y francés básico.

A P T I T U D E S

Fotografía periodística. Grabación de campo, guión y locución de reportajes radiales. Producción de slideshows narrativos con audio. Grabación y edición de video. Diseño y publicación de sitios web. Manejo de redes sociales y blogs. Lenguajes HTML, CSS y PHP básico. Diseño y armado de páginas.

El Territorio

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El diario El Territorio de Posadas, capital de la provincia argentina de Misiones, fue el primer medio en que trabajé, a partir de abril de 1997. Allí fui redactor de casi todas las secciones del diario y luego me designaron editor de la Página 2, en que escribía una columna diaria y editaba encuestas en la calle, mensajes de lectores y otras minisecciones.

Los jóvenes y la policía, Posadas 1997

¡Chaque la cana! *

En el primer reportaje que publiqué en mi carrera, en el Suplemento Joven del diario El Territorio, hablaba con los jóvenes de Posadas sobre la imagen que tenían de la policía, cuando aún eran comunes las detenciones por andar por la calle sin documentos. [ + ]

Colonos misioneros arruinados por El Niño, 1998

Los colonos misioneros que están al borde de la quiebra por las travesuras del Niño

Las lluvias resultantes del fenómeno de El Niño arruinaron gran parte de los cultivos en la zona central misionera. El mal tiempo impidió otras actividades económicas, como las changas. Un productor cuenta su drama. [ + ]

Misioneros exiliados

Como sucede en todas las provincias de una república que es federal nada más que en los papeles, son muchos los misioneros que, a veces con lo puesto, a veces en mejor situación, abandonan la tierra roja para probar suerte o buscar un futuro distinto en el asfalto gris. Historias de esos exiliados anónimos, desde Buenos Aires. [ + ]

El cerrajero

Actor de cine y teatro, director y guionista de su propia obra, cantante de candombe, pero también ex operario en fundiciones de aluminio y siempre cerrajero. Conozca al misionero que protagonizará la próxima película de Pablo Trapero, que se podría filmar en Misiones, y a quien SED entrevistó en Buenos Aires [ + ]

Temas

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Pronto, un repaso a los principales temas que suelo cubrir.

Recomendaciones

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Traducidas de LinkedIn

…como editor de reportajes

“Diego es un editor fantástico. Trabajé con él en la Fundación MEPI Periodismo de Investigacion, que dirijo en la Ciudad de México. Es un editor completamente bilingüe que es capaz de trabajar en los dos idiomas y darle forma a una historia atrapante”.

Ana Arana, directora, Fundación MEPI

…como editor web

“Sea en el estudio de grabación o por Skype o Twitter, trabajar con Diego es un placer y una experiencia educativa. Como editor web de FI2W, ayudó a darle forma al sitio de noticias y blog del proyecto y aportó una sólida técnica narrativa y conocimientos tecnológicos a la generación de la combinación única de periodismo étnico y noticias por internet que es FI2W”.

“Sus propias aptitudes de reporteo para la web nos enseñaron lo que es posible cuando se reúne una variedad de herramientas mediáticas (blogs, fotos, audios, videos, mapas, redes sociales, etc.) para contar una historia. Diego siempre mostró una intuición aguda, es curioso, es firme pero al mismo tiempo apoya el trabajo de todos. Es un editor y reportero creativo y con recursos y, para mí, representa la actitud y las aptitudes que uno necesita hoy para ser un periodista digital”.

Jocelyn Gonzales, productora senior, Feet In 2 Worlds

…como redactor

“Diego es un periodista completo, con muchas aptitudes. Es un gran reportero, redactor y editor que siempre produce trabajo de calidad. Totalmente confiable, su aptitud en español e inglés es realmente impresionante. A sus jóvenes años, ya ha producido una cantidad considerable de trabajos originales, atractivos y relevantes y no tengo dudas que aún hay más por venir. Es un privilegio escribir esta recomendación de su trabajo”.

Albor Ruiz, Columnista, New York Daily News

“En los diez años desde que conozco a Diego, vi que tiene todas las cualidades propias de un periodista destacado. En primer lugar, está dedicado por completo a su carrera. Tiene un buen ojo para el detalle, gran talento para escribir -en inglés y en español- y una dedicación sin par a los temas que investiga. Sabe sobre política, cultura e historia y tiene mucha energía y curiosidad. Al haber cubierto temas políticos en Estados Unidos y México, sería una buena incorporación para cualquier redacción”.

Pablo Calvi, periodista
(Trabajó con Diego en Clarín y Daily News, NY)

…como estudiante de posgrado

“Diego es, sin duda, uno de los periodistas bilingües y multimedia más talentosos con quienes me he encontrado en mis años en la Universidad de Columbia. Sabe de periodismo, sabe de multimedia y puede trabajar de forma impecable en inglés y español. También es un gran ‘jugador de equipo’ y es un placer trabajar con él”.

Sree Sreenivasan, profesor
Escuela de Periodismo – Universidad de Columbia

Brando

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Revista Brando, abril de 2009En abril de 2009, publiqué en la revista argentina Brando, una crónica sobre Cary Stayner, prisionero de la death row en San Quintín, California.

Stayner está condenado a muerte por matar a cuatro mujeres en 1999. Una de ellas era la adolescente cordobesa Silvina Pelosso, cuya desaparición en su momento generó mucha atención en Argentina.

Me tocó cubrir el caso cuando era becario de Clarín, recién llegado del interior a la Capital, con mi acento litoraleño-guaraní, la arrogancia propia del próximo Truman Capote, mi determinación de no volver a Posadas cuando se terminaran los seis meses de la beca. Entre otras razones, me lo asignaron porque en Policiales era uno de los (pocos) que hablaba inglés. Para un simple becario con menos de dos años de experiencia como periodista, era un encargo ultra importante.

El día que escribí la nota de acá abajo, hubo que sacar una segunda edición para incorporar la noticia a la tapa. Fue muy importante para mí: probablemente tener estas notas para mostrar me ayudó a conseguir trabajo después de la beca, quedarme en Buenos Aires, después partir hacia Nueva York, etc.

Todo esto –no se puede ocultar– por un crimen horrible.

Cuando me fui a Nueva York tres años después, un día leía el Daily News y vi una noticia breve que decía que Stayner había sido condenado. Me volví a interesar en el caso: empecé a investigarlo para una clase de periodismo narrativo con James B. Stewart y conseguí materiales exclusivos que había usado su defensa, nunca publicados. Entregué la crónica en inglés, en la que trabajé todo el semestre, y, aunque no me olvidé de ella, quedó guardada sin publicarse nunca.

Clarín, 19 de marzo de 1999En 2009, me puse en contacto con el editor de Brando porque se cumplían diez años del crimen y pensé que era algo que le podía interesar. Así fue que por fin se publicó esta nueva versión, actualizada y en español, basada en la biografía y el perfil psicológico del asesino.

Es una lectura fuerte y no fue nada fácil escribirla. Principalmente, porque entrevisté a la madre de Silvina Pelosso y esto me puso en una contradicción muy tensa entre publicar todo el material que tenía, cruento en extremo, o –como me lo pidió ella, pero contra el criterio periodístico usual– no publicar nada sobre el crimen.

Al final, incluí detalles de lo que pasó pero dejé muchos otros afuera. (El primer borrador que entregué era aún más escueto, escrito casi con los ojos cerrados y la nariz fruncida, pero el editor –sabiamente– no me lo dejó pasar). Sé que la nota final no le habrá gustado a la madre de Silvina, porque hablamos y nos escribimos bastante sobre el tema. Pero en todo momento le fui honesto respecto de lo que pensaba hacer y, como debe ser, al escribir intenté hacer un trabajo respetuoso y no sensacionalista –que era su principal temor, por supuesto–.

El reportaje está aquí abajo, pero también pueden descargar un archivo pdf al hacer click aquí.

La mente de un asesino

En 2009, Silvina Pelosso, una adolescente cordobesa, apareció estrangulada en un bosque de California. Cary Stayner, condenado a muerte por el crimen, vivió casi cuatro décadas sin signos de su patología, hasta que una noche se hundió en un raid de violaciones y asesinatos. Retrato psicológico y biografía de un hombre que creció entre abusos infantiles y horrores domésticos. [ + ]

El ciudadano Martí

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El secuestro y la muerte de su hijo lo empujaron a convertirse en la voz de la gente contra la delincuencia. Eligió la lucha, confrontó a las autoridades y nunca bajó los brazos.

Por Diego Graglia

En sus peores momentos, Alejandro Martí no dejó de pintar.

Desde que decidió dedicarse a la pintura, hace unos seis años, y antes de tomar un giro hacia lo abstracto, sus cuadros se inspiraban en objetos cotidianos, máquinas, animales. Los caballos eran un tema recurrente.

Durante la agonía por la pérdida de su hijo Fernando, la tormenta que vivía Martí se empezó a reflejar en los lienzos que realizaba. “Si él estaba trabajando inicialmente una cabeza de un caballo, ese caballo se convertía en una verdadera bestia”, cuenta su amigo y maestro, el artista Ismael Ramos. Al mismo tiempo, dice, otro lienzo mostraba una yegua “con un amor tremendo hacia su cría. Eran cuadros que estaba haciendo en forma simultánea. Son contenidos fuertes, pero reales”.

La tragedia de perder a su hijo de 14 años a manos de una banda de secuestradores, aun tras haber pagado un rescate, le cambió la vida a Martí: desde el arte que lo solía recluir por seis, ocho o 10 horas en su estudio hasta el trabajo que lo ocupa a diario.

“Él está muy activo, en su day by day, con el tema de la inseguridad”, dice Alfredo Harp Calderoni, amigo de la familia que –junto a su padre Alfredo Harp Helú– se hizo del control de Grupo Martí a principios de año. “Para él, lo más importante ahora es todo lo que está detrás del crimen de su hijo”.

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Martí, de 58 años, asegura que piensa dedicar el resto de su vida a la lucha por un país más seguro. “El tercio que me queda”, dice. “Haz de cuenta: en mi taxímetro me queda un 33% y ése se va a dedicar a esto. Quiero honrar la tragedia de mi hijo, evitar que esto vuelva a suceder y dejar un México, en la medida de mis posibilidades, lo mejor que pueda”.

Martí sigue pensando en nuevos negocios, pero su atención está enfocada “100%” en el Sistema de Observación para la Seguridad Ciudadana (SOS), la asociación civil contra la inseguridad que presentó a fines de noviembre, y en monitorear la investigación del crimen de Fernando.

Alejandro Martí García comenzó 2008 en las noticias por una decisión atípica entre los empresarios nacionales: se desprendió del emporio que hizo crecer desde su juventud para que la empresa pudiera seguir explotando su potencial. Tras la transacción, en la que los Harp pagaron 3,300 millones de pesos por 44.44% de las acciones, Grupo Martí, con sus tiendas de artículos deportivos y la cadena de clubes de fitness Sport City, duplicó su valor.

Cinco meses después, el 4 de junio, delincuentes vestidos de policías federales se llevaron a su hijo. Una biografía que, por voluntad propia, acababa de tener un cambio radical, se topaba ahora con otra vuelta del destino, ésta inesperada y dolorosa.

Martí tenía muchos planes para este año y más allá. Pensaba darle más tiempo a la filantropía a través de las fundaciones de las que ya era parte y dedicarse más a la pintura. También veía en su futuro inversiones variadas y un proyecto deportivo innovador. Pero, cualquiera que haya sido su prioridad antes de junio, cuando la tragedia lo convirtió en víctima, Martí escuchó el llamado de una causa. Y lo siguió.

Tomó la decisión en agosto, cuatro o cinco días después de que se supo de la muerte de Fernando. “La indignación nacional era tal que sentí un gran apoyo”, cuenta. “Ante la situación irremediable, viene una reacción de hacer algo que tiene visos de remediable”.

SOS, un grupo de metas ambiciosas y alto nivel de organización, es el resultado de ese impulso: según Alejandro Martí, buscará ser una organización de segundo piso, que concentre información, coordine esfuerzos y apoye a otros grupos no gubernamentales.

De empresario exitoso, Martí pasó a ser un referente cívico para los mexicanos y una figura incómoda para los políticos. Al lanzar su iniciativa, se puso al frente de lo que espera –y pide en cada entrevista– que los mexicanos conviertan en un movimiento social para cambiar el país.

Aunque el de su hijo fue uno de los cientos de secuestros cometidos cada año en México –al cierre de esta edición, había ocho casos sin resolver sólo en la capital, según el procurador del DF, Miguel Ángel Mancera–, la figura de Alejandro Martí concentró la atención del país. Su decisión de ponerse al frente produjo un quiebre que, si logra por fin mostrar el camino a un México más seguro, podría ser histórico.

Una causa a seguir

El sábado 30 de agosto, las marchas Iluminemos México llenaron de ciudadanos indignados y de veladoras los zócalos y avenidas de decenas de ciudades. Las manifestaciones habían nacido por iniciativa de otro empresario, Elías Kuri Terrazas, quien, por ser padre de una adolescente de 16 años, se sintió identificado con Martí.

Kuri envió un email de dos párrafos a algunos amigos. Tras una bola de nieve de solidaridad por internet, su deseo se cumpliría: miles y miles se sumaron al mensaje ¡Ya basta! que por esos días expresaba en la televisión el rostro demacrado de Alejandro Martí.

Kuri y Martí se conocieron y platicaron por primera vez recién a fines de septiembre, en una reunión de organizaciones civiles con el Consejo de la Judicatura Federal. Allí, Martí invitó a Kuri, a la presidenta del Movimiento Pro-Vecino, Laura Elena Herrejón, y a otros activistas a desayunar con él a la mañana siguiente en el Sport City de Loreto, donde tiene su oficina. Allí les explicó a sus nuevos colegas los objetivos que perseguiría con su organización civil. “Lo vi como una persona que tiene muy claro lo que quiere hacer”, recuerda Kuri. “Nos platicó cuál es la idea que tiene de lo que debe hacer respecto a México”.

“Lo llevaba bastante avanzado”, agrega Herrejón. “Ya estaba por presentarlo en aquellos días, estaba muy cercano, pero pensó reservarlo para más cerca de los famosos 100 días”.

Alejandro Martí anunció sus planes en una conferencia de prensa el 25 de noviembre. “Pido a gritos la unión de todos”, exhortó en el salón de un hotel sobre Reforma, en el DF. “Dennos su fuerza, dennos la vibra de cada quien, del amor a México: lo necesitamos unir en este proyecto”.

SOS busca sumar esfuerzos contra la inseguridad, exigir resultados al gobierno, apoyar a las organizaciones existentes, financiar proyectos en el área y ofrecer mecanismos para que los ciudadanos puedan crear “comunidades seguras”. Para hacer todo esto, luchará por cambios en las leyes, la “dignificación de las policías”, la especialización de los ministerios públicos y jueces y el fomento de la denuncia ciudadana.

La organización es autónoma e independiente y es financiada por ciudadanos y fundaciones, entre ellas la propia Fundación Fernando Martí, que creó en honor a su hijo. Aunque Martí calcula que SOS costará “una muy buena cantidad de dinero al año”, al momento de lanzarla no contaba con una cifra aproximada. Cuando esté disponible, será publicada en la página de internet del grupo, dijo un colaborador, quien también explicó que muchas organizaciones e individuos habían ofrecido su participación y donaciones, por lo que no podía nombrar a uno de ellos.

Hay activistas que llevan años de reclamar por más seguridad, sin éxito. Pero Alejandro Martí dice que sus décadas de experiencia empresarial lo prepararon para las frustraciones de su nuevo trabajo. “Estoy completamente curtido a eso. Estoy acostumbrado toda mi vida a luchar. Nunca me han salido las cosas así, rapidito. Siempre he tenido esta cultura de que, si no están saliendo las cosas rapidito, me concentro más duro para que salgan”.

A lo largo de este año, Alejandro Martí dejó de ser sólo el emprendedor que supo ver el futuro de sus tiendas en el nacimiento de las plazas comerciales, el que sobrevivió a la crisis del 94-95, el que impuso el concepto del entretenimiento deportivo, el que vendió su empresa para que pudiera seguir creciendo. Hoy es el ciudadano-vocero que emergió de la tragedia para cambiar el statu quo, el líder cívico que exige que los funcionarios públicos hagan su trabajo y que, si no, renuncien. Al recordar aquel desayuno donde Martí expuso sus planes con tanta claridad, Kuri dice: “Se me hizo una persona realmente fuerte, centrada que, como él comentó, se quedaba para lamerse las heridas o se ponía a hacer algo por México”.

Una tragedia, muchas tragedias

“No sé de dónde has sacado fuerzas”, le dijo Joaquín López- Dóriga a Martí el 13 de agosto en El Noticiero, al iniciar su primera entrevista en vivo sobre el secuestro.

“Muchas veces es la fe en Dios”, respondió un ojeroso empresario, de corbata negra y lazo blanco en la solapa, “y la mezcla de sensaciones, que uno dice: Me derroto, me venzo o trato de aprovechar en nombre de mi hijo, ese gran sacrificio que hicimos, para que se haga algo para México”.

Quienes no lo conocen en persona destacan el temple que ha demostrado Martí al enfrentar su desgracia en público y convertirse en vocero de los otros miles de víctimas.

En 2007, las autoridades registraron 785 secuestros en México, pero porque muchos no los denuncian la cantidad se debe multiplicar por 3.5 para acercarse a las cifras reales, explica Mario Garza Salinas, titular del diplomado en Seguridad Pública de la Universidad Iberoamericana. “Este año aún no hay cifras, pero sí va en un repunte”. Hasta agosto, se habían registrado 690 casos.

Pero la coraza de Martí no está puesta todo el tiempo y a veces deja ver al padre que sufre.

Su prima, Angelina Martí de Goenaga esposa del actor Manuel Landeta y madre del actor y cantante Imanol, cuenta que lo vio hace algunas semanas cuando los directivos del Grupo Martí se reunieron en el Sport City de avenida Universidad, donde ella trabaja. “Me dijo: No, prima, ahora sí: hay días que quisiera irme con mi chavo”, narra, acongojada.

Alfredo Harp Calderoni, quien ve a Martí “como a un tío”, también percibe esas dos facetas. “Está muy fuerte, muy sólido”, dice. “Yo te puedo asegurar que cuando él llega a su soledad está muy mal, nunca se le va a pasar, nunca se le va a olvidar en la vida. Pero él personalmente quiere enfocarlo para algo positivo, algo para cambiar este país”.

“Si no pueden”

El 21 de agosto, Alejandro Martí se hizo un lugar en el imaginario nacional al espetarle su proclamación, “Si no pueden, renuncien”, al presidente, a funcionarios de los tres poderes federales, a los 31 gobernadores y al jefe de gobierno capitalino, reunidos en el Consejo de Seguridad Nacional. En ese encuentro se firmaron los 75 puntos del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, con un plazo de 100 días que terminó el 28 de noviembre.

“Se esperaba que era la foto para decir: Estamos trabajando”, dice de aquella reunión el senador Felipe González (PAN), presidente de la Comisión de Seguridad Pública en la cámara alta. Pero el discurso de Martí puso a los gobernantes a la defensiva.

“Esa frase no va a desaparecer, es una frase que queda como una sentencia a la que todos la vamos a tener que meditar y la vamos a atender”, dice González y agrega que la reacción en la clase política “fue de pena, de vergüenza”.

María Elena Morera, presidenta de México Unido Contra la Delincuencia, con años de presionar al gobierno por resultados, dice que, a diferencia de momentos similares en 1997 y 2004, ahora se vio “una movilización gubernamental por tratar de cumplir los 100 días del acuerdo. Se están empezado a coordinar mejor, hay avances en algunas secretarías y en algunas gubernaturas”. Los resultados, aclara, se verán a largo plazo.

En la reunión del Consejo de Seguridad al final de los 100 días, el presidente Felipe Calderón reafirmó que combatir el crimen es su prioridad y destacó avances de su gobierno. Mientras que los datos oficiales presentados allí marcaban disminuciones en los índices de secuestros y homicidios, un análisis de El Universal publicado ese día aseguró que durante los 100 días hubo más de 2,000 homicidios, a un promedio de 21 por día. En 2006, hubo 1,410; y en 2007, 2,673.

Aunque la frase de Alejandro Martí generó un clamor popular, no todo el mundo estuvo de acuerdo con su tono perentorio. “Cuando (las autoridades) rompen su responsabilidad, tienen que tener una sanción y la sanción la marca la ley”, opina Morera. “La misma ley te dice cuándo tienen que separarse del cargo y cuándo tienen otro tipo de sanción”.

En estos meses, Martí y su familia vivieron su luto. Pero él también se dedicó de lleno a la planificación de SOS, un proceso en el que consultó a expertos de diversas áreas, a empresarios, a comunicadores y a activistas de 32 organizaciones civiles. “Estoy recorriendo autoridades, técnicos, especialistas”, relata el empresario. “Es que todo mundo está en el mood de hacer las cosas, y eso ya vale oro”, afirma.

Jorge Fernández Menéndez, periodista especializado en temas de seguridad y autor del libro El enemigo en casa, relata que, durante estos meses de preparativos, Alejandro Martí organizaba comidas con invitados de diversas áreas para rebotar propuestas y generar ideas para su iniciativa.

Sin oficinas, SOS es como un think tank móvil. Fernández Menéndez explica que el empresario se maneja con un equipo pequeño, sin grandes gastos de infraestructura y con tecnología de punta: “Creo que lo que se hizo fue prácticamente organizar esto como se organiza una empresa”.

La presentación de la organización fue una muestra de esa profesionalización: desde el sitio web (www.mexicosos.org) que recibió 400,000 visitas en sus primeros tres días, a los call centers que atienden el 1-800-9999-SOS, hasta el uso de una imagen corporativa y operaciones de relaciones públicas. Es, dice Martí, una “estructura institucional 100%”.

“Yo no creo que los seres humanos duremos mucho, y más en el tercer tercio (de la vida), pues hay más riesgos”, explica. “Me importa mucho que sea una institución a la cual la vayan tomando por generaciones, porque esta institución tiene que seguir. El problema es nunca quitar el dedo del renglón”.

Business as usual

Mientras su fundador enfrentaba esta crisis, el Grupo Martí estaba en plena transición, la que el director ejecutivo Carlos Emilio Gómez, y yerno de Alejandro Martí, define como “suave”.

La nueva administración decidió institucionalizar más el funcionamiento del grupo, creando una comisión ejecutiva de cinco miembros: los Harp, padre e hijo, y su hombre de confianza, Carlos Levy, Alejandro Martí y Carlos Gómez. Este último se encarga de presentar las ideas y estrategias de la comisión al consejo de la empresa. Gómez se había hecho cargo en forma gradual de las operaciones del grupo y, tras el cambio de manos, fue ratificado por los Harp.

La decisión de vender “fue un gran beneficio para el grupo”, dice Martí. “Se institucionaliza enormemente y, para hacer lo que queremos hacer, van a requerir cantidades importantes de capital. Todas las empresas tienen que romper ese paradigma de control”.

Durante el secuestro de Fernando Martí, cuenta Alfredo Harp Calderoni, él y Levy tomaron el control operativo temporalmente “para hacer business as usual, un aquí no pasa nada y que todo el mundo siguiera trabajando igual”.

Harp Calderoni, quien lleva durante la entrevista una pulsera blanca con la frase “Ya basta”, asegura que la tragedia despertó una ola de solidaridad que se sintió hasta en los reportes trimestrales de la compañía. “En el peor momento de lo peor que le pasó a Alejandro, fue de los mejores reportes que tuvo la empresa”, cuenta. “Incluso ahora, con la situación económica complicada a nivel internacional, el que cerramos en octubre fue uno de los tres mejores reportes que ha tenido Martí en su historia”. En el tercer trimestre, las ventas netas fueron de 921 millones de pesos, 10% más que los 838 millones del tercer periodo de 2007. Según informó el grupo, la utilidad neta tuvo un crecimiento interanual de 19%.

“Alejandro se convirtió en una figura: si antes era público, se volvió mucho más público”, agrega Harp. “Con las dos frases que dijo No me voy del país y Si no pueden, renuncien, que nadie va a olvidar, y los políticos menos, la gente se solidarizó”.

La acción del corporativo en la Bolsa Mexicana de Valores (GMARTI) fue de 6.12 pesos a fines de 2007 a 11.86 pesos en enero. Luego siguió por encima de los 10 pesos hasta bajar en octubre a 8.90, donde estaba a fines de noviembre. En agosto de este año, cuando Alejandro Martí estuvo más en los medios, no hubo cambios.

Aunque el grupo “va sobre rieles”, las sacudidas de la economía han obligado a “subirle a la perilla de la prudencia”, explica Carlos Gómez. “Hay que adecuar el negocio a un tipo de cambio más alto, a un 2009 que puede ser incierto”.

La compañía mantiene sus planes de abrir dos tiendas en el primer trimestre de 2009 y siete Sport City durante el año. “Seguimos con los compromisos adquiridos”, dice el director ejecutivo. “Estamos teniendo cautela de adquirir nuevos”.

Grupo Martí sigue probando conceptos nuevos. Sport City Executive abrió su primer local en Lomas de Chapultepec y ya buscan otro; y Sport City College el formato para universidades abrirá pronto en Monterrey.

El otro liderazgo

Podría decirse que 2008 era para Alejandro Martí el primer año del resto de su vida. “Yo, la verdad, sentarme en una empresa para crecer pian pianito a mis 57 años, yo ya no quiero”, le dijo a Expansión en enero. “Creo que una empresa puede valer muchisisísimo más teniendo 20% que teniendo 50%”.

Aunque se iba a tomar un pequeño receso, el empresario no pensaba retirarse: en aquel momento dijo que barajaba inversiones inmobiliarias, financieras y en agroindustria. La filantropía y la pintura también figuraban en su agenda.

Ahora, Alfredo Harp Calderoni dice que Martí todavía planea un fondo inmobiliario y el propio Martí menciona su interés en la industria del conocimiento y en el negocio de la salud. También planea un centro de entrenamiento para atletas de alto rendimiento cerca de Valle de Bravo, cuenta un amigo, el columnista Carlos Mota.

El año empezó con la venta en marcha. Los Harp ofrecieron 47 pesos por acción, casi el doble de la cotización de entonces, y el trato se cerró en enero. Alejandro Martí se quedó con 21% de las acciones, según el último informe anual. Ahora es el tercer accionista luego de los Harp, que controlan 59.88%: Alfredo Harp Helú tiene 34.57% y su hijo, Alfredo Harp Calderoni, 25.31%.

La entrada de semejante fortuna hizo que la familia Martí aumentara sus medidas de seguridad. “Se publicitó demasiado el rollo de la venta. Queriendo prever, contrataron la seguridad”, dice Angelina, la prima. “Ni ellos eran los mismos, antes se manejaban normal”. Cuenta que Matilde, la esposa de Alejandro Martí, le dijo que era una lata tener custodios. Pronto quedó demostrado, los refuerzos no fueron suficientes.

Los planes de Martí para el resto de 2008 (y de su vida) se fueron por la borda el miércoles 4 de junio, cuando su teléfono sonó en el avión en que él y su esposa estaban por partir a buscar a Alejandro, el otro hijo varón, a su internado en Estados Unidos. Su hija Jimena había recibido una llamada de los secuestradores de Fernando, quienes se lo habían llevado con sus dos acompañantes de un falso retén en el sur de la ciudad.

Al bajar de ese avión, Martí entraba a una nueva etapa de su vida.

La negociación con los criminales fue larga, con llamadas llenas de insultos y amenazas. Al principio, él no quiso avisar a la policía y confió en la empresa de seguridad que lo había ayudado a seleccionar a sus custodios. Pero cuando los secuestradores mataron a su chofer Jorge Palma Lemus y dejaron por muerto al escolta Cristian Salmones, se decidió a contactar a las autoridades. Luego diría que se arrepintió de no haberlo hecho antes.

El final es conocido. La familia pagó el rescate una semana después del secuestro. Esa noche, esperaron hasta las cinco de la mañana. Pero Fernando nunca regresó. Su cuerpo apareció el 31 de julio cerca de la medianoche en un Chevrolet Corsa gris en Villa Panamericana, en Coyoacán.

En agosto, Martí comenzaba a meterse en su nuevo rol.

Un país secuestrado

Alejandro Martí no es el primer mexicano que al ser victimizado decide hacer algo contra la inseguridad. De hecho, parece repetir un patrón, como María Elena Morera cuyo esposo perdió cuatro dedos en su secuestro, o Josefina Ricaño de Nava, quien fundó México Unido Contra la Delincuencia tras perder a su hijo.

“Fue un caso como muchos otros, hay que decir las cosas como son”, señala Mario Garza Salinas, desde la Universidad Iberoamericana. “Fue de un empresario muy importante y no por eso voy a minimizar el caso. Hay muchos otros de los que nadie se entera, gente que no son hijos de personas que tienen poder económico. Estos casos obviamente no tienen efecto sobre la sociedad”. De hecho, dice Garza, los secuestros “se han democratizado” y afectan a todas las clases sociales.

Lo que destaca al caso Martí de otros que terminaron con la muerte del secuestrado que, según Herrejón, ya son más de 70 en este sexenio es, por un lado, su repercusión en la sociedad y, por el otro, la reacción del empresario.

“Cualquier secuestro lastima a la sociedad”, opina Garza. “Pero en este caso, por ser un empresario de renombre, en las circunstancias en que se llevó a cabo y el hecho de que (su hijo) fue asesinado, tuvo un impacto en la sociedad que fue como un ¡Basta!”.

“Francamente”, apunta Herrejón, “admiro que después de la pérdida, en lugar de agarrar y decir: Ahí nos vemos, quédense con su inseguridad, él optó por quedarse y aportar dinero, conocidos, esfuerzo, trabajo, tiempo”.

“Ha tenido el enorme mérito de canalizar todo ese dolor, todo lo que generó hasta mediáticamente, en un gran proyecto social”, considera el periodista Fernández Menéndez. “Creo que es lo más importante y demuestra cómo se pueden aplicar los conocimientos de manejo de empresa, de personal, al servicio público, incluso en temas tan delicados como la seguridad”.

Con información de Alejandro Ángeles y Bárbara Anderson.

El tío bisabuelo José

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Las biografías de Alejandro Martí suelen comenzar con su abuelo, el catalán Domingo Martí Riera, quien en los años 30 compró una tienda del centro y comenzó a vender artículos deportivos. Luego, vienen Domingo Martí Fortún y su hijo Alejandro, quien llevó a la empresa a las 120 tiendas y 32 centros de entrenamiento que tiene ahora.

Nota principal:
El ciudadano Martí

Martí sobrevivió la crisis del 94-95 con la empresa al borde de la suspensión de pagos. “Tuvo la entereza para salir adelante”, dice Arturo Saval, del fondo Nexxus Capital, con inversiones en los clubes de fitness Sports World. “Habla muy bien de una seriedad, una ética, de enfrentar un problema y salir adelante”.

Comparada con este año, sostiene Martí, aquella crisis le parece “de juguete”.

En 1995, él lanzó Sport City Eureka, un centro de entrenamiento de lujo. “Es un pionero, indudablemente, de la industria del fitness institucionalizado”, dice Saval.

Pero hay otra parte, menos conocida, de la historia familiar, que le hace brillar los ojos a Angelina Martí, prima de Alejandro. Según un libro de 1933 que ella atesora, Martí en México, de José de Jesús Núñez y Domínguez, el prócer y poeta máximo de Cuba, José Martí, muerto por su patria en 1895, era el tío bisabuelo de Alejandro.

Domingo Martí Riera el abuelo que compró la tienda se casó con María Fortún Martí, sobrina del cubano (era hija de su hermana Antonia).

Los hijos de ese matrimonio fueron Jorge y Domingo Martí Fortún: el primero, padre de Angelina; el segundo, de Alejandro y sus hermanos. El apellido que llevan viene del abuelo catalán, pero su abuela María se los heredó.

“Yo siempre he leído mucho de él”, dice Alejandro Martí, “creo que es un gran hombre”. Aunque dice no ver un paralelo entre su lucha y la de su antepasado, su tío bisabuelo pareciera haberle señalado el camino que debe seguir.

“El patriotismo es un deber santo escribió, cuando se lucha por poner la patria en condición de que vivan en ella más felices los hombres”.

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