El clima en California: un cambio que ya llegó

El impacto del calentamiento global es evidente en California. En un estado en que los sucesos naturales son parte de la rutina, sus habitantes están encontrando una forma de vivir de acuerdo a la nueva realidad: la gente ya no lava sus autos ni riega sus jardines. En julio se ahorró un 31% de agua.

Desde Santa Cruz, California, 2 de octubre de 2015.

Sequía en California, 2015.

El chiste acá es que el clima en California tiene cuatro estaciones: sequía, inundaciones, incendios y terremotos. Pero, este año, más que estaciones, hay un par que parecen plagas bíblicas.

El impacto del cambio climático de verdad se está sintiendo de este lado del mundo. Los incendios forestales al norte de San Francisco arrasaron en estos días cientos de casas en la sierra boscosa. El condado de Napa no recibía cuarentones en roadtrips de vinos, sino evacuados de los pueblos vecinos y las cenizas que traía el viento.

Es una de las peores temporadas de incendios de la historia, con más de 1.500 casas destruidas y seis personas muertas. “El cambio climático —dice el Servicio Forestal en un informe reciente— nos ha llevado a tener temporadas de incendios que en promedio son 78 días más largas que en 1970”.

Aun en un lugar donde los sucesos naturales son parte de la rutina, los habitantes del estado se están acostumbrando a una nueva manera de vivir.

California vive hace cuatro años una sequía histórica que obligó a la gente a cambiar sus hábitos. No se ve a los vecinos lavar el auto, los bebederos de los parques no funcionan y en muchos lugares los jardines verdes son cosa del pasado. “Brown is the new green”, dicen los que deciden reemplazar el césped con cactus y otras plantas que no precisan riego. La gente se puso las pilas y ahorró un 31% de agua en julio, incluso más que el 25% que había pedido el gobernador Jerry Brown.

Muchas casas tienen en su jardín reseco un cartel blanco con el dibujo azul de una llave de agua: “Hacemos nuestra parte para ahorrar agua”, dice.

Ni siquiera el fenómeno de El Niño que viene este año es un alivio seguro. Hasta podría ser peor: si no lleva lluvia o nieve a las montañas y represas del centro y norte del estado, traerá inundaciones, pero no aumentará las reservas de agua.

Al menos, el debate público sobre el cambio climático parece ya haber superado la etapa de la negación de políticos republicanos y líderes religiosos y empresariales. Barack Obama hizo uno de sus grandes gestos este año al cruzar el Círculo Ártico para llamar la atención hacia los pueblos que están desapareciendo en Alaska, y el Papa Francisco pidió atacar el tema apenas aterrizó en Washington. Claro, siempre está Donald Trump. Hace unos días dijo en TV que el cambio climático “para nada es un gran problema, es nada más cómo está el clima”. No sería tan preocupante si no fuera que Trump lidera la intención de voto en la interna republicana porque mucha gente comparte sus visiones simplistas sobre problemas complejos.

La ONG Unión de Científicos Preocupados traza una relación directa entre el cambio climático y los incendios forestales: las temperaturas suben, la nieve invernal dura menos, los bosques están más secos y por más tiempo.

El promedio anual de incendios grandes pasó de 140, en los años 80, a 250 en la última década. Y si la temperatura sigue subiendo, seguirá creciendo la superficie que se quema cada año. Esto no afecta sólo a unos pocos locos que viven en el monte: según el Servicio Forestal, 44 millones de casas —una de cada tres en el país— están en zonas que pueden quemarse.

Y para California lo peor de todo es que, según los Científicos Preocupados, “las temperaturas aumentan mucho más rápido en el oeste de Estados Unidos que el promedio global”.

contacto